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El legado de los cielos - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - 69 ECOS EN LAS SOMBRAS
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69: ECOS EN LAS SOMBRAS 69: ECOS EN LAS SOMBRAS Capítulo 69 — Ecos en las Sombras
Cuando Carlos y Gregorio regresaron al hotel, lo primero que hicieron fue comunicarse con Herminio Vega.

El patriarca escuchó en silencio, con la mirada fija en un punto indeterminado de su oficina en Jalisco.

Cuando los hermanos terminaron de relatar todo lo sucedido, Herminio exhaló lentamente.

—Ese árbol es bastante grande… —murmuró—.

Esas ideas, esa manera de analizar la situación… no son de un muchacho común.

Bien.

Regresen a Jalisco.

Aquí hablaremos y planearemos lo que sigue.

Los hermanos Vega, agotados por la tensión del día, comenzaron a preparar su regreso para la primera hora de la mañana siguiente.

Durante los siguientes dos días, Adolfo López estuvo inmerso en trámites y papeles sin descanso.

En paralelo, recibió los 5 millones de pesos enviados por Annie, fondos iniciales para su misión.

El excomando ya tenía un plan.

Su primer paso sería viajar a Estados Unidos y contactar a viejos compañeros de unidades especiales.

Hombres con los que había entrenado y combatido.

Ellos lo ayudarían a localizar otros especialistas desperdigados en distintos estados.

Su red crecería rápido.

Sería un ejército silencioso, construido desde las sombras… exactamente lo que Rodrigo necesitaba.

En Jalisco, la familia Beckmann finalmente encontraba algo valioso.

Durante su viaje a Manzanillo, Gerardo Beckmann obtuvo una pista clave:
—La familia Salgado había abordado un barco y se había adentrado en altamar.

—No había registro de un destino claro.

Según los registros y testigos locales, la familia permaneció tres días en altamar.

Aunque parecía un simple paseo, había varios guerreros a bordo, lo que despertó la sospecha de que no se trataba de un viaje común.

Simultáneamente, otra noticia llegó desde la Ciudad de México.

Los informantes de la familia Beckmann reportaron que Luis Salgado había visitado a María Fernanda Salgado.

Al principio pensaron que se trataba de un asunto familiar por el apellido compartido, pero algo no cuadraba: un hombre que no pertenecía a la familia Salgado acompañaba a Luis durante la visita.

Más tarde se confirmó que los hermanos Vega también habían estado presentes en esa reunión, lo que añadía más datos al patrón que estaban siguiendo.

Con estas pistas en mano, la familia Beckmann continuó recopilando información, sin conclusiones precipitadas, solo observando y documentando cada movimiento para entender los eventos recientes relacionados con la familia Salgado.

Mientras los Beckmann rastreaban pistas, en Manzanillo la familia Moreno vivía un infierno.

Rodrigo Moreno seguía desaparecido.

Raúl había salido de prisión, presionado para casarse con una desconocida —y encima, según él, “fea”— y la familia entera estaba al límite.

Para colmo, la familia Zhang de China llegaría pronto, esperando conocer al prometido de Mei Zhang.

¿Y cómo explicar la desaparición de Rodrigo?

¿O el hecho de que nadie tenía una sola pista?

Día tras día la tensión crecía.

Mientras el país entero hervía silenciosamente, en la remota y majestuosa Sierra La Laguna, un lugar donde los bosques se mezclan con desiertos antiguos y ríos cristalinos, una familia movía los hilos del verdadero poder.

La familia Ocampo.

La familia más poderosa del país, igual o incluso superior al presidente.

Una familia oculta, de cultivadores reales, y los líderes de la organización más secreta del gobierno:
DEANC
Departamento Especial de Amenazas No Convencionales
Una institución invisible para el público, superior incluso a la Guardia Nacional, Marina y Sedena.

Una organización cuyos agentes podían… literalmente… moverse como sombras entre departamentos militares sin ser cuestionados.

Sus credenciales eran del CNI, el Centro Nacional de Inteligencia.

El DEANC no figuraba en ningún registro oficial.

Solo el presidente de la República conocía su existencia.

Y al terminar su sexenio, se le obligaba a guardar silencio absoluto.

A cambio, recibía un sueldo vitalicio multimillonario, precisamente para mantener su boca cerrada.

Esta era la verdadera razón por la cual ningún expresidente podía volver a la política:
sabían demasiado.

El CNI operaba la inteligencia del país.

El DEANC operaba lo que el CNI ni siquiera podía comprender.

Además de su poder marcial, la familia Ocampo era inmensamente rica.

Sus negocios incluían:
— Cadenas hoteleras de lujo
— Centros turísticos completos
— Restaurantes de alta gama en todo el país
— Un imperio inmobiliario, siendo los líderes nacionales del sector
— Empresas de tecnología, vigilancia y seguridad avanzada
— Empresas fachada para operaciones internas del DEANC
— Contratistas privados militares
— Centros de entrenamiento secreto para agentes de élite
Eran una dinastía imparable.

En una de sus fortalezas ocultas en la sierra, Pedro Ocampo, líder de la familia y cultivador en el Reino del Estacionamiento de la Fundación, segundo grado, etapa tardía, observaba a un joven frente a él.

Era Lucas Ocampo, su hijo.

Reino del Refinamiento del Qi, quinto nivel etapa tardía.

Delgado, alto, vestido con ropa táctica… pero tan letal como un felino nocturno.

Pedro habló con voz grave:
—Tendrás que ir a Sonora y encargarte de ese asunto.

Si no entienden… elimínalos.

La seguridad del país es primero.

Lucas asintió sin dudar.

—Entendido.

El CNI había detectado perturbaciones anormales en el desierto de Sonora:
cultivadores locales peleaban por una veta espiritual recién descubierta.

Era pequeña, pero duraría unos cuatro años.

Más que suficiente para desatar una guerra silenciosa.

Los Ocampo intervendrían.

Esa era su función:
controlar a cultivadores peligrosos y eliminar amenazas antes de que el mundo común supiera que existían.

Lo irónico era que, mientras se preparaban para cazar una amenaza desconocida, la verdadera fuente de poder que agitaba todo México…
seguía encerrada con Rodrigo Moreno en ese preciso momento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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