El Legado - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: Capítulo 4 4: Capítulo 4 La rutina se convierte en mi religión secreta.
Comer, dormir, ensuciar pañales (¡la indignidad!), y en cada momento de calma, en cada instante antes de caer dormido o justo al despertar, mi conciencia se repliega hacia adentro.
¡A mover esos fragmentos!
“Cada segundo es clave”, me repito con la seriedad de un monje milenario atrapado en un cuerpo que apenas puede sostener su propia cabeza sin tambalearse.
El progreso es glacial.
Como intentar erosionar una montaña soplando sobre ella.
Pero no es nulo.
Después de semanas de esfuerzo que me dejan mentalmente exhausto (una sensación extrañísima en un cuerpo que físicamente solo quiere babear y dormir), he logrado que un par de motas más se unan a esa primera pionera cerca de mi núcleo.
Siguen siendo increíblemente pequeñas, como granos de arena en una playa infinita, pero están ahí.
Mi núcleo ya no se siente como un punto muerto, sino como…
una luciérnaga muy, muy tenue.
Y mi MP ha subido a 8.
¡Pequeñas victorias!
Mientras tanto, mi comprensión del mundo y, sobre todo, de mis padres, se expande.
Papá no es solo un “exhéroe”, es el exhéroe.
A veces, cuando vamos al pequeño mercado del pueblo (yo cómodamente instalado en una especie de mochila porta-bebés en el pecho de mamá), escucho los susurros.
Nombres pronunciados con asombro: “Colmillo Cenizo”, “El Terror de las Hordas del Norte”.
Miradas de admiración disimulada hacia el hombretón que ahora regatea torpemente por unas verduras.
Es surrealista.
Este gigante amable que me hace caras tontas y me deja tirar de su barba incipiente, es considerado, aparentemente, una leyenda viviente.
”¡Auch!
Demasiado, campeón.
Sino me dejarás calvo de la barbilla y tu mamá se enojará” momento que me retiraba con suavidad.
”Guaah” lo miro a punto de llorar.
Momento en el que papá, como si tuviera un sentido arácnido, se tensa y una mano femenina se posa sobre su espalda.
”Lexo, campeón, papá te dejará jugar” depositando nuevamente mis dedos en su arbóreo mentón.
”No hay porque alarmarse por algunos pelos menos ja ja ja”.
A lo que miro a mamá detrás de él y le dedico una sonrisa infantil, lo que destensa la situación.
Continuando con la historia de mi padre, él lo dejó todo.
Por mamá y por mí.
La situación, según reconstruyo de las conversaciones fragmentadas que suelen tener en el almuerzo, es casi un cliché romántico de novela ligera: el héroe cansado de la batalla encuentra la paz en los ojos de una sanadora bondadosa.
El embarazo fue la gota que colmó el vaso.
Colgó la espada (la de verdad, no la de madera) y buscó el anonimato en este pueblo perdido.
Ahora es un simple guardia, un puesto ridículamente por debajo de sus capacidades, pero que le permite estar en casa cada noche.
“Su núcleo es Amarillo, Lexo”, me susurra mamá un día mientras me acuna, como si yo pudiera entenderlo.
“Amarillo brillante.
Algo que la mayoría solo sueña con ver, y mucho menos alcanzar.
Años de batallas, de refinar su espíritu y su fuego interior…”.
Fuego.
Ese es su elemento.
Un usuario de Fuego con un núcleo Amarillo.
Uno entre un millón, dijo mamá.
Y no solo usa magia.
Toda esa energía refinadísima canalizada en pura destreza física.
Ahora entiendo mejor sus entrenamientos contra el pobre árbol del patio y su compañero.
No son solo golpes; es un control energético brutal aplicado al cuerpo.
Veo la tierra temblar ligeramente bajo sus pies, siento el aire vibrar a su alrededor.
Yo le aplaudo con mis manitas regordetas cuando termina, soltando un “¡Bababa!” que él interpreta como admiración pura (y no se equivoca del todo).
Me sonríe, el sudor brillando en su frente, y esa sonrisa vale más que cualquier tesoro de mis recuerdos pasados.
Mamá es Luz.
Papá es Fuego Amarillo.
Ambos excepcionales a su manera.
Y yo…
yo soy su hijo.
El primogénito.
Con mi conciencia prematura y mi núcleo incipiente que apenas parpadea.
La rareza de los núcleos de alto nivel, la casi imposibilidad de ser multi-elemental…
la información resuena en mi cabeza.
¿Qué potencial tendré yo?
¿Heredaré algo de ellos?
He estado moviendo fragmentos sin pensar en su color, solo enfocado en la mecánica del control.
Pero ahora que sé más sobre los elementos y veo la manifestación del poder de papá (físico) y mamá (mágico), la curiosidad me pica.
Mi flujo de maná es mínimo, sí, pero existe.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com