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El Llamado del VOOG - Capítulo 11

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11: Capítulo 11: Equipo Formado 11: Capítulo 11: Equipo Formado El auto se movía a toda velocidad por las calles iluminadas por farolas intermitentes.

El ambiente en su interior era una mezcla de tensión, incertidumbre y, en el caso de Alex, incomodidad extrema.

—Dios, ¿cuánto falta?

— se quejó, retorciéndose en su asiento.

—¡Este auto es como una prisión sobre ruedas!

¡Mi espacio personal está siendo brutalmente violado!

—Podría ser peor.

— comentó Natsu.

—¿Cómo?

— preguntó Alex, girándose hacia él con genuina curiosidad.

—Podríamos estar en una moto, todos juntos, abrazados fuertemente para no caernos.

Alex lo miró fijamente por un momento, imaginando la escena.

—Ok, tienes razón.

Esto no es tan malo.

— admitió, encogiéndose de hombros.

Mientras tanto, en el asiento trasero, Cristina estaba abrazada a sí misma con los brazos cruzados, claramente molesta.

—No sé ustedes, pero yo estoy bastante segura de que no éramos los únicos con VOOGs en esa calle.

—Sí, me di cuenta.

— murmuró Deirdre, masajeando su sien con dos dedos.

—Pero gracias por recalcar lo obvio, muy útil.

—¡Solo digo que lo más probable es que si nos quedábamos, terminábamos peleando contra una manada de locos!

—¿Y entonces por qué estabas ahí en primer lugar?

— inquirió Deirdre con una mirada afilada.

Cristina se puso rígida.

—Uhh…

—Ajá.

—Oye, fue pura coincidencia.

—Sí, claro.

Coincidencia total que tú y Natsu estuvieran rondando un barrio sospechoso, a una hora sospechosa, y rodeados de gente con VOOGs.

—¡Exacto!

Deirdre resopló, claramente frustrada, pero prefirió no seguir insistiendo.

Se recargó en el asiento y cruzó los brazos.

—No quiero seguir con esta conversación hasta que sepamos a qué demonios nos metieron.

Cristina dejó escapar un suspiro de alivio, mientras que Alex y Natsu, que aparentemente habían dejado de escuchar hace rato, estaban discutiendo sobre cosas sin sentido.

—Digo, los dragones de fuego son geniales, pero los de hielo tienen una estética más aterradora.

— decía Alex con seriedad.

—Sí, pero el fuego representa la destrucción absoluta, lo cual da un mayor impacto.

— argumentó Natsu con su tono solemne.

—Pero el hielo también puede destruir todo, solo que de forma lenta y más dramática.

—Mmm… tienes un punto.

—¿Qué demonios están diciendo ustedes dos?

— intervino Cristina, mirando a ambos con incredulidad.

—Discusión importante.

— respondió Natsu sin más.

—Asunto de vida o muerte.

— añadió Alex.

Cristina los miró por un segundo y luego negó con la cabeza.

—Ustedes están locos.

—Gracias.

— sonrió Alex.

Después de varios minutos de conducir en silencio (salvo por el ocasional quejido de Alex porque su pierna se estaba durmiendo), el auto se detuvo frente a un restaurante de comida rápida.

Daniel apagó el motor y se giró hacia ellos.

—Bien, hemos llegado.

Todos miraron por la ventana.

—¿Nos trajiste a un…

restaurante de hamburguesas?

— preguntó Deirdre, arqueando una ceja.

—Sí.

Pidan lo que quieran.

— respondió Daniel, como si aquello fuera completamente normal.

Alex se quedó en silencio por un momento.

Luego sonrió ampliamente.

—Finalmente, un hombre con valores.

Cristina, sin embargo, estaba más interesada en la parte estratégica de todo esto.

—¿Y qué se supone que hacemos ahora?

Daniel se cruzó de brazos.

—Aquí podrán comer y también llamar a su amiga Jessica.

