El Llamado del VOOG - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 Misión No Tan Secreta
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10: Capítulo 10: Misión No Tan Secreta 10: Capítulo 10: Misión No Tan Secreta El mundo que la rodeaba no parecía real.
Era un paraje abstracto, construido enteramente de tinta negra que ondulaba como si estuviera viva.
Deirdre miró a su alrededor con una sensación de déjà vu.
—Otra vez aquí… —susurró, frunciendo el ceño mientras sus pies apenas dejaban huella en la superficie líquida.
Un murmullo silencioso flotaba en el aire.
Frente a ella, como en cada una de estas visiones, una figura sin rostro se alzaba, inmóvil, con el brazo extendido y el dedo índice señalando un punto en el horizonte.
Deirdre apretó los puños.
—No esta vez.
No me quedaré de brazos cruzados.
Si sabes algo, dime qué significa todo esto —dijo con firmeza.
La figura dejó de señalar.
Su postura rígida se relajó y, por primera vez, en vez de desaparecer como siempre lo hacía… se movió.
Deirdre sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando el ser dio un paso hacia ella.
Su cuerpo, compuesto de aquella tinta oscura, se retorció con movimientos inhumanos.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió dos manos frías aferrarse a sus hombros.
Un aliento gélido rozó su oído, y una voz gutural susurró con claridad: —Libera la cadena.
Avenida Norte, 276.
Deirdre abrió la boca para responder, pero antes de poder hacerlo, fue arrancada del sueño.
—¡AAAAAH!
—Despertó con un grito, su cuerpo cubierto de sudor frío.
La respiración agitada le impedía pensar con claridad, pero antes de que pudiera calmarse, la puerta de su habitación fue pateada con violencia, haciendo que la manija saliera volando y se estrellara contra la pared.
—¡¿DÓNDE ESTÁ EL FANTASMA?!
¡HOY ES EL DÍA QUE LO ATRAPO!
—gritó Alex, con los puños envueltos en llamas y los ojos encendidos por la adrenalina.
En su mente, seguramente se veía como un cazador de lo paranormal, un guerrero listo para enfrentarse a cualquier espectro que se atreviera a desafiar su territorio.
Deirdre, en cambio, solo veía a un imbécil que acababa de entrar a su habitación mientras ella estaba en ropa interior.
Hubo un segundo de silencio.
Luego, voló una almohada.
—¡¡SAL DE AQUÍ, IDIOTA!!
—Deirdre le lanzó lo primero que tenía a mano, golpeándolo directamente en la cara con una zapatilla.
—¡¿QUÉ?!
¡¿QUÉ PASA?!
—Alex alzó las manos en defensa mientras esquivaba otro proyectil—.
¡Pensé que estabas en peligro!
—¡EL ÚNICO QUE ESTÁ EN PELIGRO ERES TÚ SI NO TE SALES AHORA MISMO!
—Deirdre tomó un libro de su buró y se lo lanzó a la cabeza.
Alex logró esquivarlo… pero la fuerza del ataque hizo que el libro rebotara en la pared y golpeara un florero, el cual cayó al suelo en cámara lenta, desparramando agua y flores marchitas por toda la alfombra.
Silencio.
Los dos se quedaron mirando el desastre.
—Mira el lado positivo… —dijo Alex, con una sonrisa incómoda—.
Por lo menos no fui yo quien rompió algo esta vez.
Otro zapato voló directo a su cara.
Tras obligar a Alex a salir de su cuarto y asegurarse de cerrar con seguro, Deirdre se duchó rápidamente, todavía con la mente revuelta por el sueño.
Las palabras “Libera la cadena.
Avenida Norte, 276.” no dejaban de repetirse en su cabeza.
Mientras se vestía, no pudo evitar pensar en lo extraña que había sido esta visión.
Hasta ahora, sus sueños siempre habían terminado cuando la figura desaparecía.
Pero esta vez, la había tocado.
Y lo que era aún peor… le había hablado.
