Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Legado - Capítulo 46

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Legado
  4. Capítulo 46 - 46 Capítulo 42
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

46: Capítulo 42 46: Capítulo 42 (Punto de vista: Lexo) La arena pálida se sentía extrañamente fría bajo mis manos.

Me limpié el polvo de la capa azul y el gelatinoso barbijo en mi cara, mirando hacia donde había estado el anfiteatro flotante, donde ahora solo estaba el cielo arremolinado de Ethernatus.

El Gato Sonriente.

Su risa burbujeante aún resonaba en mis oídos, helándome la sangre.

Intenté mantener la cabeza fría, aplicar la lógica de Pietro, la calma estoica de papá.

Pero mi cuerpo se negaba a obedecer.

Las piernas me temblaban incontrolablemente.

Las manos me sudaban dentro de los guantes improvisados de la capa.

Un nudo frío se instaló en mi estómago.

Vulnerable.

Esa era la palabra.

Aquí no estaba papá con su espada de fuego, ni mamá con su Luz protectora.

No estaban Borin para rugir, Lyra para prever, Kael para desaparecer o Urso para…

bueno, para ser Urso con su delantal y su poder espacial.

Estaba solo.

Carajos, pensé, sintiendo una oleada de autocompasión que me enfureció.

Soy un reencarnado.

Se supone que soy el adulto aquí, el que tiene la perspectiva.

¿Y qué hago?

Temblar como un flan en medio de un desierto mágico.

Por primera vez desde que llegué a este mundo, me sentí completamente inútil.

La fachada de prodigio que hacía siempre se resquebrajó, dejando al descubierto al niño asustado de seis años que solo quería volver a casa, a la seguridad de su extraña pero conocida familia.

Me hice un ovillo sobre la arena, abrazando mis rodillas, un gesto patéticamente infantil.

“Vaya, vaya.

¿Ya nos rendimos?”, la voz sarcástica de Tick-Tock, el conejo arlequín, sonó a mi lado.

Se había posado junto a mí con la ligereza de una pluma, observándome con sus ojos rosados y burlones.

“Creí que eras el ‘Legado Anómalo’, no el ‘Armadillo Aterrado’.

Una técnica interesante para empezar un Battle Royale, debo admitir.

Confundir al enemigo con la inacción absoluta.” Mientras el Gato Sonriente seguía detallando las reglas del sádico juego desde algún lugar invisible (“¡Quinientos contendientes!

¡Solo puede quedar un número indeterminado, pero significativamente menor!

¡La contienda termina cuando YO lo diga!

¡Y nada de lloriquear!”), Tick-Tock se inclinó hacia mi oído.

Su aliento olía a zanahorias y a dulces paradojas temporales.

“Escucha, niñato,” susurró, su tono perdiendo parte del sarcasmo.

“Mientras tengas ese reloj,” – señaló el bolsillo donde guardaba la reliquia de mi tío – “tienes…

una posibilidad.

Una muy pequeña, pero existe.

Es un ancla, ¿entiendes?

Pero,” – su mirada se volvió seria – “si los otros se dan cuenta de lo que es, o de lo que tú eres realmente, te cazarán como a un ratón.

Mantén un perfil bajo.” Volver a ver a mi familia, sí eso quería.

Esa idea.

Ese simple deseo resonó más fuerte que el miedo.

Mamá, Papá, Lila, Pietro, incluso los ruidosos de Borin, Lyra y Kael…

Sí, quería volver con ellos.

Y para eso, tenía que sobrevivir a este circo demencial del mishi con forma de globo.

Respiré hondo, expulsando el miedo junto con el aire viciado de Ethernatus.

Me puse en pie, sacudiéndome la arena y la autocompasión.

Era hora de aplicar las lecciones.

Kael: Eliminar la presencia.

Ser la sombra.

Cerré los ojos, calmando mi respiración, intentando difuminar mi aura de maná, hacerla menos obvia entre los cientos de otras auras temporales que vibraban en la arena.

Lyra: Observar.

Cada detalle.

Abrí los ojos, mi mirada recorriendo la vasta extensión de la arena.

Cientos de figuras con capas azules y antifaces.

Algunos ya se movían, formando alianzas temporales o buscando presas fáciles.

Otros permanecían quietos, evaluando.

