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El legado de los cielos - Capítulo 85

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  4. Capítulo 85 - 85 REUNIONES QUE MUEVEN NACIONES
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85: REUNIONES QUE MUEVEN NACIONES 85: REUNIONES QUE MUEVEN NACIONES Capítulo 85 — Reuniones que Mueven Naciones
Rodrigo observó a Charles con una expresión tranquila, aunque interiormente analizaba cada palabra.

No era común escuchar que alguien tuviera contacto directo con un presidente… y mucho menos que ese alguien fuera de la familia Rothschild.

—¿Tienes contacto directo con el presidente?

—preguntó Rodrigo, no sorprendido, pero sí intrigado.

Conocía el alcance de la familia, pero ese nivel de cercanía no era algo que se ofreciera a cualquiera.

Charles enormemente, con esa seguridad pulida que solo poseen quienes han crecido entre élites globales.

—Sí —respondió—.

Hace algunos años, el presidente vino a nosotros.

Además, nuestra banca en México, Rothschild & Co, no es un banco común.

Somos una institución financiera internacional de gestión exclusiva.

Hizo una pausa elegante y continuó con un tono explicativo natural, como quien habla de algo cotidiano para él pero extraordinario para el resto del mundo.

—Mira…

Rothschild & Co no funciona como un banco comercial.

Nosotros no damos tarjetas de débito, no tenemos ventanillas ni cajeros.

Somos una firma que administra patrimonios soberanos, fondos de inversión institucional, empresas transnacionales y familias ultrarricas.

Ayudamos a países a estructurar su deuda, manejamos inversiones extranjeras directas, creamos vehículos financieros para atraer capital y estabilizar economías.

México, como cualquier nación, necesita inversión constante y sólida… ya eso nos dedicamos.

Por eso el presidente se acercó.

Rodrigo asintió, satisfecho.

—Eso me parece bien —respondió con una ligera sonrisa—.

Ayudarás a María Fernanda Salgado para que sea presidenta del país.

A través de tu firma traeremos empresas importantes a invertir en México.

Más adelante te diré cómo quiero estructurar la entrada de esas inversiones… no necesariamente tendrán que poner fábricas o edificios.

Será un proyecto más profundo.

Hizo otra pausa, su mirada firme.

—Cuando Fernanda Gane, la ayudaremos a reducir la deuda del país.

Quiero que sea recordada como una de las mejores presidentas de la historia.

Y quiero que prepare el camino para el siguiente elegido… alguien que siga nuestras instrucciones.

Quien no siga la palabra dada, queda fuera.

Este proyecto no admite errores ni terceros metiendo la mano.

Charles ascendió con seriedad, comprendiendo la magnitud del movimiento.

—Entonces, ¿quieres que preparar una reunión con el presidente Ezequiel Mena?

¿Dónde la quieres?

¿Hago que venga a Colima?

Rodrigo negó con calma.

-No.

Si viene a Colima será demasiado llamativo.

Solo vienen cuando hay tragedias o eventos importantes.

Nos pondría en el radar.

Hazlo en Ciudad de México.

—Perfecto.

Tengo una residencia en Rubén Darío, en Polanco —comentó Charles—.

Aunque no esté en mi nombre, pertenece a mi familia.

¿Quieres que sea ahí?

—Bien —respondió Rodrigo—.

Que sea ahí.

Organizar todo.

Y no solo estará el presidente… habrá más invitados.

Charles lo miró con interés.

—A quién más quieres invitar?

Una sonrisa apareció en el rostro de Rodrigo.

—Quiero que invite a la princesa.

Dile que venga.

Y si alguien de la familia real puede acompañarla, mejor.

No creo que venga el rey… pero si sucede, será beneficioso.

Charles, con experiencia en estos círculos, no dudó.

—De acuerdo.

Veré quién puede venir.

Les enviaré una invitación en nombre de mi familia…
Rodrigo lo interrumpió con suavidad, levantando una píldora entre sus dedos.

—No en nombre de tu familia.

Que sea en nombre de una píldora rejuvenecedora.

Charles soltó una risa leve y elegante.

—Muy bien.

Me pondré en ello.

Rodrigo volvió a interrumpir con calma.

—Primero organiza todo.

Si el rey viene, debe ser el mismo día que el presidente.

Quiero que ambos estén presentes al mismo tiempo.

Dame la dirección exacta y yo organizaré el lado Salgado.

Pero necesito unos días.

Tengo asuntos que atender aquí.

Dame cinco días y nos vemos en Ciudad de México.

—Perfecto —respondió Charles—.

Entonces dejaré la reunión programada en nueve días.

¿Te parece?

—Bien —dijo Rodrigo.

Se levantó y se dirigió hacia la habitación.

Esa casa ya era suya, y lo sentía claramente.

Dos residencias en puntos estratégicos: la del área turística, útil para movimientos públicos y viajes discretos; y la de Club Santiago, privada, impenetrable, donde podía vivir sin preocuparse por miradas ajenas.

En esta última, ningún residente podía causar problemas a otro.

La seguridad era estricta y la privacidad absoluta.

Si él no provocaba conflictos, nadie lo molestaría jamás.

Al entrar, vio a X y Cero levantadas, sus cuerpos perfectos iluminados por la luz que entraba por los ventanas.

Sonrio.

—Pueden seguir con lo que estaban haciendo —dijo mientras las abrazaba por la cintura con naturalidad—.

Desde hoy me haré responsable de ustedes dos… si lo desean.

Pueden ser mis mujeres, y si solo quieren verlo como una noche, tampoco me importa.

Pero si deciden quedarse, aunque tenga muchas, no les faltará nada.

Ambas lo miraron, sorprendidas por la franqueza y la oferta.

Rodrigo se acercó a la ventana, contemplando el vasto mar azul que se extendía más allá de la playa privada.

—Abran una cuenta en un banco del país —continuó—.

Les mandaré dinero.

Necesito que recluten más gente.

Aunque no sean tan buenas como ustedes, quiero habilidades reales.

Formaremos un equipo de inteligencia para recolectar información mundial.

Un equipo clandestino.

Lo llamaremos DarkBlack.

X y Cero intercambiaron una mirada.

Aquello no era una simple oferta… era poder puro, la oportunidad de construir una red clandestina global.

Ambas asintieron al unísono.

—De acuerdo —respondieron.

Era el comienzo de algo grande.

Y lo sabían.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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