El Legado - Capítulo 12
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12: Capítulo 12 12: Capítulo 12 La merienda en la mansión del alcalde es…
agradable.
Con un estilo medieval similar a las demás edificaciones del pueblo, aunque notablemente más grande que nuestro hogar, amplio por dentro entre decenas de habitaciones, abundantes muebles de madera fina y decoraciones que sugerían más allá de una modesta prosperidad, distinguible a lo lejos por su coloración exterior en tono rosado y durazno.
El alcalde, un hombre robusto, de tez morena, rostro amable y bigote densamente poblado, nos recibió con una sonrisa bonachona y un agradecimiento efusivo hacia mamá por sus servicios a la comunidad y hacia mí por mi “valentía” (si supiera…).
Su esposa, la madre de Lila, es igualmente cálida.
Mientras los adultos conversaban sobre asuntos del pueblo (impuestos locales, la próxima cosecha, y sí, la seguridad en las fronteras, tema que hace que mamá se ponga un poco tensa), Lila y yo fuimos relegados a una alfombra con una caja de juguetes de madera.
Si bien uno pensaría que son simples bloques rectangulares, estos son muchísimo más elaborados que los míos, ¡incluso hay un caballo de madera con ruedas!
Lila me muestra mediante gestos cortos, cómo hacerlo rodar.
Yo le muestro cómo apilar los bloques más altos (gracias a mi coordinación ligeramente superior y, ejem, planificación adulta).
Nos comunicamos con risas, señalando cosas, y algún que otro balbuceo que suena vagamente a palabras.
No hablamos el mismo idioma (literalmente, todavía no domino el suyo), pero nos entendemos perfectamente en el lenguaje universal del juego.
Definitivamente, me cae bien.
Tiene una risa contagiosa y no le importa cuando accidentalmente derribo su torre de bloques.
Y así, esa merienda marcó el inicio de nuestra amistad.
Casi todos los días, mamá me lleva a casa de Lila o su madre la trae hacia la nuestra.
Jugamos en el patio, perseguimos gallinas (las de verdad, en un pequeño corral que tenemos), hacemos “pasteles” de barro, o simplemente nos sentamos uno al lado del otro mirando las nubes.
Es refrescante tener una compañera de mi tamaño aproximado, alguien que no me trate solo como un bebé indefenso (aunque técnicamente lo sea).
En casa, llegan más cartas de papá.
Las noticias siguen siendo buenas.
La situación en la frontera se ha estabilizado gracias a su propia intervención y la de su grupo.
Mi tio, General Valerius, está muy satisfecho y siempre me manda saludos (que gran sujeto como siempre).
Y lo mejor de todo: él nos dice que pronto, muy pronto, podrá tomarse un permiso y volver a casa.
La sonrisa de mamá al leer esa parte es algo que me hace muy feliz.
Yo también siento una punzada de emoción.
¡Papá vuelve!
El tiempo vuela entre juegos con Lila, mis estudios secretos (¡mi vocabulario crece exponencialmente gracias a [Aprendizaje Rápido]!) y mis prácticas clandestinas meditando en lo que es un gran océano de maná.
En algún momento cumplí los once meses.
Ahora mis pasos son firmes, casi corro.
Puedo decir “mamá”, “papá”, “Lila”, “agua”, “más”, y algunas otras palabras útiles, aunque mi pronunciación sigue siendo la de un bebé.
Y la magia…
ah, la magia.
Mi núcleo al 90% es una fuente de poder tangible.
A escondidas, cuando mamá está ocupada en la clínica o durmiendo, experimento.
En el jardín, me concentro en la sensación que tuve en el parque.
¡Viento!
Intento mover una hoja seca en el suelo.
Al principio, nada.
Luego, con concentración intensa, la hoja tiembla.
¡Otro intento!
La hoja se desliza un centímetro.
¡Sí!
Es un control minúsculo, pero es mi control.
También intento imitar a mamá.
Cuando encuentro algún insecto desafortunado con un ala rota o una pata doblada (el patio trasero es un campo de batalla para los bichos), me concentro en mi núcleo e intento proyectar esa sensación cálida y reparadora de la Luz.
No veo el brillo como el de mamá, pero a veces…
a veces la hormiga coja empieza a moverse un poco mejor, o la polilla con el ala arrugada consigue dar un aleteo torpe.
Es increíblemente difícil y drena mi MP rápidamente (curar una mariquita me deja mentalmente agotado), pero la sensación de poder hacerlo, aunque sea a esta escala minúscula, es adictiva.
Contento y también un poco curioso por todo lo que he avanzado, decido ver el panorama general de mi progreso ahora que estoy a punto de cumplir un año, llamando a la interfaz una vez más.
————– [Lexo] Nivel: 0.90 Edad: 11 meses HP: 20/20 (+4) MP: 28/28 (+7) FUE: 3 (+1) VIT: 3 (+1) INT: ??
(Comprensión Lingüística Rudimentaria Establecida) SAB: ??
(Observación Ambiental Mejorada) DES: 3 (+1) MAG: 3 (+1) Núcleo: 90% Formado (Estable) Habilidades: [Aprendizaje Rápido (Pasivo) Nv.1] Afinidades Elementales Preliminares Detectadas: Aire (Débil), Luz (Vestigial) Estado: Mente Consciente, Aprendizaje Autodidacta (Lenguaje y Magia), Práctica Mágica Elemental (Aire/Luz).
————– ¡Bien!
Los stats base siguen subiendo, HP y MP también.
¡Y MAG ha subido otro punto!
El sistema reconoce mis prácticas.
Lo más interesante: ¡Afinidades Elementales Detectadas!
Aire (Débil) – tiene sentido, fue mi primer éxito.
Y Luz (Vestigial) – ¡También la tengo!
Aunque “vestigial” suena un poco decepcionante comparado con el poder de mamá.
Pero ¡hey!, ¡soy bi-elemental (potencialmente)!
Eso ya es raro según lo que oí.
INT y SAB también reflejan mi progreso en el aprendizaje.
Lila me mira en silencio mientras me rio como un bebé demente mirando hacia la pared.
Nota mental: debo controlarme más a futuro o seguro traerán algún exorcista para que me vea.
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