El Legado - Capítulo 7
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7: Capítulo 7 7: Capítulo 7 Dejo un poco de lado la observación intensiva de los ruidosos amigos de papá (aunque sus payasadas siguen siendo un buen entretenimiento de fondo) y decido que es hora de una “inmersión materna”.
Mamá es un pozo de sabiduría (parlante) y poder, y si alguien puede darme pistas sobre la magia y mi propio potencial, es ella.
Además, su presencia es…
calmante.
Una agradable contraparte al caos del campamento del patio trasero.
Paso más tiempo pegado a sus faldas, literalmente.
Gateo siguiéndola por la casa, me siento a sus pies mientras organiza sus hierbas medicinales, y exijo ser alzado (con los típicos balbuceos y manitas extendidas de bebé) cuando se sienta a leer o meditar.
Ella parece encantada con mi repentino apego extra.
“Eres un pequeño velcro hoy, Lexo”, me dice riendo suavemente mientras me acomoda en su regazo.
“¿Quieres que mami te cuente alguna historia?
¡Ya sé!
Sobre el gran despertar” Asiento vigorosamente, aunque probablemente ella lo interprete como un movimiento aleatorio de bebé.
“Verás, cuando un niño cumple trece años y tiene…
la aptitud,” explica, bajando la voz como si compartiera un secreto, “su núcleo termina de formarse de golpe.
¡PUM!” Hace un gesto suave con las manos a la vez que me hace cosquillas, pero la palabra resuena.
“Toda esa energía acumulada durante años se libera en un instante.
Puede ser…
caótico.” Sus ojos se vuelven distantes por un momento.
“Recuerdo cuando mi hermano despertó…
¡hizo un agujero en el techo de su habitación!
Y una amiga hizo temblar toda el ala de la academia.
A veces rompen la cama, a veces solo agrietan las paredes…
Depende de la potencia y el control innato.” Un despertar caótico.
Una explosión de energía.
Eso explicaría por qué es todo un evento preparado con antelación.
Mi método gradual, forzado por mi conciencia prematura, parece estar saltándose ese bautismo de fuego (o luz, o tierra…).
Quizás sea bueno, evito destruir muebles.
O quizás me pierdo alguna especie de…
¿impulso inicial?
Interesante.
Mamá me abraza más fuerte.
“Pero no te preocupes por eso aún, mi pequeño.
Falta mucho.” Siento la calidez familiar de su energía de Luz envolviéndome, pura y reconfortante.
Mientras estoy así, en sus brazos, sigo con mi rutina interna, concentrándome en mi núcleo al 50%.
Siento que resuena suavemente con su propia energía, como dos diapasones vibrando en armonía.
No intento activamente copiarla ni absorber su luz, solo…
sentirla, mientras sigo compactando mi propio poder.
Un día, mientras estamos en la clínica anexa a la casa.
Un hombre con una fea herida en el brazo (un accidente con una herramienta de granja, creo) está sentado mientras mamá prepara un ungüento.
Yo estoy en el suelo, jugando con un bloque de madera.
Mamá murmura palabras suaves, y la luz familiar brota de sus manos, tejiéndose sobre la herida.
En ese momento, sin pensarlo realmente, siento una especie de…
tirón instintivo.
Como si quisiera ayudar.
Concentro mi atención en mi núcleo, deseando que la herida se cierre.
No pasa nada visible, por supuesto.
Mi poder es ínfimo comparado con el suyo.
Pero por un instante, juraría que la luz de mamá brilla un poquito más intensamente, y ella parpadea, lanzándome una mirada curiosa antes de volver a concentrarse en su tarea.
¿Habrá notado algo?
¿O solo fue mi imaginación?
Poco después de ese incidente, llega otra visita.
Pero esta no es ruidosa ni lleva hachas.
Un hombre alto se nos presenta, con ojos tan claros como el océano y tez perfecta tallada por el cincel de algún artista.
Alguien refinado el cual poseía un porte militar impecable, inmerso dentro una armadura dorada a la vez que ornamentada con cristales de roca a juego con sus ojos, todo reluciendo bajo una capa elegante.
No llegaba solo, estaba siendo escoltado por dos soldados que parecen salidos de alguna opera romana.
En un despliegue militar que dejaba en claro que este individuo era alguien por encima, muy encima de la media, proveniente de algún lugar y de rango importante.
Su rostro parecía severo, pero calmo.
Se frena un segundo en la puerta, indicando a sus acompañantes que lo esperen fuera y se decide a entrar en nuestra humilde casa como si desfilara por un salón del trono.
Borin, Lyra y Kael se ponen inmediatamente tensos, casi en posición de reverencia.
Papá se endereza, perdiendo parte de su aire relajado de “padre de pueblo”.
El hombre ignora a todos los demás y sus ojos se clavan en mamá.
Una pequeña sonrisa suaviza sus rasgos severos.
“Oh hermana, agraciados son mis ojos que te ven.” Mamá suspira, pero también le sonríe.
“Valerius.
¿No podías simplemente enviar una carta?” “Los asuntos del Reino requieren mi presencia en esta región.
Y no iba a pasar tan cerca sin ver a mi hermana…
y a mi nuevo sobrino.” Sus ojos se posan en mí, que estoy en brazos de papá.
Son penetrantes, analíticos.
“Así que este es el pequeño fruto del amor… ¿Lexo escuché que te llamabas?” ¡Tío Valerius!
El hermano que hizo un agujero en el techo.
Y ahora…
un General del Reino.
Las piezas siguen encajando.
Mamá no es solo una maga poderosa, es de una familia importante, influyente.
Este hombre irradia autoridad y un poder contenido diferente al de papá o mamá.
Más…
disciplinado.
¿Quizás Tierra?
¿O Metal?
Su núcleo debe ser impresionante también.
Me pasa de los brazos de papá a los suyos (con sorprendente delicadeza para ser un militar de alto rango).
Me examina de cerca.
Siento su mirada como si pudiera ver a través de mí.
No parece notar nada fuera de lo común, por suerte.
Solo soy un bebé regordete y ligeramente babeante para él.
“Se parece a Garen, pero tiene tus ojos, Elara”, dictamina finalmente, devolviéndome a mamá.
Luego su tono se vuelve más serio.
“Tenemos que hablar, hermana mayor.
Sobre la situación en nuestras fronteras…
y sobre por qué sigues escondiéndote aquí.” La tensión vuelve a la habitación, todos parecen expectantes.
Papá pone una mano protectora en el hombro de mamá y yo los miro incomodo, el aroma me delata, parece que llené mi pañal por los nervios…
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