“¿Qué significa eso…?” Con el ceño fruncido, salió de su cuarto y se dirigió a la cocina.
Allí encontró a Alex, quien ya había tomado la iniciativa de preparar el desayuno.
—¡Bienvenida a la cafetería del gran Alex!
—exclamó con una sonrisa radiante—.
Hoy tenemos café, huevos revueltos y pan que no está quemado… probablemente.
—¿Probablemente?
—preguntó Deirdre, cruzándose de brazos.
—Digo, no tengo pruebas, pero tampoco dudas —respondió Alex, mientras le pasaba un plato.
Deirdre suspiró y se sentó frente a él.
Dio un sorbo a su café y, para su sorpresa, no estaba mal.
Hasta parecía decente.
—Oye, de verdad esto no sabe a veneno.
—¡¿Ves?!
¡Un día de estos te sorprenderé con mis habilidades culinarias legendarias!
—Sí, claro.
El mismo día que Jessica aprenda a ser discreta.
Alex se río mientras mordía su pan tostado.
—Oye, ahora que estamos desayunando en paz… —dijo, mirándola con curiosidad—.
¿Qué fue todo ese grito hace rato?
Deirdre se quedó en silencio por unos segundos, debatiendo si debía contarle.
Finalmente, decidió que no tenía sentido ocultarlo.
—Fue otro de esos sueños raros —admitió, removiendo el café con la cuchara—.
Pero esta vez… la figura me habló.
Alex dejó su pan en el plato y la miró con más seriedad.
—¿Qué te dijo?
Deirdre bajó la voz, como si decirlo en alto hiciera que el mensaje cobrara más poder.
—”Libera la cadena.
Avenida Norte, 276.” Alex frunció el ceño.
—Eso… definitivamente suena sospechoso.
—Lo sé.
—Deirdre apoyó los codos en la mesa y se masajeó las sienes—.
Pero no tengo idea de qué significa.
—Podría ser una dirección real —sugirió Alex—.
Tal vez deberíamos buscarla en un mapa.
Deirdre lo miró fijamente.
—¿Estás sugiriendo que vayamos?
—Obviamente.
Si una entidad misteriosa te dice algo en un sueño… la única respuesta lógica es investigarlo.
—O… podríamos ignorar la invitación de un espectro interdimensional y seguir con nuestras vidas —replicó Deirdre, levantando una ceja.
—¿En serio?
¿Después de todo lo que hemos vivido?
—Alex se inclinó hacia adelante con los ojos brillando de emoción—.
Vamos, Deirdre.
¡La aventura nos llama!
Deirdre suspiró profundamente.
—Odio cuando haces eso.
—¿Hacer qué?
—Que me hagas sentir como la aburrida por no querer seguir mensajes crípticos de un posible demonio.
Alex sonrió ampliamente.
—Entonces, ¿vamos?
Deirdre miró su café, lo terminó de un trago y se puso de pie.
—Sí, vamos.
—¡Esa es mi chica!
—Cállate antes de que me arrepienta.
Alex bostezó, estirándose en la silla con la cabeza apoyada en sus brazos.
—Entonces… ¿cuál es el plan?
Deirdre revisaba su celular sin prestarle demasiada atención.
—El plan es ir a trabajar.
Luego tomaremos transporte y exploraremos un poco al norte de la ciudad.
No he ido mucho por allá, pero… bueno, no es precisamente el lugar más agradable.
Alex asintió con lentitud, procesando la información.
—Entiendo.
Entonces, reuniré armas a lo largo del día.
Deirdre parpadeó, sacando la vista de la pantalla para mirarlo con incredulidad.
—¿Armas?
—Sí.
Cuchillos, palos, bombas de humo… — enumeró con los dedos como si fuera lo más lógico del mundo.
—Quizás un lanzallamas si logro encontrar uno barato.
Ella suspiró pesadamente, volviendo su atención al celular.
—Haz lo que quieras.
Alex sonrió, satisfecho con la respuesta.
—Gracias.
Me gusta cuando me das libertad creativa.
