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El Legado - Capítulo 35

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35: Capítulo 35 35: Capítulo 35 (Punto de vista de Lexo) La cena se reanudó, pero la atmósfera había cambiado drásticamente.

El bullicio anterior fue reemplazado por un silencio incómodo, roto solo por el tintineo ocasional de los cubiertos y los susurros nerviosos entre el alcalde y su esposa.

Irremediablemente, tuvieron que añadir un lugar más en la mesa para mi recién llegado abuelo, Gustav.

Papá lo hizo con una mueca de disgusto apenas disimulada.

Y para mi desgracia (o quizás la diosa mágica de la fortuna ya no me quería), terminé sentado con mamá a mi derecha y mi (nuevo personaje desbloqueado) abuelo, el Gran Maestre del Gremio, a mi izquierda.

Traté con todas mis fuerzas de actuar como un niño normal de cinco años.

Me concentré en mi pastel de postre, balbuceé algo sobre lo buenas que estaban las manzanas este año, incluso le hice una mueca a Lila al otro lado de la mesa.

Pero sentía la mirada del nono sobre mí, constante, analítica.

Sus ojos fríos, a pesar de su avanzada edad, parecían penetrar cada capa de mi fachada infantil, cada secreto que intentaba ocultar.

Era como estar bajo un microscopio manejado por un dios antiguo y ligeramente siniestro.

La tensión en el aire era tan espesa que podría haberla cortado con mi espada de madera.

De repente, su mirada se suavizó (aunque tampoco era un dulce).

Y con una sonrisa genuina, completamente opuesta a este estoicismo que había mostrado hasta ahora, iluminó su rostro arrugado.

Se giró hacia mí, ignorando a todos los demás en la mesa.

“Lexo, Oh Lexo…”, su voz rasposa tenía un tono casi maravillado.

“Tienes un potencial increíble, mi niño.

Verdaderamente increíble.” Su mirada pareció enfocarse en mi pecho, como si pudiera ver directamente mi núcleo.

“Casi has alcanzado el Rojo Oscuro Estable en tu refinamiento, ¿verdad?

A este ritmo, reescribirás todos los libros de texto sobre desarrollo mágico.” Hizo una pausa, su sonrisa ampliándose.

“Pero aún eres joven.

Muy joven.” Golpeando con su bastón en el suelo en un acto de enfatizar eso último.

Su mirada recorrió la mesa, deteniéndose brevemente en mamá.

“Veo la Luz de tu madre en ti, brillante y pura.

Y las afinidades con los cuatro elementos básicos, despertadas por tu…

incidente.” Luego, sus ojos volvieron a mí, con un brillo oscuro y familiar.

“Incluso has heredado mi propia afinidad, la Oscuridad, aunque parece que aún no sabes cómo acceder a ella conscientemente.

Ah, pero todo a su debido tiempo.” Se inclinó un poco más cerca, su voz bajando a un susurro que solo yo podía oír claramente.

“Y por supuesto, la sangre Vanyae.

Spatium.

Tiempo y Espacio, Luz y Oscuridad, los cuatro elementos…

Una combinación que el mundo no ha visto en milenios.

Dos, quizás tres, legados divinos en un solo ser.

Más de lo que este mundo, tal como está ahora, está preparado para manejar.” Sentí que papá se tensaba a mi lado, a punto de levantarse.

Pero la mano de mamá, firme y tranquilizadora, se posó en su brazo, deteniéndolo.

Gustav ni siquiera pareció notarlo, su atención completamente centrada en mí.

“Pensaba oponerme a la idea de establecer una presencia significativa del Gremio aquí”, continuó en voz alta, dirigiéndose ahora a toda la mesa, aunque sus ojos seguían fijos en mí.

“Demasiado remoto, demasiado…

tranquilo.

Pero he cambiado de idea.” Puso una mano sorprendentemente cálida y fuerte sobre mi hombro.

“Traeremos el Gremio.

No solo una dependencia.

Haremos de Villa Serena una base de operaciones clave.

Con todos los recursos necesarios.” Su mirada se endureció ligeramente.

“Mi nieto querido,” dijo, enfatizando la palabra ‘mi’, “tendrás mi total y absoluta protección.

Nadie se atreverá a tocarte.” La declaración flotó en el aire cargado.

Protección del Gran Maestre del Gremio.

Era un escudo poderoso, pero también una cadena dorada sobre mi cuello.

Entonces, mi abuelo Gustav hizo algo inesperado.

Chasqueó los dedos de su mano derecha en el aire.

Hubo un sonido casi imperceptible, como un desgarro en el tejido de la realidad, y una figura apareció de la nada junto a él.

Era un hombre enorme, de al menos dos metros de altura, vestido con un traje negro impecable que contrastaba con su presencia intimidante.

Su rostro estaba cubierto por una máscara negra y lisa, sin rasgos distintivos.

Sentí un eco amargo en el aire.

¡Spatium!

Este hombre también lo usaba, y con una fluidez que rivalizaba con la de mi tío Valerius.

No era un simple guardaespaldas este gigantón.

“Urso, mi asistente personal”, presentó el anciano con calma.

“Querido nieto, de ahora en más, Urso estará a tu servicio.

Para lo que necesites.

Solo tienes que chasquear los dedos con tu mano izquierda, y él acudirá a ti en un santiamén.” Papá soltó un sonido ahogado, costándole modular hasta las más simples palabras.

“Padre…

ese hombre…

¿es un…?” El abuelo sonrió, una sonrisa algo enigmática.

“Sí, mi querido Garen.

Ahora entiendes mi postura, ¿verdad?

Las amenazas de este calibre requieren contramedidas adecuadas.” Nadie en la mesa dijo nada.

El alcalde parecía haberse encogido en su silla.

Pietro observaba a Urso con una intensidad febril, probablemente calculando las implicaciones tácticas.

Lila simplemente miraba la máscara negra con curiosidad infantil.

“Dicho esto, me retiro”, anunció mi abuelo paterno, levantándose.

La tensión en la sala disminuyó ligeramente con su movimiento.

Sin esperar respuesta, se agachó frente a mí, ignorando las miradas tensas de mis padres, y me dio un abrazo sorprendentemente fuerte y cálido.

“Para lo que necesites, Lexo.

Prometo venir a visitarte más a menudo.” Con otro asentimiento a la sala, él y Urso desaparecieron tan rápido como habían llegado, dejando tras de sí un silencio atónito y muchas preguntas sin respuesta.

(Punto de vista de Gustav) Al salir de la modesta casa de mi hijo, permití que una rara sonrisa genuina se dibujara en mi rostro mientras Urso abría un portal espacial discreto en un callejón cercano.

Increíble.

La palabra se quedaba corta.

Ese niño, mi nieto, sangre de mi sangre…

Lexo.

Chronos.

Había sentido la débil fluctuación cuando intentó usarlo, y mi propia afinidad con la Oscuridad, el contrapunto natural del Tiempo en ciertos aspectos, me permitió anularlo fácilmente en su nivel actual.

Pero que siquiera lo tuviera, y a esa edad…

Spatium, también, latente, pero presente gracias a la sangre Vanyae.

Junto a los cuatro elementos básicos, más la Luz de Elara y mi propia Oscuridad.

Era un crisol de poderes primordiales, una convergencia de Legados que las profecías apenas insinuaban.

Un factor X que nadie había previsto.

Mis planes originales para Garen, para esta región, para el Gremio…

todo quedaba obsoleto.

Este niño lo cambiaba todo.

No podíamos simplemente “protegerlo”.

Teníamos que guiarlo, nutrirlo, asegurarnos de que su poder no cayera en las manos equivocadas…

o se volviera contra nosotros.

La idea de traer solo una oficina del Gremio era insuficiente.

Necesitábamos presencia.

Control.

Villa Serena se convertiría en el nuevo epicentro de nuestras operaciones más importantes.

Una figura se materializó silenciosamente a mi lado al salir del portal, apareciendo en mi estudio privado en la sede central del Gremio.

Traje negro, máscara de mono sonriente.

Mi otro asistente de confianza.

“¿Monkey?”, pregunté, sentándome en mi pesado sillón de cuero.

“¿Tu opinión?” “El sujeto es…

extraordinario, Maestro”, la voz femenina de Monkey era siempre juguetona, pero sus ojos detrás de la máscara eran agudos.

“Supera todas las proyecciones.

El potencial es…” “Incalculable”, terminé por ella.

“Exactamente.

¿El informe del ‘submarino’?” Acto seguido me entregó una carpeta delgada.

“Confirmado.

La raza anfibia de seis brazos, los ‘Aqualus’, como se autodenominan, no son hostiles.

Respondieron como esperábamos a la devolución simulada de los huevos restantes por parte de nuestros agentes encubiertos (disfrazados de Garen y compañía).

Han aceptado nuestra ‘protección’ a cambio de cooperación.” Abrió la carpeta.

“Comenzaremos la siguiente fase del Proyecto Arca en breve, utilizando su tecnología y su ubicación estratégica.” Asentí.

El Proyecto Arca.

Un plan a largo plazo para preservar ciertos linajes y tecnologías en caso de cataclismo.

Los Aqualus y su nave eran piezas clave.

Y ahora, Lexo…

él podría ser la clave de todo.

Miré una foto que tenía sobre mi escritorio.

Una versión más joven de Garen, sonriendo torpemente junto a Elara en algún festival.

Mi hijo.

Había madurado.

Había encontrado la paz, una familia.

Y ahora, el destino le había arrojado este desafío monumental.

Pensará que soy un viejo manipulador, interfiriendo en su vida.

Y quizás lo soy.

Pero en el fondo, todo lo que hago…

es por su bien.

Por el bien de todos nosotros.

El mundo está cambiando, y necesitamos estar preparados.

Y Lexo…

mi nieto podría ser nuestra mayor esperanza, o nuestra perdición definitiva.

El tiempo apremiaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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