El legado de los cielos - Capítulo 63
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- Capítulo 63 - 63 LA OPORTUNIDAD DE SILY
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63: LA OPORTUNIDAD DE SILY 63: LA OPORTUNIDAD DE SILY Capítulo 63.
–La oportunidad de sily.
Rodrigo observó detenidamente a la mujer de negro, midiendo cada detalle de su postura, su aura y la forma en que la luz se reflejaba en su vestido largo.
Sus pensamientos eran rápidos, analizando la magnitud de su poder y las implicaciones de todo lo que estaba ocurriendo.
Con voz firme, aunque conteniendo la tensión que sentía, preguntó:
—¿Cómo sabes que mi maestro no está?
La mujer sonrió, con un gesto tranquilo y seguro, casi burlón, y respondió con voz clara:
—Una simple alma remanente que ha vivido muchos años ya debería haberse ido.
Más aún si te dio sus conocimientos.
Rodrigo frunció el ceño, sorprendido por la certeza de sus palabras.
Su mente comenzó a girar en torno a todas las preguntas que surgían de inmediato.
¿Cómo podía esta mujer saber tanto de él si nunca la había visto?
¿Qué clase de poder era capaz de percibir la presencia de un anciano que, según Sherapine, ya no estaba?
La precisión con la que hablaba sobre su maestro y su legado era inquietante.
Como si supiera lo que estaba pensando, la mujer continuó:
—Una simple alma remanente no puede enseñarte nada.
Con un gesto elegante de su mano, hizo aparecer una silla frente a ellos.
Se sentó con calma, cruzando las piernas mientras su mirada seguía fija en Rodrigo.
Continuó hablando, con un tono que mezclaba enseñanza y autoridad:
—Es como en tu mundo: imagina un niño de kínder al que le dan un libro universitario.
Primero debe aprender a leer, para después poder avanzar en sus estudios.
Ese viejo loco solo te dio la información, pero no sabes cómo usarla ni por dónde comenzar.
Rodrigo escuchaba con atención, comprendiendo que cada palabra contenía un consejo implícito.
Sus recuerdos se mezclaban con las enseñanzas recibidas por Sherapine y algunos conocimientos adquiridos antes, cuando estaba en el barco con Karen.
Era evidente que el viejo le había dejado información valiosa, pero sin el método para aprovecharla correctamente.
La mujer volvió a hablar, su voz calmada pero imponente:
—Hoy vine a darte tu oportunidad.
Pero depende de ti si quieres aprovecharla.
Rodrigo frunció el ceño y preguntó con cautela:
—¿Oportunidad?
¿Qué oportunidad?
Ella esbozó una sonrisa enigmática:
—No será gratis.
Si quieres obtenerla, también tendrás que hacer algo por mí.
Rodrigo, confundido, replicó:
—¿Hacer qué?
¿Qué puedo hacer que tú no puedas?
La mujer rió levemente, con picardía y un aire de misterio, y dijo:
—Primero, déjame presentarme.
Me llamo Sily.
Pero lo que quiero solo tú puedes hacerlo.
Movió su mano con gracia y una burbuja de energía se materializó, envolviendo a Rodrigo y a ella.
Karen pudo ver la burbuja, pero no podía escuchar lo que conversaban; la energía formaba un espacio privado entre ellos, aislando sus voces del exterior.
Sily habló de nuevo, esta vez con un tono más serio:
—Hace muchos años, durante la guerra de dioses y demonios, quedé atrapada aquí, herida.
Cuando finalmente desperté, estaba tan debilitada que no podía moverme.
Y cuando pude, el mundo ya estaba sellado: no solo este mundo, sino muchos mundos bajo el mundo celestial.
Rodrigo observaba atentamente la burbuja de energía y a Sily, procesando cada palabra.
Recordaba vagamente lo que Sherapine le había mencionado sobre aquella guerra, y la información que estaba recibiendo ahora comenzaba a conectar con fragmentos de ese relato.
Se inclinó ligeramente hacia adelante y preguntó:
—¿Y qué quieres que haga?
¿Qué es exactamente esta guerra de dioses y demonios?
Sily soltó una risa ligera, como si la simplicidad de su respuesta fuera suficiente para comprender la magnitud del asunto:
—Algo muy sencillo… matar a alguien.
Rodrigo se sorprendió y rió entre incredulidad y nerviosismo:
—¿Matar a alguien?
Si tú no puedes, ¿qué hace que yo pueda?
Y esta guerra… mencionaste algo, pero no entiendo del todo.
Solo escuché algo de ella, pero no sé mucho.
Sily bufó y sonrió con un dejo de ironía:
—Ese viejo ya murió, pero su alma se salvó.
Je.
Matar es fácil.
No puedo hacerlo no porque sea débil, sino porque somos del mismo clan y tenemos un pacto.
