El legado de los cielos - Capítulo 43
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43: EL ENCUENTRO EN LA NOCHE DE LA ISLA SOCORRO.
43: EL ENCUENTRO EN LA NOCHE DE LA ISLA SOCORRO.
Capítulo 43 — El Encuentro en la Noche de la Isla Socorro
Una lancha rápida cortaba las aguas oscuras, acercándose silenciosamente a la orilla de la isla Socorro.
La luna, escondida entre nubes densas, apenas iluminaba el relieve volcánico de la isla.
El sonido del motor estaba amortiguado; el oleaje golpeaba suavemente el casco.
Nadie los notó.
Nadie estaba cerca.
Los doce jóvenes vestidos de negro mantenían la mirada fija al frente, tensos pero disciplinados.
Cuando la lancha tocó la arena, la brisa húmeda del Pacífico les golpeó el rostro.
Tal como se había acordado, uno de los jóvenes se quedó con la lancha.
La arrastró entre las rocas, cubriéndola con lonas negras y ramas secas del entorno para ocultarla.
Luego buscó un punto seguro para vigilar, listo para moverla si quirúrgica algún peligro.
El resto del grupo se organiza alrededor de Rodrigo.
Tenían que avanzar con extremo cuidado.
Había demasiados riesgos.
1.
Soldados desplegados en zonas estratégicas.
2.
Trampas o minas, instaladas por la milicia en áreas prohibidas.
3.
Terreno desconocido, sin planos ni mapas.
4.
Animales salvajes, propios de una reserva casi intacta.
Los hackers de la familia Salgado no habían obtenido ninguna información de la zona.
Para el gobierno, este lugar era “clasificación máxima”.
Avanzaron con lentitud, pisando sólo donde el guía —uno de los jóvenes más experimentados— indicaba.
El viento silbaba entre los matorrales secos.
Cada crujido hacía que todos tensaran los músculos.
La oscuridad hacía difícil distinguir el terreno, así que caminaban usando visores nocturnos de baja intensidad.
Las horas pasaron.
A las 3 de la mañana, Rodrigo levantó la mano, deteniendo a todos.
Había sentido algo.
Una presencia.
Una figura femenina… delgada, etérea…
Una mujer.
Pero nadie más reaccionó.
—¿Vieron a alguien allá?
—preguntó señalando entre unos arbustos retorcidos.
Todos negaron con la cabeza.
Rodrigo frunció el ceño.
—Esperen aquí.
Necesito revisar esa zona.
Manténganse alertas y cúbranse.
Los jóvenes formaron un círculo defensivo, apuntando en todas direcciones.
Rodrigo avanzó solo entre la vegetación oscura.
Caminó unos metros… y se detuvo de golpe.
No por miedo.
Sino por pura impresión.
¿Qué demonios…?
Cada vez aparece una belleza más increíble que la anterior…
Su mente quedó en blanco.
Allí, entre la niebla nocturna, estaba una mujer joven, quizás de unos veinte y tantos años.
Su cabello azul caía en ondas brillantes sobre una túnica translúcida.
Sus ojos, casi violeta, lo observaban con curiosidad.
Su piel era clara, suave, como la de una hada hecha de luz lunar.
Un aura tenue la envolvía, ligera pero antigua.
Rodrigo no percibía amenaza…
pero sí un poder que se sentía ajeno a la Tierra.
La mujer lo miró como si hubiera estado esperándolo toda su vida.
Ella también parecía sorprendida, aunque por otros motivos.
Podía sentir el aura del maestro… del anciano.
Recordó la despedida.
Recordó la promesa que le hizo.
Sus ojos se posaron en el anillo de Rodrigo y supo la verdad.
—Muy bien… —susurró para sí misma—.
Es él.
Rodrigo seguía paralizado por su belleza, cuando la escuchaba hablar.
—Te estuve esperando desde hace días.
—¿Esperando…?
—repitió él.
-Si.
El maestro me dijo que vendrías.
—¿Maestro?
¿Qué maestro?
La joven señaló el anillo en su mano derecha.
—El que te dio eso.
Luego agregó sin más:
—Diles a los que vinieron contigo que no te esperen.
Rodrigo meditó sus palabras.
Había solemnidad en su voz, pero también seguridad.
Le tomó solo unos segundos decidir.
—¿Cuánto tardaremos?
—Un día o dos.
Quizás menos.
—respondió ella sin pensarlo.
Rodrigo asiente.
Regresó con el grupo y, manteniendo todo en secreto, dijo:
—Encontré lo que buscaba.
Esto tomará tiempo.
Escóndanse.
Nadie debe verlos.
Nos vemos aquí en dos o tres días.
Los jóvenes aceptaron sin cuestionar.
Era Rodrigo.
Era su líder.
En silencio, se camuflaron entre las rocas y árboles de la zona.
Unos minutos más tarde, Rodrigo y la misteriosa mujer —Sherapine— se encontraban frente al volcán de la isla.
La tierra vibraba ligeramente.
El aire estaba cargado de energía extraña.
Sherapine levantó una mano, hizo un par de sellos delicados.
Buuuzzz…
El espacio frente a ellos se distorsionó, abriéndose un pequeño portal de tonos violetas y negros.
No era magia terrestre… era algo mucho más antiguo.
Un mundo completamente diferente se extendía hacia adentro.
Rodrigo tragó saliva.
—¿Qué es esto?
—Un mundo de bolsillo creado por mi maestro.
—respondió ella con calma.
—Y tú… ¿cómo deberías llamarte?
¿Cuál es tu nombre?
—Me llamo Sherapine.
No soy tu maestra… pero será casi una.
No deseo ocupar su lugar, pero debo enseñarte en su nombre.
Señaló el interior del mundo de bolsillo.
—Primero conocerás este lugar.
Hace muchos años, el maestro lo creó.
Aquí almacenó energía espiritual, suficiente para sostener este mundo y alimentar lo que dejó dentro.
Pero aún así… debemos administrar bien los recursos.
Rodrigo abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué recursos?
—No tengas prisa.
—dijo ella suavemente—.
Este sitio se llama el Palacio Oscuro.
La verdadera herencia está dentro del palacio principal.
Rodrigo observó lo lejos.
Tres palacios principales, con techos curvos al estilo de las antiguas dinastías chinas, columnas rojas y figuras de dragones tallados en piedra.
Cinco edificios de múltiples pisos.
Más de cincuenta casas elaboradas delicadamente, veinte mansiones de estilo refinado y patios con estanques cristalinos.
—Pero… —preguntó—.
¿No se supone que las herencias te vuelven poderosas al instante?
Como en las películas…
Sherapine lo miró confundida.
—No sé de qué hablas.
Lo que el maestro te dejó es la herencia.
Toda la información está en tu mente: técnicas de cultivo, alquimia, refinación de armas, objetos mágicos, formaciones y talismanes.
La herencia es conocimiento, no poder.
El poder lo obtienes tú, aplicándolo.
Es como estudiar: tienes que practicar para avanzar.
Ahora todo tenía sentido para Rodrigo.
Todo lo que veía en películas era exagerado.
La herencia no era un atajo…
era una escuela completa comprimida en su mente.
Y ahora, por fin, tenía una guía.
Una maestra.
Y tal vez… recursos para empezar su camino real.
Sherapine continuó:
—En tu mundo, la Tierra, no existe energía espiritual.
Pero eso no impedirá que avances.
—Hizo una pausa, mirándolo directamente—.
Te enseñaré una forma de fortalecer tus artes marciales.
Cambiaremos tus artes marciales básicas a artes internas.
Son superiores… más profundas… pero requieren el mismo proceso de comprensión.
Aun así, crecerás más rápido y con mayor estabilidad.
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