El terreno: arena, algunas formaciones rocosas dispersas, y en las paredes lejanas de la “arena” (que parecía extenderse hasta el infinito), nichos oscuros que contenían… ¿armas?

El Gato, en su infinita generosidad sádica, nos daba herramientas para matarnos entre nosotros.

Borin: Reforzarse con la tierra.

Postura de combate.

Planté mis pies firmemente en la arena, sintiendo la conexión (débil aquí, pero existente) con el suelo bajo mis pies.

Adopté una postura baja, equilibrada, lista para moverme.

Necesitaba un arma.

Corrí hacia el nicho más cercano, esquivando a un par de contendientes que ya se enzarzaban en una pelea torpe.

Dentro había espadas, hachas, lanzas… todas de aspecto funcional, pero sin adornos.

Tomé una espada larga, de un tamaño manejable para mí, no demasiado pesada.

El acero se sentía frío y real en mi mano.

Papá: Fuego controlado.

Flujo constante.

Canalicé mi maná hacia la hoja, recordando mi práctica en el patio.

La llama brotó, pero esta vez me concentré en la eficiencia.

No el blanco cegador, sino el azul celeste intenso, contenido, una capa fina de calor letal que cubría el metal sin desperdiciar energía.

Mantuve el flujo constante, sintiendo el drenaje: 1 MP por segundo.

Tenía minutos, no horas, con esta técnica.

Suficiente.

Tío Valerius: Esgrima.

Economía de movimiento.

Adopté una guardia de esgrima básica, la espada lista, mi cuerpo preparado para reaccionar.

Mamá: Luz protectora.

Exhalé lentamente, liberando una pequeña cantidad de mi afinidad de Luz.

Una película casi invisible, de apenas unos centímetros de grosor, me recubrió.

No era una barrera impenetrable, pero me alertaría de ataques inminentes y quizás detendría algún golpe menor.

Chronos y Spatium.

Los sentía bullir bajo la superficie, el dulce olor del Tiempo, el regusto amargo del Espacio.

Tentador.

Pero demasiado arriesgado experimentar aquí.

La pausa de Chronos, quizás, como último recurso.

Pero por ahora, confiaría en lo que sabía, en lo que me habían enseñado.

Justo en ese momento, el Gato Sonriente soltó una carcajada que hizo temblar la arena.

“¡Qué comience la edición espontánea!

¡Diviértanse mientras puedan!

¡Hágase la luz!

TIC TAC.” ¡CAOS!

La arena explotó en movimiento y energía.

Gritos, hechizos, el choque de acero.

Me mantuve alerta, buscando mi primer oponente o, preferiblemente, evitando ser el primer oponente de alguien más.

Demasiado tarde.

Un humanoide alto y larguirucho, con una máscara similar a la que poseía, aunque de color azul, se fijó en mí.

Levantó una mano y un torrente de agua a presión surgió de la nada, dirigiéndose hacia mí.

Pero no era solo agua.

Sentí la distorsión temporal justo antes del impacto: el agua se movía a una velocidad antinatural, acelerada por Chronos.

¡Imposible de esquivar!

El impacto me golpeó como un martillo pistón, enviándome a volar varios metros hacia atrás, aterrizando con un golpe seco que me sacó el aire.

La arena se pegó a mi ropa mojada.

Mi barrera de Luz había amortiguado parte del golpe, pero aun así dolía.

Maldita sea, pensé, tosiendo arena.

Magia combinada.

Tiempo-Agua.

Claro, ¿por qué no?

Esto será complejo.

(Nota mental: hablar con Pietro sobre nomenclatura de afinidades compuestas si salgo de esta).

El tipo del coral avanzó, preparando otro chorro acelerado.

Recordé a Urso.

Su forma de moverse.

Desaparecer, reaparecer.

Espacio.

El sabor amargo… ¿Cómo lo hacía?

Pensé en la arena en mi mano, en su sabor horrible y terroso.

Amargo.

¿Era esa la clave?

¿Una conexión sensorial?

Cerré los ojos por una fracción de segundo mientras el chorro de agua-tiempo salía disparado hacia mí.

Ignoré el instinto de esquivar.

En cambio, me concentré en esa sensación amarga, en la idea del espacio, en la conexión entre todo.

Y entonces, lo vi.

No con mis ojos físicos, sino con mi mente.

Líneas.

