El Legado - Capítulo 30
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30: Capítulo 30 30: Capítulo 30 (Punto de vista de Lyra) El aire del bosque profundo era diferente al de los alrededores de Villa Serena.
Más denso, más antiguo.
Kael se movía delante de mí, como una sombra entre las sombras, sus pasos tan silenciosos que ni yo, aun con mi oído élfico, podía detectarlos si no me concentraba.
Por lo que le seguía su rastro, con mis propios sentidos alerta hacia la retaguardia, filtrando los sonidos del bosque, los olores, los mínimos cambios en el flujo del viento.
Buscábamos a los Hijos del Crepúsculo.
Ya habían pasado varios días desde que dejamos a Garen y Borin.
Seguimos las pocas pistas que la bestia de seis brazos nos había dado, complementadas con algunas antiguas leyendas élficas que conocía sobre tribus errantes que adoraban la oscuridad.
Aún así todo esto era como buscar una aguja en un pajar infinito.
“Aquí”, susurró Kael finalmente, deteniéndose en el borde de un claro desolado.
El olor a ceniza fría era penetrante.
Lo que una vez debió ser un campamento seminómada, ahora era solo tierra quemada y los restos carbonizados de unas pocas estructuras rudimentarias.
Tiendas de pieles, quizás, o refugios de ramas.
Todo reducido a escombros negros.
No había cuerpos, ni señales de lucha evidentes más allá de la destrucción por fuego.
Parecía…
demasiado limpio.
“Masacrados”, murmuré, sintiendo una punzada de frío a pesar del aire inmóvil.
“O se fueron y quemaron todo tras de sí.” Kael negó con la cabeza, sus ojos recorriendo la escena con una intensidad que conocía bien.
Era su modo de “ver” más allá de lo visible.
Se agachó, tocando la ceniza, examinando un poste carbonizado.
“No.
Esto es…
escenografía.” Lo miré, arqueando una ceja.
“El fuego fue intenso, sí, pero controlado”, explicó en voz baja.
“Concentrado en las estructuras, casi sin extenderse al bosque circundante.
Y mira las huellas…” Señaló unas marcas apenas visibles cerca del borde del claro.
“Son recientes, posteriores al incendio.
Y todas se dirigen en una sola dirección, hacia el río.” Fuimos hacia el río, un afluente lento y fangoso que serpenteaba por el bosque.
No había señales de botes, ni un embarcadero improvisado.
Solo la orilla embarrada y el agua oscura.
“Se desvanecieron”, dije.
Kael sonrió, esa sonrisa que significaba que había encontrado el hilo del truco.
“O eso quieren que pensemos.” Se arrodilló junto a la orilla, sus dedos rozando el agua turbia.
“¿Notas algo, Lyra?” Me concentré, extendiendo mi propia sensibilidad elemental hacia el agua.
Sentí la corriente lenta, el lodo del fondo, la vida acuática menor…
y algo más.
Algo frío, metálico, antinatural, enterrado bajo el lodo no muy lejos de la orilla.
Era grande, cilíndrico…
y hueco.
“Hay algo ahí abajo”, confirmé.
“Metal.
Con forma de tubo.
Grande.” Kael asintió.
“Una entrada oculta.
Oculta no solo a la vista, sino también a la magia de detección simple gracias al agua y al metal.” Sacó su propio Cristal de Llamado, más pequeño y discreto que el de Garen.
Lo activó, enviando una serie de pulsos de luz codificados, apenas visibles incluso para mi vista élfica.
Era nuestro informe para el Capitán: encontramos el campamento, es falso, hay una estructura metálica sumergida en el río, posible entrada.
La respuesta de Garen llegó unos minutos después, una secuencia diferente de pulsos: Esperen.
Voy con Borin.
Llegaremos lo antes posible.
Suspiré.
No me gustaba esperar.
Menos en este lugar que me daba escalofríos.
Por lo que nos retiramos de manera provisoria a la cobertura natural que bosque nos brindaba, ocultándonos entre los árboles más grandes, y montamos una guardia silenciosa.
La noche cayó como las estrellas, la arboleda y el río silencioso querían.
No hubo ni un susurro fuera de lugar, ni el canto de un grillo nocturno.
Era un silencio pesado, expectante.
La tensión era una cuerda tensa entre mi compañero y yo.
Algo no encajaba.
Esta tribu, su tecnología oculta…
eran más de lo que esperábamos.
(Punto de vista de Lexo) Borin salió corriendo, como deudor al que lo busca un prestamista, después de recibir un pulso de luz desde su cristal.
Algo urgente, obviamente.
Mamá todavía estaba en el mercado haciendo sus compras semanales.
Por lo que, ¡Era la oportunidad perfecta!
Time for Lexo’s practice, baby.
“¡Pietro!”, lo llamé emocionado, en mi típica pose actoral tan innecesaria para estas situaciones.
“¡Ahora!
¡Vamos al bosque a hacer esas pruebas!” Señalando con mi índice hacía el lugar que me refería ”Lo mismo que hacemos todas las tardes, Pietro.
Intentar conquistar el mundo.” Pietro asintió, guardando su libreta, e ignorando la mitad de las cosas que decía, talvez algo habituado a mi desbordante carisma.
“Procedamos con cautela, Lexo.
Pero sí, tu análisis es correcto, la adquisición de datos es prioritaria.
Aunque hubiera preferido la aprobación de tu madre.” Suspirando ”Espero no nos metamos en problemas”.
Mientras nos dirigíamos al sendero del bosque (manteniéndonos cerca del pueblo, como prometimos implícitamente), no pude evitar preguntar.
“Amigo, ¿qué es ese olor ‘xoxo’ del que habla Lila?
