El legado de los cielos - Capítulo 128
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Capítulo 128: MEJOR BUSCA A OTRO. YO NO PUEDO SER TU AMO.
Capítulo 128. Mejor busca a otro. Yo no puedo ser tu amo.
Rodrigo se quedó mudo. Las palabras resonaban una y otra vez dentro de su cabeza como ecos que no podían apagarse. Miró a la joven una vez más. A simple vista parecía tener unos dieciséis años cuando mucho; su rostro aún conservaba esa suavidad juvenil, su piel era clara y limpia, sin las marcas del tiempo.
Sin embargo, su cuerpo estaba bien formado, demasiado desarrollado para su aparente edad, creando una contradicción que incomodaba a Rodrigo sin que él mismo supiera por qué.
Sily miró a Rodrigo, notando su silencio y el caos en su mente, y soltó una ligera sonrisa, como si encontrara divertida la confusión del joven.
Linger habló al ver que su amo no decía nada.
—Amo, no sé cómo se llama. Mi madre me dio un regalo para dárselo a mi amo, además no me queda tiempo.
Bajó la mirada y su sonrisa desapareció por completo. En su expresión ya no había inocencia, solo resignación.
Rodrigo salió de su trance al escucharla y preguntó:
—¿Por qué no te queda tiempo? Puedes llamarme Rodrigo y no decirme amo todo el tiempo.
Linger levantó la mirada y dijo con voz temblorosa:
—Tenemos que hacer el vínculo de amo–sirviente. Si no, el alma de mi madre desaparecerá, debido a que yo… yo…
Sus palabras se atascaron en su garganta.
—Tomé su lugar y el Dao Celestial la golpeó, ya que al liberarla de sus cadenas de esclavitud liberó su poder, y este cielo no permitía un dios…
No pudo terminar sus palabras. Sus manos se apretaron con fuerza, como si recordar aquel momento aún le causara dolor.
Sily se levantó de golpe y dijo, sorprendida:
—Fue golpeada por una calamidad y sobrevivió… es una lástima.
Negó con la cabeza lentamente. Sily entendió de inmediato lo que eso significaba. Había perdido una oportunidad invaluable para poder regresar a su mundo. Si hubiera estado cerca en ese momento, quizá el resultado habría sido diferente.
Luego preguntó nuevamente:
—Entonces solo le queda el alma, y me imagino que se necesita el vínculo de esclavitud para que tu madre sea liberada y su alma pueda regresar al reino celestial y poder recuperar su cuerpo. Eso es lo que buscas, debido a que no le debe quedar tiempo a tu madre.
Linger la miró con los ojos muy abiertos. Aunque sabía que esa mujer era extremadamente fuerte, no conocía su origen. A pesar de ser del reino celestial, no parecía tener muchos conocimientos profundos sobre las leyes específicas del Dao.
Rodrigo intervino:
—Ella también viene de otro mundo, del reino celestial creo… o algo así. También estuvo en la guerra, por eso sabe mucho.
Luego se acercó a Sily y preguntó en voz baja:
—Entonces… ¿ella no tiene dieciséis años o menos? ¿Es una milenaria?
Sily casi se ahogó al escuchar la pregunta de Rodrigo. Primero se quedó congelada, luego su rostro pasó de la sorpresa al enojo absoluto. Su cara se puso verde y roja, pero de pura ira, y dijo con voz fuerte y enojada:
—¿Acaso me estás diciendo milenaria? ¿También me estás llamando vieja?
Rodrigo tragó saliva. En ese instante sintió que su alma estaba siendo aplastada. Era como si lo hubieran arrojado a una cueva helada, como si estuviera cayendo en un abismo sin fondo. Terror, miedo y una presión sofocante envolvieron su ser.
Rodrigo sonrió nerviosamente y, sin pensarlo demasiado, le dio un beso en la mejilla a Sily diciendo:
—Tú eres hermosa. Eres la mujer más hermosa que he conocido.
Sily volteó, sorprendida por completo por el beso en la mejilla, pero al girar su rostro, sus labios chocaron con los labios de Rodrigo. Sus ojos se abrieron de par en par, su rostro se puso rojo como una manzana madura y desapareció sin dejar rastro alguno.
Rodrigo miró el lugar donde Sily había desaparecido y reaccionó tarde. Aún sentía en sus labios la suavidad de los labios de Sily. Pero ya era demasiado tarde; ella se había ido y no tuvo tiempo de reaccionar ni de explicarse. Sabía que Sily seguramente estaba enojada, pero no había sido su intención besarla en los labios. Negó con la cabeza, sintiéndose impotente.
Linger se acercó a Rodrigo y dijo:
—Amo, ¿podemos hacer el vínculo de esclavitud, por favor?
Su voz era suplicante. Sabía que no tenía opción. Ella misma había tomado esa decisión y aceptado su destino al liberar a su madre. Desde ese momento, ya sabía cómo terminaría todo.
Pero al tocar sus manos, Linger se quedó muda. Sus ojos se abrieron con incredulidad mientras miraba a Rodrigo y dijo nuevamente:
—Amo… usted… usted… usted no es cultivador. Es un mortal.
Rodrigo miró la mano de Linger que lo sostenía y sonrió con amargura.
—¿Ves? No soy ideal para que sea tu amo. Mejor busca a otro. Yo no puedo ser tu amo.
Linger se quedó sorprendida por un momento, luego negó con la cabeza desesperadamente.
—No puede ser así. Solo tú puedes ser mi amo. Si no, moriré y mi madre morirá y…
Se quedó en silencio por un instante y luego dijo nuevamente:
—Tiene que ser un cultivador para que hagamos el vínculo. No te preocupes, yo te ayudaré.
Se golpeó el pecho con orgullo, como si estuviera convencida de que podía resolverlo todo.
Rodrigo miró a Linger mientras se golpeaba el pecho y negó con la cabeza, sin saber si reír o suspirar.
Linger sacó unos objetos cuidadosamente envueltos y se los entregó a Rodrigo diciendo:
—Estos son tesoros que mi madre dejó para usted. Con esto, ambos podemos irnos de este mundo. Mi madre dijo que esto le ayudará a hacerse fuerte y poder tener el poder suficiente para irnos de aquí.
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