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El legado de los cielos - Capítulo 48

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  4. Capítulo 48 - 48 EL ECO DEL HIELO
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48: EL ECO DEL HIELO 48: EL ECO DEL HIELO CAPÍTULO 48 — EL ECO DEL HIELO
Los dos ancianos avanzaban lentamente entre el interminable desierto blanco.

La ventisca arrastraba remolinos de nieve alrededor de sus túnicas, pero sus pasos eran firmes, atentos, como si buscaran algo muy específico.

El anciano vestido de azul frunció el ceño.

—Me siento un poco extraño… —murmuró, mirando a su alrededor—.

Como si el ambiente estuviera tenso… demasiado tenso.

El anciano de blanco no respondió.

Solo observó el horizonte helado, sus ojos entrecerrados, como percibiendo algo que su compañero todavía no entendía.

Y entonces sucedió.

ZUMBIDO
Un estruendo profundo, como si la tierra gimiera desde sus entrañas, resonó por todo el lugar.

Un viento brutal los golpeó de frente y ambos salieron volando casi cuatro metros, cayendo de manera poco digna sobre la nieve blanda.

Apenas intentaban incorporarse cuando una luz inmensamente intensa iluminó toda la zona, como si el sol hubiera descendido a unos metros del suelo.

—¡¿Qué demonios…?!

—alcanzó a susurrar el anciano azul.

BUUUMMM
Un temblor salvaje sacudió la superficie.

El hielo retumbó bajo ellos, crujió como si fuese a abrirse.

Solo duró tres segundos… pero fue suficiente para que perdieran el equilibrio otra vez.

Y de pronto, tan rápido como apareció, la luz se desvaneció.

El viento volvió a su ritmo normal.

La nieve cayó suavemente.

Silencio.

Los ancianos se miraron con ojos muy abiertos.

—¿Qué fue eso…?

—susurró el azul.

El anciano de blanco negó con la cabeza.

No había nada alrededor.

Solo hielo, viento… y la sensación de que algo inmenso acababa de ocurrir.

Al intentar levantarse, el anciano vestido de azul apoyó la mano en algo más frío que cualquier superficie en ese desierto congelado.

Un frío tan intenso que le recorrió el brazo entero, como una corriente eléctrica helada que lo hizo estremecerse.

Miró hacia abajo.

Y la vio.

Una perla del tamaño de un limón, incrustada en el hielo.

De su superficie emanaba un vapor blanco, helado, tan frío que incluso mirarla causaba escalofríos en la columna.

Sus ojos se abrieron tanto que casi parecieron dos linternas.

—Lo encontré… —susurró con un temblor de emoción—.

¡Encontré el núcleo helado!

El anciano de blanco reaccionó como un niño que recibe el mejor regalo de su vida.

Se levantó de un salto ágil y se inclinó sobre la perla.

—¡Genial, genial, genial!

¡Estupendo!

—reía casi sin poder controlarse—.

¡Vamos, regresemos a casa de inmediato!

Luego se detuvo y miró alrededor con inquietud.

—Este lugar… no me gusta.

Me da una mala espina.

El de azul asintió con un suspiro de alivio.

—Regresemos.

Al fin podremos volver a casa… después de tanto tiempo fuera.

Ambos comenzaron a preparar el traslado, todavía emocionados.

A unos kilómetros de distancia…
La mujer de blanco su expresión se volvió seria.

Giró su rostro hacia la dirección donde estaban los ancianos, percibiendo el rastro frío que solo un núcleo helado podía dejar.

Justo cuando dio un paso para dirigirse hacia esa energía…
Se congeló.

No por el frío.

Sino por la presencia que emergió frente a ella.

Un lobo blanco apareció como si el aire mismo se fracturara.

La nieve a su alrededor se arremolinó en un torbellino, como si la criatura se materializara desde dentro de la ventisca misma.

Sus patas enormes pisaron el hielo sin hacer ningún sonido.

Sus ojos rojos ardían con fiereza primitiva.

Un vapor blanco escapaba de sus fauces abiertas, un vapor tan frío que hacía descender la temperatura con cada exhalación.

Medía más de dos metros y medio de altura.

Su pelaje parecía cristalizado; cada fibra era como un fragmento de hielo vivo.

Sus garras… largas, afiladas, capaces de cortar acero como si fuese mantequilla.

La mujer de blanco lo miró con calma… y sonrió.

Una sonrisa traviesa, casi provocadora.

—hoy tendre un entrenamiento contigo ¿eh?

—dijo con tono juguetón—.

Pequeño… si me das el núcleo, quizá te permita conservar la vida.

El lobo la miró fijamente.

Sus ojos rojos no parpadearon.

Y aunque no habló… entendió perfectamente.

Se sintió su respuesta no en palabras, sino en intención pura: Era una intención asesina.

Su aura se volvió incluso más fría.

El aire se cristalizó a su alrededor.

La ventisca pareció detenerse.

El lobo bajó ligeramente el cuerpo, listo para lanzarse.

La mujer levantó una mano.

Una pequeña luz blanca brilló en la punta de su dedo.

Un destello.

Y de la luz surgió una espada.

Una espada blanca como hielo divino, translúcida, elegante.

La hoja parecía formada de hielo puro, pero no se derretía ni vibraba con el frío.

Era… perfecta.

El mango tenía líneas plateadas que parecían correr como agua congelada.

La mujer deslizó dos dedos por la hoja y una luz blanca se fundió en el arma.

La espada tembló, respondiendo como si tuviera vida propia.

El ambiente se volvió aún más helado.

El viento se arremolinó como presintiendo la batalla.

El lobo atacó primero.

Avanzó con un rugido seco, abrió la boca y lanzó una esfera de energía fría, tan oscura y tan helada que daba la sensación de congelar el alma solo con verla.

La mujer, sin perder la calma, inclinó el cuerpo apenas un milímetro.

La esfera pasó rozando su rostro.

BAAAMMM
Impactó contra el hielo, dejando un bloque congelado como si hubiera estado allí durante siglos.

El hielo alrededor se fracturó y estalló en miles de fragmentos que salieron volando por todas direcciones.

La mujer giró sobre sí misma y blandió su espada.

Una hoja de energía blanca se formó, cortante como una tormenta divina, y voló hacia el lobo.

El lobo saltó hacia un lado, esquivando con movimientos sorprendentes para su tamaño.

BAAAMMM
La onda cortó una franja de diez metros de largo y dos de profundidad en el hielo.

Era un corte limpio, hermoso… y aterrador.

El lobo aulló con furia y cargó, levantando enormes cantidades de nieve.

Sus garras destellaron listas para desgarrar.

La mujer retrocedió un paso.

Sus movimientos eran hermosos, fluidos, casi danzantes.

Cada giro y cada esquiva medidos con precisión mortal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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