El legado de los cielos - Capítulo 121
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Capítulo 121: EL VERDADERO DEMONIO.
Capítulo 121: El verdadero demonio.
El anciano levantó la voz, su tono arrogante y cargado de soberbia parecía llenar toda la zona volcánica.
—Nosotros somos los demonios —dijo con desprecio—. Conquistamos la guerra. Nadie puede vencernos. Ustedes, los humanos, son para ser nuestra comida, para ser los hornos que aceleren nuestro cultivo.
Sily lo miró con una sonrisa cargada de burla, un brillo confiado en sus ojos.
—Para matar a un humano que se hace pasar por un falso demonio —dijo con calma y desdén— solo necesito un movimiento.
El anciano se enrojeció de ira, golpeando el aire con un puño invisible que onduló la presión a su alrededor:
—¿Un solo movimiento? —rugió—. ¿Acaso estoy con las manos atadas? Hoy te haré saber el poder del Yin y serás mi horno.
Sily bufo suavemente, con una mirada fría y calculadora:
—Hmmf. Maldito humano maligno, tu arte maligno solo es superficial. Te mostraré lo que es un demonio de verdad.
Dicho esto, Sily comenzó a elevarse lentamente sobre el aire. El viento nocturno se arremolinó a su alrededor, levantando polvo, hojas y ramas, pero nada comparado con lo que estaba a punto de ocurrir. De repente, una figura gigantesca emergió de la oscuridad: un demonio negro colosal de unos veinte metros de altura.
Su silueta humanoide estaba hecha de pura energía demoníaca, sus ojos rojos brillaban como brasas, la boca era una grieta ardiente y de sus cuernos emanaba un humo negro, maligno, que parecía devorar la luz a su alrededor.
En el pecho de esa criatura, flotaba una pequeña figura roja, casi imperceptible, pero que emanaba un aura imponente. Y cuando la figura habló, la voz que retumbó era la de Sily misma, profunda, resonante y devastadora:
—Hoy verás lo que es un verdadero demonio.
Sily levantó la mano, y la gigantesca figura replicó cada uno de sus movimientos con una precisión espeluznante. Una luz amarilla brillante surgió de su palma, como si el sol mismo se hubiera concentrado en ese punto, irradiando poder y muerte.
El anciano tragó saliva, su arrogancia desapareció ante la magnitud de lo que tenía enfrente. Su voz tembló mientras apenas podía formular palabra.
—Q… Q… Qui… Quién demonios eres tú…
El miedo se reflejaba en su mirada; Nunca había sentido algo tan abrumador. Sily no solo era fuerte, sino que la intención asesina que emanaba de ella era como sentir el mismísimo infierno acercándose. Cada músculo del anciano se tensó, incapaz de moverse, paralizado ante la inmensidad del poder que lo superaba.
—No decías que eras un demonio —dijo Sily con voz imponente—. Yo soy Sily, la diosa de la muerte. Un verdadero demonio. Ahora ves a un demonio de verdad, tu cultivador maligno. No rindes reverencia a tu ancestro.
El anciano quiso girarse, huir, escapar de la condena que veía venir. Pero no hubo tiempo. Con un simple gesto de Sily, un aura helada lo rodeó completamente. El frío era penetrante, el mismo que se siente al estar en lugar helado como la Antártida, cuando la piel se eriza y cada cabello se pone de punta.
El Qi de muerte lo inmovilizó, como si cada fibra de su ser fuera contenida por hilos invisibles de energía pura y letal. Su grito fue breve y ahogado. Ante la luz amarilla, su cuerpo comenzó a desintegrarse, fragmentándose en partículas de energía que se dispersaron en el aire como ceniza en el viento.
En cuestión de segundos, no quedó rastro del anciano: desapareció por completo, borrado de la existencia por la voluntad de Sily.
Sily descendió lentamente, y con ello, la figura gigante de energía demoníaca se desvaneció, dejando solo a la mujer que parecía inofensiva, delicada y elegante.
Miró a Sherapine y le dedicó una sonrisa que a cualquier observador podría parecer simple, pero que para Sherapine tenía un significado profundo: era una sonrisa provocadora, una advertencia silenciosa que decía: tu débil no hagas alarde si te falta fuerza.
Pedro Ocampo quedó paralizado. No era solo un rival peligroso, no solo una amenaza para el país, sino que tenía la capacidad de devastar el mundo entero si se le provocaba. Sabía que si intentaban controlarla, solo un nexo confiable, como el joven que estaban protegiendo, podría influenciarla. De lo contrario, su poder era inimaginable y absolutamente fuera de control.
Rodrigo, por su parte, permanecía boquiabierto. Conocía ahora la identidad de Sily, sabía que era una diosa demonio, pero jamás imaginó que su fuerza sería tan descomunal.
Sherapine había logrado empatar y luego había caído frente a un anciano poderoso. Pero Sily… con un solo movimiento, había borrado al anciano arrogante de la existencia, demostrando un poder que iba mucho más allá de cualquier límite conocido por Rodrigo.
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