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El Legado - Capítulo 14

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14: Capítulo 14 14: Capítulo 14 El conocimiento arcano es fascinante, pero las habilidades prácticas de combate y supervivencia…

esas son las que te mantienen vivo para poder usar la magia.

Y tener a tres veteranos aventureros como tutores personales (aunque ellos no lo sepan del todo) es una oportunidad de oro.

Así que, sin pensarlo dos veces, cambio mi enfoque.

Cuando papá está ocupado con sus deberes de Capitán (que, por ahora, parecen consistir principalmente en resolver disputas de vecinos y asegurarse de que el panadero no le venda pan duro a nadie), me pego a sus amigos con la curiosidad de un discípulo en miniatura.

Con Borin, es todo sobre la fuerza bruta y la presencia.

Me siento cerca cuando él y papá hacen sparring ligero en el patio (papá se contiene muchísimo, pero, aun así, el suelo tiembla ante sus feroces estocadas).

Observo la forma en que el grandulón rubio planta los pies antes de balancear su (ahora una versión de entrenamiento más pequeña y manipulable) hacha.

La tensión en sus músculos, la forma en que exhala con cada golpe.

Intento imitar su postura con mis piernas regordetas, lo que generalmente resulta en que me caiga sobre mi trasero, para gran diversión del bárbaro.

“¡Jajaja!

¡Tienes espíritu, renacuajo!

¡Pies firmes!

¡Grita fuerte!”, brama, y me enseña a hacer una cara “feroz” y dar un pequeño pisotón.

No es exactamente una técnica de combate, pero siento cómo mi cuerpo empieza a entender instintivamente el concepto de ‘centro de gravedad’ y ‘poner peso detrás de un movimiento’.

[Aprendizaje Rápido] me ayuda a grabar esos patrones visuales y kinestésicos en mi memoria muscular, aunque mi cuerpo aún no pueda ejecutarlos correctamente.

Con Lyra, la elfa silenciosa, el aprendizaje es más sutil, casi místico.

Ella pasa horas manteniendo su arco o simplemente observando el entorno desde el porche.

Me siento a su lado, imitando su quietud.

Al principio, me aburro rápidamente, pero ella me enseña juegos.

“¿Ves ese pájaro en el tejado, Lexo?

¿De qué color es?”, susurra.

“¿Cuántas hojas tiene esa rama?”.

“¿Qué sonido hace el viento hoy?”.

Son ejercicios de observación, entiendo, para agudizar los sentidos.

Mi [Aprendizaje Rápido] entra en acción, permitiéndome notar detalles que antes pasaba por alto.

A veces, me lleva al borde del jardín y me señala huellas diminutas en la tierra.

“Ratón de campo”, murmura.

“Escarabajo”.

Empiezo a ver el mundo no solo como formas y colores, sino como información.

Y luego está Kael.

Aprender de él es como intentar atrapar humo.

Todo es movimiento, distracción y estar donde no se espera.

Jugamos mucho al escondite, y él es exasperantemente bueno.

Pero al observarlo (cuando logro encontrarlo), aprendo sobre usar las sombras, moverme sin hacer ruido (algo difícil con mis pañales), y mantener el equilibrio.

Me enseña a hacer nudos simples (mis dedos por fin cooperan un poco más), y a veces, me muestra trucos de manos con una moneda, explicando la importancia de la “distracción” y el “movimiento fluido”.

“La clave, pequeñín,” dice con un guiño, “no es ser invisible, es que miren hacia otro lado.” Intento imitar sus movimientos sigilosos al gatear o caminar, concentrándome en el peso de mis pasos.

Mientras tanto, mi amistad con Lila florece.

Ya balbucea más palabras, aunque sigue siendo bastante tímida con los demás.

Conmigo, se suelta más.

Jugamos con sus muñecas (ella les inventa historias, yo asiento y hago ruidos apropiados) o con mis bloques.

Un día, mientras estamos sentados bajo el gran árbol en su jardín, intento enseñarle lo que hago en secreto.

“Siéntate así, Lila,” le digo, cruzando mis piernas torpemente.

“Cierra ojos.

Siente…

calor aquí.” Señalo mi pecho.

Ella me imita, cerrando los ojos con fuerza, pero luego los abre y se ríe.

“¿Calor?

¿Cómo sol?”.

Intento explicarle lo de las motas de luz, el núcleo…

pero es inútil.

Son conceptos demasiado abstractos para su edad (¡y para cualquiera que no haya reencarnado!).

Termina pinchándome la barriga y preguntando si tengo cosquillas.

Suspiro internamente.

Bueno, por ahora, seremos solo amigos que juegan.

La iluminación mágica tendrá que esperar para ella.

Los adultos observan mis interacciones con los aventureros con diversión.

Papá a veces comenta: “Tiene la curiosidad de su madre y la terquedad mía”.

Mamá sonríe y dice: “Está absorbiendo todo como una esponja”.

No sospechan la verdadera extensión de mi aprendizaje ni la razón detrás de mi enfoque casi obsesivo.

Creen que solo estoy imitando a los adultos interesantes que me rodean, lo cual es perfecto para mi tapadera.

Mi núcleo sigue al 90%, una presencia constante y cálida.

No he sentido ningún impulso para completarlo; mi atención ha estado en estas habilidades prácticas.

Siento que, aunque mi poder mágico no aumenta, mi capacidad para usarlo en el mundo real, para sobrevivir y actuar, está echando raíces firmes gracias a las lecciones indirectas de todas estas personas.

Pero esto, recién empieza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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