El día en el trabajo transcurrió de forma tranquila, algo que Deirdre no estaba acostumbrada a experimentar.
Gran parte de la jornada la pasó con Adrián, quien tenía poco trabajo ese día y se había quedado cerca de ella, ayudándola con pequeñas tareas.
Era fácil estar con él.
Su forma relajada de hablar y su sentido del humor ligero hacían que el tiempo pasara rápido, y aunque él no lo supiera, ella agradecía ese tipo de compañía.
Pero la paz relativa de su día tenía un problema.
Un problema llamado Alex.
Mientras ella trabajaba, él había decidido que su misión en la vida era hacer que su jornada fuera cualquier cosa menos normal.
Primero, comenzó con la silla giratoria.
—Miren esto.
— anunció de la nada, impulsándose con los pies para girar velozmente sobre sí mismo.
Deirdre lo ignoró, concentrada en su computadora.
Adrián, sin embargo, arqueó una ceja con curiosidad.
—¿Cuántas vueltas puedes dar antes de marearte?
Alex lo miró como si acabara de desafiar su honor.
Sin decir una palabra, se impulsó con más fuerza.
Deirdre suspiró.
—No lo alientes.
—¡Esto es una prueba de resistencia!
— exclamó Alex mientras giraba sin control.
El impulso continuó hasta que la física hizo lo suyo y la silla perdió estabilidad.
Alex salió despedido hacia un lado, aterrizando de espaldas con los brazos extendidos.
—Ugh… soy… imparable… — murmuró con los ojos vidriosos.
Adrián aplaudió lentamente.
—Eso fue impresionante.
Deirdre hundió el rostro en sus manos.
—No me pagan lo suficiente para esto.
Pero Alex no se detuvo ahí.
Durante el resto del día, se dedicó a hacer pequeñas travesuras.
En un momento, apareció junto a la impresora con una expresión grave.
—Deirdre.
Esto es importante.
—¿Qué cosa?
— respondió sin levantar la mirada de su computadora.
—La impresora ha revelado su mensaje profético.
Ella lo miró con cansancio.
—Por favor, dime que no estás hablando de la hoja de prueba que imprime cuando la enciendes.
Alex le entregó el papel con una expresión solemne.
—”Páginas totales impresas: 357″.
Es un código.
—No, es literalmente el número de páginas que ha impreso.
—¿O es una advertencia de que algo ocurrirá en 3:57?
— replicó él, cruzándose de brazos.
—No.
—Deirdre, deberíamos estar preparados.
—Alex, te juro que si vuelves a interrumpirme con otra tontería, te desconecto de mi vida.
Alex resopló, ofendido.
—Eso fue innecesariamente cruel.
El colmo llegó cuando comenzó a intentar “ayudar” con las tareas del trabajo.
—Dame algo que archivar.
—No.
—Déjame enviar un correo.
—Definitivamente no.
—Entonces solo dime el nombre de tu jefe.
—¿Para qué?
—Para enviarle una carta escrita a mano con amenazas veladas.
—No.
—Entonces con amenazas directas.
—¡Alex!
Al final, lo mejor que podía hacer era ignorarlo.
Pero eso no evitaba que Adrián de vez en cuando le echara miradas curiosas, como si pudiera notar que ella estaba pasando por algo extraño.
Cuando finalmente terminó su jornada laboral, Deirdre recogió sus cosas y salió del edificio con Alex siguiéndola de cerca.
—Recuerda que tenemos que ir al norte de la ciudad.
— dijo mientras revisaba su teléfono.
Alex caminaba con un ligero tambaleo, todavía recuperándose de su fallido intento de girar sin control.
—Sí, sí… pero primero necesito cinco minutos para que el mundo deje de moverse.
Ella resopló.
—Sabes, a veces me pregunto si eres realmente mi protector o si solo estás aquí para ser mi problema.
Él sonrió de lado.
—Las mejores relaciones no siempre son fáciles de definir.
Deirdre le lanzó una mirada de advertencia antes de seguir caminando.
Mientras esperaban su transporte, Alex la miró de reojo con curiosidad.
—Entonces, ¿cómo vamos a viajar?
¿Tienes un corcel legendario?
—No.
—¿Un auto blindado?
—No.
—¿Una carreta mágica impulsada por llamas?
Deirdre suspiró, señalando su celular.
—Voy a pedir un transporte en una aplicación.
Alex arqueó una ceja.
—¿Una qué?
—No es como si fuera la primera vez que hacemos esto.
Él la miró con una mezcla de fascinación y desconfianza.
—¿Y si el conductor es un asesino?
Deirdre parpadeó.
—¿Perdón?
Alex se encogió de hombros.
—Bueno, solo digo… te subes al auto de un extraño y confías en que no te secuestrará.
Ella lo miró fijamente.
—Voy a ignorar ese comentario.
Justo en ese momento, el auto llegó y Deirdre abrió la puerta para entrar.
Alex la siguió y, antes de cerrar la puerta, miró al conductor con seriedad.
—Si intentas algo sospechoso, te juro que haré que te arrepientas.
El conductor parpadeó varias veces.
Deirdre lo tomó del brazo y lo jaló dentro del auto antes de que pudiera seguir hablando.
—Lo siento, es… raro.
Alex se acomodó en el asiento y cruzó los brazos.
—No soy raro.
Solo soy precavido.
Ella lo fulminó con la mirada.
—Si vuelves a hablar en ese tono, te juro que te tiro del auto en movimiento y se supone que debes ser invisible.
Alex sonrió.
—Me encantas cuando eres amenazante.
Deirdre cerró los ojos y respiró hondo.
El viaje en auto fue relativamente tranquilo.
Lo más sorprendente era que Alex, quien normalmente no podía estarse quieto, se comportaba de manera extrañamente obediente.
Estaba sentado con las manos en las rodillas, mirando por la ventana con la emoción contenida de un niño esperando llegar a su destino en un parque de diversiones.
Deirdre, sin embargo, no bajó la guardia en ningún momento.
Lo mantenía bajo una vigilancia intensa, lista para intervenir en caso de que decidiera abrir la boca y decir algo que hiciera que el conductor los dejara abandonados en medio de la carretera.
Cada tanto, Alex hacía ruidos de asombro cuando pasaban junto a algo llamativo.
—¡Mira, mira!
¡Esa tienda tiene un pollo gigante en el techo!
¿Eso es comida o una criatura legendaria?
Deirdre no se molestó en mirarlo.
—Es un anuncio.
—¿Un anuncio de qué?
¿De un culto al pollo?
—De un restaurante.
Alex chasqueó la lengua, decepcionado.
—Qué desperdicio de potencial… Finalmente, el auto se detuvo en su destino.
Deirdre pagó rápidamente el viaje y bajó sin perder tiempo.
Alex saltó del auto con entusiasmo, estirándose como si hubiera estado atrapado por horas en una celda.
—¡Por fin, libertad!
— exclamó dramáticamente.
—Creí que moriría de aburrimiento.
—Fueron solo veinte minutos.
—Exactamente.
Una tortura.
Deirdre ignoró su queja y extendió la mano en dirección al enorme boulevard frente a ellos.
—Mira, esta es la avenida principal del norte de la ciudad.
Alex puso una mano sobre su frente en forma de visera y observó el paisaje con ojos analíticos.
El lugar tenía un aire distinto al resto de la ciudad.
Los edificios eran más antiguos, algunas calles estaban más desgastadas y la gente parecía moverse con más cautela, como si el simple hecho de estar ahí los hiciera mantenerse alerta.
Entonces, con una determinación absoluta, Alex adoptó una pose exagerada con los brazos cruzados.
—Modo detective activado.
—No hagas eso.
—Demasiado tarde.
Ya estoy en personaje.
Deirdre suspiró.
Aún así, comenzaron a recorrer la avenida.
Los números de los edificios descendían del 500 en reversa, y pronto se dieron cuenta de que el lugar era más grande de lo que esperaban.