Yo me encargaré de que Jonny esté aquí.

Los cuatro se miraron entre sí.

—¿Jonny?

— preguntó Cristina con confusión.

—Un amigo que necesitaremos— dijo Daniel sin más.

Natsu asintió como si todo tuviera perfecto sentido.

—Interesante.

Deirdre, sin muchas más opciones, sacó su celular y suspiró.

—Bien.

Llamaré a Jessica… aunque no tengo idea de cómo explicarle esto.

—Dile que es una emergencia.

— sugirió Daniel.

—Claro, eso hará que todo suene mucho menos sospechoso.

— respondió Deirdre con sarcasmo.

Mientras ella marcaba, los demás bajaron del auto y entraron al restaurante.

El olor a papas fritas y hamburguesas recién hechas llenó el aire, provocando que Alex prácticamente comenzara a flotar hacia el mostrador como si fuera un dibujo animado.

—Este lugar es hermoso.

— murmuró, con los ojos brillando.

Cristina se estiró y suspiró.

—Bueno, si vamos a estar aquí, mejor aprovecho y pido algo.

—Eso es lo único inteligente que has dicho hoy.

— murmuró Deirdre, guardando su celular tras haber enviado el mensaje a Jessica.

Se acercaron al mostrador y comenzaron a hacer sus pedidos.

—Quiero la hamburguesa doble con queso, extra papas y un batido de chocolate.

— pidió Cristina.

—Lo mismo que ella.

— dijo Natsu sin pensarlo demasiado.

Alex puso los codos en el mostrador y sonrió ampliamente.

—Bien, aquí vamos.

Quiero una hamburguesa de triple carne, dos porciones extra grandes de papas, nuggets de veinte piezas, dos batidos y un refresco de litro.

El empleado parpadeó.

—¿Algo más?

—Sí.

¿Pueden ponerlo en una bandeja dorada y servírmelo con música épica de fondo?

—No.

—Bah.

Después de que todos pidieron su comida, se sentaron en una mesa amplia al fondo del restaurante.

Y entonces, sin previo aviso, la discusión comenzó.

—A ver, Cristina.

— comenzó Deirdre, con los brazos cruzados.

—¿Qué demonios estabas haciendo en el norte de la ciudad sin decirle nada a tu hermano?

Cristina hizo un gesto defensivo.

—¡No estaba haciendo nada malo!

—No estabas haciendo nada bueno tampoco.

—Solo estábamos investigando algunas cosas.

—Ajá, en una zona peligrosa llena de gente con VOOGs.

Cristina suspiró y miró hacia un lado.

—Ok, sí, tal vez no fue la mejor idea del mundo, pero igual estábamos preparados.

Deirdre la miró con seriedad.

—¿Qué pensaría tu hermano de que te pones en peligro así?

Cristina tragó saliva.

—No se lo digas por favor.

—Ya veremos.

Mientras tanto, al otro lado de la mesa, Alex y Natsu seguían discutiendo sobre cosas sin sentido.

—Si tuvieras que elegir entre pelear con un ejército de pollos o un solo pollo gigante del tamaño de un auto, ¿qué elegirías?

— preguntó Alex.

Natsu frunció el ceño.

—¿Los pollos pequeños son violentos?

—Sí.

Son muy violentos.

—Entonces elegiría al grande.

Menos ataques simultáneos.

—Buena respuesta.

Pero ¿qué pasa si el pollo grande tiene una espada?

Natsu se quedó en silencio por un momento, pensándolo seriamente.

—Eso cambia todo.

Cristina los miró y dejó caer la cabeza sobre la mesa.

—¿Pueden hablar de cosas normales por un minuto?

—Define “normal”.

— respondió Alex con una sonrisa.

Deirdre suspiró, dejando caer los hombros.

—No sé qué es peor: el hecho de que estemos metidos en un problema serio o que estos dos estén en mi equipo.

Cristina alzó la mano.

—Yo voto por lo segundo.

Las luces del restaurante brillaban con una calidez engañosa.

Afuera, la ciudad continuaba con su vida nocturna.

Pero lo que ninguno de ellos sabía era que, esa noche, todo cambiaría.

La hora transcurrió lentamente.

Todos estaban dentro del restaurante, terminando lo que quedaba de sus comidas, mientras de vez en cuando lanzaban miradas curiosas hacia Daniel y su VOOG, quienes seguían esperando en el auto afuera.

La presencia del misterioso dúo era un recordatorio constante de que, por mucho que estuvieran disfrutando de papas fritas y batidos, algo grande estaba a punto de suceder.

—No me gusta esto.

— murmuró Cristina, moviendo su pajilla dentro del vaso de refresco.

—Es como estar en una película de espías, pero sin saber qué diablos está pasando.

—Exactamente.

— dijo Alex, quien tenía la cabeza apoyada en la mesa.

—Y eso me molesta.

¿Por qué tenemos que esperar a que este tipo decida que es hora de hablar?

Natsu observó a Daniel con expresión analítica.

—Su VOOG debe ser poderoso.

Alex asintió.

—Definitivamente debe rondar las cuatro estrellas.

—Sin duda.

Se siente fuerte.

Cristina entrecerró los ojos, apoyando los codos sobre la mesa.

—Oye, hablando de eso… ¿quién demonios es Jonny?

Deirdre, que hasta ahora había estado observando su teléfono, levantó la vista.

—Es un nuevo miembro del equipo.

Él y su VOOG empezaron a trabajar juntos desde el otro día.

Cristina se giró hacia ella, arqueando una ceja.

—¿Desde el otro día?

¿Y ya es parte del “equipo”?

—¿Y nosotros qué somos?

— preguntó Alex con interés.

—Los causantes del 80% de mis dolores de cabeza.

—Me gusta ese título.

— sonrió Alex.

En ese momento, Cristina miró por la ventana y levantó la mano para señalar.

—Miren, ahí viene Jessica… y no está sola.

Todos voltearon y vieron a Jessica acercándose al restaurante junto a un chico de cabello oscuro y expresión tranquila.

—Llegó junto a Jonny.

— confirmó Deirdre.

—Y su VOOG, Mai.

Cuando Jonny llego, lo primero que hizo fue darle un fuerte abrazo a Daniel, quien, por primera vez desde que lo conocieron, mostró una leve sonrisa.

Ellos junto a sus VOOG’s entraron al restaurante y se aproximaron a los demás.

Jessica, cruzó los brazos y miró a su alrededor.

—Bueno… eso fue rápido.

— dijo, sin ocultar su sorpresa.

—Pensé que encontrar a Daniel nos tomaría mucho más tiempo.

Arthur, quien estaba junto a ella, asintió.

—Sí, honestamente, creí que tendríamos que hacer otra investigación de días.

—Supongo que nos ahorramos todo un arco de búsqueda.

— bromeó Jessica.

Alex alzó una ceja y murmuró en tono sarcástico: —Tal vez el escritor no quería hacer tres capítulos de investigación.

Jessica lo miró sin entender.

—¿Qué?

—Nada, nada, sigue con lo tuyo.

Deirdre lo miró con el ceño fruncido.

—A veces no entiendo tus chistes.

—A veces ni yo los entiendo.

— respondió él con una sonrisa.

Después del breve reencuentro, todos tomaron asiento alrededor de una mesa más grande.

Era un grupo numeroso, más de lo que cualquiera de ellos habría imaginado hace unos días.

Jonny y Mai se presentaron ante Cristina y Natsu, ya que aún no se conocían.

—Es un gusto conocerlos.

— dijo Jonny con tono calmado, extendiendo la mano.

Natsu la estrechó sin dudar.

—Lo mismo digo.

Cristina se cruzó de brazos.

—Bueno, ya que estamos formando un club secreto, ¿qué es lo próximo?

¿Hacernos tatuajes en el brazo?

—Oh, ¿puedo diseñar el logo?

— preguntó Alex, claramente emocionado.

—No.

— respondieron Deirdre y Cristina al mismo tiempo.

Finalmente, Daniel se puso de pie y miró a todos con seriedad.

—Ahora que estamos todos aquí, quiero presentarme formalmente.

El grupo guardó silencio.

—Mi nombre es Daniel, y mi VOOG es Henry.

A su lado, la figura de Henry cuya presencia era intimidante y, al mismo tiempo, poseía un aire elegante.

—Mi habilidad es la manipulación del gas.

Cristina entrecerró los ojos.

—¿Gas?

¿Como el de cocina?

Daniel la miró inexpresivamente.

—Sí… pero con muchas más aplicaciones.

—Oh.

— Cristina se encogió de hombros.

—Interesante.

Jessica, que había estado en silencio hasta ahora, apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos.

—Bien, ahora que sabemos eso… ¿cuál es el objetivo de todo esto?

El ambiente cambió.

Todos esperaban la respuesta de Daniel.

Él suspiró y se cruzó de brazos.

—Aunque estuve desaparecido un mes, siempre estuve al pendiente de Jonny.

Jonny asintió.

—Lo sabía.

—Y cuando supe que Deirdre tenía un VOOG, fui a verla.

Deirdre frunció el ceño.

—¿Para qué?

Daniel la miró con firmeza.

—Porque cuando descubrí lo que estaba pasando, entendí que el plan de Albert se ha puesto en marcha.

El grupo entero se tensó al escuchar ese nombre.

—¿Albert?

— repitió Jonny.

—¿De qué estás hablando?

Daniel se sentó nuevamente y miró a todos con seriedad absoluta.

—Escuchen con atención.

Voy a explicar todo.

El grupo guardó silencio.

Incluso Alex, que normalmente nunca dejaba de hablar, estaba completamente atento.

Sabían que lo que Daniel iba a decir cambiaría por completo la manera en que veían su situación.

La luz cálida del lugar contrastaba con la seriedad que se reflejaba en los rostros de todos los presentes.

Ya no estaban en una simple conversación entre conocidos; ahora era una reunión de algo más grande, algo que, hasta hace poco, ni siquiera entendían completamente.

Daniel respiró hondo antes de hablar.

—No sé si el plan fue hecho por Albert… o por su VOOG.

— comenzó, con el ceño fruncido.

—Pero quien haya sido, me lo transmitió en un sueño.

Todos intercambiaron miradas.

—¿En un sueño?

— preguntó Jessica con incredulidad.

Daniel asintió.

—Sí.

Y sé que suena absurdo, pero si hay algo que he aprendido de este mundo es que lo imposible a veces es completamente real.

Entonces, Daniel giró la cabeza hacia Deirdre y la miró fijamente.

—Tú… ¿has visto el mundo de tinta en tus sueños?

Deirdre se tensó.

Su espalda se puso rígida y su rostro reflejó sorpresa.

—…Sí.

Desde el día que invoqué a Alex.

El grupo entero guardó silencio.

Jonny apoyó un codo sobre la mesa y se llevó una mano a la barbilla, pensativo.

—Eso tiene sentido.

El VOOG de Albert manipulaba la realidad como si fuera una pintura, haciendo que todo se viera como tinta.

Arthur, quien hasta el momento había estado observando y escuchando con seriedad, finalmente habló.

—Un VOOG que controla la realidad es algo extremadamente poderoso.

Daniel asintió.

—Así es.

Los VOOG con esas capacidades están entre los más poderosos de todos.

La voz de Alex, normalmente juguetona y despreocupada, cambió de tono completamente.

Se cruzó de brazos y su expresión se volvió severa.

—Los VOOG que controlan la realidad están por encima de los demás.

Están en la jerarquía más alta del mundo de los VOOGs.

Natsu asintió levemente.