¿Tú lo hueles?
No puedo entender a que se refiere cuando lo dice…” Él se detuvo un instante, pensativo, y eligiendo las palabras con cuidado, prosiguió: “Ahora que lo mencionas…
sí percibo un aroma muy sutil a tu alrededor desde…
bueno, desde el ‘empujón’.
Es dulce, casi como miel o néctar, pero con un matiz…
eléctrico, ¿quizás?
No es desagradable.
De hecho, es extrañamente…
atrayente.” Fiel a su estilo, teorizó, ajustándose las gafas para enfatizar su punto.
“Podría ser una fuga de maná residual, una consecuencia de tu núcleo primordial o del uso de Chronos.
O quizás una manifestación pasiva de tu afinidad con la Luz.
Fascinante.
Deberíamos añadirlo a las observaciones.” Una fuga de maná que huele dulce y atrae…
genial, otra cosa rara sobre mí.
Soy un perfume andante.
Llegamos a un pequeño claro no muy lejos del pueblo, cerca de un arroyo.
Era perfecto.
Y convenientemente, estaba habitado por nuestros sujetos de prueba: unas criaturas gelatinosas y transparentes del tamaño de un puño, con un solo ojo grande y burbujeante en el centro.
Las cuales fotaban perezosamente cerca del agua.
“¡Mira, slimes!”, dije, sacando mi espada de madera, mientras hacía gestos con la lengua afuera.
“Técnicamente”, me corrigió Pietro, ya con su libreta en la mano, “son Stillicidium Acquae, o Gotas de Agua Vivientes.
Criaturas elementales menores de agua, Rango F.
Baja inteligencia, ataque principal es un chorro de agua a presión.
Deberían ser sujetos ideales para probar la interacción de Chronos con múltiples oponentes de baja amenaza.” Asentí.
“Plan: activo Chronos, intento atacarlos con la espada.
Tú observas y tomas notas.
Hago mis genialidades y volvemos a casa.
¡Entendido señoría!” “Afirmativo.
Procede, Lexo.” – PAUSA DE TIEMPO ACTIVADA – El mundo se congeló como una radiografía inerte.
Las Gotas de Agua dejaron de ondular, sus ojos burbujeantes fijos.
Corrí hacia ellas.
Primero intenté el truco de la llama celeste en la espada, pero al golpear la primera Gota, la llama chisporroteó y se apagó con un siseo, apenas dejando una marca humeante en la superficie gelatinosa.
Resistencia al fuego, lógico.
Recordé las flechas de Lyra.
¡Agua fría!
Concentré maná en la hoja de madera, visualizando el frío, la quietud del hielo.
La madera no se cubrió de escarcha, pero sentí un frío intenso emanar de ella.
Golpeé otra Gota.
Esta vez, el impacto fue diferente.
La superficie gelatinosa se endureció instantáneamente donde golpeé, resquebrajándose como cristal fino.
¡Funcionó!
Con la espada “helada”, me moví rápidamente entre las Gotas congeladas, golpeándolas una tras otra en sus ojos burbujeantes, su punto débil según el bestiario que había ojeado con Pietro.
Eran lentas y predecibles incluso en tiempo normal; en tiempo detenido, eran blancos fáciles.
Desactivé la pausa justo cuando golpeaba a la última.
– PAUSA DE TIEMPO DESACTIVADA – Las Gotas de Agua Vivientes (slimes sigue sonando mejor) se hicieron añicos simultáneamente, disolviéndose en charcos de agua limpia que rápidamente fueron absorbidos por la tierra.
“¡Bien!”, exclamé, sintiendo la fatiga post-Chronos empezarme a pesar en los brazos.
“Observaciones:”, empezó Pietro inmediatamente como un edil romano.
“Duración de la pausa: 18 segundos.
Coste: 18 MP.
Confirmada resistencia al fuego de los Stillicidium.
Confirmada vulnerabilidad al frío extremo.
Tu control sobre la imbuición elemental de frío en un objeto es rudimentario pero efectivo.
La fatiga parece proporcional a la duración, como esperábamos.” Anotó todo rápidamente.
“Buen trabajo táctico al identificar y explotar la debilidad elemental, Lexo.” Sonreí, orgulloso.
Mi ventana de stats parpadeó brevemente, noté que mi afinidad con el Agua (probablemente por usar el frío) había subido a “Vestigial” y mi habilidad con la espada de madera había progresado ligeramente.
¡Respiro progreso!
Estaba a punto de sugerir otra prueba cuando sentí un toque ligero en mi hombro.
Me giré de golpe, activando instintivamente Chronos de nuevo, pero fui yo quien me congelé.
La figura que estaba a mi lado, sonriendo amablemente, era la última persona que esperaba ver aquí.
Alto, con su impecable uniforme militar y esa mirada penetrante que parecía ver a través de todo.
Mi querido tío Valerius.
“Maravillosos los ojos que te ven, sobrino”, dijo, su voz tranquila, pero con un matiz de acero.
“Qué bueno verte practicando.
Pero ya es hora de irnos.
Tu madre debe estar muy preocupada esperándote en casa.
No la haremos esperar más, ¿verdad?” Mi mente daba vueltas, junto a un dolor punzante a la altura de la nuca.
No había desactivado la pausa, pero el mundo a mi alrededor se movía con normalidad: el arroyo fluía, las hojas se mecían, Pietro parecía haberse tragado su libreta e intentaba una improvisada reverencia…
¿Cómo…?
¿Cómo pudo tocarme?
¿Cómo pudo moverse y hablar tan normalmente?
¿Cómo pudo mi tío Valerius…
romper Chronos?
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