El legado de los cielos - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - 65 LA RAIZ DORMIDA DEL FUEGO CARMESI
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65: LA RAIZ DORMIDA DEL FUEGO CARMESI 65: LA RAIZ DORMIDA DEL FUEGO CARMESI Capítulo 65 — La Raíz Dormida del Fuego Carmesí
Rodrigo respiró hondo, sin apartar la mirada de Sily.
Había aprendido, con el tiempo, que cada palabra de aquella mujer debía tomarse con pinzas.
No era humana, no era mortal, no pertenecía a ningún reino conocido.
Era algo más.
Algo que sus sentidos aún no lograban comprender por completo.
Y sin embargo, allí estaba, sentada con una sonrisa ligera, casi divertida, como si todo lo que viera en él fuera… prometedor.
—Perfecto —dijo Rodrigo finalmente—.
Mientras no sea algo exagerado y siempre y cuando pueda hacerlo… estaré de acuerdo.
Sily entrecerró ligeramente los ojos, sonrió con aquella expresión entre traviesa y altanera que la caracterizaba y respondió:
—Lo podrás hacer.
Lo aseguro.
La seguridad con la que hablaba siempre inquietaba a Rodrigo.
Era como si ella ya hubiera visto todo: su pasado, presente y futuro… como si lo hubiera leído desde un libro abierto.
—Entonces —continuó él—, ¿cuál niña es el talento que dices?
—No sé cómo se llama —respondió Sily—.
Solo siento la raíz de fuego… pero debe ser pequeña aún.
Rodrigo tardó un segundo en procesar la información.
Luego chasqueó los dedos.
—Karen.
La joven apareció en cuanto escuchó su nombre, ligera, silenciosa y atenta, como si hubiera estado esperando que la llamaran.
—¿Qué necesitas, Rodrigo?
—preguntó ella acercándose.
—Un favor —respondió él—.
¿Puedes traer a tu familia?
A todos.
Quiero conocerlos a todos, los que viven aquí.
Karen parpadeó, sorprendida, pero luego sonrió.
—Claro, se lo diré a mi abuelo.
Y salió rápidamente.
No pasaron muchos minutos antes de que la joven regresara acompañada de una multitud.
Era impresionante verlos llegar organizados, en grupos, conversando entre ellos con naturalidad.
La familia principal Salgado entera… casi doscientas personas.
Luis Salgado fue el primero en adelantarse.
Su presencia imponía.
Tenía la autoridad natural de alguien que llevaba décadas guiando a su familia en silencio, sin buscar fama, sin buscar reconocimiento público… pero construyendo poder desde las sombras.
—Rodrigo, gran maestra —saludó inclinando la cabeza—, esta es mi familia.
Señaló a una mujer de aspecto sobrio, mirada firme y gesto amable.
—Ella es mi esposa, Rosa.
Y él es mi hijo, Ricardo Salgado… y su esposa, Maurilia.
Son los padres de Karen.
Rodrigo inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto.
—Un gusto, señora Salgado.
Señor Salgado.
Señora… Salgado —dijo saludando al trío que eran, técnicamente, sus suegros.
La formalidad se mantuvo solo unos segundos; luego la familia entera empezó a presentarse en oleadas.
Hijos, tíos, sobrinos, primos, parejas, niños… una estructura enorme, compleja, bien organizada.
Rodrigo escuchó atentamente mientras Luis explicaba:
—Somos la familia principal.
Aquí ves a dos de mis hermanos y dos de mis hermanas, los mayores.
Pero tenemos más hermanos y hermanas dispersos en otros estados y ciudades.
La familia está regada por todo el país.
Rodrigo ya se imaginaba la magnitud del asunto; pero escucharlo de boca de Luis lo dejaba aún más claro.
No era una familia común.
Era una red.
—Si alguno de los jóvenes se casa y quiere irse —continuó Luis— pasan a formar la rama externa.
Pierden todo derecho a votar o decidir dentro de la familia, pero siguen manteniendo nuestros negocios desde fuera.
Rodrigo asintió.
Así mantenían el poder sin llamar la atención.
Era un sistema inteligente.
Mucho más inteligente de lo que él esperaba encontrar en una familia mexicana común.
Nada de esto era común.
Nada.
En ese momento Sily levantó ligeramente el rostro.
Sus ojos brillaron con un destello carmesí imperceptible para la mayoría… excepto para Rodrigo.
Él lo notó.
Y supo que había encontrado a la niña.
La mujer habló por sentido divino, directamente en su mente:
—Esa niña de rojo.
Rodrigo siguió la dirección de su mirada.
Una joven de unos dieciséis años, hermosa, de cabello castaño claro y ojos verde esmeralda.
Su piel era tersa y clara.
Vestía pantalón rojo y una blusa del mismo color; un rojo vivo, llamativo, carmesí.
Su cuerpo estaba aún en transición entre la adolescencia y la juventud, pero ya mostraba rasgos muy definidos, elegantes, proporcionales.
Rodrigo señaló hacia ella.
—Señor Salgado, ¿cómo se llama esa señorita?
Luis la miró y asintió.
—Ella es Sandra Salgado.
Es nieta de mi hermana, hija de Felipe.
Felipe, un hombre serio de rostro cuadrado, asintió al oír su nombre.
Rodrigo se acercó.
No quería intimidarla, así que bajó ligeramente la voz, mostrando una actitud más relajada.
—Hola —dijo—.
