El legado de los cielos - Capítulo 92
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- Capítulo 92 - 92 LA PRIMERA RONDA EN JALIPA
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92: LA PRIMERA RONDA EN JALIPA 92: LA PRIMERA RONDA EN JALIPA Capítulo 92 – La primera ronda en Jalipa
Al día siguiente, Rodrigo, Annie, Karen y Sandra tomaron la Ford Explorer negra y dieron rumbo a Jalipa.
Durante el camino, se mantenían en constante comunicación por teléfono con X y Cero, asegurándose de que cada detalle estuviera controlado antes de llegar a su destino.
Jalipa se mostraba tranquila, con un paisaje donde la naturaleza dominaba el entorno.
Las montañas se extendían al horizonte, cubiertas de vegetación variada y densos bosques, intercaladas con zonas de cultivo y pequeños senderos que serpenteaban entre los cerros.
La brisa era fresca y traía consigo un aroma a tierra húmeda y maíz recién sembrado.
Los pocos terrenos planos eran codiciados, ya que la mayoría de la superficie del ejido estaba destinada a cultivos de maíz, huertas de papaya y sandía, algunas plantaciones de aguacate y pequeños cafetales.
Las zonas más altas se utilizaban para senderismo o para criar ganado, y las corrientes de agua recorrían los ríos y arroyos que atravesaban los cerros, aportando vida al ecosistema local.
El ejido abarcaba la zona de Francisco Villa, Jalipa y Punta de Agua, incluyendo áreas boscosas que eran utilizadas parcialmente para senderismo, colindando por un lado con Canoitas y por el otro con Chandiablo.
Todo estaba preparado para la reunión con Félix Ávila, presidente del ejido de Jalipa.
Félix recibió a Rodrigo y a su grupo en la casa ejidal, un espacio modesto pero bien organizado, con un salón principal donde se podían reunir varios miembros del ejido y ventanales que dejaban entrar la luz natural, mostrando los cerros.
—Bienvenidos, señor y señoritas —dijo Félix Ávila, evaluando con atención a los visitantes.
Rodrigo se adelantó y, con voz clara y segura, dijo:
—Señor Ávila, hoy vengo con la intención de ayudar a su ejido y, a la vez, con la intención de que nos faciliten unos terrenos.
Queremos comprarlos y poner una empresa de seguridad privada, lo que generará empleos para los ejidatarios.
Además, prometemos cooperar activamente con su ejido y apoyar sus necesidades de manera permanente.
Para ello, ofreceremos anualmente dos millones de pesos mexicanos para que el ejido tenga recursos para mejorar la economía interna, ayudando con fertilizantes, alimentos para ganado y otros gastos de los ejidatarios.
Asimismo, apoyaremos al pueblo de Jalipa con cuarenta viviendas para los necesitados.
Todo esto forma parte de nuestro compromiso para que el proyecto beneficie tanto a ustedes como a la comunidad.
¿Qué le parece?
Félix Ávila analizó la situación cuidadosamente.
Los dos millones de pesos anuales representaban un ingreso estable que permitiría a los ejidatarios cubrir gastos esenciales sin depender de los apoyos del gobierno ni de la burocracia de las reformas agrarias.
Además, el dinero se repartiría directamente entre los ejidatarios, y no saldría de los fondos del ejido, sino de la inversión de Rodrigo y su equipo.
Annie intervino, aportando su experiencia como empresaria:
—Para quienes decidan vender, no solo se les pagará al precio que el ejido determine, sino que también recibirán, de nuestra bolsa, la misma cantidad que el ejido les entregaría anualmente a todos los ejidatarios como parte del fondo de los dos millones.
Así, quienes vendan sus terrenos no se verán en desventaja y recibirán beneficios adicionales.
Félix Ávila asintió, comprendiendo la estrategia:
—Eso hará más fácil la votación.
Muchos ejidatarios valoran recibir dinero anual, y así, quienes vendan y además reciban parte de los dos millones anuales aunque ya no pertenezcan al ejido, obtendrán un beneficio extra.
Rodrigo continuó, abordando un problema que preocupaba a todos en el ejido:
—También sabemos de los problemas con Peña Colorada.
Si aceptan vendernos los terrenos, nosotros, como parte de la comunidad, ayudaremos a resolver esos conflictos.
Félix Ávila frunció el ceño:
—¿En serio pueden ayudarnos con los problemas de Peña Colorada?
Rodrigo hizo una pausa y continuó con claridad:
—Sí, esa es nuestra intención.
Los problemas con Peña Colorada no solo afectan a este ejido, sino a muchos desde Manzanillo hasta Minatitlán.
Sus viaductos de mineral frecuentemente se rompen y dañan las cosechas y los animales, además del ecosistema local.
Cuando Peña Colorada repara, solo entrega una compensación económica insuficiente, dejando a los ejidatarios con pérdidas.
Nuestra empresa se encargará de que, como miembros del ejido, ayudemos a gestionar los reclamos y compensaciones, protegiendo los cultivos, los animales y asegurando que la tierra vuelva a ser productiva.
Félix Ávila asintió lentamente, convencido por la seriedad de la propuesta:
—Con este plan, estoy seguro de que ganarán la mayoría en la votación.
Annie añadió:
—Entonces la reunión puede realizarse hoy o mañana mismo.
El dinero ya lo tenemos disponible, listo para la compra.
Una vez que todo esté en orden, comenzaremos las negociaciones con Peña Colorada.
Se preparó la reunión de emergencia para esa misma tarde en la casa ejidal.
Cada detalle estaba cuidadosamente planeado, asegurando que la votación y la compra de terrenos fueran favorables a Rodrigo y su equipo.
Mientras tanto, la familia Moreno planeaba su propia estrategia para asegurar los terrenos, sin imaginar que estaban a punto de perder la primera ronda de una contienda que sería larga y estratégica.
Ignoraban que su verdadero oponente no era otro que quien tanto despreciaban y subestimaban.
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