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El legado de los cielos - Capítulo 54

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  4. Capítulo 54 - 54 ENTRE SOMBRAS LUCES Y ALIANZAS LEJANAS
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54: ENTRE SOMBRAS, LUCES Y ALIANZAS LEJANAS 54: ENTRE SOMBRAS, LUCES Y ALIANZAS LEJANAS Capítulo 54: Entre Sombras, Luces y Alianzas Lejanas
Rodrigo aceptó la cerveza que Ramón le ofrecía.

—Salud —dijo con una leve sonrisa.

Sabía perfectamente que El Manos Limpias podía serle útil.

Tal vez hoy, tal vez en un futuro más lejano, pero útil al fin.

Ramón lo observó con gesto burlón.

—¿Y qué te trae al antro, cabrón?

Que yo sepa, Rodrigo Moreno no sale de su casa.

Rodrigo bebió un trago antes de responder con ironía.

—Solo vine de visita.

Ya no soy el mismo de antes… ahora soy alguien que estuvo en prisión, ¿no?

—soltó con sarcasmo.

Ramón soltó una carcajada sonora.

—¡Así me gusta, cabrón!

Vámonos al rato al segundo piso.

Hoy va a haber ambiente.

—¿Qué hay?

—preguntó Rodrigo, fingiendo desinterés.

—Nada fuera de lo común —dijo Ramón con tono lúbrico—.

Viene carne nueva.

Morritas de Centroamérica, de las que intentaban cruzar la frontera.

Las detuvo la plaza y ya sabes… se venden aquí.

Servicio exclusivo pa’ los pisos de arriba.

—Su risa lasciva retumbó como un eco repulsivo.

—Como sea —respondió Rodrigo, cortante—.

Iremos a dar una vuelta.

En efecto, antes de que Raúl lo incriminara y terminara un mes en prisión, Rodrigo nunca había salido a divertirse.

No conocía el mundo real, ni sus sombras, ni cómo se movían las verdaderas fuerzas.

La prisión le abrió los ojos: las leyes y las reglas existían solo para la gente común.

Los ricos, los poderosos, los conectados… ellos vivían por encima del sistema.

Incluso el propio gobierno se hacía ciego por conveniencia.

Esa era la realidad.

Y si quería sobrevivir, si quería imponerse, tenía que convertirse en uno de esos poderosos.

Ya casi lo era.

Tenía a Salgado; si ella lograba la presidencia, su mundo cambiaría.

Tenía a la familia Salgado, una familia oculta de cultivadores.

Tenía a Annie, la rusa experta en finanzas que abría puertas imposibles.

Su camino ya se estaba formando.

Y nadie lo sabía… esa era su más grande ventaja.

Pensando en eso, se inclinó hacia Ramón.

—Ramón, tengo una petición.

Dime cuánto necesitas.

—¿Qué es?

A ver… dime.

Rodrigo se acercó a su oído y susurró algo que solo El Manos Limpias escuchó.

Ramón levantó una ceja, sorprendido… y luego sonrió.

—Lo hago.

No necesito dinero.

Pero me vas a deber un favor.

¿Qué dices?

Rodrigo lo pensó apenas unos segundos.

—Bien.

Trato hecho.

Mientras Rodrigo hilaba un plan contra Raúl… en China…
Beijing amanecía.

Mientras Manzanillo estaba envuelto en la noche, en la capital china las primeras luces del día teñían los edificios, los mercados y los parques.

La ciudad despertaba con su típica armonía: adultos mayores practicando tai chi en plazas, comerciantes montando puestos de desayuno, el olor a bollos al vapor, sopa caliente y té recién hecho impregnando el aire.

En una casa de arquitectura tradicional, elegante y austera, una joven china de unos veinte años estaba sentada con el ceño fruncido.

Era hermosa: piel blanca y tersa, labios suaves, ojos almendrados ligeramente rasgados, cabello negro y brillante cayendo en cascada.

Su cuerpo era esbelto, proporcionado, delicado, como una flor cultivada con esmero.

—Padre, no me voy a casar —replicó con fuerza—.

No lo conozco.

Además, ya no son tiempos antiguos para arreglar matrimonios.

Su padre suspiró con severidad.

—Tienes que hacerlo.