Quiero que seas mi ayudante.
¿Te animas?
Sandra abrió los ojos sorprendida.
Había escuchado de ese joven misterioso.
El joven que le dio una técnica de cultivo a su familia.
El joven que Karen no dejaba de mencionar.
El joven que había cambiado el destino de toda la familia Salgado.
¿Ser su ayudante?
¿Acaso era real?
Luis, Karen y Felipe intercambiaron miradas de confusión, pero antes de que dijeran algo, Sily intervino de forma directa.
—Esa niña tiene una raíz espiritual —dijo con voz fría y segura—.
Si la despierta, sería un talento que su familia está desperdiciando.
Sus palabras cayeron como un trueno en medio del salón.
Los presentes se quedaron mudos.
Raíz espiritual.
Una frase que para ellos era casi mito.
Algo que solo había existido en historias antiguas transmitidas de generación en generación.
Sily continuó:
—Es el mejor talento aquí.
A mi discípulo le gustó para que le ayude en su alquimia.
Yo puedo despertar su raíz espiritual si la dejan ir con él como ayudante.
Rodrigo respiró hondo y reafirmó:
—Sé de alquimia.
Y necesito un ayudante.
Si ella tiene raíz espiritual de fuego… es perfecta.
La tensión aumentó.
Los murmuros empezaron a correr entre la multitud.
Luis se veía sorprendido.
Felipe aún más.
Karen estaba emocionada… y nerviosa.
Finalmente, Luis habló:
—Rodrigo… si es como dices… si mi sobrina realmente tiene esa raíz… entonces… ¿es seguro?
—Sí —respondió Sily con firmeza—.
Y será más valioso para ustedes que se queden sin ella unos años… a que jamás descubran su potencial.
Estas palabras terminaron de inclinar la balanza.
Felipe, el padre, tragó saliva y dio un paso al frente.
—Si… si va a estar con usted… y si eso puede darle un futuro mejor… entonces… sí.
Puede ir.
Luis asintió también.
—Cuídala bien.
Rodrigo, firme, respondió:
—Lo haré.
Sily sonrió satisfecha.
—Estos días estaré aquí.
Lograré despertar su raíz espiritual antes de irme.
Después tú —mirando a Rodrigo— te encargas de enseñarle alquimia.
Rodrigo asintió, respirando aliviado.
—Quería conocer a su familia para familiarizarme —dijo—.
No imaginaba que tenían un talento así.
Luis soltó una ligera risa, sorprendido todavía.
Karen intervino:
—Abuelo… Rodrigo me dio más técnicas en el camino.
Otras más para nuestra familia.
Es algo bueno.
Luis se quedó inmóvil por unos segundos, analizando todo con detenimiento.
Finalmente, dijo:
—Rodrigo… has ayudado demasiado a la familia Salgado.
Buscamos una técnica por casi mil años… y tú la diste.
Rodrigo inclinó la cabeza.
Él sabía que no lo hacía por la familia; lo hacía por Karen.
Pero aun así, sentía una obligación moral con quienes la rodeaban.
Luis respiró hondo.
—Cualquier cosa que necesites… solo dilo.
Sily señaló a Sandra.
—Me la llevo.
Despertaré su raíz de fuego mientras tú resuelves tus asuntos.
Después, entramos en un retiro.
—Bien —asintió Rodrigo.
Luis miró a Rodrigo con curiosidad.
—¿Asuntos pendientes?
¿Qué tienes pendiente?
—Viene Adolfo —respondió Rodrigo—.
Un amigo.
Lo mandaré a reclutar gente para abrir un equipo de seguridad.
Luis levantó una ceja.
—¿Necesitas dinero?
Rodrigo se rascó la nuca.
—Creo tener algo aún…
—No digas más —interrumpió Luis con autoridad—.
Haré que te depositen más.
Te mandaré cuatrocientos millones.
Es lo máximo que podemos reunir por ahora.
Si necesitas más… tendrás que esperar hasta después del año nuevo.
Rodrigo se quedó helado.
¿Cuatrocientos millones?
Era demasiado.
Demasiado incluso para familias antiguas como la suya.
Era evidencia clara de que los Salgado no solo tenían poder… tenían infraestructura, fondos sólidos, estabilidad… un verdadero clan oculto.
Quizá incluso más fuerte que los Moreno, aunque en influencia pública los suyos llevaran ventaja… tal vez.
Pero en cuestión de recursos reales, dinero líquido y capacidad de reacción…
Los Salgado no se quedaban atrás.
En absoluto.
Poco a poco, la reunión terminó.
Los miembros de la familia regresaron a sus obligaciones.
Luis se fue a organizar la transferencia.
Karen se marchó para mostrar las nuevas técnicas al resto de la familia.
Los adultos se retiraron.
Rodrigo quedó allí, esperando la llegada de Adolfo.
Mientras tanto, Sily tomó a Sandra del brazo con suavidad.
—Ven.
Es hora de despertar lo que duerme dentro de ti.
Y ambas desaparecieron hacia otra habitación, lejos de la vista de todos.
Rodrigo observó cómo se alejaban.
Sabía que ese momento sería importante.
Sabía que la vida de esa niña cambiaría.
Y también la suya.
Porque tener a alguien con raíz espiritual de fuego a su lado… significaba un futuro completamente diferente para su propio camino en la alquimia.
Respiró hondo.
Se avecinaban días intensos.
Y apenas estaban comenzando.
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