Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El legado de los cielos - Capítulo 76

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El legado de los cielos
  4. Capítulo 76 - 76 LA LLEGADA DE LA FAMILIA ROTHSCHILD
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

76: LA LLEGADA DE LA FAMILIA ROTHSCHILD 76: LA LLEGADA DE LA FAMILIA ROTHSCHILD Capítulo 76 – La llegada de la familia Rothschild
Al amanecer, Annie abrió los ojos.

Lo primero que vio fue una joven desconocida durmiendo en el sofá.

Se incorporó lentamente y encontró a Rodrigo, de pie, pegado al teléfono.

—¿Te despertaste?

—preguntó Rodrigo sin despegar la mirada del celular—.

¿Quién es ella?

—añadió Annie, observando a la desconocida.

—Se llama Aisha —respondió Rodrigo—.

Anoche salí a despejar la mente y la encontré.

La estaban siguiendo… la salvación y el traje aquí.

—Aisha, ¿estás bien?

¿Qué vamos a hacer hoy?

—Primero iremos todos a la oficina.

Ahí planearemos mis movimientos.

Es hora de iniciar mi propio plan.

—Me parece bien —dijo Annie—.

Te haré caso.

Aisha los observaba en silencio.

No entendía español, así que solo siguió la conversación con la mirada, muda e inquieta.

Al final todos se juntaron y tomaron dos vehículos rumbo a Las Brisas.

La oficina de Global Group era todavía pequeña, una empresa recién creada que apenas daba sus primeros pasos.

Pero Rodrigo sabía que en el futuro sería una potencia mundial; Ese era el objetivo.

Entraron él, Annie, Sandra, Karen, Sily y Aisha.

Annie sirvió café para todos mientras se acomodaban.

Rodrigo le dijo a Aisha:
—Anoche la encontré.

Creí que querían secuestrarla, pero parece que escapó de alguien.

— ¿Qué piensas hacer?

—preguntó Annie—.

Parece que no entiende español.

—Solo habla inglés.

Ayer pude comunicarme así —dijo Rodrigo.

Luego miró a Karen—.

Karen, busca información sobre ella.

Se llama Aisha.

Ve qué puedes encontrar.

Sily se adelantó:
—Yo iré a reclusión.

Siento que cerca de aquí puedo encontrar un buen lugar —sonrió, y desapareció como si nunca hubiera estado ahí.

Rodrigo suspiró.

—Me hiciste viajar tanto, y sí podías moverte desapareciendo… —murmuró.

Luego miró a Aisha—.

¿Quién es tu familia?

Aisha guardó silencio tres segundos, pensando en su respuesta.

—Vine con una compañera de visita.

Me perdí… luego ellos vinieron por mí, pero no son mi familia.

No puedo confiar en ellos.

— ¿Quién es tu familia?

¿De dónde estás?

—insistió Rodrigo.

La joven lo miró fijamente.

—Ellos hijo de Estados Unidos.

Yo soy de Arabia Saudita.

—¿Arabia Saudita?

—repitieron Rodrigo y Annie al mismo tiempo.

Karen y Sandra no entendían todo, pero “Arabia Saudita” sí lo captaron.

Rodrigo volvió al tema:
—No nos preocupemos por eso ahora.

Karen, necesito que vayas a conseguir unas hierbas.

Le entregó una lista enorme:
ginseng rojo de más de diez años, centella asiática, astrágalo, raíz de angélica, cordyceps, madura de jade (yuzhu), rehmannia, raíz de regaliz, miel envejecida, resina de mirra, árnica, cuachalalate, árbol de la vida, romero, manzanilla, hoja santa, sangre de Drago, tepezcohuite, mucígalos de nopal, sábila, chaparro amargo, gordolobo y cola de caballo —hierbas para heridas, fracturas y otras funciones.

Karen examinó la lista y dijo:
—No será rápido encontrar algunas.

Sí puedo conseguir árnica o cola de caballo, pero todos los demás tienen más de diez años de antigüedad.

Será complicado.

—No importa lo que tardes, pero hazlo lo más pronto posible —dijo Rodrigo—.

Lo necesitamos para nuestra primera Olla de Oro.

— ¿Qué planeas hacer?

—preguntó Annie.

—Nada más que preparar algunas piedras para practicar alquimia —respondió Rodrigo—.

También aprovecharé para entrar al mercado de la medicina.

Annie, tú seguirás con la empresa, impulsando operaciones.

Si esto tiene éxito, harás el papeleo para registrar patentes y formar una farmacéutica bajo las sombras del Grupo Global.

—Sí —asintió Annie.

Rodrigo miró a Aisha, pensativo, sin saber aún qué hacer con ella.

En ese instante, Sandra intervino:
—Nosotros iremos a entrenar?

¿O qué haremos?

Mientras Rodrigo y compañía planeaban sus movimientos, un avión aterrizó en el aeropuerto de Manzanillo.

De él descendió Charles Rothschild, recibido inmediatamente por los guardaespaldas de la familia.

—Señor Charles —informó uno de los guardias—, tenemos pistas de la señorita Aisha.

