El legado de los cielos - Capítulo 26
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26: EL TERRERO EL CORAZÓN OCULTO DE MINATITLÁN.
26: EL TERRERO EL CORAZÓN OCULTO DE MINATITLÁN.
CAPÍTULO 26 — EL TERRERO: EL CORAZÓN OCULTO DE MINATITLÁN
El Terrero, ubicado en la zona serrana del municipio de Minatitlán, en el estado de Colima, es un pequeño paraíso montañoso que parece existir entre dos mundos: el México rural contemporáneo… y algo más antiguo, más profundo, más silencioso, una esencia que antecede al hombre mismo.
A primera vista, cualquier turista que llega por primera vez podría confundirlo con un destino tranquilo para quienes buscan clima fresco, senderos verdes y una desconexión temporal de la vida urbana.
Pero quienes han vivido allí más de unas semanas saben que El Terrero es algo más que un simple lugar en el mapa.
Es un territorio que respira.
Un lugar donde el viento murmura como si llevara mensajes antiguos.
Donde los árboles parecen más grandes que en cualquier otra parte de Colima.
Y donde, al caer la noche, las montañas proyectan sombras demasiado definidas… demasiado vivas.
El clima del Terrero es templado-frío durante gran parte del año.
Al amanecer, la neblina cubre las laderas como un manto blanco que serpentea entre los pinos.
La temperatura suele descender hasta los 8 °C durante las madrugadas de invierno, y rara vez supera los 22 °C durante el día.
Este ambiente permite que la humedad y el frescor sean constantes, alimentando la vida vegetal y proporcionando a la fauna un refugio natural seguro.
En verano, las lluvias caen con fuerza, golpeando el techo de las cabañas como una sinfonía rítmica.
Las corrientes de agua nacen con facilidad, formando pequeños arroyos que descienden entre las oquedades del terreno.
Es un clima que obliga a la naturaleza a florecer… y al visitante a respetar.
La vegetación del Terrero es una mezcla vibrante entre el bosque mesófilo y la zona templada.
Entre las especies más comunes se encuentran:
Pinos de distintas variedades, muchos superando los 20 metros de altura.
Encinos robustos con troncos gruesos, algunos tan viejos que los habitantes juran que estaban ahí antes de que existiera el pueblo.
Helechos gigantes que alcanzan hasta 1.5 metros, formando una especie de alfombra natural.
Flores silvestres como las margaritas rojas, las “flores de mayo” y pequeños lirios que solo florecen en días templados.
Hierbas medicinales utilizadas desde generaciones antiguas: árnica, manzanilla serrana, toronjil, sangre de drago y una variedad rara llamada “susurro azul”, famosa entre los lugareños porque, al secarse, emite un aroma dulce que calma el dolor de cabeza y la ansiedad.
Pero entre toda la flora común, existe un pequeño número de plantas que nadie ha podido clasificar por completo.
Dentro de zonas profundas del Terrero—sectores que ni los habitantes locales visitan comúnmente—se han reportado plantas con características inusuales:
Una enredadera luminosa, conocida como Escama de Luna, cuyos filamentos brillan tenuemente durante la noche.
Un musgo rojizo, llamado Sangre del Bosque, que crece únicamente sobre rocas húmedas y que, según quienes lo han tocado, deja una ligera sensación eléctrica en la piel.
Pequeños arbustos con frutos translúcidos, que parecen vibrar cuando se les acerca la mano.
Nadie los consume; los animales tampoco.
Ningún botánico local ha logrado obtener muestras estables.
Estas plantas tienden a secarse inexplicablemente apenas son arrancadas de su entorno natural.
Como si se defendieran.
Como si pertenecieran a un ecosistema que rechaza la intervención humana.
La fauna conocida del Terrero está compuesta por:
Venados cola blanca.
Coyotes que ocasionalmente rondan durante la madrugada.
Aves endémicas como el carpintero, el jilguero y el pájaro azul serrano.
Lagartijas y salamandras que se ocultan entre las piedras húmedas.
Tejones que bajan a veces al pueblo en busca de frutas.
Pero los habitantes más viejos hablan en voz baja de animales que no figuran en ningún libro.
Bestias que solo se ven de reojo
Se han contado historias sobre:
Un zorro completamente blanco, más grande que cualquier ejemplar conocido, cuya mirada parece casi humana.
Un venado negro, que solo aparece durante las noches sin luna.
Una especie de felino pequeño, del tamaño de un perro mediano, con manchas azules en el lomo que brillan ligeramente bajo la luz.
No hay pruebas claras, pero hay huellas.
Marcas profundas.
Rastros de movimiento rápido entre los árboles.
Y, sobre todo, un silencio extraño cuando alguna de estas criaturas está cerca.
Un silencio en el que el bosque entero parece contener la respiración.
El Terrero cuenta con poco más de 300 habitantes.
La mayoría se dedica a:
La agricultura de subsistencia.
La producción local de café artesanal.
La elaboración de pan, quesos y dulces típicos.
Algunos empleos turísticos en cabañas y senderos.
Es una comunidad tranquila, donde todos se conocen por nombre y apellido.
Las familias han vivido allí por generaciones, y las costumbres se han mantenido prácticamente intactas desde hace décadas.
Entre las tradiciones más arraigadas se encuentran:
La Caminata del Alba
Una peregrinación que se realiza en silencio cada 3 de noviembre.
Los habitantes suben la montaña antes del amanecer para “recibir a los espíritus del bosque”, según cuentan los ancianos.
Algunos dicen que esta tradición es mucho más antigua que el propio pueblo.
