Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El legado de los cielos - Capítulo 29

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El legado de los cielos
  4. Capítulo 29 - 29 EL ACUERDO DEL OCEANO SOMBRIO
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

29: EL ACUERDO DEL OCEANO SOMBRIO 29: EL ACUERDO DEL OCEANO SOMBRIO CAPÍTULO 29 – EL ACUERDO DEL OCÉANO SOMBRÍO.

Señor Salgado —dice Rodrigo con voz firme, rompiendo el silencio que había envuelto la cabaña—.

Bien… necesito ayuda en algo.

Luis lo mira con atención.

Sus ojos, oscuros y profundos, cargaban esa misma aura antigua que Rodrigo ya había notado antes: una mezcla de sabiduría, paciencia y algo más… un matiz que solo se encontraba en personas que habían visto demasiado del mundo como para temerle a las sombras.

Asiente una sola vez, con calma.

—Dime qué es lo que necesitas.

Rodrigo respira hondo, como si lo que estuviera por decir fuera una pieza importante en su camino.

—Bueno… en pocas palabras seré franco.

—Levanta un dedo—.

Necesito dinero.

Claro, no se lo pediré regalado.

Le daré algo a cambio.

—Luego levanta otro dedo, señalando dos—.

Necesito ayuda con transporte.

Necesito ir a un lugar, pero no quiero que nadie se entere.

Luis entrecierra los ojos.

Era un hombre experimentado en leer intenciones, intereses y mentiras, pero en este joven… le costaba.

Había algo en Rodrigo que no cuadraba con un chico de 17 años, recién salido de prisión y supuestamente sin guía.

Algo extraño… algo que no encajaba con el mundo ordinario.

El hombre piensa: ¿Qué puede darme este muchacho que valga mi tiempo?

Sin embargo, mantiene la expresión serena.

—Bien.

Podemos hablar.

Si está en mis manos ayudarte, lo haré.

—Se toca la barba, pensativo—.

¿Cuánto necesitas?

Rodrigo guarda silencio por un momento.

La derivación del alma trabaja en su mente con precisión quirúrgica.

Palabras, variables, escenarios, todas las posibilidades fluyen simultáneamente.

Finalmente habla:
—La cantidad exacta aún no la sé… pero digamos que puedo darle algo para abrirse camino hacia la cultivación.

¿Cuánto cree que valdría eso?

Luis Salgado se levantó de golpe, incrédulo.

—¿Qué?… ¿Tienes un método de cultivo?

La tensión en la habitación subió como si una cuerda invisible se tensara entre ambos.

Rodrigo hace una seña para que se calme.

—No es exactamente eso.

Aún no lo sé.

No estoy seguro del todo.

Necesito ir a un lugar que me indicaron… para ser sincero, no sé si es un método de cultivo.

—Evita revelar cualquier información adicional.

Luis frunce el ceño.

Su mente trabaja tan rápido como la situación se lo exige.

—Puedo ayudarte con… digamos, diez millones de pesos.

—Habla despacio, estudiando la reacción del joven—.

¿Qué necesitas comprar?

Rodrigo niega levemente.

—Nada importante de momento.

La realidad es que necesito abrir una empresa, pero eso no es lo urgente ahora.

—Entonces, ¿qué es lo urgente?

—pregunta Luis con una mezcla de curiosidad y sospecha.

Algo en el interior del hombre le decía que este joven podía estar tocando un terreno que ni siquiera la familia Salgado se había atrevido a explorar.

Rodrigo lo mira directo a los ojos.

—Necesito viajar a un lugar.

Pero no quiero que nadie se entere.

—¿A qué lugar?

¿Y qué necesitas exactamente?

—Un barco.

Luis parpadea sorprendido.

—¿Un barco?

—Sí.

Necesito ir a una isla… y no quiero que nadie se entere.

Pero no sé cómo está esa isla actualmente.

Luis se cruza de brazos.

—¿Qué isla?

Rodrigo responde sin cambiar el tono.

—Isla Socorro.

Luis se queda inmóvil unos segundos antes de hablar.

—¿Sabes que esa isla es una zona militar?

¿A qué quieres ir ahí?

Rodrigo aprieta la mandíbula.

—No lo sabía… pero es precisamente por eso que necesito que nadie se entere.

Luis sopesa la situación.

No era asunto menor.

Isla Socorro no era un destino turístico: era un punto estratégico del país, un territorio vigilado.

Pero la petición del joven… tenía un peso extraño.

—Puedo ayudarte… sí.

Puedo conseguirlo.

—Hace una pausa—.

Karen Salgado puede acompañarte.

Rodrigo arquea una ceja.

—¿Quién es Karen Salgado?

Luis sonríe como alguien que habla de un prodigio.

—Es nuestro talento.

De la que te hablé.

Ya alcanzó el reino de la formación del dantian, está en etapa intermedia.

Nadie en esa isla puede ganarle.

Rodrigo no pudo evitar pensar:
No creo que nadie pueda con ella si ese anciano de la prisión está ahí… si ese hombre aparece en esa isla, un golpe bastaría para matarla.

No sabía qué era exactamente ese viejo, pero su intuición —alimentada por los fragmentos de memoria— le decía que ese anciano estaba en un nivel completamente distinto a todo lo que había conocido en la Tierra.

—Bien —dice Rodrigo finalmente—.

Puede acompañarme.

Incluso puede enseñarme a mejorar mi nivel en artes marciales.

Luis asiente, satisfecho.

—Entonces lo prepararé todo.

¿Tienes alguna cuenta donde depositarte?

Rodrigo mueve la cabeza.

—No, pero puedo pedirle a Salgado que me ayude con eso.

—Perfecto.

—Luis eleva la voz—.

Fernanda Salgado, pueden pasar.

La puerta de la cabaña se abre y entran María Fernanda Salgado y Annie Volkovna.

Las dos toman asiento.

Annie mira a Rodrigo con una mezcla de interés y algo que ella misma no lograba admitir.

Su mirada era aguda, inteligente, pero había un brillo adicional cuando veía a aquel joven.

No quería reconocerlo, pero estaba empezando a enamorarse.

Su racionalidad de mujer entrenada para el mundo financiero de Wall Street se oponía… pero el corazón ya había empezado su propia guerra.

Salgado entra con aquella presencia elegante que la caracterizaba.

Sus botas de campo resonaron suavemente sobre la madera, y sus ojos se posaron en Rodrigo.

Algo se movió dentro de ella.

No podía describirlo: ¿curiosidad?

¿atracción?

¿fascinación?

No lo sabía… pero sí sabía que su corazón había empezado a equivocarse a propósito.

Rodrigo gira hacia ambas mujeres y habla con un tono educado, casi encantador.

—Señorita… —dice en una forma sutilmente halagadora mientras mira a María Fernanda—.

¿Me puede prestar por un tiempo a su secretaria?

Señala a Annie.

Salgado abre los ojos sorprendida.

—¿Mi… secretaria?

—trata de disimular su desconcierto—.

No es exactamente mi secretaria, pero… ¿para qué la necesitas?

Annie lo mira, confundida y a la vez interesada.

Rodrigo no sabía nada de su verdadero trasfondo:
—experta financiera**,
—prodigio de Wall Street**,
—habilidades que valían millones**,
—y una conexión directa con redes económicas internacionales.

Él solo pensaba que era “la secretaria de la alcaldesa”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo