El Legado - Capítulo 20
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20: Capítulo 20 20: Capítulo 20 ¡Mi primer cumpleaños!
(Al fin llegó mi cumpleaños).
En lugar de una tarta con velas en nuestra humilde casa, mis padres y los “tíos/tías” postizos deciden que la celebración debe ser acorde con las “vacaciones forzosas”: ¡un banquete improvisado en el corazón del bosque!
La preparación es un espectáculo único en sí mismo.
Mamá intenta dirigir la operación culinaria con su calma habitual, pero coordinar a los Cuatro Grandes en tareas domésticas es como intentar pastorear gatos salvajes con láseres.
“¡Borin, necesito leña, no troncos enteros!”, suspira mamá cuando el bárbaro aparece arrastrando un árbol de enorme que claramente no se ofreció voluntario.
“¡Pero así sobra, Elara!”, responde él, genuinamente confundido.
“Kael, ¿estás seguro de que esas bayas que ‘encontraste’ son comestibles?”, pregunta Lyra con escepticismo, mientras el ninja intenta esconder una bolsa sospechosamente llena detrás de su espalda.
“¡Por supuesto, mi estimada!
¡Las mejores bayas del bosque!
Totalmente…
eh…
recolectadas”, tartamudea él.
Papá intenta poner orden, pero termina riendo cuando Borin casi prende fuego a una cesta intentando encender la hoguera “a lo Garen” (con resultados mucho menos controlados).
Yo observo todo desde una manta, mi fuerza regresando poco a poco, y me río con ganas.
Es caótico, es ruidoso, es perfecto.
Y cuanto extrañaba esto.
Finalmente, todo está listo.
Una gran manta extendida con una variedad increíble de comida (gracias, mamá), la fogata crepitando alegremente, y los cinco guardianes sentados a mi alrededor, sonriendo.
Es hora de los regalos.
“Bueno, campeón”, empieza papá, rascándose la nuca con aire avergonzado.
“No soy muy bueno con estas cosas, pero…
te hice esto”.
Me entrega un pequeño escudo de madera, sorprendentemente bien tallado, con un simple símbolo de sol grabado en el centro.
“Para que siempre te protejas.
Aunque una vez intenté hacerle una cuna a tu madre y…
bueno, digamos que terminó pareciendo más una trampa para osos.” Mamá ríe suavemente.
“Es perfecto, Garen.” Mamá me da un pequeño colgante de piedra lunar pulida, que emite una suave y cálida luz al tacto.
“Para que la Luz siempre te acompañe, mi pequeño.
Y para que te ayude a dormir bien, que últimamente has tenido sueños…
agitados.” Me mira con ojos que saben más de lo que dicen.
Borin se adelanta con un rugido.
“¡Mi turno!
¡Para el futuro guerrero!”.
Me entrega…
¿un hacha?
Es una versión en miniatura, de madera roma, pero sigue siendo ridículamente grande para mí.
“¡Para que practiques!
¡Recuerdo cuando Garen intentó usar un hacha por primera vez, casi se corta un pie!
¡Jajaja!” Papá murmura algo sobre bárbaros sin delicadeza.
Lyra me ofrece una pequeña flauta de madera tallada.
“Para que aprendas a escuchar el viento y la música de la naturaleza, pequeño Lexo.
El sonido puede ser un arma, un escudo o un consuelo.
Una vez, Kael usó una flauta para hipnotizar a un basilisco…” “¡Funcionó!”, protesta Kael.
“¡Hasta que Borin lo despertó con sus ronquidos!” Finalmente, Kael se acerca con su sonrisa pícara.
Me da una pequeña caja de madera con intrincados mecanismos.
“Un pequeño rompecabezas.
Para mantener esos dedos ágiles y esa mente aguda.
Nunca sabes cuándo necesitarás abrir una cerradura…
digo, resolver un problema difícil.
Como aquella vez que tuvimos que descifrar el calendario élfico para escapar del Templo del Eco…” Escucho sus historias, sus bromas, sus recuerdos.
Sostengo mis regalos: un escudo para proteger, una luz para guiar, un “arma” para practicar, una flauta para escuchar, un puzzle para pensar.
Son más que objetos; son símbolos de lo que ellos representan, de lo que quieren enseñarme.
Me siento increíblemente querido.
Comemos, reímos, cantamos (la versión de Borin de una canción de cuna hace que los pájaros se callen y un ciervo cercano salga corriendo despavorido).
Es un cumpleaños único, extraño, maravilloso.
Mi primer año en este mundo, marcado por el peligro y el milagro, culmina en este círculo de amor y protección bajo los árboles.
Más tarde esa noche, cuando todos duermen en sus carpas (o roncan, en el caso de Borin) y la fogata se ha reducido a brasas, me mantengo apoyado contra el costado cálido de papá.
Me siento mucho mejor, casi recuperado.
Cierro los ojos y, por curiosidad, llamo a mi vieja amiga, la pantalla azul.
Quiero ver dónde estoy parado después de todo el drama ocurrido.
———————– [Lexo] Nivel: 0,999… Edad: 1 año HP: 25/25 (¡Completo!) MP: 35/35 (¡Completo!) FUE: 4 (+1) VIT: 4 INT: ??
(Comprensión Lingüística Avanzada, Razonamiento Lógico Básico) SAB: ??
(Observación Ambiental Superior, Análisis Social Intermedio) DES: 4 MAG: 4 (+1) Núcleo: 99.99% Formado (Latencia Crítica) Habilidades: [Aprendizaje Rápido (Pasivo) Nv.1], [Chronos – Manejo del Tiempo (Activo/Pasivo) Nv.
Máximo] Afinidades Elementales Detectadas: Aire (Medio), Luz (Medio), Tierra (Medio), Fuego (Medio) Estado: Mente Consciente, Recuperado, Entrenamiento Supervisado Inminente.
———————– Mis ojos (internos) se abren de golpe.
¡HP y MP recuperados y aumentados!
¡FUERZA y MAGIA han subido otro punto!
Mis habilidades de INTELIGENCIA y SABIDURIA reflejan mi rápido progreso.
¡Y las afinidades!
Aire es ahora “Medio”, Luz también “Medio”, ¡y han aparecido Tierra y Fuego como “Medio”!
El asalto cuadra-elemental dejó su marca.
La habilidad [Chronos] está ahí, un recordatorio escalofriante de mi poder oculto.
Pero lo que me deja sin aliento es el núcleo.
99.99% Formado (Latencia Crítica).
No 100%.
Solo…
casi.
Ese último 0.01%.
¿Qué significa “Latencia Crítica”?
¿Es un pequeño paso final?
¿O un abismo que requiere algo completamente diferente para ser cruzado?
La voz de Eos resuena débilmente en mi memoria: “Has despertado algo…
profundo.” ¿Tendrá que ver con esto?
¿Qué se necesita para alcanzar la verdadera finalización?
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