Hilos de colores pálidos conectando todo, a todos.

Como el Gran Tapiz, pero más… inmediato, más tangible.

Vi mi propio hilo brillante.

Vi el hilo del tipo del barbijo azul.

Vi los hilos de otros luchadores cercanos.

¿Y si…?

Con un esfuerzo de voluntad, me enfoqué en un punto en el espacio justo detrás del tipo del coral.

Extendí mi conciencia, mi intención, y mentalmente tiré de mi propio hilo hacia ese punto.

Hubo una sensación nauseabunda de dislocación, como si mi estómago intentara salir por mi nariz.

Y de repente, estaba allí.

Detrás de mi oponente, quién seguía disparando su chorro de agua acelerada hacia donde yo había estado un segundo antes.

¡Soy un maldito genio!, pensé con una mezcla de euforia y alivio.

¡Spatium!

¡Lo había usado!

¡Y sin ponerme ningún delantal de mamá!

“¡Sorpresa, bastardo!”, grité, mi voz sonando un poco aguda por la adrenalina.

Aprovechando su desconcierto, le di un cabezazo en la espalda (¡Auch!

Eso dolió más a mí, creo) y ataqué con mi espada de fuego celeste.

El calor evaporó su débil armadura de agua residual y la hoja impactó limpiamente.

Él salió volando hacia adelante, aterrizando en un montón quejumbroso.

No iba a matarlo.

No era un asesino.

Rápidamente, canalicé mi afinidad terrestre, levantando un montículo de arena y roca a su alrededor, atrapándolo en una prisión improvisada.

Justo entonces, mi barrera de Luz vibró intensamente en mi nuca.

¡Alerta!

¡Ataque por detrás!

¡Jugada sucia!

Instintivamente, grité en mi mente: ¡PAUSA!

Suspiré por un segundo.

El lugar en torno a mí, por supuesto, se congeló.

Vi una lanza con punta de acero a centímetros de mi cabeza, como si quisiera reunirse con mi cerebro fisicamente.

Detrás del arma, había una figura encapuchada con una máscara marrón.

¡Spatium!

Con el tiempo detenido, me concentré de nuevo en mover mi hilo, solo unos centímetros a la izquierda.

La sensación de dislocación fue menor esta vez.

¡REANUDA BABY!

Desactivé Chronos.

La lanza pasó silbando por donde mi cabeza había estado un instante antes, atravesando limpiamente… a otro contendiente con barbijo naranja que justo aparecía en esa trayectoria, probablemente intentando aprovechar la confusión para atacarme también.

Ups, pensé.

Daños colaterales.

Me giré, mi espada de fuego lista.

Y frente a mí estaba… él.

El otro chico.

El rarito que se parecía a mí.

El que me había dicho que esto no era lugar para niños.

Estaba apoyado despreocupadamente contra una roca inexistente, observándome con una diversión irónica en sus ojos (la única parte visible de su rostro).

“¿Ya te aburriste de jugar con los fáciles?”, le pregunté, adoptando una postura defensiva.

Él sonrió bajo la capucha (podía sentirlo más que verlo).

“Solo observaba la técnica del nuevo.

Nada mal el truco espacial.

Improvisado, pero efectivo.” En ese momento, sentí una perturbación a su lado.

Un tipo con piel de corteza intentaba acercarse sigilosamente.

Antes de que pudiera advertirle, el otro chico movió un pie casualmente y una raíz oculta bajo la arena surgió y empaló el pie del hombre-árbol, haciéndolo aullar de dolor.

“Me parece,” dijo el otro infante, volviéndose hacia mí mientras el hombre-árbol se retorcía en el suelo, “que deberías dejar que los mayores peleen.

Quizás mirar desde el palco sería más seguro para ti.” No pude evitarlo.

Sonreí bajo mi propio antifaz bucal.

“Curioso que lo digas,” repliqué.

“Porque me parece que el único niño aquí eres tú, jugando a ser el veterano.” Ambos nos miramos por un instante, un reconocimiento silencioso pasando entre nosotros.

Luego, casi al unísono, sonreímos de verdad.

“Esto recién empieza”, murmuramos al mismo tiempo.

Y saltamos.

En direcciones opuestas.

Hacia el corazón del caos.

La batalla por la supervivencia en Ethernatus acababa de comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo