El Legado - Capítulo 19
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Capítulo 19 19: Capítulo 19 El silencio después de la tormenta es pesado.
Puedo oírlos, pero mi cuerpo no responde, estoy y a la vez no estoy.
Veo mi ser recostado sobre el prado, mientras floto sin control en un océano de maná gelatinoso.
Veo a mamá, quien tras estabilizar a todos, se sienta junto a mi forma inconsciente, observándome con una mezcla de asombro y profunda preocupación que hasta ahora no había visto en ella.
Luego, cuando papá, Borin, Lyra y Kael recuperan la suficiente energía en sus núcleos como para levantar un poco la cabeza, la verdad de lo sucedido se impregna en el aire, tácita pero innegable.
Vieron la barrera de mamá romperse, vieron su herida, vieron al tigre derrotado de formas que no encajaban con sus propios ataques finales…
y me vieron a mí, inconsciente, con esa débil aura de Luz.
Esa noche, alrededor de una fogata mucho más sombría, tienen la conversación.
Mamá no dice directamente lo que sospecha, pero su mirada al describir cómo su herida mortal se cerró milagrosamente lo da a entender.
Papá escucha con el rostro hundido, la mandíbula apretada.
Borin, Lyra y Kael intercambian miradas cargadas de preocupación.
“Este chico…”, murmura Borin finalmente, rompiendo el silencio.
“No es normal.
Ni siquiera para ser hijo suyo.” “Ese poder…”, añade Lyra en voz baja.
“Usar activamente cuatro elementos…
y la curación…
es algo que va más allá de lo conocido.” Kael asiente.
“Potencial ilimitado.
Para bien…
o para mal.
Si alguien descubriera lo que puede hacer, lo que será capaz de hacer…” “Sería perseguido”, termina mi progenitor con voz grave.
“Usado como un arma.
O destruido por miedo.” Mira a mamá, luego a mi forma dormida.
“No podemos permitirlo.” “Nuestro camino como aventureros…”, empieza Borin.
“…ha terminado”, concluye Lyra.
“Nuestro nuevo deber es protegerlo.
Guiarlo.” “Seremos sus maestros”, afirma Kael.
“Le enseñaremos todo lo que sabemos.
Para que controle su poder.
Para que elija el camino correcto.” Mamá asiente, lágrimas silenciosas rodando por sus mejillas, pero esta vez son de alivio y determinación.
“Se quedarán.
Vivirán con nosotros.
Seremos su familia, su escudo.” La decisión había sido tomada.
Los Cuatro Grandes, leyendas de Rango A, colgarían sus capas de aventureros para convertirse en los guardianes y mentores de un bebé de como yo, con un poder aterrador y desconocido.
Mientras mi cuerpo yace en un estado de agotamiento total, mi mente comenzó a deslizarse hacia lo lejos, donde podía notarse una oscuridad cálida y extrañamente pacífica.
No hay dolor, no hay miedo, solo una sensación de…
vacío.
Pero no es un vacío desagradable.
Es como estar suspendido en la nada antes del principio.
Entonces, una voz.
Suave, melodiosa, como campanas de viento distantes, pero a la vez increíblemente cercana.
Es femenina, joven, llena de una sabiduría antigua y una chispa de diversión.
“Vaya, vaya…
sí que sabes cómo hacer una entrada, pequeño reencarnado.” ¿Reencarnado?
¿Lo sabe?
Intento responder, pero no tengo boca, no tengo cuerpo en esta nada.
“Oh, no te esfuerces.
Aquí no necesitas esas cosas.
Solo escucha.” La voz parece sonreír.
“Has despertado algo…
profundo.
Algo que no debería moverse tan pronto.
Chronos, ¿eh?
Irónico, considerando el regalito de tu tío.” Hace una pausa, como disfrutando de la broma cósmica.
“Un pequeño empujón para poner las cosas en marcha.
El tiempo es…
divertido.” La voz se vuelve un poco más seria, aunque la calidez persiste.
“Soy Eos.
Digamos que soy…
la voz del mundo que ahora llamas hogar.
O una de ellas, al menos.” Siento una presencia con forma de mota de luz acercándose desde la oscuridad, una sensación de completud y calidez indescriptibles.
“Tienes un camino largo y complicado por delante, Lexo.
Muchas pruebas, muchas elecciones.
Esperamos…
bueno, espero grandes cosas de ti.
No nos decepciones.” Siento un toque increíblemente suave en mi frente, como el beso de una mariposa hecho de luz estelar.
“Ahora, despierta.
Tus padres están preocupados.
Y tienes mucho que aprender.” La oscuridad se disipa, reemplazada por la luz borrosa del mundo real filtrándose a través de mis párpados.
Siento el olor a humo de madera, a hierbas medicinales, a…
papá.
Abro los ojos lentamente.
Lo primero que veo es el rostro de papá, lleno de una angustia que me encoge el corazón.
Sus ojos están rojos, su barba descuidada.
Pero en cuanto mis ojos se enfocan en los suyos, su expresión cambia.
Shock.
Incredulidad.
Y luego, una alegría tan pura y abrumadora que rompe su estoica fachada.
“¡Lexo!”, su voz es un susurro ahogado.
Se abalanza sobre mí, pero con una gentileza infinita, abrazándome con fuerza contra su pecho.
Siento sus lágrimas caer sobre mi cabello, su cuerpo temblando.
“¡Lexo!
¡Mi campeón!
¡Estás despierto!
¡Oh, gracias a los dioses, estás despierto!” Me acurruco contra él, sintiéndome increíblemente débil, como un muñeco de trapo, pero seguro.
“Papa…”, susurro, mi voz apenas un hilo.
Él me abraza más fuerte, llorando abiertamente ahora, sin importarle quién lo vea.
“¡Sí, soy papá!
¡Estoy aquí!
¡No te vuelvas a ir así, campeón, por favor!” Mamá se acerca, sus ojos también llorosos pero con una sonrisa radiante.
Me acaricia la mejilla.
“Bienvenido de nuevo, mi pequeño milagro.” Borin, Lyra y Kael están detrás, sus rostros mostrando un alivio palpable.
Borin incluso se seca una lágrima disimuladamente.
Estoy de vuelta.
Débil, confundido por la experiencia con Eos, pero de vuelta.
Y mi familia, mi extraña y ahora dedicada familia, está aquí.
Los días siguientes transcurren en una calma casi surrealista después de la tormenta.
Mamá me cuida con esmero, asegurándose de que coma bien y descanse.
Mi MP se recupera lentamente, pero la debilidad física persiste.
Los demás me tratan con una nueva mezcla de cariño y…
¿respeto?
Creo que exageran.
Papá no se separa de mi lado más de lo necesario.
Unos días después, cuando ya puedo caminar un poco sin ayuda, me dice: “Vamos, campeón.
Te enseñaré algo importante.” Me lleva al río cercano, donde el agua fluye tranquila y clara.
Saca una simple caña de pescar de madera.
“Hoy, aprenderás el noble arte de la paciencia…
y de conseguir tu propia cena.” Me siento a su lado en la orilla, observándolo preparar el anzuelo.
Me explica en voz baja cómo sentir la corriente, cómo observar las sombras en el agua, cómo lanzar el sedal con suavidad.
No pescamos nada ese día, con menos de un año es poco lo que puedo sostener.
Pero no importa.
Estar sentado allí, en silencio, sintiendo el sol en mi cara, el sonido del agua, la presencia sólida y tranquilizadora de mi padre a mi lado…
es la mejor medicina.
Es la calma después de la batalla, un recordatorio de por qué lucharon, de lo que decidieron proteger y me siento muy agradecido.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com