El legado de los cielos - Capítulo 13
- Inicio
- Todas las novelas
- El legado de los cielos
- Capítulo 13 - 13 LOS HIJOS DE LA QUEBRADA
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: LOS HIJOS DE LA QUEBRADA 13: LOS HIJOS DE LA QUEBRADA CAPÍTULO 13.
-Los Hijos de la Tierra Quebrada.
La noche descendía sobre el estado de Colima como una sábana pesada, húmeda y sin estrellas.
Era la clase de noche en la que los perros ladraban sin razón, en la que las luces parpadeaban como señales malditas, en la que los rumores corrían más rápido que el viento.
Una noche que presagiaba tormenta, incluso cuando el cielo parecía inmóvil.
Era la noche perfecta para que la primera fase del plan del coronel Eugenio Pérez comenzara.
Pero antes de que los vehículos sin insignias salieran a devorar kilómetros, antes de que las órdenes selladas fueran abiertas por los capitanes de unidad y antes de que la historia fuera escrita por manos ocultas, había algo que debía entenderse:
La organización criminal que el coronel planeaba destruir no era una pandilla improvisada ni una célula menor.
Era más antigua que muchas fuerzas políticas del estado.
Y más influyente que varios gobiernos municipales.
La llamaban “Los Hijos de la Tierra Quebrada”.
Un nombre que se repetía en susurros en las calles de Tecomán, en los ranchos de Coquimatlán, en los bares clandestinos de Armería y en los callejones de Manzanillo donde la policía prefería no patrullar.
No eran los más grandes.
Tampoco los más conocidos.
Pero habían logrado lo que otros grupos jamás alcanzaron:
Infiltrarse profundamente en la estructura económica agrícola del estado.
Sus manos estaban metidas en las exportaciones de limón, mango, papaya y aguacate.
Controlaban rutas de transporte, bodegas, intermediarios, distribuidores.
Habían creado una economía paralela que se sostenía más por miedo que por dinero.
Y lo más peligroso:
Tenían nexos con políticos dentro y fuera de Colima.
No solo sobornaban funcionarios.
Los colocaban.
Hombres suyos habían llegado a ser alcaldes, diputados locales e incluso secretarios de seguridad municipal.
Eran, en pocas palabras, el cáncer silencioso del puerto y del valle.
Y para la opinión pública nacional, casi desconocidos.
Era perfecto para el plan.
La historia de los Hijos de la Tierra Quebrada se remontaba treinta y cuatro años atrás, a una época en la que el estado estaba sumido en la pobreza rural.
Antes de que Colima se convirtiera en uno de los gigantes agrícolas del país, antes de que las redes de exportación llenaran de dinero a las familias poderosas y antes de que Manzanillo se transformara en el puerto estratégico que es hoy.
Todo comenzó con un hombre: Mateo “El Viejo” Castañeda.
Un campesino endurecido por el sol y la miseria, que había trabajado toda su vida en tierras ajenas.
Hijo de jornaleros, padre de seis, dueño de nada.
Había vivido humillado por caciques locales, abusado por autoridades corruptas y despreciado por la élite política de turno.
Hasta que un día, algo dentro de él se quebró.
Una noche oscura, cuando un grupo armado enviado por un cacique quiso desalojar a su familia, Mateo tomó una decisión que cambiaría la historia del estado:
mató al cacique con sus propias manos.
Ese asesinato fue el nacimiento de la organización.
Mateo reunió a medio centenar de campesinos, todos hartos de abusos, y formó un grupo de defensa.
Al principio solo buscaban justicia.
Pero pronto se dieron cuenta de que la justicia nunca llegaría.
Así que comenzaron a construir su propia ley.
Primero expulsaron a caciques locales.
Luego tomaron control de tierras abandonadas.
Después adquirieron armas.
Finalmente, cuando el dinero de la agricultura comenzó a fluir, se transformaron en una fuerza criminal organizada.
Hoy, más de treinta años después, la organización se había convertido en un monstruo con múltiples cabezas.
Su líder actual era el hijo del fundador, Adrián Castañeda, mucho más educado, frío y calculador que su padre.
Mientras que su padre había surgido de la tierra, Adrián surgió del poder.
Había estudiado economía en Guadalajara.
Había viajado a Estados Unidos a aprender estrategias de mercado.
Había regresado con una visión que mezclaba criminalidad con empresariado legal.
Bajo su mando, los Hijos de la Tierra Quebrada se expandieron como una red silenciosa que abarcaba:
Productores locales, Transportistas, Aduanas menores, Inspectores, Funcionarios, Policías estatales Y, lo más preocupante: Diputados y aspirantes a gobernador.
Ahí era donde chocaban con los intereses de Fabián Moreno.
El coronel Eugenio sabía esto mejor que nadie.
Llevaba años estudiándolos, infiltrando informantes, analizando movimientos, sobornando mandos intermedios dentro de la organización para obtener fragmentos de información.
Su plan contra ellos no era una simple redada.
Era una operación quirúrgica diseñada para arrancar las raíces mismas del grupo criminal.
Pero tenía otro motivo oculto.
Uno que jamás confesaría.
La caída de los Hijos de la Tierra Quebrada afectaría directamente a dos rivales políticos de su yerno, porque ambos tenían acuerdos secretos —aunque no comprobables en papel— con Adrián Castañeda.
Al destruir a la organización, destruiría también los pilares que sostenían a esos rivales.
Golpearía a dos enemigos de Fabián con un solo movimiento militar.
Y además, si se ejecutaba correctamente, convertiría a Fabián en el rostro público de la lucha contra el crimen organizado.
Un héroe.
El candidato ideal.
El “político valiente” que México necesitaba.
El país entero aplaudiría su nombre.
Los medios lo llamarían salvador.
Los noticieros lo pondrían en la portada.
El presidente, inevitablemente, lo impulsaría.
Era una jugada perfecta.
Eugenio tenía la intención de moldear la historia.
Y para eso, la operación debía parecer una coincidencia providencial.
Una oportunidad.
Un acto heroico de Fabián Moreno.
Nada debía señalar que había sido planeado en silencio durante meses.
A las 21:03, en la base militar, Eugenio revisó el último informe sobre la organización:
Número de integrantes confirmados: 314
Número estimado: entre 800 y 1,100
Armas: fusiles de asalto, lanzagranadas, equipo táctico robado
Campos de entrenamiento clandestinos: 2
Rutas de tráfico: 4
Casas de seguridad: 7
Contactos políticos: 4 (dos de ellos nivel estatal)
Contactos en el puerto de Manzanillo: mínimo 3
Era una organización demasiado grande para caer en una sola noche.
Pero no se trataba de destruirlos por completo.
Se trataba de golpear las cabezas correctas para causar un derrumbe político calculado.
La operación sería dividida en varias fases:
Fase 1: La Ruptura.
Fase 2: El Colapso.
Fase 3: El Héroe.
Solo Eugenio conocía los detalles de cada fase.
Fabián apenas había recibido fragmentos.
Y nadie más debía saberlo.
En Manzanillo, mientras el cronómetro avanzaba, uno de los capitanes encargados del operativo abrió un sobre sellado.
La orden escrita decía:
“Movilizarse al Punto Rojo Alfa.
Sin insignias.
Sin comunicación.
Tiempo estimado: 22:00.”
Punto Rojo Alfa.
Uno de los lugares más oscuros de los Hijos de la Tierra Quebrada.
Un rancho aparentemente abandonado cerca de la carretera vieja a Coquimatlán.
Un lugar donde, según inteligencia militar, se encontraba uno de los nodos de coordinación del grupo.
No era la ubicación principal.
Pero sí era donde se escondían tres mandos clave.
Atraparlos significaría desestabilizar toda la organización durante al menos 48 horas.
Y 48 horas eran suficientes para iniciar el resto del plan.
Mientras tanto, en una zona privada de Manzanillo, Adrián Castañeda estaba celebrando una reunión interna con sus hombres de confianza.
Sobre la mesa había mapas, rutas en papel, nombres de políticos, cifras de dinero y un diagrama de exportación agrícola que se extendía hasta Estados Unidos y Asia.
—Los rumores dicen que el ejército está inquieto —mencionó uno de los hombres.
—El ejército siempre está inquieto —respondió Adrián sin levantar la vista—.
La pregunta es… ¿tienen motivos para moverse?
Porque si se mueven sin motivo… alguien está detrás.
Un silencio helado recorrió la mesa.
Adrián levantó los ojos.
—Y yo conozco perfectamente a ese “alguien”.
Nadie necesitó que dijera el nombre.
Fabián Moreno.
El político incómodo.
El que no se había dejado comprar.
El que estaba en ascenso.
El que tenía conexiones militares.
Y lo peor:
El que no dependía de ellos.
Para Adrián, Fabián era un problema.
Y los problemas, tarde o temprano, debían resolverse.
—Estén atentos —ordenó Adrián—.
Si vemos algo raro, ejecutamos el plan “Retorno”.
El plan Retorno consistía en iniciar una serie de ataques contra instalaciones estratégicas, acusando públicamente al gobierno del estado de incompetencia.
Era una bomba política.
Si se activaba… Fabián caería.
Tenían espías en varias corporaciones.
Tenían periodistas comprados.
Tenían acceso directo a dos adversarios políticos de Fabián.
Podían hundirlo.
Pero aún no era el momento.
Y eso, sin saberlo, los condenaría.
A las 21:52, ocho minutos antes de que iniciara la fase 1, el coronel Eugenio recibió una llamada cifrada.
—Coronel —dijo una voz desde una unidad móvil camuflada—.
Todo está listo.
Eugenio respiró profundamente.
—Que Dios nos cubra —respondió, aunque hacía años que había dejado de creer en Dios—.
Procedan cuando llegue la hora.
La llamada terminó.
El coronel miró hacia la ventana de su oficina.
El viento movía lentamente las banderas en la base militar.
No sabía si estaba a punto de iniciar una operación histórica…
o un desastre absoluto.
Pero ya no había marcha atrás.
Y en la enfermería de la prisión, a cientos de kilómetros del epicentro de la operación, Rodrigo empezó a mover los ojos debajo de los párpados.
Un murmullo escapó de su garganta, apenas audible.
Un suspiro.
Un latido acelerado.
Una sombra que se agitó sobre su piel.
El anillo en su dedo brilló por una milésima de segundo.
Nadie lo notó.
Pero ese destello, diminuto y silencioso, marcó el inicio de algo que cambiaría el destino de todos.
A las 22:00 en punto, el operativo comenzó.
Los camiones sin insignias se movieron como animales nocturnos.
Los soldados descendieron con precisión quirúrgica.
Los cerrojos se ajustaron.
Los drones sin identificación se elevaron en silencio.
La Fase 1 había iniciado.
Y el país entero estaba a punto de temblar… sin saber por qué.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com