El legado de los cielos - Capítulo 129
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Capítulo 129: EL VOLCAN DE FUEGO.
Capítulo 129. El volcán de fuego.
Guatemala……
El Volcán de Fuego se alzaba imponente sobre el paisaje guatemalteco, una montaña oscura y antigua que parecía observar al mundo en absoluto silencio.
Su silueta era casi perfecta, con laderas empinadas cubiertas de roca volcánica, ceniza endurecida y parches dispersos de vegetación que se aferraban con obstinación a la tierra fértil, como si lucharan por sobrevivir ante la constante amenaza del fuego oculto en sus entrañas.
Durante el día, una delgada columna de humo blanco solía elevarse desde su cima, constante y tranquila, como la respiración pausada de una bestia dormida. Nadie en los pueblos cercanos se alarmaba; aquella imagen formaba parte de la vida cotidiana, tan común como el amanecer o el canto de las aves al romper el alba.
El suelo alrededor del volcán era rico y oscuro, cargado de minerales antiguos. Gracias a esa tierra nutrida por incontables erupciones pasadas, los campos prosperaban. Maíz, café y caña crecían con fuerza, alimentados por una fertilidad que solo podía provenir del fuego y la destrucción convertidos en vida.
Los habitantes conocían bien el carácter del volcán: activo, pero estable, siempre presente, siempre vigilante, como un guardián silencioso que jamás dormía del todo.
Por las noches, cuando el cielo estaba despejado y las estrellas dominaban el firmamento, el volcán parecía aún más solemne. La luna iluminaba sus laderas con un brillo plateado y, en ocasiones, un tenue resplandor rojizo podía verse en lo alto, apenas perceptible, como un recordatorio silencioso de que el fuego jamás se había extinguido del todo.
De repente, una mujer vestida de rojo apareció en el cráter del volcán activo. El calor abrasador no parecía afectarla en lo más mínimo. Caminó con paso firme hasta el centro y se sentó en posición de loto. Sus mejillas estaban rojas, su rostro ardía, no solo por el magma bajo sus pies, sino por la furia que aún hervía en su interior. Cerró los ojos y murmuró con voz cargada de resentimiento:
—Maldito idiota… me besaste… me las vas a pagar. No te mato porque te necesito con vida, pero cuando abras el portal te mataré. Haré que pagues por besarme.
Esta mujer no era otra que Sily.
Enfurecida.
Rodrigo le había robado su primer beso. A pesar de tener miles de años de existencia y ser una diosa demonio, la famosa y fría diosa de la destrucción y de la guerra, aquel momento había quebrado algo en su interior.
Sily era conocida por ser fría como el hielo, solitaria como una auténtica diosa de la guerra. Dondequiera que iba, su aura de destrucción hacía temblar a los clanes; quienes se atrevían a acercarse eran borrados de la existencia, sus nueve clanes aniquilados sin dejar rastro.
Y aun así…
Hoy, un simple humano le había robado su primer beso.
Enfurecida, había venido a este volcán activo, un lugar que siempre le había pertenecido. Desde hacía incontables años practicaba aquí, lejos de miradas indiscretas. Nadie se atrevía a molestarla.
Se sentó nuevamente en posición de loto, cerró los ojos y comenzó a refinar la lava que se agitaba en el cráter. El magma burbujeante giró lentamente a su alrededor, obedeciendo su voluntad. En ese instante, Sily estaba en su hábitat natural. El calor extremo, la lava ardiente y la energía del fuego le otorgaban el alimento perfecto para fortalecerse y seguir avanzando.
Aquella afinidad con el magma era una de las razones por las que se había convertido en la más fuerte de todos los que habían quedado encerrados en ese mundo… o al menos, eso creía. Hasta ahora, nadie que hubiera conocido era más fuerte que ella.
Gracias a su presencia constante, el volcán permanecía activo sin representar peligro para la población. La lava nunca causaba desastres, pues siempre era refinada por Sily. Incluso las pocas erupciones que ocurrían eran suaves, controladas, sin riesgo alguno. Sin saberlo, los humanos vivían protegidos por una diosa demonio.
El rostro de Sily seguía rojo. Seguía furiosa por Rodrigo.
Intentó concentrarse en su práctica, canalizando el magma, estabilizando su energía, refinando cada hebra de lava como si fuera parte de su propio cuerpo.
Pero…
De repente, los recuerdos le asaltaron la mente.
El instante en que Rodrigo le tocó la mejilla.
Luego, el choque inesperado de labios.
La sensación regresó con una claridad insoportable. Como si aún estuviera besándolo. Sintió los labios de Rodrigo, su contacto suave… y no solo eso, también recordó su aliento cálido.
Sily apretó los puños con fuerza.
Su aura se agitó violentamente, haciendo que el magma bajo ella rugiera.
Estaba enojada…
O tal vez, estaba sintiendo algo más.
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