El Legado - Capítulo 5
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5: Capítulo 5 5: Capítulo 5 ¡Cinco meses!
El mundo se ve diferente desde una posición vagamente vertical.
Mis piernas son como fideos cocidos con voluntad propia, pero ¡eh!, he conseguido encadenar varios pasos.
Apoyándome en los muebles, tambaleándome como un borracho diminuto, pero ¡caminando!
El primer día que logré cruzar la pequeña distancia entre el sofá y las rodillas extendidas de papá fue…
memorable.
Garen, el “Colmillo Cenizo”, el “Terror de las Hordas”, el hombre con un núcleo Amarillo brillante forjado en mil batallas…
se echó a llorar.
Lágrimas gruesas rodando por sus mejillas mientras me levantaba en vilo con una risa estruendosa que se quebraba por la emoción.
“¡Mi campeón!
¡Ya camina!
¡Elara, mira, nuestro Lexo camina!”.
Mamá sonreía, esa sonrisa suya que parece iluminar la habitación (¿quizás literalmente?), y me aplaudía suavemente.
Sí, valió la pena el esfuerzo y los innumerables aterrizajes con el trasero.
Mi rutina de refinamiento interno continúa implacable.
Cada siesta, cada noche, cada momento tranquilo es una oportunidad.
Y está funcionando.
La sensación de las motas dispersas es menor; ahora siento una concentración más densa, más cálida, justo ahí, bajo el esternón.
Como un pequeño sol naciente.
Según lo que se reflejaba en la ventana de stats, he conseguido atraer y fusionar alrededor del 40% de esos fragmentos.
Mi núcleo ya no es una luciérnaga moribunda, es más bien una vela constante, pequeña pero definida.
La pantalla azul parpadeó hace poco: MP: 15/15.
¡Un progreso significativo!
Aún no me he preocupado por los elementos; la prioridad ha sido acumular “combustible” y mejorar el control sobre el flujo, por mínimo que sea.
Y entonces, un día, el mundo exterior nos irrumpe con fuerza.
¡Visitas!
Un grupo ruidoso y pintoresco llega al pueblo, dirigiéndose directamente a nuestra casa.
Son los amigos aventureros de papá.
Un hombretón de cabellera rubia, el cual poseía una barba trenzada que rivalizaba con la de Garen y portaba un hacha enorme en la espalda.
A su lado, ingresó una mujer elfa de aspecto serio y apariencia adolescente con un arco elegantemente tallado.
Y por detrás entró un tipo más delgado, de nariz prominente, vestimenta ninja hasta las cejas, lo bastante escurridizo para ser notado y que no dejaba de juguetear con unas dagas.
Estaban eufóricos, abrazando a papá con palmadas que resonaban como truenos, y mirando a mamá con una mezcla de respeto y casi…
¿nerviosismo?
“¡Garen, viejo perro!
¡Así que aquí te escondías!” ruge el del hacha, cuyo nombre parece ser Borin, que trae consigo una bestia recién cazada en su hombro derecho.
“No me escondo, Borin, vivo tranquilo”, responde papá, aunque la vieja chispa aventurera brilla en sus ojos.
”Por cierto, es impresionante ese Wolfo Petreo, hoy haremos un banquete” La elfa, Lyra, asiente hacia mamá, ignorando los otros dos gigantes.
“Lady Elara.
Es un honor.
No imaginábamos que el gran Garen conseguiría que usted se retirara a un lugar así.” ”No hace falta el Lady, querida” gesticulando con tranquilidad ”Los amigos de mi esposo son también parte de esta familia…” Y suspirando ”Siempre y cuando no causen destrozos o molesten al pequeño Lexo, ¿Estamos?” Agregando esa última pregunta bastante retorica.
A lo que todos me miran con curiosidad y asienten en sincronía, incluso papá.
¿Lady Elara?
¿Usted?
Las piezas empiezan a encajar gracias a sus conversaciones (y a mi habilidad para parecer un bebé adorable e inofensivo mientras escucho atentamente).
Mamá no es solo una sanadora talentosa.
Es Elara Vanyae, graduada con honores supremos de la Academia Mundial de Magos en la mismísima capital del reino.
Una maga de Luz cuyo potencial, según susurra el tipo de las dagas (Kael, creo), “hacía temblar a los archimagos”.
Papá interviene con una risa nerviosa: “Bueno, yo no sé nada de eso.
¡Su núcleo es tan brillante que ni siquiera puedo percibirlo!
Está a otro nivel”.
Amarillo es uno en un millón, ¿y mamá está por encima de eso?
¿Blanco?
¿O algo más?
Y esta maga increíblemente poderosa, de la capital, con una reputación que aparentemente trasciende fronteras (lo que explica que venga gente de todas partes a su humilde clínica de pueblo), está aquí, cambiándome los pañales y jugando al “cucú-tras” conmigo.
La ironía es deliciosa.
Su sonrisa sigue siendo igual de amable, sus manos igual de gentiles cuando juega conmigo o cura a un aldeano con una quemadura.
La clínica improvisada en una habitación anexa a la casa siempre tiene a alguien esperando, atraído por la leyenda de la sanadora milagrosa.
Los amigos de papá se quedan unos días.
Me miran con curiosidad, el hijo de la leyenda y la maga misteriosa.
Borin intenta hacerme reír levantándome por los aires (aterrador y divertido a partes iguales), Lyra me observa con sus penetrantes ojos élficos como si intentara leer mi futuro, y Kael…
bueno, Kael intenta enseñarme a esconder cosas, lo cual es bastante inútil cuando apenas puedo sujetar un sonajero.
He reunido una cantidad considerable de energía interna, casi la mitad de mi potencial inicial.
Mi control es aún tosco, pero existe.
Y ahora sé que mis padres son potencias de Fuego y Luz, ambos en los escalones más altos del poder.
Los amigos de papá son un recordatorio del vasto mundo que hay ahí fuera.
Yo por mi parte, me predispongo a dormir la siesta.
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