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El Legado - Capítulo 25

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25: Capítulo 25 25: Capítulo 25 ”Ok.

Lexo, ha llegado tu momento de brillar” digo al aire con determinación, mientras hago crujir mis pequeños dedos para destensarlos.

Es hora de hacer uso de mi poder OP de protagonista, la pausa de tiempo.

Respiro algunas veces, inhalando y exhalando asincrónicamente, luego libero mi mente de cualquier pensamiento inútil.

Que todo el entrenamiento que he recibido sirva para algo.

Mi amiga fue llevada por esa gran ave y yo voy a rescatarla.

”¡Activa pausa de tiempo baby!” exclamo, a la vez que un cartel translucido de color familiar inicia el comando solicitado.

Un Clic se siente en mi mente y de un segundo a otro soy rodeado por un aura expansiva, la cual vuelve gris azulado todo en su interior, menos a mí.

– PAUSA DE TIEMPO ACTIVADA – El grito de Lila se congela en el aire.

El Pájaro Sombra queda suspendido a medio ascenso, con sus enormes alas inmóviles y las garras aferrando cruelmente la pequeña figura de mi amiga.

El viento deja de silbar, el sol deja de moverse en el cielo.

El mundo es una fotografía instantánea, y yo soy el único elemento en movimiento.

El coste de 1 MP por segundo empieza a drenar mi considerable reserva, pero ahora mismo, eso no importa.

Calma.

Respira.

Observa.

Las lecciones de Lyra, la estoicidad de papá.

El pánico no ayuda.

Miro alrededor frenéticamente.

Necesito algo…

¡Ahí!

Una roca cerca del borde del acantilado.

No es muy grande, pero tiene una forma puntiaguda y es relativamente plana, como una punta de lanza improvisada.

Perfecta.

Corro hacia la roca.

Cierro los ojos por un instante, recordando las conversaciones con mamá sobre la naturaleza del maná.

Ella me explicó que nuestra familia, por su lado, tiene una predisposición genética a grandes reservas de MP, una necesidad para los linajes de sanadores de Luz pura, ya que curar consume enormes cantidades de energía.

Mi caso, tener curación y afinidades ofensivas, es una rareza; la Luz generalmente se manifiesta como poder defensivo o de apoyo.

El maná, me recuerdo, es la energía del mundo.

Fluye por todas partes, pero nosotros la canalizamos a través del núcleo, ese órgano especial junto al esternón que actúa como batería y filtro.

Podemos rellenar el núcleo absorbiendo energía del ambiente (meditando, durmiendo) o convirtiendo nuestra propia energía vital (comida, descanso).

Cuanto más refinado el núcleo, más energía puede almacenar y más eficientemente puede usarla.

Luego, la energía viaja por canales invisibles, como nervios de poder, que se fortalecen con el uso.

Mi núcleo Primordial y mi reserva de 150 MP son una anomalía genética y del Despertar.

Usar viento para mover una hoja apenas consume 1 o 2 MP.

Una flecha de hielo o vapor como las de Lyra costaría quizás 3-5 MP.

Curar un corte pequeño, 5-10 MP.

Pero [Pausa de Tiempo]…

1 MP por segundo.

Es un coste brutal, pero manejable para mí, al menos por un corto periodo.

Suerte y genética, supongo.

Dejo esos pensamientos.

El tiempo (detenido) apremia.

Agarro la roca puntiaguda.

Es pesada para mis manos de cinco años, pero la adrenalina y la concentración me dan fuerza.

Extiendo mis manos, canalizando maná hacia ellas, no para un hechizo, sino para reforzar mi agarre y mi fuerza física, una aplicación básica que aprendí imitando a papá y Borin.

Miro al Pájaro Sombra congelado en el aire, calculando la distancia, la trayectoria.

Recuerdo a Kael enseñándome a lanzar piedras a latas, la importancia del giro de muñeca, del seguimiento del brazo.

Me concentro en mi afinidad con el Aire, no para crear un hechizo, sino para sentir las corrientes (inmóviles ahora, pero las imagino), para guiar mi lanzamiento.

Respiro hondo.

Giro sobre mí mismo, usando todo mi cuerpo, y lanzo la roca con toda la fuerza que puedo reunir, imbuyéndola con un pulso de energía cinética justo al soltarla.

La piedra vuela, un proyectil silencioso en el mundo detenido, directo hacia la cabeza del ave monstruosa.

¡CRACK!

(Silencioso) El impacto es brutal.

La roca golpea al ave justo detrás de su ojo rojo brillante.

Aunque está congelado, puedo ver la fuerza del impacto reverberar en su forma inmóvil.

No espero a ver más.

Corro bajo la trayectoria del pájaro, posicionándome justo donde calculo que caerá Lila.

Miro hacia arriba, concentrándome.

– PAUSA DE TIEMPO DESACTIVADA – El mundo vuelve a la vida con un estallido de sonido seco, en un leve tic tac mecánico aunándose nuevamente a las demás dimensiones físicas.

