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El legado de los cielos - Capítulo 122

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Capítulo 122: LA CURIOSIDAD DE RODRIGO Y LA INFORMACIÓN DE EL CULTIVO INMORTAL

Capítulo 122: La curiosidad de Rodrigo y la información de el cultivo inmortal.

Rodrigo se calmó. Respiró hondo y, sin dudarlo, activó la Derivación del Alma a toda potencia. Para él, aquello fue emocionante, casi embriagador, pero al mismo tiempo sintió algo distinto, algo que no había experimentado antes. No solo le había sorprendido la verdadera fuerza de Sily, sino que una idea comenzó a formarse con claridad en su mente: esa fuerza que acababa de presenciar no era, ni de lejos, su poder real.

Esa certeza se clavó en su corazón.

En ese mismo instante, su mente cambió. No fue un cambio gradual, fue brusco, profundo, irreversible. Todo lo ocurrido —la pelea, la muerte del anciano, la presencia aplastante de Sily— actuó como un detonante que rompió algo dentro de él.

De pronto, una punzada de dolor atravesó una parte de su cabeza. Fue breve, pero intensa, como si alguien hubiera abierto una compuerta sellada desde hacía años. Inmediatamente, una enorme cantidad de información comenzó a fluir hacia su mente, sin darle tiempo a resistirse.

Información sobre el cultivo.

Rodrigo vio con claridad los reinos del camino inmortal:

el Refinamiento de Qi,

el Establecimiento de la Fundación,

el Núcleo Dorado,

el Alma Naciente,

la Transformación Espiritual, mejor conocida en algunos lugares como Formación Espiritual o Formación del Espíritu,

la Integración Corporal,

la Tribulación,

y finalmente, la Ascensión.

Todo aquello apareció en su conciencia como si siempre hubiera estado ahí, esperando el momento adecuado para despertar. Antes de convertirse en un inmortal, ese era el camino. Un camino largo, cruel y despiadado.

Pero no solo recibió los nombres de los reinos.

También comprendió su estructura.

Cada reino estaba dividido en nueve niveles, y además existía un décimo estado, que no era llamado décimo nivel, sino la cima del reino. Esa cima no era un simple escalón más: representaba la mitad de un reino y, al mismo tiempo, la antesala del siguiente. Un cuello de botella aterrador.

Para avanzar, los cultivadores debían romper ese cuello de botella, superar ese semi-reino, o quedarían atrapados. Muchos jamás lograban cruzarlo.

La información continuó llegando.

Había varias maneras de avanzar.

La primera era mediante píldoras de avance. Por ejemplo, para entrar al Establecimiento de la Fundación, era necesaria la Píldora de Formación de Fundación. Solo podía consumirse una vez antes de entrar al reino correspondiente. Esa píldora aumentaba las probabilidades de éxito al romper el cuello de botella, pero incluso así, no garantizaba el avance; solo elevaba la posibilidad.

La segunda manera era a través de la iluminación. Sin embargo, esta era extremadamente rara. No todos tenían esa oportunidad. Solo aquellos con talentos innatos podían alcanzarla, y cuando ocurría, el avance era 100 % seguro. El cuello de botella se rompía sin resistencia.

La tercera forma era mediante las batallas. Ese camino estaba reservado para genios y talentos excepcionales. A través del combate, uno comprendía, perfeccionaba su dao y, en medio de la vida y la muerte, abría su propio avance.

La cuarta manera era la más común y, al mismo tiempo, la más desesperante: trabajo duro. Entrenamiento constante, acumulación de energía espiritual y el intento de romper el cuello de botella a la fuerza. Sin embargo, el éxito era mínimo. Ni siquiera un 10 %. Algunos pasaban años estancados; otros quedaban atrapados ahí toda su vida.

También existía otra forma: perfeccionando una técnica de cultivo o un método. Pero no cualquier método servía. Tenía que ser de alto grado y alto nivel. Técnicas comunes no proporcionaban la fuerza suficiente para romper el cuello de botella.

Y finalmente, estaba la última manera.

La más rara. La más difícil. La más temida.

Alcanzar un estado, similar a la iluminación, pero mucho más profundo y mucho más extraño. Era tan raro que casi nadie hablaba de ello. Incluso entre cultivadores poderosos, era solo una leyenda.

Toda esa información se asentó en la mente de Rodrigo.

No había salido de la nada.

Él lo comprendió.

Aquello había despertado por la luz que le dejó el anciano desconocido en prisión. Algo que, pese a todos sus intentos, no había logrado activar aquel día. Sin embargo, ahora había despertado por sí solo, sin que Rodrigo lo forzara.

Rodrigo levantó la mirada y observó a Pedro Ocampo. Una curiosidad genuina nació en su interior. Quería saber quién era realmente ese hombre y cómo era posible que cultivadores de ese nivel terminaran formando parte de fuerzas especiales en el mundo moderno.

Pero su mente no tuvo tiempo de profundizar en eso.

Había otro problema.

La niña descalza seguía inconsciente en sus brazos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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