El Legado - Capítulo 9
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9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 La semana sin papá y su ruidoso grupo se siente…
extraña.
La casa está más silenciosa, casi demasiado.
Los únicos sonidos habituales son mis propios balbuceos (cada vez más intencionados), el suave murmullo de mamá mientras trabaja, el tintineo de sus herramientas de alquimia o el susurro de las páginas de sus libros.
Ya tengo siete meses, un veterano en esto de la reencarnación infantil.
La llegada de la carta de papá es un bálsamo.
La trae un mensajero del ejército, con el sello oficial del General Valerius.
Mamá la abre con manos ligeramente temblorosas, pero una sonrisa aliviada se extiende por su rostro mientras lee.
“Buenas noticias, Lexo”, me dice, levantándome para darme un beso en la frente.
“Papá y los demás están bien.
Han tenido éxito en repeler algunos grupos de avanzada y están ayudando a reforzar las defensas del fuerte principal de la región.
Dice que Borin se queja de la comida, Lyra extraña los árboles altos y Kael ya ha ‘encontrado’ varias raciones extra.” La tensión en sus hombros disminuye visiblemente.
Saber que están bien, por ahora, es suficiente.
Mi “ayuda” en la clínica continúa.
Me he vuelto bastante bueno en pasarle a mamá el paño correcto o señalar el frasco que busca (siempre y cuando esté a mi alcance y ella me guíe con la mirada).
A veces, mientras ella canaliza su Luz curativa, cierro los ojos y me concentro en mi propio núcleo.
Ese 80% se siente sólido, estable.
Es como un músculo tenso esperando ser utilizado.
No ha habido más saltos repentinos; parece que ese impulso emocional fue una anomalía.
El 20% restante requerirá trabajo consciente, o quizás…
algo más.
Con la relativa calma, decido que es hora de abordar otro aspecto crucial: el conocimiento.
Entiendo todo lo que oigo, pero mi capacidad para comunicarme es frustrante.
Y quiero saber más sobre este mundo: su historia, su geografía, su magia…
más allá de los fragmentos que capto de las conversaciones.
Así que inicio la ‘Operación Biblioteca Secreta del Bebé’.
Mamá tiene una pequeña estantería con varios libros en la sala principal.
Textos médicos, algunos volúmenes sobre botánica, un par de tomos que parecen de historia y uno o dos con runas y diagramas que gritan “magia”.
Convencer a mamá de que me deje “jugar” cerca de la estantería requiere cierta persistencia (y fingir interés en mordisquear la pata de una silla cercana).
Una vez allí, mi verdadero trabajo comienza.
Sentado en el suelo, apoyado contra la pared para no volcarme, intento abrir los pesados volúmenes.
Mis dedos regordetes son torpes, las páginas gruesas.
Más de una vez acabo babeando sobre un diagrama alquímico o arrancando accidentalmente una esquina (¡ups!).
Pero mi mente está enfocada.
Reconozco algunas letras del alfabeto de mi vida anterior, pero la escritura aquí es diferente, aunque con algunas similitudes latinas.
Empiezo a asociar los símbolos que veo con las palabras que mamá usa constantemente: “curación”, “luz”, “hierba”, “reino”, “frontera”.
Miro los mapas, en lo que parece una antigua enciclopedia de geografía, intentando memorizar la forma de este nuevo mundo.
Observo los diagramas médicos (aun inentendibles), comparándolos con mi conocimiento rudimentario de anatomía (tanto humana como, ahora, la mía propia con este núcleo extra).
Es un proceso increíblemente lento y laborioso, limitado por mi físico de bebé.
Pero cada pequeño descubrimiento, cada símbolo que empiezo a reconocer, es una victoria.
En resumidas cuentas, parece que vivo en un planeta similar a la Tierra, llamado Ummo, donde todo está cubierto por agua y en el centro hay una enorme Pangea como continente único.
Dentro de este gran bloque central, hay 7 territorios bien delimitados.
Por lo que puedo entender -y la gran flecha roja que dibujó mamá en el libro-, estoy en Quintus.
No comprendiendo el porqué, lo cual será motivo de investigación en otro momento, pero parece que estos países/reinos/territorios están nombrados como números según su posición cartesiana -buena gente que no se quería complicar la existencia-, empezando por Primus y terminando en Septimus, ordenados de norte a oeste en sentido horario.
Por lo que mi nación está al sur oeste, en una pradera casi idílica con apenas una cadena montañosa al norte, la cual delimita con Sextus.
Después de una semana de esta nueva rutina –refinamiento interno pasivo, “ayuda” en la clínica y mis sesiones secretas de estudio–, siento que, aunque mi núcleo no ha avanzado porcentualmente, mi mente está más…
anclada en este mundo.
La conexión entre mi conciencia adulta y mi entorno actual se fortalece.
Curioso por ver si mis esfuerzos intelectuales o mi estabilidad interna han tenido algún reflejo medible, me concentro y llamo a la azulada interfaz cerrando los ojos.
—————————— [Lexo] Nivel: 0.80 HP: 16/16 (+1) MP: 21/21 (+1) FUE: 2 VIT: 2 INT: ??
(Procesamiento Lingüístico Activo) SAB: ??
(Análisis Ambiental Básico Activo) DES: 2 MAG: 2 Estado: Mente Consciente, Núcleo de Maná Estable (~80%), Aprendizaje Autodidacta.
—————————— ¡Ah!
Cambios interesantes en INT y SAB.
Siguen bloqueados, pero ahora indican actividad específica: “Procesamiento Lingüístico” y “Análisis Ambiental”.
Y un nuevo estado: “Aprendizaje Autodidacta”.
El sistema reconoce mis esfuerzos por aprender por mi cuenta.
Los stats básicos y HP/MP siguen subiendo lentamente con el crecimiento.
El núcleo sigue estable al 80%.
Sonrío para mis adentros victorioso, aunque dura poco y caigo rendido ante el placentero sueño y el aroma suave de mis cobijas.
Cierto, aun sigo siento un bebé.
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