Después de varios minutos caminando, Alex giró la cabeza hacia Deirdre con el ceño fruncido.
—Oye, ¿esa aplicación no podía dejarnos justo en el punto exacto?
—Podía.
—¿Entonces por qué estamos caminando como tontos?
—Porque si hubiéramos llegado directamente ahí, habría sido sospechoso.
Alex alzó una ceja.
—¿Sospechoso para quién?
¿Para la mafia de la ciudad?
—Para cualquiera que pueda estar vigilando la zona.
Alex bufó.
—O sea que tu plan es “parecer turistas despistados”.
Muy sólido.
Antes de que Deirdre pudiera responderle, una voz fuerte resonó desde el otro lado de la calle.
—¡¿Deirdre?!
¡¿Alex?!
Ambos se detuvieron en seco y voltearon de inmediato.
En la acera opuesta, de pie junto a un puesto de comida callejera, estaban Cristina y Natsu.
Los dos los miraban con sorpresa, aunque de maneras muy distintas.
Cristina tenía los ojos abiertos de par en par, con una expresión de “oh, no, nos descubrieron”, mientras que Natsu los observaba con la calma y seriedad de siempre, como si nada lo afectara.
Deirdre frunció el ceño, cruzando los brazos.
—¿Qué hacen aquí?
Cristina se tensó visiblemente.
Antes de que pudiera responder, Natsu habló con naturalidad.
—Frecuentamos esta zona.
Aquí suele haber gente con VOOGs.
Cristina le dio un codazo tan rápido y certero que hizo que el chico soltara un leve quejido.
—¡Cállate!
— susurró con nerviosismo antes de sonreír con rigidez.
—Quiero decir… ¡es una coincidencia total!
Deirdre entrecerró los ojos, claramente desconfiando de su respuesta.
—Ajá… no me gusta lo que están haciendo.
Cristina rió de manera forzada.
—¿Haciendo?
No estamos haciendo nada.
¡Solo casualmente estábamos aquí!
En este barrio oscuro y sospechoso.
Por la noche.
Por diversión.
—Ajá.
Deirdre los miró con esa cara de “no me trago ni una palabra de lo que dices” mientras Alex, totalmente ajeno a la tensión, levantaba el pulgar con emoción.
—¡Excelente!
Entonces pueden acompañarnos.
Estamos en una misión ultra secreta.
Natsu, quien hasta ahora se había mantenido tranquilo, mostró un leve destello de interés.
—¿De qué trata?
¿Estamos cazando a alguien?
Deirdre suspiró y negó con la cabeza.
—No, solo seguimos una corazonada.
—Bueno, yo diría que es más que una corazonada… — intervino Alex, de repente animado.
—¡Es toda una teoría!
Verán, el plan es que— Cristina le tapó la boca con ambas manos de inmediato.
—¡Basta!
¡Si nos dices todo, ya no será secreto!
Alex, sin ninguna intención de resistirse, solo parpadeó mientras su boca seguía cubierta por las manos de la chica.
Cristina se giró hacia Deirdre con el ceño fruncido.
—¿¡Por qué siempre dejas que él hable tanto!?
—Porque para cuando me doy cuenta, ya es demasiado tarde.
Cristina suspiró y lo soltó.
Alex se sacudió, ofendido.
—Eso fue innecesario.
Deirdre le dedicó una mirada de advertencia antes de cambiar el enfoque.
Miró fijamente a Cristina.
—¿Tu hermano sabe que estás aquí?
El rostro de la chica cambió drásticamente.
—Ehh… —Cristina… Ella se removió nerviosa y agitó las manos con una risa nerviosa.
—No… pero por favor no le digas.
Deirdre cruzó los brazos, claramente nada convencida.
—¿Sabes que si se entera, va a matarte, verdad?
Cristina asintió rápidamente.
—¡Sí!
¡Por eso no debe enterarse!
Natsu, completamente ajeno al drama, simplemente asintió.
—Sería problemático.
Cristina le lanzó una mirada asesina.
—¡Eso no ayuda, Natsu!
Alex miró a todos con una sonrisa despreocupada.
—Bueno, pues ahora que somos un equipo, ¡sigamos con la investigación!
Deirdre le dio un golpecito en la cabeza con la palma de la mano.
—No somos un equipo.
—Aww, pero suena más cool si lo decimos así… Cristina suspiró.
—Bueno, ya que estamos aquí… supongo que podemos quedarnos un rato.
—¡Perfecto!
— Alex aplaudió.
— Entonces, ¡vamos a actuar como si estuviéramos buscando algo muy importante!
¡Tomen poses de espías!
Nadie lo hizo.
Alex los miró con decepción.
—¿Nadie?
¿En serio?
Deirdre puso los ojos en blanco.
—Dios, ¿qué hice para merecer esto?
—Invocaste un VOOG sin leer las letras pequeñas.
—¡Cállate, Alex!
Cristina rió suavemente, y hasta Natsu parecía estar conteniendo una sonrisa.
Así, con el grupo ahora reunido de manera inesperada, continuaron su caminata por el norte de la ciudad, sin saber que lo que encontrarían más adelante podría ser mucho más de lo que estaban buscando.
Los cuatro caminaron juntos hacia su destino.
A pesar de la atmósfera inquietante del lugar, el grupo mantenía un aire relajado, especialmente porque Alex y Natsu parecían estar completamente en sintonía con su propia energía caótica.
Cristina se giró hacia Alex con una sonrisa juguetona.
—Oye, la próxima vez prometo que haré una pose de espía contigo.
Alex la miró con la seriedad de alguien que estaba recibiendo un juramento sagrado.
—Cristina… no prometas algo así si no estás preparada para cumplirlo.
—Te lo juro, será épico.
Alex asintió solemnemente.
—Bien.
Lo recordaré.
Pero entonces, con la misma rapidez con la que podía cambiar de tema sin razón aparente, Alex chasqueó los dedos.
—¡Oh!
Casi lo olvido.
Ya vi la serie que me recomendaste.
Cristina se iluminó de emoción.
—¡¿En serio?!
¿Qué te pareció?
—Maravillosa.
Ahora quiero derrotar a un monstruo gigante mientras uso un traje ajustado de colores.
—Eso es exactamente el mensaje de la serie.
— afirmó ella con orgullo.
Natsu, que había permanecido en silencio, intervino con su tono serio habitual.
—Yo ya tengo mi traje listo para la acción.
Alex lo miró con un dejo de respeto y un poco de envidia.
—Diablos… este tipo siempre va un paso adelante.
Cristina y Natsu rieron, y pronto el grupo entero comenzó a bromear mientras avanzaban por la avenida.
Aunque la ciudad tenía un aire cada vez más sombrío conforme se adentraban en la zona, la energía del grupo hacía que el ambiente no se sintiera tan pesado.
Entre chistes y exageraciones sobre cómo serían si fueran superhéroes, finalmente llegaron a su destino: Avenida Norte 276.
Frente a ellos se encontraba una casa que, a simple vista, parecía completamente abandonada.
La pintura estaba desgastada, las ventanas estaban cubiertas de polvo y la puerta principal parecía haber visto días mejores.
Pero antes de que alguien pudiera hacer un comentario sobre el estado del lugar, Alex y Natsu se pusieron frente al grupo al mismo tiempo.
—Hay un VOOG ahí dentro.
— dijeron al unísono.
Se miraron entre sí, sorprendidos por haberlo dicho al mismo tiempo.
—¿Tienes habilidades telepáticas?
— preguntó Alex con los ojos entrecerrados.
—No.
— respondió Natsu con seriedad.
—Solo sentí la presencia al mismo tiempo que tú.
Alex chasqueó la lengua.
—Maldición.
Hubiera sido genial si las tuvieras.
Deirdre, ignorando la conversación sin sentido, cruzó los brazos.
