El legado de los cielos - Capítulo 74
- Inicio
- Todas las novelas
- El legado de los cielos
- Capítulo 74 - 74 PRESENCIA SILENCIOSA
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
74: PRESENCIA SILENCIOSA 74: PRESENCIA SILENCIOSA Capítulo 74: Presencia silenciosa
Esa noche, cuando por fin Manzanillo parecía respirar en calma, un coche negro Nissan avanzaba discretamente por la autopista Manzanillo–Colima.
El vehículo, elegante y oscuro, se deslizaba casi sin hacer ruido, pasando desapercibido entre los pocos automóviles que transitaban a esa hora.
Su destino era el Hotel Marbella, un complejo de lujo ubicado a diez minutos de la zona del Fiesta Americana, frente a la playa principal, con vistas panorámicas del Pacífico y jardines iluminados estratégicamente para la privacidad de sus huéspedes.
La arquitectura del hotel combinaba estilo moderno con elementos coloniales, terrazas amplias y una iluminación cálida que resaltaba el azul profundo del mar.
Las palmeras altas se movían suavemente con la brisa marina, mientras la recepción estaba protegida por seguridad privada y cámaras de alta definición, pero el vehículo pasaba sin levantar sospechas.
Rodrigo se bajó del coche junto a Karen Salgado, Sandra Salgado y Sily, su media maestra y aliada silenciosa.
Tres mujeres hermosas, disciplinadas y eficientes, se movían con precisión y elegancia junto a él, mientras que la brisa marina agitaba ligeramente su cabello.
En la entrada del Marbella los esperaba Annie, quien lo recibió con una sonrisa amplia y sincera.
—¿Cómo te fue?
—preguntó Annie, con su habitual serenidad, observando cada detalle de Rodrigo y sus acompañantes.
—Bien —respondió Rodrigo—.
La empresa ya está funcionando, los sistemas están en línea y he recibido los reportes iniciales.
Luego me explicas todo a detalle.
Annie había preparado con meticulosidad cuatro habitaciones de lujo para Karen, Sandra, Sily y Rodrigo, asegurando que cada espacio tuviera acceso a servicios ejecutivos y tecnológicos, privacidad absoluta y comodidad de alto nivel.
Había planeado incluso quedarse con Rodrigo para supervisar operaciones estratégicas y garantizar que todas las decisiones se tomaran sin inconvenientes.
Después de instalarse, pasaron a sus habitaciones sin perder tiempo en cenar fuera, ya que Annie había dispuesto una selección de platillos gourmet en cada suite: sushi de alta gama, cortes de carne Wagyu, caviar, mariscos frescos del Pacífico y vinos importados del Valle de Guadalupe, cuidadosamente seleccionados, incluyendo un Nebbiolo 2018 de Monte Xanic, reconocido por su complejidad y cuerpo robusto, ideal para maridar con mariscos y carnes.
Rodrigo se sentó en su cama, relajándose momentáneamente antes de abrir la conversación:
—Dime, Annie, ¿qué has hecho estos días?
¿Todo salió bien?
—Sí —respondió ella, con la seguridad de su formación profesional—.
La empresa de logística que iniciamos ya tiene cuatro colaboraciones activas con compañías estratégicas para el movimiento de contenedores México–Brasil.
Hemos optimizado rutas marítimas y terrestres, negociado contratos con operadores portuarios y agentes de aduanas para reducir tiempos de espera.
Además, de los 400 millones de pesos que recibimos de Luis Salgado, destinamos 200 millones a la empresa para infraestructura, flotas y tecnología logística, y los otros 200 millones los invertí en bolsa.
Ganamos 400 millones.
Rodrigo levantó una ceja, curioso:
—¿Cómo hiciste para duplicar esos 200 millones en solo dos semanas?
—Fue cuestión de estrategia —explicó Annie—.
Aprovechamos la volatilidad de los mercados internacionales y los movimientos de grandes corporaciones brasileñas y mexicanas en commodities y acciones tecnológicas.
Compramos posiciones en empresas con contratos asegurados con el gobierno, especialmente aquellas relacionadas con transporte y logística.
Ejecutamos órdenes de compra y venta simultáneas en mercados de Nueva York, Sao Paulo y Ciudad de México, utilizando algoritmos de arbitraje que minimizan el riesgo y maximizan la liquidez.
Además, aplicamos cobertura con derivados y futuros de materias primas, para protegernos de pérdidas inesperadas.
El resultado fue que los 200 millones iniciales generaron 400 millones en total, con ganancias consistentes y controladas.
Rodrigo asintió, impresionado:
—Increíble.
Entonces, del total, necesito 200 millones para enviar a Karen a comprar las hierbas que necesitamos para nuestras operaciones.
Annie tomó nota y confirmó:
—He preparado las transferencias, los fondos estarán disponibles de inmediato, y los movimientos de la empresa y la bolsa seguirán generando recursos para expandir nuestra infraestructura.
