El legado de los cielos - Capítulo 143
- Inicio
- Todas las novelas
- El legado de los cielos
- Capítulo 143 - Capítulo 143: ROMPER LA LEY NO ESCRITA
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 143: ROMPER LA LEY NO ESCRITA
Capítulo 143: Romper la ley no escrita.
Un anciano vestido con un traje negro impecable y corbata roja dijo mientras encendía un cigarro, dejando que el humo se enredara en el aire pesado de la sala. La luz del cigarro iluminaba momentáneamente su rostro arrugado y serio. —Si en caso de que no acepten, ¿dónde nos reuniremos para el bombardeo? —dijo, exhalando el humo con calma pero con un dejo de tensión en la voz—. Además, ¿a qué país podemos culpar?
El tercer anciano miró a todos mientras bebía un sorbo de tequila, dejando que el líquido brillara bajo la luz de la lámpara colgante. Su voz sonó grave y calculadora: —Creo que los podemos citar en nuestra base, aunque no necesariamente en la base, sino en medio del océano, cerca de nuestra base, a unos kilómetros de la isla en el Pacífico, lejos de la isla y del país. Así podemos lanzar el ataque en el Pacífico, culpando a los gringos por alguna prueba nuclear oa algún país del Medio Oriente.
Pedro Ocampo los vigilaba con atención. Todos estos cuatro ancianos eran las piezas más importantes de la familia Ocampo, y no cualquiera, sino la verdadera rama principal de la familia. Cada uno de ellos tenía más de 200 años y, según las tradiciones, vivían en la isla Guadalupe, en Baja California, que funcionaba como la base real de la familia. Allí se encontraban los cultivadores más fuertes, y era el objetivo final de toda la familia: llegar a esa isla, superar las pruebas ancestrales, aumentar su fuerza, alcanzar la longevidad y convertirse en iguales a sus antepasados. Las decisiones más importantes siempre fueron tomadas por estos cuatro ancianos, y hoy habían sido convocados para tratar el problema que había surgido en las fallas geológicas.
Finalmente, Pedro habló con un tono preocupado y calculador: —¿Creen que esto funcionará? ¿Qué pasa si no van? Además, el presidente autorizó el lanzamiento de una bomba atómica. Si eso pasa y se enteran de que nuestro país lanzó un misil nuclear, ¿no generará problemas?
El anciano mayor, con una autoridad que parecía a pesar de toda la habitación, habló con voz firme y grave: —El presidente no quiere problemas. Nuestra familia siempre sacrifica vidas por el país. Si no quiere tener problemas, tendrá que aceptar el lanzamiento. No vamos a arriesgar las vidas de nuestra familia en una guerra que no podemos ganar de frente. Además, está en sus últimos meses de mandato; si ese presidente no quiere actuar, podemos buscar al que será el siguiente al mando.
El segundo anciano, exhalando el humo de su cigarro en finas nubes que danzaban sobre la mesa, intervino con calma pero con firmeza: —Siempre nos hemos basado en la Constitución Política del país y en las leyes no escritas, pero este presidente ha usado a nuestra gente de la DEANC para sus propios beneficios, cubriendo al narcotráfico con nuestra gente y limpiando el desorden. Yo también pienso lo mismo: es mejor abandonar este barco, tenemos que darle un cambio.
El tercer anciano avanza lentamente, su mirada fija en un punto invisible, como si analiza siglos de historia: —Yo estoy de acuerdo, pero aunque nuestros antepasados prometieron cuidar la soberanía del país y hemos recibido beneficios, también tenemos principios. Este presidente no ha estado dentro de nuestros principios y nos tomó como sus soldados. Eso ya fue más allá del pacto oscuro que hicimos.
Pedro Ocampo permaneció en silencio, escuchando atentamente cada palabra de sus antepasados. Finalmente, habló con un tono medido, pero cargado de reflexión: —Entonces, ¿a quién debemos acercarnos y hablar de esto? Eso quiere decir que romperemos la ley no escrita de no metros en asuntos mundanos.
El cuarto anciano, que había permanecido callado hasta ahora, cerró los ojos un instante, dejando que el silencio llenara la sala antes de hablar con voz grave y cargada de ira contenida: —Romper la ley no escrita… Cuando ese idiota de Ezequiel Mena mandó a mi hijo a morir, la ley no escrita se rompió. Siempre he esperado este momento. Yo también creo que este presidente fue el peor que hemos tenido: nos ha tomado como sus soldados y hemos perdido gente por perder solo por él, sin recibir nada a cambio.
Pedro Calló. No dijo nada. La sala estaba cargada de tensión, el humo del cigarro se enroscaba en el aire silencioso. Estaban hablando de cómo resolver el problema del joven y las dos mujeres fuertes que habían visto en las fallas geológicas, pero terminaron en contra del actual presidente, dándole una especie de sentencia silenciosa. Era algo que Pedro no había esperado, pero estos cuatro ancianos eran el alto mando de su familia, la autoridad máxima.
Finalmente, Pedro rompió el silencio con voz firme: —Entonces, ¿a quién vamos a buscar y, sobre todo, vamos a continuar como hoy o vamos a independizarnos?
El cuarto anciano levantó levemente la cabeza, con un brillo calculador en sus ojos, y respondió: —Independizarnos sería una buena idea. Lo malo es que, si eso pasa, seríamos tontos. Si los demás países se dan cuenta, comenzarán sus ataques contra nuestra familia, intentando debilitarnos. Al no tener el respaldo del país, dirán que es para cuidar al mundo de problemas innecesarios.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com