El legado de los cielos - Capítulo 20
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20: NACIMIENTO DE UN HÉROE 20: NACIMIENTO DE UN HÉROE CAPÍTULO 20 — NACIMIENTO DE UN HÉROE
El amanecer sobre Colima capital tenía un brillo distinto aquel día.
No era el fulgor natural del sol elevándose sobre la ciudad, ni el calor familiar que envolvía las calles cercanas al Complejo de Gobierno del Estado de Colima.
Era otra cosa.
Algo más denso.
Más pesado.
Un ambiente que anunciaba que aquel día sería recordado durante generaciones.
En el interior del edificio gubernamental, construido en líneas amplias de concreto blanco y ventanas estratégicas para resistir el calor, el movimiento era inusual.
Guardias estatales y federales iban y venían, asesores revisaban documentos, telefonistas atendían llamadas con voces tensas… y en la oficina principal, el futuro de Colima —e incluso del país entero— estaba siendo moldeado con precisión quirúrgica.
Eugenio Pérez, el coronel más respetado y temido del estado, se encontraba de pie frente a una mesa amplia llena de carpetas clasificadas, fotografías satelitales y reportes militares codificados.
Aquella mesa había visto cientos de operaciones, pero ninguna como esta.
Ninguna tan personal.
Ninguna tan política.
Ninguna tan calculadamente perfecta.
Del otro lado de la mesa, sentado, estaba Fabián Moreno.
Traje impecable, mirada calculadora pero contenida, el porte de un hombre que sabía que estaba en el centro de un huracán político y que ese huracán lo estaba levantando como su favorito.
Desde la operación contra “Los Hijos de la Tierra Quebrada”, su nombre había sido pronunciado en las redacciones de todos los noticieros del país, en redes sociales, en grupos de análisis político, en cafeterías, en despachos de la clase alta… y en rincones oscuros donde sus enemigos temblaban ante la magnitud del golpe recibido.
La tercera fase del plan maestro había concluido con precisión milimétrica.
El operativo conjunto entre las Fuerzas Armadas y la inteligencia estatal había destruido por completo la columna vertebral de la organización criminal encabezada por Adrián Castañeda.
Habían caído bodegas, rutas marítimas, enlaces financieros, operadores políticos y nidos de sicarios que llevaban más de una década creciendo silenciosamente bajo la complacencia de antiguos gobiernos.
Y aunque cientos de hombres habían participado…
El país entero aplaudía únicamente a Fabián Moreno.
Tal como Eugenio lo planeó.
Tal como era necesario.
Tal como el país necesitaba ver.
—Los reportes finales ya están depurados —informó Eugenio sin levantar la vista de los documentos—.
No habrá cabos sueltos.
Castañeda está neutralizado.
Su segundo al mando también.
Los municipios afectados ya están asegurados y la Marina está custodiando los accesos costeros.
Fabián asintió lentamente, manteniendo la compostura política que había pulido por años, aunque por dentro sentía vértigo.
La magnitud del operativo había sido gigantesca.
Él sabía perfectamente que el ejecutor real había sido su suegro… pero eso jamás sería revelado.
No ahora.
No nunca.
—¿Cuándo será la rueda de prensa?
—preguntó Fabián, aunque ya conocía la respuesta.
—En dos horas —respondió Eugenio con firmeza militar—.
El Secretario Lira quiere que seas tú quien encabece todo.
Él aparecerá a tu izquierda para reforzar legitimidad.
El Presidente también se pronunciará, pero desde la capital.
Su declaración está lista.
Ya aprobó el discurso en el que te nombran “el dirigente operativo local del mayor golpe contra el crimen organizado en la historia reciente de Colima”.
Fabián respiró profundo.
Esa frase no era cualquier frase.
Era una consagración.
—¿Y lo de la candidatura…?
—preguntó con cautela.
Eugenio levantó la mirada.
—El Presidente ya dio su aval verbal.
No oficial, pero suficiente.
Te verán como el hombre del momento.
El hombre fuerte del estado.
Y cuando llegue la contienda interna, ningún otro tendrá la mitad de tu impulso.
Te convertirás en candidato a gobernador.
Y entonces, con una pausa dramática, añadió:
—Y algún día… si sigues disciplinado… podrás llegar más alto.
Fabián sabía exactamente a qué se refería “más alto”.
El horizonte se volvió más ancho, más brillante, más ambicioso.
Ser gobernador de Colima sería solo el primer paso.
Mientras tanto, en otra sala del Complejo de Gobierno, Manuel Lira —Secretario de Gobierno y figurado futuro candidato presidencial impulsado por la élite política actual— sostenía una llamada tras otra.
Sus asesores lo rodeaban como un enjambre bien entrenado.
—Sí, confíen en Fabián —decía con voz firme—.
El estado está bajo control.
La operación fue un éxito total.
Ningún civil herido.
Ningún daño colateral significativo.
Exacto, es un precedente histórico… Sí, claro, la Federación estuvo supervisando todo… Correcto, estaremos enviando los informes en un par de horas.
Colgó la llamada, respiró y tomó otra inmediatamente.
—Ministro, lo garantizo: Moreno es el hombre adecuado para dirigir el estado.
Sí, el Presidente ya está enterado.
Sí, es cuestión de tiempo para que se formalice.
Y sí… también coincide con los intereses del partido.
Una sonrisa leve se dibujó en su rostro.
—Colima será un bastión perfecto en la próxima elección —dijo en voz baja, casi como un pensamiento suelto—.
Y un gobernador héroe facilita el camino para un presidente que también lo sea.
