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El Legado - Capítulo 48

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48: Capítulo 44 48: Capítulo 44 (Punto de vista: Lexo) La caída fue una desorientadora voltereta a través de un túnel de melaza multicolor con sabor a ensalada de frutas cósmica.

Cuando la sensación de vértigo finalmente cedió, aterricé (esta vez sobre mis pies, ¡Oh bendito progreso!) no en arena, sino sobre un suelo liso y frío que brillaba débilmente por sí mismo.

Estaba en una cueva.

Pero no una cueva normal de superhéroes, murciélagos y humedad.

En este lugar, las paredes, el suelo, incluso el techo, parecían tallados en enormes cristales de cuarzo translúcido, de un blanco impoluto que atrapaban y refractaban una luz interna suave e incluso armoniosa.

Y del techo, en lugar de estalactitas, colgaban racimos de flores bioluminiscentes, con pétalos amplios y colores vibrantes – azules eléctricos, verdes esmeralda, rosas intensos – que emitían un resplandor constante y apacible, iluminando el espacio como miles de lámparas naturales.

Era absurdamente idílico.

Y muy, muy silencioso.

Bueno, casi silencioso.

A lo lejos, muy a lo lejos, podía oír sonidos apagados: el choque de metal, un grito ahogado, el crepitar de energía.

¿Otros contendientes?

Parecía que sí, pero el bullicio venía de muchas direcciones diferentes, como si cada uno de nosotros hubiera aterrizado en un punto distinto de este, quiero suponer, laberinto natural.

Revisé mi estado internamente.

A pesa que hacía apenas pocos minutos estaba a punto de desmayarme, ahora me sentía mejor que dormir en la posada de la Aldea de Cuatro Caminos (en serio, aun con la cama dura, despiertas como nuevo) En pocas palabras, todo el agotamiento físico y mental de la batalla en la arena se había desvanecido.

Mi reserva de maná estaba llena de nuevo, mi núcleo vibrando de manera muy estable.

¿Magia curativa del minino ?

¿O las propiedades restauradoras de este lugar de cristal y luz floral?

Probablemente lo segundo, dudaba que hiciera algo remotamente útil sin un motivo retorcido.

Justo cuando empezaba a orientarme, la voz del Gato Sonriente resonó directamente en mi cabeza, tan clara y burlona como si estuviera a mi lado, aunque no había ni rastro de su forma física (multicolor u otra).

“¡Bienvenidos, supervivientes y futuros candidatos a la edición espontánea, al Segundo Desafío!”, ronroneó la voz mental.

“¡El Laberinto de la Mente Tortuosa!

¡O como me gusta llamarlo, ‘El Filtro Anti-Brutos’!” Hubo una pausa cargada de suficiencia.

“El objetivo es simple, incluso para sus…

limitadas capacidades: Tienen que llegar al centro.

Pero ¡ah!

¡Aquí está el giro divertido!” (Podía casi oír la sonrisa en su voz).

“Esta prueba no es de fuerza.

¡Oh, no!

¡Ya tuvimos suficiente de eso en la arena, y francamente, fue un poco decepcionante!

Esta prueba es de…

¡INTELECTO!” (La palabra resonó con sarcasmo).

“Y, por supuesto, de su única habilidad relevante aquí: ¡Chronos!” Sentí un escalofrío.

“Dado el…

ejem…

desagradable abuso de otras magias en la ronda anterior,” continuó el Gato, y pude sentir una oleada de irritación en su tono mental, “todas las habilidades que NO sean manipulación temporal están estrictamente PROHIBIDAS en este laberinto.

¡Selladas!

¡Bloqueadas!

¡Kaput!

Intenten usar su fueguito, su agüita, su airecito o cualquier otra cosa elemental o espacial…

y bueno,” (la diversión cruel volvió a su voz) “digamos que descubrirán nuevas y emocionantes formas en que la realidad puede dejar de aplicarse a ustedes.

¡No lo recomiendo!” Genial, pensé.

Adiós Spatium, adiós Luz, adiós Fuego, adiós todo excepto mi habilidad más peligrosa y menos comprendida.

Esto iba a ser divertido.

“No se permite luchar entre ustedes,” añadió el Gato como una ocurrencia tardía.

“Cualquier signo de violencia innecesaria será…

desaprobado.

Enérgicamente.

El objetivo es llegar al centro usando su ingenio y dominio sobre el tic-tac.

¿Entendido?

¡Perfecto!” Un último pensamiento se coló en mi mente antes de que la presencia del Gato se retirara.

“Ah, y para asegurar que nadie se sienta solito y abandonado en este encantador paseo por el parque cristalino…

cada uno recibirá un eco de su anfitrión.

Un pequeño…

supervisor.

¡Disfruten del viaje!” Y entonces, frente a mí, de la nada, apareció un gatito.

Un gatito sonriente portátil.

Una versión en miniatura, casi adorable si no fuera por esa sonrisa demasiado ancha y esos ojos reptilianos amarillos, del original.

Era translúcido, hecho de luz y tiempo fluctuante, y flotaba silenciosamente a la altura de mis hombros.

Me miró fijamente.

Estupendo, pensé con un suspiro interno.

Un tutorial andante con complejo de superioridad felina.

Justo lo que necesitaba.

El gatitoportátil no habló, pero sentí una conexión mental, una corriente de información básica sobre el laberinto: pasillos que cambiaban, puertas que solo se abrían en momentos específicos, plataformas que se movían a velocidades variables…

todo diseñado para ser superado usando Chronos.

Decidí empezar a moverme.

