El legado de los cielos - Capítulo 42
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42: SOMBRAS SOBRE LA ISLA SOCORRO.
42: SOMBRAS SOBRE LA ISLA SOCORRO.
CAPÍTULO 42 — Sombras Sobre la Isla Socorro
Luis Salgado observó el horizonte desde la cubierta superior mientras consultaba su reloj.
El viaje desde Manzanillo había sido minuciosamente calculado: zarparon a las 2:30 de la tarde y, a las 4:00, cuando el barco ya llevaba un tramo considerable sobre el océano, Luis comenzó a ejecutar su plan.
A esa hora reunió discretamente a los diez jóvenes de élite de la familia Salgado y a los colaboradores contratados para fingir ser turistas.
Les explicó los movimientos, la conducta y la actitud que debían adoptar para justificar la presencia del barco cerca de la isla.
Risas, fotos, música baja, ropa veraniega, selfies con el mar de fondo…
La coartada perfecta.
Cada hora que pasaba, el buque se acercaba más a la zona periférica de la Isla Socorro.
Un área vigilada de manera intermitente por la Marina y la Guardia Nacional.
Cualquier presencia prolongada podía levantar sospechas… por eso era crucial que parecieran turistas inofensivos disfrutando de un recorrido marítimo.
Cuando pasaron las 6:40 pm, el sol comenzaba a ocultarse, tiñendo las nubes con tonos rojizos y violetas.
El viento del océano soplaba fresco, arrastrando el olor a sal y el murmullo del oleaje que golpeaba suavemente el casco.
Finalmente, minutos antes de las 7, el barco ya se encontraba en el punto límite:
lo más cerca que podían llegar sin llamar la atención.
Luis dio las últimas instrucciones a los falsos turistas y al equipo táctico.
Desde la cubierta podía verlos mezclados: algunos tomando fotos del atardecer, otros conversando como si nada.
Perfecto, todo lucía natural.
Lo único que no imaginaba… era que su nieta, Karen, y Rodrigo estaban en ese momento sumergidos en un momento íntimo que, si él supiera, lo dejaría sin palabras.
Cuando su reloj marcó las 7:00 pm exactas, Luis respiró hondo.
Era hora de informar a Rodrigo que la infiltración estaba por comenzar.
Caminó por el pasillo interior del barco y tocó la puerta de la habitación.
Rodrigo escuchó los golpes.
Él y Karen estaban desnudos, exhaustos.
El cuerpo de la joven aún temblaba en sus brazos, respiración agitada, mejillas encendidas.
Había sido su primera vez, y aunque dolorida, un brillo de satisfacción seguía en sus ojos.
Rodrigo lo sabía: después de hoy, ella difícilmente se apartaría de él.
Y él tendría que protegerla… igual que a sus otras mujeres.
Karen intentó levantarse, pero su cuerpo le recordó claramente lo que acababan de hacer.
—Ah… —soltó un leve suspiro de dolor.
Rodrigo la sostuvo con suavidad.
—Tranquila.
Quédate recostada un momento.
Se colocó la ropa tan rápido como pudo.
Caminó hacia la puerta y la abrió apenas lo suficiente para ver quién era.
Al descubrir a Luis frente a él, su corazón dio un vuelco.
Se congeló.
—Señor Salgado… —murmuró.
Luis estuvo a punto de hablar, pero sus ojos captaron algo detrás de Rodrigo:
El cuerpo semidesnudo de Karen, apenas cubierta por la sábana, intentando ocultarse.
Luis bajó la mirada, tragando su molestia y orgullo familiar.
—Vístanse.
ya estamos en el punto más cercano a la isla.
—Su voz fue firme, sin elevar el tono—.
Hablaremos afuera.
Rodrigo cerró la puerta.
¿Se enojará…?
¿Tomará represalias?
La derivación del alma de Rodrigo trabajaba al máximo, calculando escenarios, midiendo la posible reacción del patriarca.
Si se tuerce demasiado… puedo crear otra técnica para apaciguarlo.
Pero esperaba no llegar a eso.
Karen se vistió, aún sonrojada.
Rodrigo hizo lo propio y salieron.
Karen caminó con la cabeza ligeramente baja.
—Abuelo… yo… yo fui la que tomó la iniciativa.
Rodrigo no tiene la culpa.
Luis la observó un largo instante.
Luego miró a Rodrigo con la profundidad de un hombre que carga con toda una familia sobre los hombros.
—Ya son grandes… pero deben ser responsables.
Rodrigo dio un paso al frente.
—No se preocupe, señor Salgado.
No dejaré que Karen sufra.
La trataré bien.
Luis desvió la mirada hacia el mar y respiró hondo.
En su interior, una batalla moral se libraba.
Era su nieta, su orgullo.
Pero también sabía que Rodrigo era una apuesta que podía elevar a la familia Salgado a alturas impensables.
Quizás… era egoísmo.
Quizás sacrificio.
Quizás ambas cosas.
Y también era cierto: Karen había tomado su decisión.
Luis suspiró.
—Estamos tan cerca de la isla como podemos estar.
No podemos acercarnos más.
La lancha rápida ya está lista.
—Explicó con calma—.
Esperen a que el sol termine de meterse.
La Marina suele relajar la vigilancia en ese lapso.
Cuando lleguen a la orilla, uno se quedará cuidando la lancha y ocultándola.
Los demás seguirán tus órdenes.
Hizo una pausa.
—Tienes tres días, Rodrigo.
Si necesitas más… regresaremos por otros tres días.
Pero si no hay señales tuyas, el barco deberá volver antes de que noten nuestra ausencia en la ruta.
Rodrigo asintió.
—Perfecto.
A las 9 saldremos.
Karen también asintió.
—Yo reuniré al equipo.
Rodrigo regresó a su habitación.
Antes de que Karen se marchara, Luis puso una mano en su hombro.
—Primero arréglate.
—Le dijo con una voz firme pero comprensiva.
—Abuelo… yo elegí estar con Rodrigo.
Él no me obligó.
—respondió ella, avergonzada pero sincera.
Luis no dijo más.
Solo la dejó ir.
Karen regresó a su habitación, tomó un baño rápido y se preparó para la misión nocturna.
A las 9:00 pm, la noche ya había envuelto completamente el océano.
El cielo era un lienzo oscuro atravesado por un puñado de estrellas, y la luna creaba un sendero plateado sobre las olas que se movían con un vaivén lento pero constante.
El viento era frío, cortante, típico de mar profundo.
En el borde del barco esperaba la lancha rápida.
Su motor ronroneaba en silencio, listo para despegar en cualquier momento.
Allí estaban los 10 jóvenes de élite de la familia Salgado, cada uno vestido con ropa táctica negra, rostros serios, respiración controlada.
Karen, con ropa táctica ligera adaptada a su movilidad, cerraba filas.
Rodrigo, también de negro pero con ropa civil para mantener su papel de “no combatiente”, subió en último lugar.
Doce sombras listas para internarse en la oscuridad del océano rumbo a la isla Socorro.
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