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El Legado - Capítulo 26

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26: Capítulo 26 26: Capítulo 26 Decir que el castigo es aburrido, sería quedarme corto.

Me siento como un oso hambriento dentro una madriguera en primavera, mientras las abejas festejando me miran desde su panal desbordante de miel al cual no puedo llegar.

Así de triste es mi vida.

¡Oh diosa mágica de la fortuna!

Me habéis abandonado.

Dejando de lado mi perfecta sincronía teatral y volviendo a lo importante.

Podría decir que pasé una semana entera confinado al patio y la casa.

La cual consistió en ayudar a mamá en la clínica como siempre, pero las “tareas extra” con Borin implicaron principalmente mover cosas pesadas (él las mueve, yo “superviso”) y escuchar sus historias de peleas en tabernas, su amor imposible por la hija del panadero, la cual le rehúye apenas lo ve.

En cambio, con la belleza de Lyra, todo fluía de otra manera.

Con su habitual temple místico, me hacía practicar la observación de los pájaros que visitaban el jardín, y Kael, bueno me enseñó juegos de acertijos usando piedras de diferentes tamaños y a memorizar, por alguna razón desconocida, una lista de contraseñas.

Pero, aunque sigo aprendiendo mucho de todos ellos, mi mente vuelve una y otra vez al acantilado, a ese tesoro escondido en aquel lugar remoto.

La advertencia de la anciana -“pronto”- y la imagen de esos huevos de oro y el de diamante multicolor, los cuales me impedían concentrarme por completo.

Y sin darme cuenta, esos 7 días de confinamiento monástico, terminaron.

Una semana después, mientras “ayudaba” a papá a apilar leña cerca del puesto de guardia (él apila, yo le paso las ramitas más pequeñas), observé una figura familiar acercándose, al más estilo lejano oeste, desde la polvorienta lejanía hacia nuestra humilde morada.

Es Pietro, con sus anteojos resbalando por la nariz y un libro casi, o tal vez tan grande como él, bajo su escuálido brazo.

“Capitán Garen” haciendo una leve reverencia.

”Lexo”, saludándome con su habitual tono pausado y formal, a la vez que ajustaba sus gafas con el dedo índice derecho.

Por lo visto, parece que su visita a la abuela se ha prolongado.

“Pietro”, responde papá con una sonrisa.

“¿Otro libro de leyes?” “Historia natural, esta vez, Capitán.

Específicamente, avifauna regional y sus hábitos de anidación anómalos”, responde Pietro, y me lanza una mirada significativa.

Entiendo la indirecta.

Papá, ajeno a nuestro secreto, nos deja charlar mientras él termina con la leña.

“Pietro”, empiezo en voz baja.

“¿Averiguaste…

algo?” Él asiente, abriendo la pesada enciclopedia en una página con un dibujo detallado de aquel monstruo que quiso llevarse a Lila hace unos días.

“El Corvus Nocturnus Giganteus, o Pájaro Sombra.

Tal como sospechaba, no construyen nidos elaborados.

Son depredadores aéreos que suelen ocupar temporalmente lugares altos y apartados para acechar.

La morada avícola que encontraron…” acomodando nuevamente sus lentes ”pertenecía a otra criatura” luego sacando una nota escrita a mano de su chaqueta, continua ”Ese Pájaro Sombra era un intruso, el cual probablemente ahuyentó o devoró a los dueños originales y usó el lugar como base.” Señalando con un dibujo las mayores zonas de avistamiento, que no correspondían a donde fuimos interceptados por el ave.

Luego, señalando una imagen más detallada de su anatomía y con el ceño fruncido.

“Lo que me sorprende es que pudieras ahuyentarlo.

Estas bestias son clasificadas como mínimo Rango B-.” Explica pacientemente, como si estuviera dando una clase: “El sistema de rangos para monstruos es similar al de los aventureros (F a SS Legendario), pero la escala es diferente.

Un monstruo de Rango C, por ejemplo, suele requerir un grupo de aventureros de Rango C bien coordinados, o idealmente un aventurero de Rango B, para ser abatido con seguridad.

Un B- como ese Pájaro Sombra…

es un peligro mortal incluso para aventureros de Rango C experimentados.

Que sobrevivieras y lo ahuyentaras…” Me mira con una curiosidad científica que me incomoda un poco.

“…es estadísticamente improbable.” “Tuve suerte”, murmuré nervioso, desviando la mirada.

No puedo decirle la verdad.

Pietro por supuesto no insiste, pero sé que su mente analítica está trabajando.

Se ajusta las gafas de nuevo.

“En cuanto a los huevos…

Oro macizo es extremadamente raro en la naturaleza, quizás algún tipo de draco o grifo menor, pero el de diamante multicolor…

no encuentro referencias claras.

