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El legado de los cielos - Capítulo 93

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  4. Capítulo 93 - 93 LA VENTAJA INVISIBLE
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93: LA VENTAJA INVISIBLE 93: LA VENTAJA INVISIBLE Capítulo 93 – La ventaja invisible
La reunión se llevó a cabo después de varias horas de discusión.

El proyecto fue presentado con claridad ante los ejidatarios y los representantes del ejido de Jalipa.

La adquisición de tierras ejidales se centró únicamente en terrenos planos, evitando afectar las zonas de cultivo tradicionales.

El total acordado fue de 20 hectáreas, distribuidas estratégicamente para no comprometer las siembras futuras ni las áreas de uso común.

Lo más importante para el ejido fue que los dueños no vendieron el cien por ciento de sus tierras.

Solo se adquirieron zonas planas y una pequeña parte de terreno ligeramente inclinado, lo que permitió que los ejidatarios conservaran margen suficiente para continuar con sus cultivos de maíz, papaya, sandía, café y ganado.

Esto fue clave para que la propuesta no generara rechazo interno.

Debido a los ajustes finales en la superficie y a los acuerdos adicionales, el apoyo económico anual se incrementó, quedando finalmente en tres millones de pesos mexicanos para el ejido.

Durante la reunión también quedó claro un punto fundamental: las tierras ejidales, de acuerdo con las leyes agrarias del país, no son propiedad privada.

Para convertirlas en privadas se requiere un proceso largo de regularización, votaciones internas y trámites ante instancias federales.

Rodrigo y Annie, buscando evitar conflictos futuros, retrasos legales y posibles impugnaciones, tomaron una decisión estratégica: las tierras permanecerían como ejidales.

Sin embargo, el plan iba mucho más allá de lo evidente.

Se acordó lo siguiente:
Las tierras ejidales quedarían registradas con Global Group como titular del uso, con un precio de once millones de pesos mexicanos por las 20 hectáreas.

A esto se sumaba un apoyo directo al ejido de tres millones de pesos, dinero que no provenía de fondos ejidales ni se redistribuía internamente, sino que era una aportación externa y directa del comprador.

Además, el ejido otorgó un permiso especial para manejar las tierras como zona industrial, lo que generaría una ganancia adicional de un millón de pesos anuales para el ejido únicamente por el uso y autorización, sin necesidad de privatizar las tierras ni perder control sobre ellas.

Este esquema evitaba la regularización privada, mantenía la tierra bajo régimen ejidal y, al mismo tiempo, generaba ingresos constantes y legales.

Para muchos empresarios, este movimiento parecía un gasto innecesario.

Algunos pensarían que Rodrigo solo estaba inflando costos o intentando deducir impuestos al registrar esos cuatro millones de pesos como gastos operativos.

Pero el trasfondo era mucho más grande.

Rodrigo estaba construyendo algo que no se veía a simple vista.

Ganarse el favor de un ejido significaba abrir la puerta a los ejidos colindantes.

En el momento en que la familia Moreno buscara terrenos en zonas cercanas o en ejidos vecinos al de Jalipa, Rodrigo ya tendría una referencia sólida, una reputación favorable y el respaldo de los ejidatarios.

Si la zona era conveniente para sus planes, Rodrigo podía adelantarse y quitársela a la familia Moreno.

Si la zona no le interesaba, simplemente la dejaría libre para que ellos la tomaran.

Desde ese momento, sin saberlo, la familia Moreno ya estaba en desventaja.

Después del pago al ejido y de completar el papeleo inicial, el proceso fluyó sin contratiempos.

Al día siguiente se realizaron firmas, registros y entregas formales del dinero.

La noticia se difundió rápidamente y llegó a nivel estatal, generando atención entre empresarios y autoridades.

En la familia Moreno….

Fabián Moreno lanzó un vaso de cristal contra la pared y gritó:
—Maldita sea ese Global Group, se nos adelantó.

Tenían en la mira el mismo terreno que nosotros.

Raúl respondió, visiblemente frustrado:
—¿Por qué a nosotros no nos quisieron vender?

Ofrecimos cuarenta millones y nos pidieron doscientos millones.

Eugenio habló con el ceño fruncido:
—¿No ves?

Ellos ofrecieron directamente al ejido.

También fue mi error no revisar que esas tierras eran ejidales.

Ahora que lo recuerdo, desde Francisco Villa en adelante todo es ejido.

No se puede mover como tierra privada sin autorización ejidal.

Mei, que había regresado a la residencia Moreno, estaba distraída.

Desde su llegada no dejaba de pensar en Rodrigo, en el collar que él le había dado y en sus palabras.

“El corazón refleja tu belleza y tu amor”, resonaba en su mente.

Pensaba en aquella noche y en ese día completo que compartieron.

¿Acaso Rodrigo quiso decir que me ama?

¿Está enamorado de mí?

Sacada de sus pensamientos por la conversación, reaccionó y dijo:
—Entonces, si su familia hubiera dado los doscientos millones, ahora tendrían el terreno.

¿No habría sido mejor haberlos dado?

La ubicación era muy buena.

Fabián suspiró y respondió:
—Posiblemente tampoco habría sido buena idea.

Habríamos tenido problemas con el ejido.

Fue nuestro error no investigar a fondo.

Nos confiamos demasiado.

Mei continuó:
—Entonces, ¿qué ubicación van a elegir?

En tres días será la reunión.

Yo mañana saldré a la Ciudad de México.

Mi madre y mi padre llegarán con tiempo y me esperarán allá.

Quedaron en que para ese día ya debe estar definida la ubicación exacta.

Fabián asintió:
—Iremos por Chandiablo, aunque será complicado.

También hay un claro más adelante de Jalipa, no es grande, pero unas seis hectáreas podrían ser suficientes.

Mei asintió, se levantó y se marchó, tocando el collar, mitad diamante y mitad rubí, recordando aquella noche y aquel día con Rodrigo.

Rodrigo, consciente de que había ganado la primera batalla, salió del aeropuerto de Manzanillo en un vuelo rumbo a la Ciudad de México.

Esta vez no viajaba solo; lo acompañaban Annie, Karen, Sandra, X y Cero.

En algún lugar del mundo…
Un anciano y una anciana estaban sentados en posición de loto.

Frente a ellos, varios recipientes exquisitamente formados y sellados contenían gusanos gu que se devoraban entre sí.

Partes de cristal permitían observar las luchas internas mientras ambos inyectaban energía espiritual en los recipientes.

Una sombra negra se materializó.

Un anciano apareció y dijo:
—Quiero que busquen a esa niña.

Necesito su energía yin para recuperarme.

El anciano y la anciana asintieron sin dejar de alimentar a los gusanos gu.

El anciano de negro continuó:
—Hice cálculos.

En México sentí la presencia de un cuerpo sagrado dormido.

Si lo traen, puedo alimentarlo y preparar la caldera de píldora.

Está protegido por una presencia fuerte, pero si lo obtienen, nos ahorrará tiempo buscando un cuerpo yin.

El cuerpo del anciano brilló.

Un humo negro emergió de él y desapareció como si nunca hubiera estado ahí.

La anciana y el anciano guardaron los gusanos gu, se pusieron de pie y comenzaron a caminar, perdiéndose entre los árboles de un bosque desconocido, en algún lugar del mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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