Su mirada se endureció.
Sabía que Fabián sería útil.
Muy útil.
Un pilar para su propia campaña cuando empiece la carrera por la presidencia.
La narrativa del “orden restaurado” y “la victoria contra el crimen” sería oro puro en tiempos de incertidumbre.
Y el Presidente… oh, el Presidente estaba encantado.
No tenía que mover un dedo.
La operación lo colocaba como un líder que había permitido el golpe militar sin exponerse.
Las encuestas internas mostraban una leve recuperación de su imagen, suficiente para mantener estabilidad.
Era una jugada perfecta donde todos ganaban.
Bueno… casi todos.
Dos horas después, la sala de prensa estatal estaba repleta.
Cámaras, reporteros, luces, micrófonos… una estampida mediática esperando la aparición del “héroe”.
Cuando Fabián Moreno entró, los flashes se encendieron con tal intensidad que por un instante parecía una escena sacada de una película.
Lira a su izquierda.
Eugenio un paso atrás, en la sombra que había elegido por voluntad propia.
Los reporteros gritaron preguntas, pero el silencio cayó en cuanto los funcionarios se colocaron frente al atril.
Lira tomó la palabra:
—Hoy es un día histórico para Colima y para México.
Un operativo conjunto, encabezado por el Gobierno Federal, las Fuerzas Armadas y el valiente liderazgo local del diputado Fabián Moreno, ha desmantelado por completo una organización criminal que operaba desde hace más de una década en nuestra costa y municipios aledaños…
Las palabras siguieron fluyendo como una sinfonía.
“Golpe certero”.
“Estabilidad garantizada”.
“Seguridad reforzada”.
“Ejemplo nacional”.
Todas acompañadas de números, estadísticas y testimonios breves que reforzaban la narrativa.
Y entonces, el momento clave.
—Sin el coraje, la visión y la entrega del diputado Moreno —continuó Lira— este operativo no habría sido posible.
Su liderazgo será recordado durante décadas.
El país necesita hombres como él.
Aplausos.
Flashes.
Una ovación espontánea.
Los ojos de los presentes veían a Fabián como un héroe de guerra.
Y él, con gesto perfectamente medido, inclinó la cabeza ligeramente en señal de humildad ensayada.
—Cumplí con mi deber —dijo, con la voz firme—.
Haré siempre lo necesario para proteger a Colima.
Cueste lo que cueste.
Frase magistral.
Frase que apareció en redes sociales antes de que terminara la conferencia.
Frase que ya era un titular.
Frase que su equipo repetiría cientos de veces en las próximas semanas.
Más tarde, al caer la noche, Fabián se reunió con su suegro fuera del horario público, en una oficina más pequeña dentro del mismo Complejo.
Una habitación blindada donde nadie podía escuchar.
Eugenio revisaba informes en silencio mientras Fabián observaba por la ventana, viendo las luces de la ciudad capital brillar como pequeñas brasas.
—No olvides algo, Fabián —dijo Eugenio sin levantar la mirada—.
Lo que hicimos aquí es solo el principio.
Los enemigos todavía acechan.
Castañeda cayó, pero dejó rencores.
Hay políticos que querrán usarte.
Otros que querrán destruirte.
Tendrás que aprender a sobrevivir entre tiburones.
Fabián apretó los puños.
—Estoy listo.
—Aún no —respondió Eugenio, esta vez mirándolo directo—.
Pero lo estarás cuando llegue el momento.
Hubo un silencio largo.
—¿Qué hay del Presidente?
—preguntó Fabián.
—Está satisfecho.
Y Lira, ni se diga.
Ambos te quieren cerca.
Serás útil para su campaña.
Lo que ganaste hoy no es solo prestigio: también ganaste enemigos que no te atreverías a imaginar.
Pero también ganaste aliados de alto nivel.
Fabián asintió con una mezcla de vértigo y ambición.
—¿Y ahora cuál es el siguiente paso del plan?
Eugenio sonrió levemente.
—Ahora… dejamos que el país hable.
Y vaya que hablaría.
Esa noche, los noticieros nacionales transmitieron imágenes del operativo militar, de las instalaciones aseguradas, de las armas decomisadas y de los rostros detenidos.
Los expertos en seguridad analizaban la operación como un ejemplo inusual de eficiencia absoluta.
Los rivales políticos en Colima guardaron silencio.
Los que antes atacaban a Fabián ahora temían mencionarlo.
La familia Moreno, inflada de orgullo, celebraba con ostentación.
Porque ahora no solo eran una familia rica, poderosa y respetada.
Ahora tenían un héroe nacional.
El apellido Moreno resonaba en todas partes con una nueva fuerza.
Y nadie se atrevía a cuestionarlo.
Ni siquiera aquellos que sabían la verdad.
La verdad de que el verdadero cerebro había sido Eugenio Pérez.
La verdad de que la operación fue una obra maestra militar.
La verdad de que todo estaba diseñado para moldear un destino político.
Y lo más importante…
La verdad de que aquel día marcó el inicio de algo mucho más grande.
Un reacomodo nacional de poder.
Un pacto silencioso entre el futuro gobernador, el futuro presidente y el actual presidente que aprobaba la nueva línea.
Un país alineándose bajo una narrativa cuidadosamente construida.
Un héroe naciendo ante los ojos de millones.
Fabián mirando su reflejo en la ventana del Complejo de Gobierno.
Su rostro iluminado por la ciudad.
Su figura creciendo en la sombra proyectada detrás.
Un futuro brillante….
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