El legado de los cielos - Capítulo 123
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Capítulo 123: NO ERES DIGNO
Capítulo 123: No eres digno.
Sily miró a Rodrigo y sonrió, dejando de lado a todos los demás como si simplemente no existieran. Su atención se centró únicamente en él y, después, en la niña que aún permanecía inconsciente. Sus ojos se suavizaron apenas un instante, como si evaluara su estado, y cuando estuvo a punto de hablar, una voz interrumpió el momento.
—Ustedes, ¿de qué familia son, joven?
Era la voz de Pedro Ocampo. Él sabía muy bien que esas dos mujeres eran demasiado fuertes; no podía permitirse provocarles ni el más mínimo desagrado. Sin embargo, el joven frente a ellas era distinto.
Rodrigo no mostraba ningún nivel de cultivo detectable. Pedro no sentía fluctuación alguna de energía espiritual proveniente de él, lo que solo podía significar dos cosas: o realmente no era cultivador, o estaba en un nivel tan alto que escapaba por completo a su percepción.
Aun así, Pedro estaba seguro de algo: esas mujeres seguían al joven.
Sily giró lentamente la cabeza y miró a Pedro. Fue una simple mirada, pero al recibirla, Pedro sintió como si su conciencia hubiera sido arrojada a una cueva helada. Un frío profundo recorrió su espalda y una intención asesina, pura y desnuda, cayó sobre él como una losa invisible. Su piel se erizó de inmediato.
Cuando Rodrigo estuvo a punto de responder, Sherapine habló primero.
—No eres digno de saber de qué familia somos ni de nuestros nombres. Si quieres saber algo, puedes ir a preguntar al infierno.
En el instante en que terminó de hablar, Sherapine liberó su aura. La presión se expandió como una marea invisible y una intención asesina aún más intensa llenó el lugar. Pedro Ocampo tragó saliva, y lo mismo hicieron los miembros de la DEANC, incluido Lucas Ocampo, quien desde hacía rato observaba en silencio, sin atreverse a intervenir.
Rodrigo sonrió con calma y habló.
—Tranquilas, déjenme esto a mí.
Dio un paso al frente y miró a Pedro. En su interior, la curiosidad seguía creciendo. Gracias a la información que había recibido recientemente —la experiencia y los recuerdos fragmentados del anciano—, podía evaluar con claridad las fuerzas presentes.
La fuerza de Pedro Ocampo correspondía al Establecimiento de la Fundación.
La fuerza que Sily había mostrado era la del Alma Naciente en la cima.
La de Sherapine, el Alma Naciente en el primer nivel.
Con esa base clara en su mente, Rodrigo continuó, con un tono indiferente.
—Bueno, señor, no sé por qué un cultivador está siendo soldado de las fuerzas especiales de México y no me interesa.
Lo dijo de una manera que dejaba claro que realmente no le importaba. En ese instante, Rodrigo puso en práctica la experiencia del anciano, algo que había obtenido recientemente, combinándolo con las enseñanzas de Sily y Sherapine.
—Pero usted cree que soy el débil y el más fácil de manejar; se equivocó. Piense: estas personas son más fuertes que ustedes y me siguen y obedecen.
Rodrigo sonrió. Por dentro, se bendecía y rogaba que esas dos mujeres no se enojaran y decidieran golpearlo por decir algo así. Aun así, continuó sin vacilar.
—Pero si me obedecen, significa que soy más fuerte. No actúo porque, si lo hago, un solo movimiento, incluso mi respiración, es capaz de acabar con este país… incluso con el mundo.
Pedro Ocampo tragó saliva con dificultad. Podría ser cierto. Las mujeres eran claramente monstruosas en términos de poder, y aun así seguían al joven.
Todo indicaba que Rodrigo era el líder. Si no fuera fuerte, ¿por qué le harían caso? No sabía si lo que decía era verdad o mentira, pero prefirió conservar su vida antes que seguir cuestionándolo.
No era del todo cierto, pero tampoco era completamente falso.
En términos relativos, si Sily y Sherapine liberaran todo su poder al máximo nivel, en su mejor momento, solo su respiración podría acabar con todo un continente o incluso con el mundo entero. Eran diosas, algo completamente inimaginable para este mundo.
La mentira era que Rodrigo no tenía ni el 0.1 % del poder de ellas, ni siquiera se acercaba al del anciano. Aquello lo dijo basándose únicamente en la información que había obtenido.
Rodrigo habló de nuevo.
—Pero le agradezco que no diga nada de lo que pasó aquí ni nos mencione. Si no, posiblemente su vida termine cuando hable de esto.
Sily sonrió y miró a Pedro.
—No se haga el listo o su vida puede terminar, peor que ese viejo bastardo.
Pedro comprendió que se refería al anciano que había sido eliminado de un solo golpe. Tragó saliva nuevamente y no supo qué responder.
Rodrigo observó su reacción y supo que había llegado exactamente al punto que deseaba. Entonces dijo:
—Entonces, en este país hay más cultivadores aparte de ustedes. No te preocupes, solo tengo esa duda. No haré nada. Solo tengo curiosidad por cómo se cultivaron, ya que no hay energía espiritual en la Tierra.
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