Elegí un pasillo que parecía prometedor (es decir, que no terminaba en una pared de cristal sólido a los cinco metros) y avancé con cautela, mi pequeño supervisor felino flotando silenciosamente detrás de mí.

La primera prueba fue simple: una serie de plataformas de cristal que aparecían y desaparecían siguiendo un patrón temporal rápido.

Demasiado rápido para cruzar normalmente.

La solución era obvia.

¡PAUSA BABY!

El mundo (o al menos, mi burbuja de 40 metros) se detuvo.

Las plataformas quedaron fijas en el aire.

Crucé tranquilamente de una a otra hasta el otro lado.

¡REANUDA MADEMOISELLE!

Fácil.

Pero el coste de 1 MP por segundo seguía ahí.

Tenía que ser eficiente.

La siguiente prueba fue más compleja.

Un corredor largo con enormes bloques de cristal que se deslizaban de lado a lado a velocidades vertiginosas, amenazando con aplastar a cualquiera que intentara pasar.

Pausar el tiempo me permitiría pasar, pero el corredor era largo, consumiría demasiado maná.

Observé el patrón.

Algunos bloques se movían más lento que otros.

Si aquel sujeto que tanto me maravilló pudo hacerlo, yo también.

Me autoconvencí mientras crujía mi cuello como un luchador pronto a batallar.

Despejando mi mente y concentrándome en las ordenes, en sus resultados, en lo que necesito y abro mis ojos.

¡ACELERAR (BLOQUE LENTO)!

Alzando mi mano en tono épico.

¡RALENTIZAR (BLOQUE RÁPIDO)!

Bajando mi mano en tono aún más épico.

Concentré mi Chronos no en una pausa total, sino en objetivos específicos.

Aceleré un bloque que se movía lentamente justo cuando pasaba, creando un hueco.

Al mismo tiempo, ralenticé drásticamente el siguiente bloque rápido que venía en sentido contrario, dándome tiempo suficiente para deslizarme por el espacio creado.

Requería una concentración brutal y un control fino que no sabía que tenía, alternando entre acelerar y ralentizar diferentes bloques mientras corría.

Llegué al otro lado jadeando, mi maná considerablemente mermado, pero lo había logrado sin una pausa completa.

El gatito tutorial parpadeó, ¿quizás impresionado?

Probablemente no.

Las pruebas continuaron, cada una más ingeniosa y exigente que la anterior.

Puertas que solo se materializaban durante una fracción de segundo (requiriendo una pausa precisa).

Engranajes gigantes que giraban a velocidades imposibles, cuyas muescas solo podían usarse como puntos de apoyo si ralentizaba su rotación al ritmo adecuado.

Laberintos de luz cuyas paredes cambiaban según un ciclo temporal que tenía que memorizar y anticipar.

Incluso había secciones con guardianes hechos de cristal y tiempo, figuras humanoides que se movían en patrones predecibles pero letales, que solo podían ser esquivados (¡no atacados!) usando pausas o aceleraciones en el momento justo.

Era agotador.

Mental y físicamente (a pesar de la curación inicial).

El uso constante de Chronos, incluso las micro-pausas o las manipulaciones selectivas, tenía un coste.

Sentía la fatiga acumulándose, el tirón en mi núcleo, la tensión detrás de mis ojos.

Pero seguí adelante, impulsado por la determinación de salir de allí, de superar esta prueba absurda.

Mi pequeño supervisor felino flotaba impasible, observando cada movimiento, cada decisión.

A veces, sentía una leve aprobación mental cuando resolvía un puzzle de forma eficiente; otras veces, una oleada de diversión burlona cuando cometía un error y tenía que retroceder.

Maldito gato, pensaba a menudo.

Después de lo que parecieron horas (o quizás solo minutos, el tiempo era relativo aquí), llegué a una enorme cámara circular en el corazón del laberinto.

Las paredes de cristal brillaban intensamente, iluminando el centro de la sala.

Había llegado.

Agotado, sudoroso, al límite de mis reservas de maná, pero había llegado.

Y en el centro, ocupando casi todo el espacio, iluminado por un enorme jardín de esas flores bioluminiscentes en el techo, había…

Un tablero de Netamino gigante.

Las casillas eran losas de cristal del tamaño de mesas pequeñas.

Las piezas eran estatuas de luz sólida, imponentes y silenciosas.

El Rey, la Reina, los Magos, los Generales…

todos estaban allí, esperando.

Me quedé mirando, incrédulo.

¿Después de todas esas pruebas de Chronos, el desafío final era…

una partida en un juego de mesa?

¿El juego favorito de Pietro?

Sentí una risa histérica burbujear en mi pecho.

La absurdidad de todo esto era sublime.

Mi gatito portatil flotó hasta el borde del tablero y se sentó en el aire, acicalándose una pata inexistente, claramente esperando.

Justo entonces, oí pasos ligeros acercándose desde otro corredor que desembocaba en la cámara.

Otro contendiente había llegado al centro.

Me giré, preparándome instintivamente para…

bueno, no sabía para qué, ya que no podíamos luchar.

La figura emergió a la luz de la cámara.

Capa azul, barbijo que ocultaba sus rasgos mas bajos del rostro, aunque aun así reconocí su postura, la forma en que se movía.

Era él.

El otro chico que parecía de mi edad.

Azul.

Aquel que me había ayudado (más o menos) en la arena.

Nos quedamos mirándonos el uno al otro a través del gigantesco tablero de Netamino, la única palabra que resonaba en mi mente era: Oh, genial.

Lo que faltaba a esta ensalada de frutas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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