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El legado de los cielos - Capítulo 99

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  4. Capítulo 99 - 99 MÉXICO NO PERDONA
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99: MÉXICO NO PERDONA 99: MÉXICO NO PERDONA Capítulo 99: México no perdona.

Rodrigo sacó una caja de cigarros del bolsillo interno de su saco.

El gesto fue lento, deliberado, como si cada movimiento estuviera calculado para aumentar la presión que ya se sentía densa en la sala.

Extrajo un cigarrillo, lo colocó entre sus labios y lo encendió con calma.

Aspiró profundo, sosteniendo el humo unos segundos en sus pulmones, y luego lo expulsó lentamente, dejando que se dispersara en el aire como una neblina pesada.

Sonrió.

—Presidente… —dijo con un tono relajado, casi amable—.

No es una amenaza.

Su oportunidad ya la tuvo y no supo aprovecharla.

Esta segunda oportunidad espero que sí la aproveche.

El presidente Ezequiel Mena permanecía rígido en su asiento.

Su espalda no tocaba por completo el respaldo del sillón; estaba inclinado hacia adelante, con las manos juntas, los dedos entrelazados con fuerza.

El sudor comenzaba a marcar su frente pese al aire acondicionado.

Rodrigo continuó:
—El boleto es sencillo de sacar.

Simplemente coopere con nosotros.

No pregunte cosas que no debe preguntar.

La cooperación es sencilla… y es justo lo que necesita.

—Hizo una breve pausa, observándolo fijamente—.

Y no solo eso: le ayudaré a limpiar su sexenio.

A terminarlo de una manera que lo deje bien parado ante el país.

El silencio que siguió fue pesado.

No era un silencio vacío, sino uno cargado de significados, de posibilidades, de finales que podían ser muy distintos dependiendo de una sola decisión.

Rodrigo aplaudió dos veces.

El sonido seco resonó en la sala.

De inmediato apareció Annie.

Vestía una blusa blanca perfectamente planchada, una falda corta negra que marcaba su figura con elegancia, y un gorro café que contrastaba con su piel clara.

Su porte era firme, seguro.

La belleza rusa no estaba solo en su rostro, sino en su presencia completa: la forma en que caminaba, cómo sostenía la mirada, cómo cada paso transmitía control absoluto.

En sus manos traía varios documentos cuidadosamente ordenados.

Rodrigo los tomó sin prisa y los colocó frente al presidente, deslizándolos sobre la mesa de centro.

—Estos documentos —dijo con voz firme— solo necesitan que los aprueben lo más rápido posible.

Con su influencia y cooperación puede hacerlo, estoy seguro.

Además, estaremos en contacto para los siguientes movimientos.

Usted solo necesita cooperar.

El presidente tomó los documentos con manos ligeramente temblorosas.

Los hojeó rápidamente, pasando páginas sin detenerse demasiado, como si temiera que al leer con calma se confirmara lo inevitable.

—¿Vas a fundar una empresa de seguridad?

—preguntó finalmente—.

¿Qué es lo que planeas hacer?

Levantó la mirada, tragando saliva.

—Estaremos en contacto… —añadió—.

Haré las cosas.

Espero que esta información no salga a ningún medio.

Rodrigo sonrió, una sonrisa tranquila, casi comprensiva.

—No se preocupe.

Esta empresa de seguridad será para prestar servicios a empresas.

Además, esta misma empresa hará un operativo para hacer quedar bien al Ejército mexicano.

El presidente levantó ligeramente la cabeza.

Rodrigo continuó:
—Ese operativo tendrá recompensas grandiosas.

Caerá un peso pesado del narcotráfico.

No como aquella vez que capturó al Chapo Guzmán y se le escapó de la cárcel, quedando en vergüenza.

Esta vez será diferente.

Será creíble.

El presidente sintió cómo el estómago se le encogía.

—¿A quién vas a capturar?

—preguntó—.

¿Qué movimientos tengo que hacer?

¿O simplemente quieres que te dé libertad total?

Porque eso sería caer en tus manos… hacer lo que tú quieras sin tener palabra.

Rodrigo negó suavemente con la cabeza.

—¿De verdad cree que tiene algo con qué negociar?

—dijo—.

Antes que nada, le estoy ayudando.

Puede retirarse después de su sexenio libre, sin resentimientos de la gente del país.

Dio otra calada al cigarrillo.

