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El legado de los cielos - Capítulo 79

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  4. Capítulo 79 - 79 PACTO CON EL PELIGRO FEMENINO
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79: PACTO CON EL PELIGRO FEMENINO 79: PACTO CON EL PELIGRO FEMENINO Capítulo 79 – Pacto con el peligro femenino
Esa misma tarde, un avión proveniente de la Ciudad de México descendió sobre la pista caliente del aeropuerto de Manzanillo.

Entre los pasajeros apareció una joven hermosa, con una gorra negra cubriendo parte de su rostro.

Llevaba una chamarra negra ligera, un short corto de piel que resaltaba sus piernas y unas botas que marcaban un caminar lento y provocativo.

Cada paso era sensual, deliberado.

El cabello le caía apenas hasta los hombros, aunque era evidente que podía estar recogido bajo la gorra.

En su mano izquierda arrastraba una maleta pequeña.

Llevaba lentes oscuros que ocultaban su mirada, pero su belleza se filtraba incluso a través de las sombras.

Atravesó el control de seguridad sin llamar demasiado la atención y, a los pocos minutos, salió del aeropuerto.

Se detuvo el tiempo suficiente para mirar ambos lados y, sin vacilar, tomó el primer taxi que se detuvo frente a ella.

El vehículo se perdió rápidamente en el tráfico del puerto.

Su destino: desconocido.

Minutos después, otra figura femenina del mismo vuelo avanzó por el control.

Esta segunda joven tenía el cabello rubio recogido en una coleta elegante que le llegaba al hombro, su piel era clara y tersa, y sus expresivos ojos —color entre azul glaciar y gris cristal— desprendían un aura única.

Su caminar combinaba sensualidad y porte.

Vestía una camisa blanca de manga larga, una falda corta negra y medias rojas delicadas que resaltaban su elegancia.

Sus zapatillas estilizadas, su postura impecable y su aura fría pero cautivadora le daban ese estilo típico de la belleza suiza: rasgos finos, facciones armoniosas, apariencia delgada pero fuerte, casi como un modelo europeo de revista de invierno.

Pasó el control con tranquilidad.

Recogió su maleta con calma.

Luego salió del aeropuerto, detuvo un taxi distinto… y también desapareció entre el tráfico de Manzanillo.

Rodrigo estaba sentado en su oficina, revisando los pendientes del día.

Desde la última visita a la casa de la familia Moreno no había habido movimientos, pero tampoco un verdadero recibimiento.

Con el escándalo reciente del compromiso y el banquete, todo se había complicado.

Su hermano Raúl había sido comprometido con Mei Zhang… y él, Rodrigo, había salido corriendo de aquel matrimonio falso.

Ahora, al enterarse de que Mei era hermosa, sonriendo para sí.

—Bien… —murmuró—.

Esa era mi mujer.

Así que ahora tengo una forma de cobrar intereses.

Si Raúl quiere lo mío… se lo atreveré, pero a mi manera.

Guardó su celular y salió de la oficina.

Esa noche, la Caverna bar —también conocida como la Caverna del murciélago— vibraba con música suave, olor a mar y ambiente relajado.

Era un bar-restaurante pegado a la playa, famoso entre lugareños y turistas.

Tenía una terraza amplia con vista directa al océano, lámparas cálidas en forma de murciélagos y pasillos que se abrían hacia mesas colocadas directamente sobre la arena.

Desde la terraza, donde Rodrigo se había sentado, la brisa marina nocturna llegaba fresca, quitando el intenso calor del día.

El sonido del oleaje se mezclaba con las risas y murmullos del lugar.

Rodrigo bebía tranquilamente mientras revisaba su celular, cuando dos mujeres se acercaron a su mesa.

Dos bellezas, cada una distinta a la otra.

Primero se sentó la joven del short corto.

Ahora sin gorra, su cabello le caía hasta media espalda, negro, brillante.

Su rostro delicado y sus ojos oscuros revelaban ese aire característico de una belleza oriental.

Luego se sentó la otra mujer, la del aura suiza: elegante, impecable, sensual sin esfuerzo.

Ambas parecían como si hubieran salido directamente de dos mundos opuestos para encontrarse justo frente a él.

Rodrigo las observaría con una sonrisa leve, como si ya las esperaba, como si supiera que llegarían exactamente en ese instante.

—No sabía que cero yx eran tan hermosas.

Su tono era mitad burla ligera, mitad cumplida calculada.

Ellas no respondieron, solo lo miraron en silencio.

Rodrigo continuó:
— ¿Qué les parece mi oferta?

Es por tiempo limitado, pero podemos hacernos ricos.

Aunque, para ser sincero… ya estoy en un punto donde el dinero no me importa.

Busca otras cosas.

Si ustedes sí lo quieren, lo tendrán.

Y si deciden seguirme incondicionalmente… entonces no les daré dinero, sino algo más valioso.

La chica china habló primero, con un acento marcado que hacía su español encantador:
—Tampoco vid por dinero.

Vine porque… en mi vida de hacker, jamás había tumbado mis defensas.

Quise conocer a la persona que logró derribar mi software.

La suiza fue más directa:
—Yo sí busco dinero.

Para eso obtengo información y la venta.

Soy buena, la mejor.

Nadie había encontrado mi identidad.

Siempre creyeron que Cero era un inglés… un hombre.

Tú atravesaste mi virus y lo neutralizaste.

Rodrigo sonrió de lado.

—Esos softwares son débiles.

Todo virus fuerte vence al más débil.

Y cuando queda vulnerable… ese es el momento para extraer lo que necesitas.

Ambos asintieron.

—Bien —continuó él—.

Entonces tenemos un trato.

Les daré dinero si así lo quieren.

Y si eligen seguirme incondicionalmente… tendrán algo más valioso.

Pero vamos a tratar esto como un negocio a largo plazo.

Digamos… tres años.

Durante ese tiempo trabajarán solo para mí.

Además del dinero, les daré tres favores.

Pero esos favores tienen límites.

La suiza entrecerró los ojos.

—¿Qué tipo de favores?

La china escuchaba con igual interés.

Rodrigo apoyó un codo en la mesa.

—Quitar a alguien del camino, resolver problemas legales, limpiar nombres… Ese tipo de favores.

En este mundo de la piratería digital, todos cargan manchas.

Esos tres favores pueden usarlos ahí.

—Entonces… ¿cambio de identidad también?

—preguntó la china.

Rodrigo se echó hacia atrás en la silla y sonriendo.

—Por supuesto.

Una llamada y hasta en Estados Unidos tendrás tu identidad nueva.

Ambas quedaron en silencio unos segundos.

—Entonces ¿tenemos trato?

—preguntó él.

Las dos respondieron al mismo tiempo:
—Trato.

Se estrecharon las manos.

Un pacto silencioso…

un pacto peligroso.

El inicio de la jugada maestra de Rodrigo.

—Perfecto —dijo él.

Creó un grupo de WhatsApp frente a ellas y comenzó a cargar información.

En la pantalla aparecieron múltiples archivos:
• La familia Zhang
• Datos de COFCO
• La familia Moreno
• Agrícola Moreno
• Livia Voigt
• Alibaba
• Y una mujer más: alrededor de 30 años, elegante, con expresión seria: Laura García, alcaldesa de Comala, PAN.

La suiza preguntó:
— ¿Qué debemos buscar?

¿Suciedad?

¿Cuentas bancarias?

¿Movimientos?

La china añadió:
—Si quieres seguirlos en tiempo real, puedo infiltrarme en sus teléfonos y computadoras.

Todo lo que se usa.

Les mandaré anuncios falsos; en cuanto hagan clic, el programa se instalará sin rastro.

Podremos ver por sus cámaras, escuchar por micrófonos, seguir ubicación en tiempo real.

Rodrigo sonrió satisfecho.

—Bien.

Primero, información detallada de Laura García.

No hay prisa; solo su lado oscuro y su trabajo político.

Luego… Mei Zhang.

Hacer.

Quiero saber si va al baño, con quién habla, dónde está, qué hace.

Instale eso que mencionaste.

También vigilen a la familia Moreno.

Quiero lo más oscuro, incluso lo que ya sé… pero con pruebas.

Y por último, Livia Voigt: información detallada, familia, herederos, conflictos internos en WEG.

Hizo una pausa y añadió:
—Y lo de COFCO con Alibaba.

Me enteré de que compiten por el mercado de alimentos.

La china explicó con claridad firme:
—La familia Zhang es la principal en COFCO.

Es un gigante alimenticio y el país los respalda.

Alibaba es un gigante tecnológico.

Ambos tienen apoyo del Estado, pero últimamente Alibaba se ha metido también en alimentos por el tema de envíos a domicilio.

En China ahorramos tiempo: si alguien lleva la comida a casa, usamos la aplicación.

Eso le quita mercado a COFCO.

Si quieres unirlos, empieza por ahí.

Si quieres que compitan… entonces facilita que el sistema de envíos a domicilio funcione igual que en China en los países donde quieras moverlo.

Rodrigo la miró sorprendido.

—Tienes talento.

Sí…

quiero competir.

Y usar Alibaba para eso.

Digamos que mis enemigos se unieron a COFCO… entonces yo haré que pierdan dinero con esa alianza.

En México los envíos a domicilio están mal planteados.

Tienen fallas.

Quiero mejorar eso.

Se levantó un poco en su asiento.

—Prepararé un lugar donde puedan quedarse.

Manténganme informado en tiempo real.

Alzó su vaso.

—Salud.

Las dos mujeres levantaron sus bebidas, y las tres copas chocaron suavemente en la noche marina.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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