Podría ser único.

O legendario.” Hablamos un rato más.

Pietro, a pesar de su aire de sabelotodo, tiene un fondo noble.

Se indigna ante la idea de que el Pájaro Sombra robara el nido.

“La justicia natural fue perturbada”, declara con seriedad.

Si no tuviera esa mente brillante para los libros, probablemente sería un paladín o un juez muy severo.

Su ropa, como siempre, parece sacada de un baúl antiguo: chaleco marrón, camisa de cuello alto, pantalones de paño.

Es ambidiestro, gesticulando con ambas manos mientras habla lenta y calmadamente, eligiendo cada palabra con cuidado.

“Mi familia tiene una biblioteca bastante extensa en casa”, dice de repente.

“Aquí en el pueblo solo tengo acceso limitado.

Si quieres, podrías venir un día.

Podríamos investigar más a fondo.” “¿Tu casa?”, pregunto, sorprendido.

Sé que su familia es de la ciudad y adinerada, pero no sabía que tuvieran una casa aquí también, aunque sea de visita.

“Sí, una pequeña villa cerca del río”, dice encogiéndose de hombros.

“Mis padres la usan raramente.

Pero la biblioteca está bien surtida, al menos en biología.” La mención de su familia me recuerda algo.

“Pietro”, digo vacilante.

“Tú…

tu familia no tiene magia, ¿verdad?” Él suspira, una expresión inusual en su rostro normalmente estoico.

“No.

Ni una chispa en generaciones.

Somos…

eruditos, mercaderes, diplomáticos.

Pero no magos.” con una nota leve de resignación en su voz.

En ese momento, una idea loca cruza por mi mente de reencarnado, nacida de mi propio Despertar anómalo y del encuentro con Eos, que empieza súbitamente a formarse.

Mamá dijo que mi caso era raro, pero…

¿y si el potencial está dormido en más gente de lo que se cree?

¿Y si solo necesita…

un empujón?

“Pietro”, digo impulsivamente.

“¿Confías en mí?” Él parpadea, sorprendido.

“¿Confiar en ti?

Supongo que sí, Lexo.

Aunque tenemos el mismo rango etario, eres el único, incluyendo adultos, que puede comprender en totalidad la complejidad de mi lenguaje, además salvaste a tu amiga de un depredador de Rango B-.

A pesar de las improbabilidades, pareces…

competente.” Sonrío.

“Tengo una idea.

Algo que aprendí…

bueno, algo que sentí.

Quizás pueda ayudarte.

A…

despertar algo.” Los ojos de Pietro se agrandan detrás de sus gafas.

“¿Despertar?

¿Magia?

Pero mi linaje…” “Olvida el linaje.

Solo…

lo intentemos.

Como un experimento”, propongo.

Él duda, mordiéndose el labio.

La lógica le dice que es imposible, pero la chispa de esperanza, la posibilidad de desafiar su destino familiar, es demasiado tentadora.

“De acuerdo, Lexo.

Como un experimento.” Nos apartamos un poco más, buscando la sombra de un viejo roble.

“Siéntate.

Cierra los ojos.

Intenta sentir…

si hay algo dentro de ti.

Como…

motas de polvo cálido flotando”, le instruyo, recordando mi propia experiencia pre-Despertar.

Pietro obedece, su rostro serio y concentrado.

Pasan unos segundos.

“No…

no siento nada, Lexo.

Solo mi almuerzo.” “Está bien”, digo.

“Ahora quédate quieto.” Le digo con calma, luego me pongo detrás de él y coloco mis manos en su espalda, justo sobre donde debería estar su núcleo (si lo tuviera).

Cierro los ojos y me concentro en mi propio esternón rebosante de MP.

Recuerdo la sensación de la energía de mamá, la energía de Eos.

No quiero abrumarlo, solo…

agitar las aguas.

Por lo que libero un flujo muy fino y controlado de maná puro, sin elemento, dirigiéndolo hacia él, imaginando que busca esas motas dormidas, dándoles un pequeño toque, una vibración.

Siento un ligero tirón en mi maná, casi insignificante.

Pietro se estremece bajo mis manos.

“¡Oye!

¿Qué…?”, empieza a decir, luego se calla.

“¿Qué es eso?

Siento…

calor.

Como…

como un hormigueo.” Mantengo el flujo por unos segundos más, luego corto la conexión.

Retiro mis manos.

“¿Y ahora?

¿Qué sientes?”, pregunto, conteniendo la respiración.

Pietro abre los ojos, su expresión es de puro asombro.

Se toca el pecho.

“El hormigueo se fue…

pero el calor sigue ahí.

Débil, pero…

está ahí.

Dentro.” Me mira, sus ojos brillantes de una emoción que no es solo curiosidad.