—Para el operativo solo pediré libertad durante su ejecución.

Yo estaré al mando.

Después del operativo, usted tomará el control.

Y dependiendo de sus actuaciones, de cómo maneje estos documentos y de cómo conduzca este asunto… se decidirá si esa información se borra.

El presidente cerró los ojos por un instante.

Pensó.

Pensó en el final de su sexenio.

En los meses que quedaban.

En el retiro inevitable de la vida política.

En lo que significaba ser expresidente en México.

En México no existía el retiro tranquilo para quien dejaba heridas abiertas.

Finalmente, asintió.

—Bien… —dijo con voz baja.

Era cierto.

El final de su sexenio estaba cerca.

Su carrera política había terminado.

Ahora solo quedaba el retiro, como el de todos los políticos.

Pero si terminaba con un mal sexenio, no tendría rincón en México donde estar tranquilo.

México no perdona.

Ese dicho no era una exageración ni una frase popular vacía.

Era una realidad social profundamente arraigada.

En México, la memoria colectiva no olvida fácilmente, y mucho menos cuando hay sangre de por medio, cuando hay jóvenes desaparecidos, cuando hay madres que siguen buscando a sus hijos.

Los mexicanos no olvidan a quienes les fallan desde el poder.

Un expresidente odiado no puede caminar por las calles, no puede aparecer en público, no puede vivir en paz.

No solo por la gente, sino por los enemigos que él mismo creó: rivales políticos, grupos criminales, intereses que ya no tienen por qué protegerlo una vez fuera del cargo.

Rodrigo lo sabía.

El presidente también.

No tendría la posibilidad de salir a dar la cara.

Tendría que vivir escondido.

Siempre mirando por encima del hombro.

Siempre temiendo que alguien ajustara cuentas.

Y no solo se trataba del narcotráfico.

México no perdona ni a extranjeros ni a figuras públicas que ofenden su identidad.

El caso más conocido era el de Tiziano Ferro.

Cuando habló mal de las mujeres mexicanas, no fue solo una polémica pasajera.

Fue una condena social.

Desde ese momento, fue rechazado por los mexicanos.

No solo en México, sino en toda Latinoamérica.

Su música dejó de sonar.

Sus conciertos fueron cancelados.

En cada intento de regreso fue rechazado.

Los mexicanos, dentro y fuera del país, lo vetaron.

Y no estaban solos.

En muchas partes del mundo hay presencia mexicana.

Comunidades grandes, influyentes, solidarias entre sí.

México es un país que ayuda en desastres, que extiende la mano a otros pueblos cuando más lo necesitan.

Pero cuando alguien habla mal de México o de los mexicanos, esa solidaridad se convierte en rechazo colectivo.

Tiziano Ferro quedó estancado en el continente americano.

Su carrera nunca volvió a ser la misma.

Hasta la fecha, en México y gran parte de América Latina, su nombre sigue siendo sinónimo de desprecio.

Eso quedaba grabado como advertencia para cualquiera que se metiera con México.

Y si así trataban a un artista extranjero, ¿qué le esperaba a un presidente que había hecho daño a su propio país?

Mucho peor.

Rodrigo continuó observándolo en silencio, dejando que ese peso cayera por sí solo.

El presidente pensó en los padres de los estudiantes desaparecidos.

En las protestas.

En los rostros que nunca olvidan.

En los nombres que se gritan en marchas año tras año.

Pensó también en expresidentes anteriores.

En el caso de Quesada, el presidente anterior a él.

Tras terminar su sexenio, desapareció del país.

Nunca volvió a dar la cara.

Se decía que vivía en una isla lejana, en algún país europeo.

Otros rumores aseguraban que el mismo narcotráfico lo había mandado con Dios.

Verdad o mentira, el resultado era el mismo: había desaparecido de la vida pública mexicana.

Ese sería su destino si no aceptaba.

Rodrigo, en cambio, le ofrecía algo distinto.

Una salida.

Una oportunidad de reescribir el final.

Cambiar la opinión pública.

Terminar su sexenio con un golpe mediático fuerte.

Un operativo creíble.

Un enemigo capturado.

Una narrativa controlada.

La posibilidad de vivir el resto de su vida tranquilo en su propio país.

No escondido.

No exiliado.

No temiendo cada día.

El presidente levantó la mirada y asintió con mayor firmeza.

Había entendido el mensaje.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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