Si actúo en contra del Dao Celestial, me castigará y moriré.
Rodrigo escuchaba, interesado.
Todo era nuevo para él: un clan con pactos, el Dao Celestial, reglas que limitaban incluso a los más poderosos.
Su mente no dejaba de formular preguntas: ¿Cómo funcionaba el Dao Celestial?
¿Cómo podía hacer esto siendo tan débil?
Sily, como si adivinara sus pensamientos, dijo con suavidad:
—No tienes que preocuparte por ella.
Es mi hermana y está atada a las cadenas del infierno.
Rodrigo frunció el ceño:
—¿Las cadenas del infierno?
Entonces tendré que ir al infierno…
—No —respondió Sily—.
No tendrás que ir al infierno.
Está en un volcán, protegida por una formación y atada a unas cadenas del inframundo.
La información era abrumadora.
Rodrigo procesaba mentalmente la existencia de un infierno, de un inframundo, de demonios que realmente existían, como las historias y leyendas que alguna vez había escuchado.
Cada palabra de Sily abría nuevas perspectivas sobre un mundo oculto que coexistía con el suyo.
Sily continuó, con un tono que combinaba firmeza y una invitación:
—Te puedo ayudar a darte un inicio, si aceptas.
Solo prométeme que me traerás el núcleo del alma de mi hermana.
Te aseguro que la oportunidad que te doy valdrá la pena.
Rodrigo, aunque intrigado, no dejaba de dudar:
—¿Valdrá la pena?
¿Qué oportunidad es para que me arriesgue así?
Sily movió su mano con gracia, y frente a ellos apareció una mesa.
Poco después, en su mano emergió un corazón cristalino, dentro del cual había algo de color negro:
—Este es el corazón del alma.
Contiene experiencias de tu mundo, todas las profesiones, lo mejor de lo mejor.
Me tomó años al inicio, solo lo hice para tener algo de este mundo cuando regresara al mío.
Ahora te lo doy para que crezcas y no pierdas el tiempo.
Rodrigo sintió un escalofrío.
Las palabras de Sily eran precisas: ¿cómo sabía que estaba aprendiendo y trabajando al mismo tiempo?
¿Acaso lo había estado vigilando todo este tiempo?
La sensación de ser observado, de tener su progreso medido, le generó un respeto inmediato.
Sily no terminó allí.
Colocó el corazón cristalino en la mesa y de su manga extrajo un pequeño frasco de jade, antiguo y valioso.
—Este frasco contiene diez gotas de sangre de un dios.
Rodrigo, incrédulo, preguntó:
—¿Gotas de sangre de un dios?
¿Para qué me sirve eso?
Sily rió, recordando algo de su pasado, y dijo:
—No es cualquier dios.
Fue uno al que le hice heridas y reuní su sangre.
Jajaja.
Un Dragón Real, no cualquiera.
El rey de reyes, el rey de los dragones, rey de todas las bestias.
Todas las bestias deben inclinarse ante él.
Los conocidos dragones dorados.
Rodrigo apenas podía asimilarlo: la existencia de dragones reales, la sangre de uno de ellos, y la promesa de poder a partir de eso.
Sily continuó, colocando otro frasco, más grande, sobre la mesa:
—Aquí hay un litro de agua espiritual, muy valiosa.
Con ella podrás limpiar tu cuerpo de impurezas y tendrás más posibilidades de abrirte paso.
Luego sacó libros de técnicas, un anillo de almacenamiento y finalmente un núcleo demoniaco.
—Con este núcleo puedes dar un avance importante.
Te ayudará a refinar energía demoníaca y a usar técnicas del alma.
Todo esto te hará más fuerte.
Rodrigo procesaba toda la información, evaluando riesgos, beneficios y la magnitud de lo que Sily le ofrecía.
Cada elemento, cada técnica, cada frasco, cada experiencia estaba cuidadosamente pensado para potenciar su fuerza.
Sily, percibiendo sus dudas, sonrió con suficiencia:
—Te daré una oportunidad.
Esto es solo el principio.
También te daré unas técnicas.
Extendió su mano hacia la cabeza de Rodrigo y una luz negra emergió de sus dedos, entrando directamente en la mente de Rodrigo.
—Esta es una técnica de Tai Chi, profunda y completa.
Te fortalecerá a través del aire puro, no de la energía espiritual.
Para eso necesitarías primero formar el dantian, condensar el qi y entrar al reino del refinamiento del qi para sentir la energía espiritual.
Pero esta técnica te permitirá sentir el aire puro y te hará fuerte.
Rodrigo cerró los ojos por un momento, absorbiendo la información, procesando la magnitud de lo que acababa de recibir y sintiendo cómo la energía de la técnica comenzaba a mezclarse con su propio cuerpo.
Sabía que su camino estaba a punto de cambiar de manera irreversible.
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