Fue vista por última vez en la playa; en un momento actualizaremos su posición.

Charles revisó su teléfono y dijo:
—Veamos primero qué está pasando.

No quiero un escándalo.

Si esto se complica, haremos otros movimientos más severos.

—Entendido, señor —respondió el guardia.

Se subieron a una Suburban negra y se dirigieron al hotel Marbella, donde se había visto a Aisha por última vez.

En el camino recibió una actualización:
—Señor, se dice que la señorita Aisha está en Las Brisas.

Nuestra gente ya está ahí, esperando sus órdenes.

—Bien, vamos a ese lugar —dijo Charles.

Rodrigo, ajeno a todo esto, hacía aviones sin saber que estaba rodeado por una familia que podría hacer temblar a cualquier país.

—Bien, entonces esperemos a que Karen consiga las hierbas, mientras tú y yo buscamos algunas herramientas para cocinar.

—Y tú, señorita, deberías regresar a Estados Unidos o buscar a tu compañera.

Lamento no poder ayudarte —dijo Rodrigo en inglés fluido.

—No sé dónde se encuentra —respondió Aisha—.

Anoche la perdí de vista y no la volvió a ver.

Tampoco se ha comunicado conmigo.

—Puedes ir a la comisaría, seguro te ayudará —insistió Rodrigo.

—No, gracias.

Prefiero quedarme aquí más tiempo —sonrió.

En ese momento, un mensaje de alerta llegó a Sandra.

—Rodrigo, tenemos problemas.

Alguien está detrás de nosotros.

La inteligencia de la familia nos acaba de avisar que estamos rodeados.

— ¿Qué demonios?

—respondió Rodrigo—.

Espero que no sean fuertes.

Mientras no lo sean, no hay problema.

La gente común o simples pandilleros no me preocupan.

Annie trabajó y dijo:
—Rodrigo, hay un señor fuera pidiendo una reunión.

Dice ser de la familia Rothschild.

— ¿Qué familia Rothschild?

¿Qué quieres?

—preguntó Rodrigo—.

A ver, que pase.

Veamos qué quieren… al final, podemos aprovechar su influencia para despegar más rápido.

Aisha escuchó el apellido y se quedó callada, recordando que había visitado esa familia, y se alejó sin despedirse.

Momento después, Charles Rothschild entró con varios guardias, miró directamente a Aisha y dijo, en español entrecortado:
—Secuestraron a la princesa, generando un problema a mi familia.

Hoy me deben una explicación, o esta pequeña empresa no seguirá aquí, y ustedes no tendrán dónde ser enterrados.

—¿Princesa?

—exclamaron todos al mismo tiempo, mirando a Aisha.

Rodrigo en tono sonoro y respondió tras unos segundos:
—Vaya, familia Rothschild.

Si están aquí para buscar problemas, no tengo miedo.

Al contrario, puedo hacerla desaparecer y echarle la culpa a mis enemigos.

Todo el poder de su familia iría tras ellos, facilitándome las cosas.

En cuanto a mi empresa, puedo eliminarla y hacer otra.

Tengo los medios y recursos necesarios.

Si esto fuera hace unos días, quizás tendría miedo.

Charles lo miró fijamente:
—Joven, no seas arrogante.

Nadie le ha hablado así a mi familia —dijo, haciendo una seña a sus guardias para moverse.

Rodrigo y Sandra se movieron rápidamente, inmovilizando a la mayoría de los guardias.

Rodrigo sacó una pistola, adelantándose a los guardias restantes y apuntando a Charles:
—Al final, estás en mis manos.

Si se mueven, les volaré la cabeza.

Señor Rothschild, ¿no le da pena morir sin descendencia, arriesgándose frente a mí sin saber lo que puedo hacer?

— ¿Cómo sabes de mi descendencia?

Tengo muchos hijos —preguntó Charles—.

¿Tú qué sabes de mí y de mi familia?

Solo lo que venta en medios e Internet es superficial.

—Jajaja —rió Rodrigo—.

Señor Rothschild, primero diga su nombre.

Si quiere ser mi enemigo, adelante.

No me enfrentaré a la familia Rothschild.

Sé que es poderosa, pero si vienen uno a uno, no tendré miedo.

Además, no sabrán quién me hizo esto.

Lo más que puedo perder es esta empresa recién fundada y algo de dinero.

Podemos desaparecer sin dejar rastro.

Si quiere ser mi amigo, puedo ayudar con su problema.

Y sobre su princesa, no sabía que era princesa y usted dijo que la querían secuestrar.

¿Piensas que tengo miedo?

Que venga su familia; No estaremos aquí.

Charles lo estudió por un momento y reflexionó: si su familia en Estados Unidos movilizaba todo, incluyendo influencias en México, sería demasiado tarde.

Aún no había informado a su familia sobre la situación actual.

Incluso si movilizaban al gobierno, ¿qué podría hacer este joven?

Quizás era cierto y desapareciera pronto, llevándose a otros en medio de un conflicto internacional.

Finalmente dijo:
—Me llamo Charles Rothschild, tercera generación de la familia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo