El legado de los cielos - Capítulo 46
- Inicio
- Todas las novelas
- El legado de los cielos
- Capítulo 46 - 46 LAS PRIMERAS PIEDRAS DEL IMPERIO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
46: LAS PRIMERAS PIEDRAS DEL IMPERIO.
46: LAS PRIMERAS PIEDRAS DEL IMPERIO.
Capítulo 46 — LAS PRIMERAS POEDRAS DEL IMPERIO
El muelle de Manzanillo se iluminaba con los últimos destellos del atardecer.
El cielo ardía en tonos naranjas, rosados y dorados, mientras las grúas inmóviles proyectaban sombras largas sobre el concreto.
El olor a sal mezclado con diesel fresco impregnaba el aire, y las gaviotas cruzaban en círculos sobre los barcos que iban y venían.
La embarcación en la que viajaban atracó con un suave golpe contra el muelle.
Los “turistas” descendían apurados, pero Rodrigo bajó tranquilo, con paso seguro y mirada serena.
A su lado caminaban Luis Salgado y Karen, ambos manteniendo el mismo ritmo que él.
Karen fue la primera en hablar, con un tono suave que se mezclaba con la brisa cálida del atardecer.
Karen
—Nos veremos pronto, Rodrigo.
Rodrigo la miró con una calma profunda, como si ya tuviera un mapa completo en su mente.
Rodrigo
—Claro.
Será pronto.
Luis observó a su nieta y luego a Rodrigo.
Algo había cambiado entre ellos, algo que él, como hombre de experiencia, no podía ignorar.
Ese tipo de lazos no se formaban en días… a menos que fuera del tipo que nadie puede controlar.
Luis exhaló despacio, como aceptando algo que ya estaba escrito.
Luis
—Parece que te hiciste… cercano a ella en muy poco tiempo.
Rodrigo mantuvo su mirada sin parpadear.
Rodrigo
—Señor Salgado, no crearé problemas con esto.
Le mandaré mensaje pronto sobre algunas cosas que podrá hacer por mí.
Luis ascendió leve, esperando el punto que intuía venía después.
Rodrigo dio un paso hacia él, manteniendo la voz firme pero respetuosa.
Rodrigo
—No se preocupe.
Cuidaré bien de ella… y de su familia.
Mientras la familia Salgado esté dispuesta, le aseguro que prosperará.
Luis presionó ligeramente la mandíbula.
No porque dudara, sino porque entendía el peso de una declaración así.
No era promesa vacía, no era cortesía…
era un compromiso.
Luis
—Con eso me basta.
Karen miró a su abuelo un instante y luego volvió a mirar a Rodrigo.
En sus ojos había una mezcla de determinación, gratitud… y una chispa que no había tenido antes de este viaje.
Karen
—Rodrigo… gracias por todo lo de estos días.
Rodrigo asiente.
Rodrigo
—Nos veremos más pronto de lo que imaginas.
Luis y Karen finalmente se despidieron.
El abuelo puso una mano protectora en el hombro de su nieta mientras caminaba hacia la salida del muelle.
Los colores del atardecer los envolvieron hasta desaparecer entre la multitud.
Rodrigo exhaló suave, como marcando el cierre de un capítulo y el inicio de otro.
Miró alrededor, levantó una mano y tomó un taxi estacionado cerca del muelle.
Su destino las brisas.
Las Brisas, en Manzanillo, parecía otro mundo comparado con el bullicioso puerto.
Calles limpias, residencias pequeñas pero cuidadas, palmeras que se mecían con el viento oceánico, bares tranquilos y el sonido constante de las olas golpeando la orilla cercana.
Desde allí, el mar era una pintura viva y, a lo lejos, el puerto se veía como una hilera de luces titilantes sobre el horizonte.
Annie lo esperaba afuera de un edificio de dos pisos.
Llevaba una falda negra corta, típica del clima local, y una blusa de tirantes que dejaba al descubierto su piel blanca y suave.
La brisa marina mueve su cabello rubio con suavidad.
Cuando lo vio, sonrió.
Rodrigo la abrazó.
Ya no era solo su asistente: ahora era su mujer, su mano derecha.
— ¿Cómo te fue?
—preguntó ella.
—Bien.
Más de lo que esperaba.
—Me alegre —dijo Annie—.
A mí también me fue bien.
—¿En serio?
—Rodrigo levantó una ceja—.
Me da gusto.
Eres increíble… me alegra de tenerte a mi lado.
Annie se sonrojó, emocionada por el halago.
Lo beso.
Rodrigo respondió con suavidad.
—Y bien?
—dijo él, acariciándole la espalda—.
¿Por qué querías que viniera aquí?
Ella señaló el edificio de dos pisos frente a ellos.
—Aquí antes era un restaurante.
Lo renté.
Es pequeño, pero perfecto para comenzar la oficina.
No podemos empezar a lo grande todavía… y desde aquí se observa el puerto.
Mira.
Rodrigo siguió su mano.
A lo lejos, el puerto de Manzanillo se distingue completo: barcos de carga, las rompeolas, luces encendiéndose una por una en la zona industrial.
Era como ver el futuro desde una colina tranquila.
—Entonces —dijo Rodrigo— ya pensaste en cómo iniciar la empresa.
-Si.
GLOBAL GROUP —respondió ella con orgullo, mientras caminaban hacia dentro—.
Iniciaremos con un capital de 100 millones de pesos.
Rodrigo escuchó con atención mientras ella continuaba.
Annie tomó aire, acomodó un mechón detrás de la oreja y, con una seguridad que solo alguien con verdadera formación podía mostrar, desplegó los documentos sobre la mesa.
—Rodrigo, escucha —dijo con un tono que mezclaba entusiasmo y precisión quirúrgica—.
Te presentaré el plan inicial de GLOBAL GROUP, basado en los 100 millones de capital que asignamos para arrancar.
Construí todo para que funcione desde el primer trimestre y pueda crecer sin llamar la atención innecesaria.
Rodrigo se cruzó de brazos.
Ella continuó:
—Primero, el local.
Este edificio lo renté por un año con opción a compra.
—Golpeó suavemente la carpeta—.
Fueron 1.2 millones de pesos entre depósito, mensualidad anticipada y adecuaciones mínimas para hacerlo operativo.
No es grande, pero es perfecto para un inicio: discreto, funcional y cerca del puerto.
Señaló con una pluma:
—Segundo, remodelación interna.
Dividí el presupuesto así:
• 2,1 millones para crear recepción, oficina principal, una sala de operaciones, despacho privado, instalación eléctrica reforzada y red interna.
• Equipos de cómputo, pantallas y software operativo: 900 mil pesos.
—Es decir —resumió—, el espacio físico quedó en 4,2 millones.
Rodrigo hizo un gesto aprobatorio.
Annie siguió:
—Tercero, la parte legal y fiscal.
Aquí invirtió 1,8 millones.
Incluye:
• Constitución como Sociedad Anónima.
• Notario, registros, apertura de cuentas corporativas.
• Primer contrato con un despacho legal especializado en comercio marítimo.
• Cumplimiento básico para operar con aduanas.
Pasó al siguiente punto con un profesionalismo natural:
—Cuarto, los activos logísticos.
Aquí está el músculo.
• Alquiler de un pequeño patio de maniobras con opción de expansión: 6 millones por el año completo.
• Compra de dos remolques con cama baja y un contenedor refrigerado: 12 millones.
• Contratos de arrendamiento por temporada con dos embarcaciones de cabotaje: 30 millones para asegurar rutas regionales.
• Equipamiento de patio—montacargas, rampas, señalética operativa—: 4 millones.
—En total —dijo mientras pasaba página— 52 millones se fueron a infraestructura y operación logística base.
Rodrigo arqueó una ceja, sorprendido por lo completo que era todo.
Annie sonriendo de lado, orgullosa.
—Quinto, capital operativo y fondos de seguridad: 20 millones.
• Esto cubre combustible, salarios iniciales, depósitos de garantía con navieras, imprevistos y continuidad mientras los primeros contratos se consolidan.
• Y nos permite absorber cualquier retraso sin perder liquidez.
—Sexto, clave personal.
—Señaló con el bolígrafo—.
Asigné 3,4 millones para los primeros seis meses.
• Un gerente de operaciones con experiencia portuaria.
• Dos coordinadores de puerto.
• Dos agentes administrativos.
• Operarios temporales cuando se necesiten.
—Finalmente —cerró—, marketing discreto y captación de clientes, 2,4 millones.
Nada escandaloso: presentaciones corporativas, contratos de entrada, comisiones iniciales a brokers y agentes portuarios.
Rodrigo permaneció en silencio durante unos segundos.
Annie lo miró directo a los ojos.
—Con esto —dijo ella—, GLOBAL GROUP empezará como una empresa de logística real, sólida y rentable.
No es una fachada ni un sueño en papel.
Es una estructura que puede expandirse en cualquier dirección cuando llegue el momento.
Rodrigo la observará con una mezcla de admiración y asombro.
Ella, tomando la carpeta, añadió con orgullo genuino:
—Todo esto lo aprendí en años analizando sectores enteros en Wall Street, estudiando estados financieros de navieras, fondos logísticos y bancos internacionales.
La mitad de este plan se basa en modelos de riesgo que aprenderá allá.
La otra mitad… —sonrió— …es intuición.
Y mi intuición nunca me ha fallado.
Rodrigo soltó una breve risa, asombrado.
—Eres increíble, Annie.
—Lo sé —respondió ella con una seguridad que iluminó toda la oficina.
Rodrigo rodeó la cintura de Karen mientras ambos observaban por el ventanal la playa de Las Brisas teñida por los colores del atardecer.
El reflejo dorado del mar parecía calmarlo, pero en su mirada había una determinación firme, casi afilada.
Karen apoyó la cabeza en su pecho sin decir nada; Podía sentir que Rodrigo estaba pensando en algo mucho más grande que solo una oficina nueva.
Rodrigo susurra para sí mismo.
—Con esta empresa nacerán oportunidades… pero también enemigos.
Los que ya tengo no desaparecerán, y tarde o temprano surgirán otros.
Poderosos.
Ambiciosos.
Tal vez incluso otros como yo…
Apretó un poco más la cintura de Karen, protegiéndola instintivamente.
Rodrigo susurra para sí mismo.
—No permitiré que toque a mis mujeres… ni a mi gente.
Pensó en Annie, en Salgado, en Karen, en quienes llegarían después.
Pensó en los empleados que pronto dependerían de él, en los aliados que formaría, en los soldados leales que entrenaría en secreto.
Todos deberían ser parte de su círculo, de su fortaleza.
Rodrigo susurra para sí mismo.
—Si voy a construir un imperio, debo estar preparado para defenderlo.
A cualquier costo.
El sol terminó de ocultarse, dejando la oficina iluminada por un tenue resplandor rojizo.
Rodrigo besó suavemente la frente de Karen, recuperando la calma.
Rodrigo dijo.
—Lo que viene será grande… y estará listo.
Karen cerró los ojos y se sonrojó, sin comprender del todo la magnitud de las palabras, pero confiando plenamente en él.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com