La ofrenda del Agua Viva
Una jarra de agua cristalina que se deja en la entrada del bosque durante el solsticio de verano.
Dicen que trae buena cosecha, pero los niños aseguran que el agua siempre desaparece sin dejar rastro.
Pese a lo remoto de la región, el Terrero recibe:
Entre 50 y 150 turistas por semana,
de 600 a 800 al mes,
y más de 8,000 al año.
La mayoría buscan:
Senderismo.
Cabañas rústicas con clima fresco.
Convivencia con la naturaleza.
Pesca en pequeñas presas cercanas.
Fogatas nocturnas bajo el cielo estrellado.
La zona es famosa por sus cabañas de madera, muchas construidas a mano por los propios pobladores.
Algunas tienen más de 50 años.
Pero hay algo curioso:
A pesar de que cada año más turistas visitan la reserva, ciertos sectores del bosque permanecen completamente inexplorados.
No por falta de interés…
sino porque, de forma inexplicable, nadie puede llegar a ellos.
Los habitantes le llaman “zonas vivas”.
La brújula deja de funcionar correctamente.
Los senderos cambian de forma.
Los animales no se acercan.
La vegetación crece en patrones circulares casi perfectos.
La niebla permanece incluso en días despejados.
Algunos turistas se han extraviado ahí durante horas, solo para reaparecer en un punto completamente diferente del bosque, sin poder explicar cómo salieron.
Los ancianos dicen que esas zonas son “las puertas del bosque antiguo”.
Una región donde las reglas comunes de la naturaleza no aplican.
Un lugar que protege algo.
No es algo visible.
No es algo que se pueda medir.
Pero todos, absolutamente todos, sienten algo la primera vez que respiran el aire frío del Terrero.
Una sensación mínima, como un hormigueo suave que recorre los brazos o la espalda.
Algunos lo describen como paz.
Otros, como un presentimiento.
Y algunos pocos, como una llamada.
Los viejos lo llaman la Hebra del Espíritu, y cuentan que antiguamente los chamanes de la región acudían al Terrero para realizar rituales de sanación y fortaleza.
Según la tradición:
> “El bosque guarda la energía del cielo.
Y solo quienes escuchan su voz podrán tocarla.”
En estos lugares, la energía espiritual es tan densa que incluso quienes no creen en nada sienten la piel erizarse.
El Terrero está lleno de relatos extraños.
No todos son fantasía; algunos se transmiten como advertencias.
La Dama de la Niebla
Una figura femenina que aparece caminando entre los árboles durante las madrugadas frías.
Dicen que la han visto varias veces.
Siempre está de espaldas.
Nunca deja huellas.
El Guardián de Sombras
Una bestia enorme —más grande que un oso— cuya silueta se ha visto en noches de tormenta.
Nunca se acerca a las cabañas.
Nunca ataca.
Solo vigila desde lejos.
El Niño del Arroyo
Un pequeño espíritu travieso que suelta risas suaves cerca del agua.
Se dice que guía a los extraviados de regreso al camino.
Los habitantes no temen estas presencias.
Las respetan.
Forman parte del Terrero tanto como los árboles y las piedras.
Aunque hay caminos, cabañas y rutas de senderismo, más del 70% del territorio permanece sin explorar de forma oficial.
No por falta de instrumentos…
sino porque el Terrero simplemente no se deja.
Ya han intentado:
Mapear con drones,
Usar GPS militar,
Trazar coordenadas exactas.
Pero siempre ocurre algo: interferencia, pérdida de señal, equipos dañados sin explicación.
Es como si el Terrero conservara partes de sí mismo ocultas por decisión propia.
Y en esas regiones ocultas —donde la energía espiritual se vuelve casi palpable— es donde nacen los fenómenos más extraños.
Fenómenos que solo unos pocos han llegado a presenciar.
Fenómenos que no deberían existir en un mundo moderno.
Fenómenos que parecen esperar… algo.
o a alguien.
Distribuidas en varios puntos del bosque, las cabañas del Terrero son construcciones de madera rústica, la mayoría levantadas por manos locales.
Algunas características comunes son:
Techo de dos aguas cubierto con lámina o teja artesanal.
Hornos de leña integrados.
Ventanas pequeñas para conservar el calor.
Chimeneas antiguas hechas con piedra volcánica.
Pequeños porches donde se escucha al bosque como si estuviera hablando.
Los visitantes suelen sentirse inesperadamente tranquilos en estas cabañas.
Es como si el ambiente las envolviera con un silencio protector.
Sin embargo, quienes pasan varias noches allí aseguran que algunas veces se escuchan pasos en el bosque, muy cerca de la madera…
Pasos que no parecen de animales comunes.
Nadie ha podido encontrar evidencia.
Pero todos coinciden en una cosa:
> “En el Terrero, nunca estás completamente solo”
El Terrero no es simplemente un pueblo escondido entre montañas.
Es un límite.
Una frontera entre lo conocido y lo desconocido.
Un terreno donde la naturaleza parece más viva que en cualquier otro lugar de México.
Sus plantas raras.
Sus animales imposibles.
Su energía espiritual.
Sus zonas inexplorables.
Sus leyendas persistentes.
Todo forma parte de un rompecabezas que, durante siglos, nadie ha logrado descifrar.
Pero una cosa es segura:
El Terrero es un lugar que guarda secretos.
Secretos que ningún humano corriente podría comprender.
Secretos que han estado esperando a que alguien digno aparezca…
Alguien capaz de escuchar lo que el bosque intenta decir.
Alguien cuyo destino está entrelazado con este territorio desde mucho antes de que él mismo lo supiera.
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