Acto seguido, el espacio grisáceo retoma en su color natural, el viento ruge, el Pájaro Sombra chilla con un graznido aterrado, de dolor y confusión, por lo que su agarre cede instintivamente debido al fuerte traumatismo en la cabeza.

¡Lila cae!

“¡Viento!”, digo con confianza (debo trabajar en el nombre de mis poderes, eso fue patético), canalizando mi maná.

Una corriente de aire ascendente surge bajo Lila, no lo suficientemente fuerte como para detenerla bruscamente, pero sí para frenar su caída, convirtiéndola en un descenso suave.

Extiendo mis brazos en su posición, preparándome para el impacto.

Aterriza en mis brazos con un “¡ay!”.

Es más pesada de lo que parece (al menos en razón a mi propio cuerpo), y casi nos caemos los dos, pero logro mantener el equilibrio.

Está temblando, con los ojos muy abiertos por el terror, pero ilesa.

Me mira, luego a mis brazos que la rodean.

Sus mejillas se tiñen de un rojo intenso de manera nerviosa.

Luego de mirar donde estábamos, revuelve sus dudas y salta al suelo, alisándose el vestido con manos algo nerviosa.

“¡Lexo!”, grita, entre asustada y enfadada.

“¿¡Qué pasó!?

¡Yo volando!”.

Mira al Pájaro Sombra, que ahora se aleja graznando erráticamente, claramente desorientado por el golpe.

“Te caíste, el pájaro te agarró, lo asusté y se fue”, resumo rápidamente, omitiendo convenientemente la parte de la magia temporal y el lanzamiento de rocas con precisión sobrehumana.

“Estás bien, eso es lo importante.” Ella sigue temblando, pero asiente.

Entonces, mira hacia donde vino el pájaro, en una cornisa rocosa casi al borde del acantilado, parcialmente oculta por unos arbustos.

“¿Qué…

qué es eso?”, pregunta, señalando algo que brilla muy tenuemente.

Asintiendo entre nosotros, decidimos acercamos juntos y con cautela.

A simple vista, parece ser un nido enorme, hecho de ramas, huesos y…

¿metal brillante?

Y dentro, descansando sobre un lecho de plumas oscuras, hay tres huevos lisos y absurdamente pesados, del tamaño de melones pequeños, hechos de oro puro.

Y junto a ellos, un cuarto huevo, ligeramente más grande, que parece tallado en un diamante que refracta, como un prisma, la luz en todos los colores del arcoíris.

¡El tesoro de la anciana!

¡Huevos de Oro y un Huevo de Diamante arcoíris!

La emoción del descubrimiento nos hace olvidar el peligro por un momento.

¿Cómo nos llevamos esto?

Son pesados y tampoco me queda suficiente MP para aligerarlos aprovechando la resistencia del aire (¿quizás ese sea un pre concepto para iniciarme en la magia de gravedad?

Interesante, lo investigaré luego).

Nuestro regreso es mucho más lento.

No pudimos cargar los huevos, así que decidimos volver a por ellos luego, con más ayuda.

Pero el sol ya se había puesto, dando paso a las estrellas que nos acompañaban al volver.

Cuando finalmente salimos del bosque cerca del pueblo, nos encontramos con un mar de antorchas y caras preocupadas.

¡Todo el pueblo está buscándonos!

El alcalde (preocupadísimo por su hija), papá (con una expresión que mezcla alivio y furia contenida), mamá (pálida, pero con ojos que prometen una larga charla), Borin, Lyra, Kael…

en fin, todos mis seres queridos.

“¡Lila!” “¡Lexo!” Nos vemos envueltos en abrazos cariñosos y una avalancha de preguntas y regaños.

Explicamos la parte del pájaro (omitiendo la magia, claro) y cómo encontramos el nido (sin mencionar los huevos preciosos por ahora).

La historia es lo suficientemente aterradora como para que las quejas se mezclen con alivio.

Pero la escapada y la preocupación causada no quedan sin consecuencias.

Papá me mira con sus ojos de Capitán severo.

“Lexo.

Entiendo la aventura.

Pero te escapaste.

Pusiste a Lila en peligro.

Preocupaste a todo el pueblo.

Eso, hijo mío, tiene consecuencias.” Dicho lo anterior, emitió su edicto paternal: estoy castigado.

Una semana entera sin salir de la propiedad, en un radio máximo del patio de casa, sin visitas a Lila (aunque ella también está castigada, así que es mutuo), y con tareas extra ayudando a mamá y a Borin (lo que probablemente signifique mover rocas o limpiar establos).

Suspiro.

Valió la pena por salvar a mi amiga y encontrar lo que buscaba, que volvimos en una pieza.

Y sé dónde está el tesoro…

Volveré por ti, solo espérame, ¡oh diosa mágica de la fortuna!

Pienso, mientras hago una pose de pirata en altamar antes de llegar a tierra y con lágrimas en mis ojos por el castigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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