Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El legado de los cielos - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El legado de los cielos
  4. Capítulo 18 - 18 CONSECUENCIAS DEL OPERATIVO
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: CONSECUENCIAS DEL OPERATIVO 18: CONSECUENCIAS DEL OPERATIVO CAPÍTULO 18 — CONSECUENCIAS DEL OPERATIVO.

El amanecer sobre el estado había cambiado.

No era el mismo cielo tranquilo de semanas atrás.

Desde las primeras horas del día, helicópteros militares sobrevolaban los cerros, los caminos rurales y las inmediaciones del puerto.

Aunque el operativo se había llevado a cabo bajo un estricto sigilo, la magnitud de sus efectos empezaba a filtrarse a la opinión pública como una grieta que no podía contenerse.

La Organización Hijos de la Tierra Quebrada había sido golpeada como nunca en su historia.

Su líder, Adrián Castañeda, estaba capturado, herido, incomunicado y con la mayoría de sus dirigentes capturados o dispersos.

El país entero empezaba a oír el eco de lo que estaba ocurriendo, aun cuando el gobierno todavía no daba declaraciones.

Algo grande había pasado.

El tablero político se había movido.

Y, en medio de todo ese torbellino que envolvía al estado, el nombre que empezaba a surgir —como una semilla oportunamente colocada— era el de Fabián Moreno.

Nadie sabía exactamente cómo, pero los rumores crecían.

Algunos decían que había colaborado con inteligencia militar.

Otros que había sido el primero en alertar sobre la expansión de los Hijos de la Tierra Quebrada y su infiltración en sectores productivos del estado.

Unos pocos, los más cercanos al círculo empresarial agrícola, afirmaban que la organización criminal estaba afectando las rutas comerciales y los campos de exportación pertenecientes a Grupo Moreno, lo que explicaba por qué Fabián habría tenido acceso temprano a información clave.

La realidad, sin embargo, era mucho más compleja.

Y solo dos personas conocían la verdad completa:
Eugenio Pérez y él mismo.

Las oficinas de seguridad nacional en la capital del estado estaban colmadas de informes.

Archiveros móviles se desplazaban entre mesas improvisadas, pantallas llenas de datos y mapas salpicados de marcadores rojos.

La operación había sido perfecta… demasiado perfecta.

Y aun así, no había rastro alguno de filtraciones.

Nadie sabía que la joven alcaldesa María Fernanda Salgado había intervenido en las sombras para asegurar que ninguno de los criminales escapara.

Ni Eugenio, ni Fabián, ni los altos mandos militares tenían idea de que alguien había puesto manos invisibles en los límites del estado, obstruyendo rutas clandestinas, bloqueando comunicaciones satelitales ilegales y anulando posibles rutas de extracción.

Parecía—para quienes analizaban el resultado—como si un fantasma hubiera colaborado con el ejército.

Y eso inquietaba a más de uno.

Eugenio Pérez estaba de pie frente al enorme mapa del estado, iluminado por una única lámpara de pie que proyectaba sombras duras y definidas.

El coronel tenía su uniforme impecable, pero sus ojos cansados delataban tres días consecutivos sin dormir más que minutos a la vez.

Un teniente entró a la sala improvisada de mando, cuadrándose.

—Mi coronel… actualización del último punto de control.

—Habla —respondió Eugenio sin girarse.

—Las unidades reportan que los accesos sur han sido asegurados.

No encontramos movimiento.

Es como si… —titubeó un instante— …como si los criminales jamás hubieran intentado escapar por ahí.

Eugenio volvió lentamente la cabeza.

Su mirada penetró al joven.

—¿Qué me estás diciendo?

—Que sus movimientos fueron… anticipados, señor.

No sabemos cómo, pero alguien cerró todos sus caminos antes de que nosotros lo hiciéramos.

El coronel guardó silencio.

Era la tercera vez que le informaban algo así.

—¿Alguna firma?

¿Interferencia?

¿Tecnología utilizada?

—Nada, señor.

Casi parecería que no hubo intervención.

Eugenio respiró hondo.

Cada detalle del operativo había sido cuidadosamente planificado por él.

Pero había pequeñas piezas que no encajaban.

Como si una mano silenciosa hubiera empujado a los criminales hacia donde él quería… incluso antes de que él diera las órdenes.

Pero Eugenio era un militar.

No creía en fantasmas.

Así que lo dejó pasar por ahora.

—Retírense —ordenó.

El teniente salió, dejando al coronel solo.

A la misma hora, en su oficina privada dentro de la capital del estado, Fabián Moreno recibía una llamada que llevaba esperando desde la noche anterior.

Su teléfono vibró y en la pantalla apareció el nombre:
“Eugenio Pérez”
Fabián respiró profundo, acomodó la corbata y contestó.

—¿Sí, suegro?

—Ya está casi terminado —dijo el coronel sin preámbulos.

Fabián tragó saliva.

Sentía que el aire se volvía más denso en la habitación.

—¿Y mi parte?

—Los medios van a enterarse dentro de pocas horas.

Y tú vas a estar listo para declarar que estuviste colaborando conmigo desde que detectaste a los Hijos de la Tierra Quebrada infiltrándose en los sistemas de distribución agrícola del estado.

Tienes suficientes documentos dentro de tus archivos como para respaldarlo.

Haz que parezca que el golpe militar fue en gran medida gracias a tu advertencia temprana.

—Ya tengo a mi equipo preparando las carpetas digitales y físicas —respondió Fabián.

Luego agregó, con un tono casi ensayado—.

Me alegra haber podido ayudar a la seguridad del estado.

Eugenio soltó una leve exhalación, como si analizara las palabras.

—Recuerda, Fabián: esto te abrirá el camino a la candidatura.

Pero tienes que mantenerte firme en el discurso.