Tras finalizar la reunión estratégica, la tensión se disipó parcialmente, y Rodrigo y Annie compartieron un momento de pasión y deseo.
La habitación se llenó de una atmósfera íntima, cálida, mientras la brisa marina se filtraba por los ventanales abiertos.
Cada gesto y susurro de la pareja reflejaba la conexión que habían construido durante semanas de trabajo conjunto y decisiones estratégicas.
Annie se recostó sobre la cama, su cabello oscuro desparramándose sobre la sábanas blancas, mientras Rodrigo la tomaba con delicadeza y fuerza, ambos entregándose a un instante de vulnerabilidad y confianza absoluta.
Las emociones se entrelazaban con la sensación de logro y el control que ambos sentían sobre sus respectivas áreas de poder.
Tras la pasión, Annie fue a dormir, dejando a Rodrigo reflexionando sobre los acontecimientos del día.
Se vistió con ropa cómoda, se sentó en el sofá y encendió su computadora portátil de alta seguridad.
Su objetivo era claro: investigar a fondo los movimientos de la familia Zhang y la familia Moreno, cada paso, cada noticia, cada posible ventaja estratégica.
Dos hackers de élite, conocidos como X y 0 Cero, desplegaban sus gusanos y códigos en tiempo real.
Los ataques eran sofisticados: inyecciones de malware casi indetectables, rastreo de servidores internacionales, esquemas de cifrado complejos, todos diseñados para interceptar información crítica de corporaciones y gobiernos sin dejar pistas.
Ninguno sabía del otro, y ambos operaban desde ubicaciones desconocidas, imposible de rastrear, dejando solo un rastro de caos controlado en sistemas bancarios y logísticos.
De repente, ambos recibieron un mensaje codificado:
“Trabaja para mí.
Pago 10 millones al mes.
Sé dónde estás.
Tu código es insuficiente.”
Era un mensaje breve, directo y aterrador, que dejó a los hackers paralizados por un instante.
Las coordenadas coincidían con sus ubicaciones, la firma era imposible de rastrear y el nivel de amenaza implícito superaba todo lo que habían enfrentado.
Nadie sabía quién enviaba el mensaje, y el misterio quedaría sellado entre ellos.
Nadie sabría si aceptaron, si respondieron, o si hubo algún encuentro posterior.
La incertidumbre y tensión eran absolutas.
Mientras tanto, en el hotel Marbella, frente al Pacífico, una joven de origen oriental paseaba lentamente por la playa, acompañada por una mujer que se mantenía sumisa y vigilante a cada paso.
La brisa marina agitaba su cabello, y las olas rompían suavemente en la arena.
—Ves, este lugar es tranquilo —dijo la joven—.
No tienes que preocuparte.
—Señorita, deberíamos regresar a casa —respondió la mujer—.
Se dice que este país es inseguro.
—Desde que llegamos, la gente ha sido amable —contestó la joven, mirando el horizonte—.
No nos han robado ni maltratado.
No es como dicen.
Debemos disfrutar.
La joven avanzaba con decisión, su seguridad siempre vigilada, mientras que la mujer se limitaba a seguirla, consciente de que cualquier intervención sin autorización podría tener consecuencias graves.
En Nueva York, la familia Rothschild recibía noticias simultáneas.
La joven que habían estado buscando había salido de Los Ángeles con destino a Manzanillo, Colima, México.
De inmediato, la familia activó su red en México, que incluía:
Oficinas de representación en Ciudad de México y Monterrey, especializadas en análisis financiero y logística.
Contactos estratégicos con altos mandos militares y fuerzas de seguridad privada para protección discreta y movilidad segura.
Influencia directa sobre bancos locales, fondos de inversión y empresas de transporte, lo que les permitía movilizar recursos humanos y financieros sin complicaciones burocráticas.
Redes de informantes en puertos y aeropuertos, capaces de monitorear movimientos de personas y mercancías en tiempo real.
La orden fue clara: localizar y asegurar a la joven, mantener discreción absoluta y garantizar que cualquier acción se realizara con mínima exposición pública.
La familia Rothschild sabía que su influencia en México podía movilizar a decenas de agentes, desde analistas financieros hasta operadores de logística y seguridad, asegurando que la joven estuviera protegida y bajo control.
Mientras Rodrigo revisaba información y Annie supervisaba movimientos financieros, la acción de la familia Rothschild se desplegaba silenciosamente, como piezas de ajedrez en un tablero internacional.
La presencia de esta familia en México no era casual: inversiones estratégicas en banca, energía, logística y telecomunicaciones les otorgaban un control sutil pero efectivo sobre decisiones locales y nacionales.
Cualquier movimiento económico o político podía ser monitoreado y, si era necesario, neutralizado o redirigido para favorecer sus intereses.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com