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El legado de los cielos - Capítulo 86

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  4. Capítulo 86 - 86 EL CEBO PARA ATRAER AL REY
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86: EL CEBO PARA ATRAER AL REY 86: EL CEBO PARA ATRAER AL REY Capítulo 86: El cebo para atraer al rey.

—Bien, entonces vayan a hacer su trabajo.

Cualquier cosa me avisan.

Yo iré a resolver unos pendientes y prepárense: en unos días nos iremos a la Ciudad de México.

Allá las voy a necesitar para realizar algunos movimientos importantes.

Ambas asintieron sin hacer preguntas.

La belleza asiática de rasgos delicados y mirada fría, y la mujer suiza de porte elegante y presencia serena, abandonaron la residencia con la naturalidad de quienes saben desaparecer cuando es necesario.

Sus figuras se perdieron entre la luz de la tarde, dejando tras de sí una calma engañosa.

Esa misma tarde, un avión privado despegó del aeropuerto de Manzanillo con destino a Nueva York.

A bordo viajaba Charles Rothschild.

En su equipaje llevaba dos píldoras rejuvenecedoras: una destinada al líder de su familia y la otra reservada como cebo para atraer al rey saudí.

La misión era delicada.

No se trataba solo de negocios, sino de abrir una puerta que normalmente permanecía cerrada incluso para las élites más poderosas.

Mientras tanto, Rodrigo se dirigió a las oficinas de Global Group.

La empresa aún no era ampliamente conocida, pero ya comenzaba a moverse en círculos importantes.

Gracias a la intervención de Charles, habían conseguido contratos con compañías estadounidenses y algunas europeas.

Sin embargo, el crecimiento acelerado había expuesto una carencia evidente: faltaban barcos, patios logísticos y, sobre todo, capital suficiente para escalar operaciones sin fricciones.

Rodrigo observó a Annie unos segundos antes de hablar.

—Toma —dijo, transfiriendo fondos—.

Aquí tienes ochocientos millones de dólares.

Úsalos para fortalecer la empresa.

Annie se quedó inmóvil por un instante.

—¿Ochocientos millones… de dólares?

—repitió, incrédula.

—Sí —respondió Rodrigo con una leve sonrisa—.

¿Por qué?

¿No me crees capaz?

—No, no es eso —aclaró ella de inmediato—.

Simplemente no esperaba algo así.

Con los contratos que conseguimos gracias al señor Rothschild ya íbamos a crecer, pero esto… esto cambia todo.

Nos faltaba capital para barcos, contenedores y patios.

Ahora podemos cumplir la demanda sin retrasos.

Yo calculaba que este nivel lo alcanzaríamos en tres o cinco años, no ahora.

Rodrigo asintió con calma.

—Esto apenas es el comienzo.

Global Group tendrá subsidiarias.

La empresa de seguridad que vendrá operará en las sombras, y Global Group será su cobertura.

Quiero que estructures todo de manera que podamos intervenir, pero sin que sea evidente que todas las empresas responden al mismo dueño.

Debe verse limpio, separado y creíble.

Annie respiró hondo y comenzó a explicar su idea con precisión: una red de sociedades independientes, consejos administrativos distintos, rutas financieras separadas y contratos cruzados que solo revelarían su conexión a un nivel imposible de rastrear sin acceso interno.

Global Group aparecería como un socio logístico y financiero, nunca como el centro del poder.

La empresa de seguridad operaría bajo terceros, con licencias y nombres distintos según el país.

Rodrigo escuchó sin interrumpir, atento a cada detalle.

—Hazlo así —dijo finalmente—.

Te dejo esto en tus manos.

Yo estaré ocupado estos días.

Viajaré a la Ciudad de México y quizá te lleve conmigo; depende de tu agenda, pero es probable que necesite que estés presente para revisar algunos puntos.

Annie asintió.

—Además —añadió—, hace tiempo que no veo a María Fernanda Salgado.

Aunque no lo dijo en voz alta, en su mente cruzó un pensamiento distinto: la certeza de que Rodrigo estaba a su lado, día tras día, mientras otras solo podían esperar.

—Bien —respondió él—.

Nos iremos en unos días.

Estos días estaré moviéndome y puede que no regrese a casa todas las noches.

Cualquier cosa, avísame.

Rodrigo se despidió y salió de la oficina.

Caminó un rato por la zona de Las Brisas, observando el entorno con calma.

Pensó que no sería mala idea tener una casa discreta allí, un punto de descanso y una base temporal para X y Cero.

Mientras avanzaba, las palabras de Annie regresaron a su mente: capital.

No podía depender siempre de Charles.

El armamento, los vehículos blindados, el equipamiento y la infraestructura de la futura empresa de seguridad requerían recursos constantes.

Si dependía demasiado de un solo aliado, el valor real de sus propias cartas disminuiría.

Tocó su anillo de almacenamiento con el pulgar.

—Tengo ocho píldoras rejuvenecedoras y siete de vigor masculino… —murmuró para sí—.

Si las subasto, los ricos y, sobre todo, los ancianos se volverán locos por ellas.

Una sola vale más que cualquier contrato.

El efecto supera cualquier fármaco del mercado.

La idea tomó forma rápidamente: una subasta privada.

Discreta.

Exclusiva.

Quizá en Manzanillo o Acapulco, a bordo de un yate.

Pero surgieron las preguntas clave: ¿quién sería la cara visible?, ¿quién organizaría el evento?, ¿de dónde saldría el yate?

Pedirle más a Charles no era una opción; eso lo colocaría en una posición de dependencia.

Se detuvo y sonrió con ironía.

—No.

Deben ser ellos quienes me busquen —pensó—.

Cuando la necesidad aprieta, el precio lo pongo yo.

Con esa conclusión, dejó la idea en suspenso.

—Primero los pendientes —se dijo—.

Lo demás puede esperar.

Y con los planes girando en su mente como piezas de un tablero invisible, Rodrigo continuó su camino, cada vez más convencido de que el verdadero poder no se muestra: se administra desde las sombras.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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