No exageres, no prometas demasiado.

Solo declara lo necesario.

Yo me encargaré del resto.

Fabián asintió, aunque su suegro no podía verlo.

—Entendido.

—La tercera fase termina hoy —dijo el coronel—.

Después de eso, el país entero sabrá tu nombre.

La llamada terminó.

Fabián dejó el teléfono sobre el escritorio y se quedó mirándolo, como si aún le absorbiera la atención.

Sus manos temblaban levemente.

Sabía que debía sentirse orgulloso, satisfecho… pero en cambio, sentía un peso extraño en el pecho.

El éxito no era un logro suyo.

Era de Eugenio.

Él solo jugaba un papel.

Y aun así, el país lo celebraría como héroe.

¿Era justo?

¿O acaso eso ya no importaba?

La respuesta llegó sola:
No importaba.

Lo único relevante era el ascenso político.

Y él estaba a un paso.

En la Ciudad de México, muy lejos de las tensiones visibles, la verdadera sombra oculta observaba en silencio.

María Fernanda Salgado estaba sentada frente a su computadora, revisando en tiempo real los movimientos de la prensa nacional.

Controlaba tres dispositivos al mismo tiempo, todos conectados a cuentas que ella manejaba de manera indirecta.

Ya veía el patrón.

Ya veía el hueco que el gobierno federal iba a llenar.

El operativo, aunque militar, necesitaba una narrativa.

Necesitaba un rostro.

Y ese rostro sería Fabián Moreno.

Ella, sin embargo, no lo envidiaba.

No lo admiraba.

Tampoco lo temía.

Solo lo estudiaba.

—Típico… creen que pueden mover un país solo con estructuras visibles —murmuró para sí misma.

Ella había evitado que los criminales escaparan por rutas clandestinas.

Había intervenido desde la distancia, utilizando recursos que nadie relacionaría jamás con ella.

Ningún militar había detectado su mano.

Ningún político había escuchado su intervención.

Todo lo había hecho sola, en absoluta discreción.

Lo había hecho, sí, para que el operativo fuera exitoso.

Pero también por algo más…
Un objetivo más grande, tan profundo que ni el presidente lo imaginaba.

María Fernanda cerró una ventana en la pantalla.

Era hora de esperar.

El país pronto cambiaría de tablero político.

Y ella sabía exactamente dónde debía colocarse cuando llegara el momento.

Mientras tanto, la prensa nacional comenzaba a hervir.

—“Fuertes rumores de un megaoperativo militar en el oeste del país”.

—“Fuentes extraoficiales aseguran que una peligrosa organización criminal ha sido desarticulada”.

—“Diputado federal habría colaborado con inteligencia militar para detectar infiltración criminal en rutas agrícolas”.

Los titulares corrían como fuego entre hojas secas.

Y la opinión pública empezó a hacer lo que siempre hacía: unir puntos que no existían.

Fabián Moreno, gracias a la estructura política que controlaba su familia, empezó a aparecer mencionado con insistencia.

No como uno más: como figura clave.

Una reportera incluso afirmó —sin pruebas— que Fabián había entregado un informe reservado al coronel Eugenio Pérez semanas atrás.

Ese rumor alimentó otros.

De pronto, Fabián parecía un experto en seguridad nacional, un visionario político y un defensor de la integridad del estado.

La narrativa perfecta.

La narrativa necesaria.

La narrativa útil.

Y todo estaba saliendo exactamente como Eugenio había planeado.

En el cuartel general, Eugenio analizaba las últimas imágenes recibidas por satélite militar.

Casi toda la estructura de los Hijos de la Tierra Quebrada había caído.

Faltaba solo cerrar algunos puntos críticos.

La fase final estaba en marcha y la presentación pública del resultado ocurriría al amanecer del siguiente día.

Su teléfono vibró.

Era Manuel Lira, Secretario de Gobierno.

Eugenio contestó de inmediato.

—¿Qué novedades, licenciado?

—Acabo de hablar con el presidente —respondió Manuel—.

Está satisfecho con el resultado preliminar.

Mañana daremos un comunicado nacional.

Y el nombre de Fabián será mencionado como pieza clave.

Eugenio asintió, aunque no podía verse.

—Perfecto.

—Sé lo que está haciendo, coronel —añadió Manuel, en un tono cargado de intención—.

Su yerno quedará en una posición privilegiada.

Y si el pueblo lo respalda después de esto, podría convertirse en la figura más fuerte para el gobierno estatal.

—Ese es el objetivo —respondió Eugenio sin rodeos.

Manuel sonrió desde la distancia.

—Muy bien.

Mantenga todo bajo control por ahora.

Mañana el país lo verá como el arquitecto del golpe más preciso de los últimos veinte años.

Eugenio colgó.

Pero su rostro no mostraba satisfacción.

Había algo que lo inquietaba.

Esa presencia invisible en algunas zonas del operativo.

Ese patrón tan silencioso que parecía facilitarles el trabajo.

Esa especie de sombra que no aparecía en ningún registro.

—¿Quién demonios estuvo ahí?

—murmuró.

Pero no tenía tiempo de investigar eso todavía.

El país entero esperaba resultados.

Y él, como coronel, no podía fallar.

La noche cayó sobre el estado.

Una noche tranquila.

Una noche falsa.

Porque detrás de esa tranquilidad, un país entero estaba a punto de cambiar.

Los Hijos de la Tierra Quebrada estaban caídos.

El gobierno preparaba su anuncio.

Fabián sería celebrado.

Eugenio sería respetado.

Manuel Lira consolidaría su fuerza como candidato presidencial.

Y María Fernanda Salgado… seguiría moviendo sus hilos desde las sombras, sin que nadie sospechara.

Todo parecía perfecto.

Demasiado perfecto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo