El legado de los cielos - Capítulo 91
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- Capítulo 91 - 91 LA PRIMERA TRABA LOS TERRENOS DE JALIPA
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91: LA PRIMERA TRABA: LOS TERRENOS DE JALIPA 91: LA PRIMERA TRABA: LOS TERRENOS DE JALIPA Capítulo 91 – La primera traba: los terrenos de Jalipa
Eugenio Pérez se inclinó sobre el mapa desplegado sobre la mesa de reuniones, señalando con precisión cada zona.
La luz cálida de la tarde se filtraba por las ventanas, iluminando los planos y resaltando las líneas de carreteras, parcelas y terrenos planos.
—Bien, nos concentraremos en las reuniones con esa gente en Jalipa —dijo, la voz firme pero calculadora—.
Raúl, ve con tu hermana; tú y Diana busquen a los dueños de estos terrenos y den un precio.
Si aceptamos, cerramos el acuerdo de venta de inmediato —agregó, mientras sus dedos señalaban una zona de terrenos amplios y llanos, claramente destacada en el mapa.
Raúl ascendió, mientras Diana tomaba nota con rapidez, organizando mentalmente cómo abordar a los dueños de las parcelas.
Mientras tanto, Rodrigo permanecía en su residencia en Club Santiago con Mei Zhang, completamente absorto en ella.
Ese día, como los anteriores, se dedicó a consentirla en todos los aspectos posibles.
La joven, aún afectada por el tequila y la cercanía de Rodrigo, se entregó sin reservas a los cuidados del joven maestro.
Pasaron horas en las que Rodrigo y Mei compartieron momentos intensos e íntimos en todos los espacios de la residencia: la sala, el comedor, la cocina, la terraza e incluso el yacuzzi.
Cada gesto de Rodrigo era medido, calculado para garantizar que Mei se sintiera atendida y segura, mientras lentamente cedía a la conexión física y emocional que compartían.
La intensidad de la jornada dejó a Mei completamente rendida, agotada y profundamente influenciada por la experiencia vivida.
Al día siguiente, Rodrigo condujo a Mei hasta una ubicación cercana a la residencia Moreno, dejándola discretamente para evitar cualquier atención externa.
Tras asegurarse de que Mei estuviera segura, se dirigió directamente a reunirse con X y Cero, quienes ya lo esperaban, concentrados frente a sus pantallas, rodeados de mapas, GPS y documentos digitales.
Rodrigo exhaló un poco de humo de su cigarro y preguntó con tono firme:
—Chicas, ¿recibieron el mensaje?
X fue la primera en responder, señalando áreas concretas en el GPS:
—Sí, ya revisé las zonas posibles donde podría ubicarse el terreno adecuado.
Esta zona —dijo, mostrando con el dedo las parcelas planas en Jalipa— parece la mejor opción.
Cero agregó con precisión y detalle:
—De acuerdo con los terrenos, esta zona es ejidal.
Pertenece al ejido, aunque tenga dueño.
Para comprar, no basta con negociar con el propietario; También se necesita el reconocimiento del ejido.
Se debe pagar al dueño y al ejido, además del permiso del gobierno para tratarse de terreno ejidal.
Esto es interesante.
Rodrigo ascendiendo, evaluando mentalmente la complejidad:
—Entonces, en pocas palabras, comprar directamente al dueño y querer construir la fábrica o lo que vayan a hacer ahí no será posible sin la aprobación del ejido.
X continuó explicando con claridad profesional:
—Puedo buscar lo que ese ejido necesita actualmente y ofrecerlo como parte de la negociación.
Así se obtienen los terrenos con la aprobación del ejido.
De acuerdo con las leyes ejidales, mientras el ejido aprueba un proyecto, se realiza una votación mientras la mayoría este de acuerdo, los dueños tienen que vender al precio que el ejido determine.
Rodrigo irritando, anticipando sus movimientos estratégicos:
—Entonces, ¿la familia Moreno o la familia Zhang ya se puso en contacto con el ejido de Jalipa?
Cero respondió con firmeza:
—No, hasta el momento solo están buscando a los dueños de los terrenos; no hay contacto con el ejido.
Rodrigo se recargó un momento en la mesa, exhalando humo y evaluando sus próximas acciones:
—Bien.
Vamos a adelantarnos: busquemos al encargado del ejido.
X agregó:
—El presidente ejidal vive en Jalipa.
Puedo investigar toda la información que necesites, además de lo que el ejido requiere.
Si ayuda al pueblo a beneficiar, esto será provechoso para ambas partes.
Además, este terreno es ideal para la empresa de seguridad privada armada: tiene terreno plano, espacio suficiente para instalaciones, y puede ofrecer empleos a los residentes.
El resto puede usarse como patios para generar más trabajo, mitigando cualquier medida que pudiera tomar la familia Moreno o Zhang en contra.
Rodrigo calculando con determinación:
—Bien, entonces vamos a resolver esto primero.
Busquen todo hoy y mañana avanzaremos.
En cuanto se resuelva este asunto, nos vamos a Ciudad de México.
Ese día fue intenso para X y Cero.
Se sumergieron en la red, revisando cada detalle, cada documento y cada información disponible, sin dejar escapar de nada, por mínimo que fuera.
Cada terreno, cada propietario, cada historial de permisos fue analizado meticulosamente.
Mientras tanto, Annie y María Fernanda Salgado actuaron en paralelo.
Annie, siguiendo las órdenes de Rodrigo, preparó el capital necesario y comenzaba a trazar planos estratégicos para asegurar los terrenos, creando complicaciones para la familia Moreno.
Salgado, desde Ciudad de México, movía hilos a través del SAT, Hacienda y los canales administrativos necesarios para entorpecer la alianza, revisando documentos y procesos legales.
Por su parte, la familia Moreno se enfrentó a su primera traba significativa: el precio de los terrenos.
En la primera reunión, los dueños exigieron un valor exorbitante: 200 millones de pesos por el terreno total.
Este monto estaba muy por encima de lo esperado y obligó a la familia a replantear de inmediato su estrategia.
La situación estaba clara: la complejidad del terreno ejidal, combinada con la manipulación estratégica de Rodrigo y su equipo, convirtió este proyecto en un desafío directo, pero con las ventajas del control y la información que ya poseía, Rodrigo aseguraba que la alianza se moviera a su favor.
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