—Si hay un VOOG dentro, ¿por qué no hay un domo activado?
Alex giró la cabeza hacia ella con una expresión pensativa.
—Debe saber cómo evitar que se active.
Cristina frunció el ceño.
—¿Eso se puede hacer?
—Claramente sí, porque si no ya estaríamos en una pelea mortal.
— respondió Alex con total naturalidad.
Deirdre se llevó una mano al mentón, procesando la información.
—Definitivamente hay algo que investigar aquí.
Pero, ¿qué sigue?
Antes de que alguien pudiera responder, un escalofrío recorrió al grupo.
Se dieron cuenta de que los estaban observando.
Desde diferentes puntos de la calle, personas que parecían estar ocupadas en sus asuntos ahora tenían los ojos clavados en ellos.
Algunos estaban apoyados en paredes, otros sentados en escalones, y algunos simplemente de pie, pero todos tenían algo en común: no parpadeaban.
El silencio se hizo pesado.
—Esto no me gusta nada.
— murmuró Natsu, poniéndose tenso.
Antes de que pudieran reaccionar, un auto negro se detuvo junto a ellos.
La ventanilla del copiloto bajó lentamente, revelando a un hombre con gafas oscuras y expresión inescrutable.
—Hola.
— dijo con una voz seca y neutral.
—Somos su transporte.
Por favor, suban al auto o… pasarán cosas malas.
Hubo un largo silencio incómodo.
Los cuatro intercambiaron miradas.
—Qué conveniente.
— murmuró Cristina.
—Suena como un secuestro.
— añadió Alex.
—Definitivamente parece un secuestro.
— coincidió Deirdre.
El piloto del auto suspiró, y esta vez fue él quien habló.
—Deirdre, no hay tiempo.
Quizá no me conoces, pero soy Daniel, y este de aquí es mi VOOG.
Si se quedan más tiempo, la Cábala Nocturna los tomará como enemigos.
Cristina y Natsu se miraron sin entender nada.
—¿La qué?
— preguntó Natsu.
Alex, que estaba analizando la situación, entrecerró los ojos.
—No sé si confiar en que realmente eres el Daniel que estamos buscando… Antes de que pudiera continuar, la puerta de la casa que estaban investigando se abrió de golpe.
Todos giraron la cabeza.
De la casa salió una chica herida.
Su rostro estaba cubierto de polvo y tenía un ojo morado, además de varias cortadas en los brazos.
Parecía estar en un estado terrible, pero incluso con su apariencia agotada, su mirada tenía una urgencia inconfundible.
—Por favor… váyanse.
Gente mala está por venir.
Deirdre sintió que su estómago se hundía.
No había tiempo para dudar.
Miró a los demás, y sin decir nada, supieron cuál era la única opción.
—¡Suban al auto!
— ordenó.
Sin discutirlo más, los cuatro se subieron rápidamente al vehículo.
Apenas cerraron las puertas, el piloto aceleró con fuerza, haciendo que el auto derrapara antes de tomar velocidad en la calle oscura.
Desde la ventana trasera, Deirdre miró a la chica herida, que los observaba mientras se alejaban.
Y entonces, varias sombras aparecieron alrededor de la casa.
Personas que no estaban allí antes.
Algunas saliendo de los callejones.
Algunas bajando de los techos.
Muchas.
Deirdre sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Definitivamente hicimos lo correcto.
— murmuró.
Cristina, sentada a su lado, tragó saliva.
—Pero ahora tengo aún más preguntas.
Alex, desde el asiento del copiloto, cruzó los brazos.
—Bueno, supongo que ahora nos explicarán todo, ¿verdad, Daniel?
El hombre que conducía no apartó la vista del camino, pero su voz sonó seria y directa.
—Cuando lleguemos a un lugar seguro, sí.
El auto siguió avanzando, alejándose del barrio peligroso.
Pero incluso mientras escapaban, Deirdre no podía sacudirse de la cabeza a aquella chica que les dijo que se fueran, algo en ella quería que volvieran por ella.
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