El legado de los cielos - Capítulo 84
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84: LA MAÑANA DEL TRATO 84: LA MAÑANA DEL TRATO Capítulo 84 — La Mañana del Trato
La mañana amaneció tibia, con una luz dorada que entraba por los ventanales del tercer piso.
Rodrigo abrió los ojos lentamente.
A su derecha estaba X: una belleza asiática de piel suave, rasgos finos, cabello negro sedoso que caía como una cascada sobre la almohada.
Natural por esencia, hermosa por nacimiento.
A su izquierda, Cero: una suiza aún más sorprendente, piel blanca casi luminosa, facciones marcadas y elegantes, un cuerpo esculpido y sofisticado.
Ambas seguían dormidas, aún desnudas, con rastros en la piel de lo que había sucedido durante toda la noche.
Desde aquella vez con María Fernanda Salgado, Rodrigo había desarrollado un gusto especial, casi adictivo, por las bellezas excepcionales.
Y ahora tenía dos más en su harén.
Se levantó con calma y se dirigió a la ducha.
El agua caliente cayó sobre su cuerpo mientras pensaba en todo lo que estaba a punto de iniciar.
Al salir, caminó hacia el jardín; el aroma a sal, césped húmedo y madera del muelle lo recibió.
Apenas unos minutos después, Charles llegó con una sonrisa de oreja a oreja y dijo:
—Jajajaja… Haré los arreglos para que queden todos los documentos de la casa a tu nombre.
Además, arreglaré que manden unos vehículos de mi colección, un yate y un helicóptero.
¿Qué te parece la idea?
Metió la mano en la bolsa de su chaqueta y sacó una tarjeta negra, elegante, pesada, hecha de carbono puro.
Era la American Express Centurión Black Card, la versión ilimitada, la más exclusiva del mundo.
Charles la sostuvo entre sus dedos y dijo:
—Toma.
Esta tarjeta es la Centurión de Amex, la edición de carbono.
Sin límite, sin restricciones.
Puedes usarla en cualquier país y te dará acceso a servicios y beneficios especiales a nivel mundial.
Rodrigo tomó la tarjeta; en ese momento, era exactamente lo que necesitaba para sus próximos movimientos.
Necesitaría dinero, mucho dinero, y contar con una Centurión ilimitada era mejor que cualquier banco común para sus planes.
Charles dijo—.
Esta tarjeta es exclusiva.
Tiene mil millones de dólares disponibles.
—Gracias —respondió—.
No seré cortés.
¿Qué tal la píldora?
Parece que estás contento.
Charles sirvió whisky en dos vasos, tomó un trago y contestó con orgullo:
—Va que va… todo estupendo.
Toda la noche no paré.
Esta vez, cuando llegue a casa, podré activar la fábrica.
Espero tener hijos pronto.
Se acercó un poco, bajó la voz y preguntó con ansiedad:
—¿Tienes más píldoras?
Quiero más… quiero encerrarme un mes entero, para asegurarme.
Rodrigo sonrió.
—No es como la Viagra, que necesitas una cada vez.
Pero bien… te daré dos más.
Tómalas así: una en cinco días y la otra en diez días.
Con eso ya no necesitarás ningún medicamento.
En el futuro habrá más sorpresas, pero también depende de tu actitud y tu servicio.
Ya sabes.
Charles asintió con energía.
—No te preocupes.
Tú dime qué necesitas y trabajaré.
Cuando llegue a casa hablaré con el patriarca y plantearé el proyecto para que ganes la isla.
Rodrigo abrió una caja de madera exquisita, de talla artesanal, y sacó dos píldoras.
Luego sacó una tercera, diferente.
—Aquí tienes dos para ti —dijo—.
Y esta… esta píldora es para tu patriarca.
Su valor real… es más que el oro.
Vale alrededor de trescientos mil millones de dólares.
Te lo aseguro.
Charles abrió los ojos sorprendido, casi sin respirar.
—¿Tanto así?
¿Qué hace esa píldora?
Rodrigo sostuvo la píldora entre los dedos.
—Se llama píldora rejuvenecedora.
Puede rejuvenecer diez años.
Tengo entendido que tu patriarca tiene 80 años y pasa por varios hospitales privados para alargar su vida.
Con esta píldora volverá a los 70… incluso a los 68 años con un buen físico.
Caminará bien.
No tendrá enfermedades al menos por cinco años.
Dile que su futuro dependerá de lo que haga después de tomarla.
Si me convence… tendrá otra.
Y tú serás el enlace principal entre él y algo que él desea.
Tendrás más valor en tu familia.
¿No crees?
Charles sintió sus ojos brillar.
—¿Solo tienes una?
—No solo una… —respondió Rodrigo con calma—.
Pero por ahora solo entregaré una.
Además, esta puede ser el enlace para atraer a otras familias como la tuya.
Seguro me darán su riqueza… o sus hijas —sonrió con picardía—.
Jajajajajaja.
Charles rió también.
—Yo no tengo hijas… pero quizá alguien de mi familia sí quiera darte una.
Rodrigo respondió con la misma energía:
—Espero que se arme un buen proyecto con estas píldoras.
Con ellas convenceré a Livia Voigt en Weg, ¿qué opinas?
Y veré con Alibaba.
Puedo usar una píldora para subirlos al barco.
Si tienes opciones y el líder de tu familia las respalda, mejor me dicen.
Así no gasto más de lo necesario… y será mejor para ustedes.
Charles levantó la vista con decisión.
—No te preocupes.
Me encargaré de hacer un buen trabajo.
Toma estas llaves: son de la casa.
Y aquí tienes la tarjeta de acceso.
Los documentos te llegarán hoy mismo.
¿Qué movimientos harás?
¿Necesitas ayuda?
—No —respondió Rodrigo—.
Los siguientes movimientos no requieren ayuda.
Pero después, tú y tu familia manejarán ciertas cosas.
Annie también manejará otras.
Yo no apareceré en ningún negocio.
Y puede que desaparezca un tiempo…
pero estaré comunicándome mediante equipo satelital.
Charles asintió, sin vacilar.
—Haré arreglos para mandarte equipo de alta tecnología militar y personal especializado.
Eso despertó una idea en Rodrigo.
—Entonces… ¿puedes conseguir armamento militar?
¿Equipo de protección?
¿Escáneres?
Todo lo necesario para asegurar una zona.
—Claro —confirmó Charles—.
Haré que traigan todo eso.
Además de teléfonos de alta tecnología.
Estoy en una empresa tecnológica.
Tenemos una IA avanzada.
Te instalaré la licencia para que puedas usarla en los teléfonos que te enviaré.
Rodrigo levantó una ceja, complacido.
—Bien.
Eso me gusta, Charles.
Esa IA me agrada.
¿Tienen algún satélite?
—Sí.
Nuestra familia tiene satélites privados para nuestra seguridad cibernética y la seguridad de nuestros bancos.
—Perfecto.
Quiero permisos para ver imágenes satelitales.
Además, quiero una base para iniciar la empresa de seguridad.
Cuando la isla esté lista, pondré la sede principal allá.
La base inicial será una sucursal…
y la base en la isla será un laboratorio ante la vista de todos, y una base oculta en las sombras.
Charles asintió sin dudar.
—No te preocupes.
Me encargaré de eso.
Buscaré una buena zona exclusiva.
Aún tengo contactos directos con el presidente.
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