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El legado de los cielos - Capítulo 134

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Capítulo 134: LA JOVEN MILENARIA

Capítulo 134. La joven milenaria.

El caos en el volcán comenzaba a disminuir lentamente. La lava se arremolinaba menos intensa, los rayos desaparecían y solo quedaban cenizas flotando en el aire, danzando con la brisa matutina.

La intensidad había bajado lo suficiente como para indicar que el desastre estaba llegando a su fin. Pero, aunque todo se calmaba, la erupción y el sismo habían dejado un desastre tangible a su alrededor: pueblos destruidos, calles llenas de escombros y cuerpos que no pudieron ser salvados.

Guatemala, con este epicentro, enfrentaba el mayor desastre del país en años. Muchos quedaron sin hogar; los más afectados fueron los pueblos más cercanos al volcán, tragados por la lava o enterrados bajo toneladas de escombros.

Sily, lentamente, sintió un calor intenso recorrer todo su cuerpo. Abrió los ojos y vio la lava fluyendo a su alrededor, pero su expresión era de normalidad absoluta, como si aquello formara parte de su rutina.

—Maldita sea, ¿qué me pasó? —se dijo, tocándose la pierna aún húmeda de las secreciones que su mente había dejado escapar. Su orgasmo reciente la llevó a la realidad, y no pudo evitar murmurar: —Maldito bastardo…

Aun así, una sonrisa se dibujó en sus labios. Sabía que ya no era una simple diosa inmortal: ahora se sentía una diosa venerable, y aunque su cultivo seguía sellado, percibía que el sello estaba cerca de romperse. Todo, por supuesto, gracias a Rodrigo.

Rodrigo observaba a la joven milenaria frente a él, sin ser consciente de que su intervención había desatado un sismo y una erupción volcánica que cambiarían la mañana de Guatemala.

Tomó su teléfono y escribió rápidamente a X y Cero. Ya tenía dolor de cabeza desde hacía una hora; Sily había desaparecido como siempre después del beso. Eran las 7 de la mañana y Rodrigo empezaba a preocuparse también por dónde acomodar a Linger, la joven milenaria que lo seguía llamándolo “amo”.

Cuando llegaron las 8 de la mañana, las alarmas en los teléfonos de X y Cero comenzaron a sonar justo al entrar en la habitación de Rodrigo.

—¿Qué pasa? —preguntó Rodrigo, alarmado.

—Rodrigo, salgamos. Habrá un sismo. Las alarmas lo confirman, y además parece que hubo una erupción volcánica fuerte. Estamos en un lugar volcánico; el sismo será intenso. Tenemos que salir rápido —respondieron al unísono.

No perdieron tiempo. Salieron del edificio y se dirigieron a un lugar seguro mientras el temblor comenzaba. Las alarmas sonaban sin cesar y la gente corría despavorida por todos lados, gritando y empujándose. Algunos se caían, otros se aferraban a sus hijos; gritos, llantos y el sonido del caos llenaban el aire. El sismo duró casi dos minutos, pero para quienes lo vivieron, cada segundo se sintió eterno.

Sin embargo, Linger no parecía afectada. Levantó la ceja derecha y miró al cielo con expresión serena.

—¿Te incomoda algo? —preguntó Rodrigo, notando su calma.

—Amo… —dijo Linger, con la voz firme mientras lo miraba—. La calamidad está aquí.

Rodrigo sintió un escalofrío recorrer su espalda.

—No me digas “amo”, te dije que no me llames así —respondió, con un dejo de impotencia—. ¿Qué calamidad?

—No sabe lo que es una tribulación celestial —replicó Linger—. Esto es causado por alguien.

Rodrigo frunció el ceño:

—¿Causada por alguien? ¿Qué está pasando?

—Me refiero a que alguien está avanzando en su cultivo —explicó Linger—, pero este cielo no lo acepta porque su poder es demasiado grande, y lo está castigando con una tribulación.

Rodrigo se tocó la barbilla, pensativo.

—La tribulación… —murmuró—. Como en las películas… Entonces, esto es cierto, lo que muestran en algunas historias.

De repente, un escalofrío lo recorrió. La tribulación no era un fenómeno aislado: había más gente fuerte aparte de los que había visto la noche anterior: Sily, Sherapine y ahora Linger. Además, estaban los ancianos que habían sido testigos de combates anteriores. Incluso los soldados del ejército que Rodrigo había observado, aunque no parecían cultivadores, en realidad sí lo eran. No eran los más fuertes, pero sí lo suficiente para que su existencia fuera relevante.

Rodrigo miró a Linger con seriedad:

—Linger, ¿sabes dónde está ocurriendo esto exactamente?

Ella movió la cabeza, negando con un gesto:

—No está cerca, mi alcance es máximo y aún no pude determinar ni quién lo provoca ni dónde exactamente.

Rodrigo reflexionó un momento y concluyó en voz baja:

—Esto significa que es fuera del país. Posiblemente en alguna frontera. Tendré que tener mucho cuidado… Y después de fortalecerme un poco más, viajar por el país o incluso por el mundo en busca de más cultivadores.

Me tomaré un descanso por año nuevo nos veremos en dos días muchas gracias por su apoyo se viene lo mejor este año

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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