Es por el bien de la familia.

Alibaba nos está quitando mercado.

¿Quieres llevar a la familia Zhang a la ruina?

—Tampoco estamos tan mal —refutó ella, cruzando los brazos—.

Aún no.

Hay más opciones.

—Ese joven es de tu edad, es responsable.

El señor Moreno lo dijo: “es un buen hombre”.

Ya aceptó venir a China con la familia Zhang.

La madre intervino con un tono más suave.

—Míralo… aquí está su foto —dijo entregándole una imagen—.

Es guapo, ¿no?

Aunque sea del occidente, proviene de una buena familia.

La joven apretó los labios, irritada.

Mientras en China discutían sobre una alianza matrimonial que cambiaría dos mundos…
…en Manzanillo, la noche estaba en su punto más oscuro
Eran las nueve.

Rodrigo y Ramón bebían en el primer piso del Moncheri, mientras una joven colombiana observaba a Rodrigo desde una mesa cercana.

Él la había notado, pero no le daba importancia.

No tenía interés en ella.

No buscaba distracciones.

De pronto, el invitado esperado apareció.

Raúl Moreno, su hermano, entró rodeado de amigos y varias mujeres.

Todos avanzaron al segundo piso entre risas, presumiendo su presencia.

—Vamos, compa —dijo Ramón, levantándose—.

Si esto sale bien, me debes un favor.

—Sin problemas —respondió Rodrigo.

Subieron al segundo piso y se dirigieron al área que Annie había reservado con anticipación.

Desde ahí, pidieron más cervezas y observaron.

Rodrigo vigilaba a Raúl con atención.

Su hermano estaba en su elemento: alcohol, mujeres, ostentación.

Dispuesto a llevarse a una más a la cama.

Pero esta noche… no tendría éxito.

Ramón sacó discretamente una pequeña bolsa con un contenido extraño.

Vertió el polvo en una cerveza, la agitó dos veces y se puso de pie con ambas bebidas.

Se acercó a Raúl como si nada pasara.

—¡No es Raúl Moreno!

—exclamó con falsa sorpresa—.

¿Qué te trae por aquí?

Raúl lo abrazó riendo.

—Jajaja, mi Manos Limpias.

¿Qué milagro?

Salud.

Ramón le entregó la cerveza adulterada.

Raúl la tomó sin sospecha alguna y se la empinó casi de un solo trago.

—Salud, Manos Limpias.

Raul sonrió y agregó:
—Tengo unas morras de la uni.

¿Te late alguna?

—No, ya traje unas amigas de fuera —respondió Ramon.

Ramón se despidió y regresó a la mesa de Rodrigo.

A su paso, un hombre y una mujer se acercaron.

Él les dio instrucciones breves, ambos asintieron y se retiraron hacia la oscuridad del pasillo.

—Bien —dijo Ramón al sentarse—.

Ya está en marcha el plan.

Veremos si funciona.

—Si conozco a Raúl… funcionará —respondió Rodrigo sin apartar la mirada de él—.

Será un espectáculo.

—Vale, vale.

Como digas —dijo Ramón, chasqueando los dedos.

Al instante, varias mujeres entraron al reservado.

Tras ellas, un hombre elegante: el encargado del segundo piso.

—Elige una… o dos —comentó Ramón con diversión.

Rodrigo observó el grupo.

Todas eran de Centroamérica: salvadoreñas, hondureñas, beliceñas… incluso había dos chilenas.

Hermosas.

Elegidas cuidadosamente para ese “mercado exclusivo” al que pocos podían acceder.

Al final, escogió a una chilena de piel clara y mirada intensa.

Ella se sentó en sus piernas sin dudar, moviéndose con experiencia.

Rodrigo la acarició, deslizó su mano entre sus piernas y bebía su cerveza mientras los besos y caricias se intensificaban.

Cada vez tenía más interés por mujeres hermosas; era un mundo nuevo, pero uno al que ya se estaba acostumbrando.

Mientras tanto, del otro lado del salón, Raúl comenzaba a sentir los efectos de la droga.

Pero entre el alcohol, las luces y el ambiente, el mareo parecía solo parte de la fiesta.

No tenía idea de lo que estaba por sucederle.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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