“Lexo…

¿qué hiciste?” “Solo…

un empujón”, digo con una sonrisa.

“Quizás tengas que practicar sentirlo.

Como meditar.” Él asiente lentamente, procesando.

“Increíble…”.

Luego sacude la cabeza, volviendo a la realidad.

“Gracias, Lexo.

De verdad.

Investigaré lo de los huevos con más ahínco.

Pero tienes razón, son demasiado conspicuos.

Deberías esconderlos bien.

Enterrarlos, quizás, cerca de donde los encontraste, pero fuera del nido.

Marca el lugar.” Le prometo hacerlo, imitando con mis manos un gesto solemne de quitarme el sombrero.

A lo cual Pietro, algo desconcertado por mi calidad actoral, se despide, todavía tocándose el pecho con aire pensativo y dirigiéndose hacia la villa de su familia junto al río.

Yo por mi parte, reviso donde los había dejado.

Fue un arduo trabajo traerlos de a uno, evitar los adultos y volver, todo sin que sospecharan nada.

Pero valió la pena, ¡mis preciosos!

(Punto de vista de Pietro) Calor.

Siento un calor residual y extraño que parece emanar desde el centro de mi sistema respiratorio.

Es ilógico.

Es improbable.

Mi familia no tiene magia.

Yo no tengo magia.

Soy Pietro, el cerebro, el futuro erudito, el que compensa la falta de poder arcano con conocimiento enciclopédico.

Y sin embargo…

siento algo.

Lexo.

Ese niño es un enigma envuelto en un misterio.

Todos en el pueblo saben que es especial.

El hijo del héroe Garen y la Gran Maga Elara.

Hubo susurros sobre su Despertar hace años, un incidente en el bosque que nadie comenta abiertamente pero que dejó a los Cuatro Grandes (¡leyendas vivas!) permanentemente anclados a este pequeño pueblo como sus guardianes personales.

Vi la mirada en los ojos de mi abuela cuando hablaba de Lady Elara, una mezcla de reverencia y temor.

Lexo no es solo “especial”.

Si yo soy considerado un prodigio por mi capacidad de lectura y retención, él está en una categoría completamente diferente.

¿Un genio?

Sí, quizás esa palabra se acerque.

Y ahora, este calor.

Esta sensación de…

potencial.

¿Realmente pudo Lexo, con un simple toque, despertar algo que generaciones de mi sangre no poseían?

La idea es fascinante y aterradora.

¿Qué clase de poder maneja ese niño bajo esa apariencia inocente?

Me siento extrañamente privilegiado, como si fuera depositario de un secreto monumental.

Y le debo una.

Investigar esos huevos ya no es solo curiosidad académica; es una deuda de gratitud.

Oro, diamante multicolor…

algo me dice que la anciana vidente no exageraba al llamarlo “tesoro”.

Estoy casi llegando a la villa cuando una sensación de frío, anómala en esta estación del año, me recorre la espalda, ajena al calor interno que aún siento.

Me detengo con precaución.

Hay alguien más aquí.

No lo oí acercarse.

Una sombra se desprende de las tinieblas más profundas bajo un viejo sauce llorón junto al camino.

Es una figura encapuchada, imposible distinguir sus rasgos, solo oscuridad bajo el borde de la tela negra en su cabeza.

“Pietro, tercera generación actual de la Casa Varrone”, la voz es un susurro neutro, sin género ni edad, que parece venir de todas partes y de ninguna a la vez.

Conoce mi nombre, mi familia, mi posición en el árbol genealógico.

Quedo paralizado del terror, mi mente analítica luchando contra un miedo primordial.

“Los huevos que tu amigo encontró”, continúa la sombra.

“No son un simple tesoro.

Son artefactos de poder antiguo.

Legendarios.

Su presencia aquí perturba el equilibrio.” Mi corazón late con fuerza.

¿Cómo sabe de los huevos?

¿Estaba observando?

“Deben ser devueltos”, exige la voz sin inflexión.

“Devueltos al bosque, a la tierra.

Ocultos de nuevo bajo la mirada de la naturaleza.” La figura da un paso casi imperceptible hacia mí.

“Haz que tu amigo los devuelva.

Antes de que termine la noche.

Si no lo hacen…

algo malo sucederá.

La luna en el horizonte traerá consecuencias.” Sin esperar respuesta, la figura retrocede, fundiéndose de nuevo con la oscuridad bajo el sauce, desapareciendo tan rápido como apareció.

Me quedo solo en el camino, el calor en mi pecho ahora mezclado con un frío glacial de miedo y urgencia.

¿Devolver los huevos?

¿Esta noche?

¿Qué consecuencias dice?

Tengo que encontrar a Lexo.

¡Ahora!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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