—También son caprichosos para elegir a sus amos… por eso son tan poco comunes.

Deirdre apretó los dientes.

Algo en su interior la hacía sentirse incómoda, como si estuviera demasiado cerca de una verdad que no quería escuchar.

—Si era tan poderoso… ¿por qué perdió?

Daniel entrecerró los ojos.

—El VOOG contra el que peleó, el que lo mató, lo hizo con engaños y trampas.

No tenía el poder de controlar la realidad, pero encontró una forma de ganar.

El rostro de Deirdre se ensombreció.

No sabía cómo sentirse con esa información.

Había muchas emociones contradictorias dentro de ella.

Frustración.

Duda.

Curiosidad.

Pero más que nada… impotencia.

—Daniel, ve al grano.

Daniel la observó por un momento y luego asintió.

—Bien.

Todos se prepararon para escuchar.

—Cuando todo esto ocurrió en mis sueños… el VOOG de Albert dejó un mensaje.

El grupo entero se inclinó ligeramente hacia adelante.

—¿Un mensaje?

— preguntó Jessica.

Daniel miró a cada uno de ellos antes de continuar.

—Dijo que debíamos investigar a la Cábala Nocturna y, sobre todo, encontrar a Karla.

Cristina frunció el ceño.

—¿Karla?

¿Quién es ella?

—Una chica que tenían secuestrada.

El grupo se quedó en silencio.

Daniel prosiguió: —Su VOOG tiene la capacidad de modificar las habilidades de otros VOOGs.

Básicamente… la usan para mejorar su fuerza.

Jessica entrecerró los ojos.

—Entonces, si queremos debilitarlos… —Tenemos que quitarles a Karla.

— concluyó Daniel.

El aire se volvió aún más denso.

Cristina abrió la boca, pero fue Henry quien confirmó la información.

—Ella estaba en esa casa.

Los ojos de Cristina se abrieron con sorpresa.

—Espera, espera… ¿te refieres a la chica que salió a advertirnos?

Henry asintió.

—Sí.

Esa chica es Karla.

Se debió arriesgar para advertirnos porque la tienen confinada.

Deirdre sintió un nudo en la garganta.

Había estado ahí.

Justo enfrente de ellos.

Y no hicieron nada.

—Si la rescatamos… ¿nos llevará hasta su líder?

— preguntó Deirdre, su voz sonaba contenida.

Nadie respondió de inmediato.

Y entonces, Deirdre golpeó la mesa con furia.

El sonido resonó en el restaurante, haciendo que algunas personas en otras mesas se giraran a verlos.

Su frustración era evidente.

Daniel, sin inmutarse, mantuvo la calma.

—Quizá.

Pero aún no he terminado de explicar.

Todos guardaron silencio, esperando que continuara.

Fue entonces cuando Henry intervino nuevamente.

—Los VOOGs pueden dejar su esencia en objetos y lugares.

—¿A qué te refieres?

— preguntó Jonny.

—Muchos objetos que se consideran embrujados o malditos están así porque han sido afectados por la esencia de un VOOG.

El grupo entero se quedó en silencio al procesar la información.

Daniel miró a Deirdre con firmeza.

—Dime algo, Deirdre… ¿qué has visto del VOOG de Albert?

El corazón de Deirdre latió con fuerza.

Había visto cosas.

Sentido cosas.

Soñado cosas.

Cosas que no podía explicar.

Se mojó los labios, sintiendo un leve temblor en sus manos antes de responder.

—Yo… Todos la miraban con expectativa.

Pero antes de que pudiera hablar… El sonido de un trueno retumbó en el cielo.

Las luces del restaurante parpadearon.

Y por una fracción de segundo, Deirdre vio algo que no debía estar allí.

En el reflejo de la ventana, había un rostro.

Un rostro que no pertenecía a ninguno de ellos.

Su piel parecía tinta líquida, sus ojos eran pozos oscuros, y su sonrisa… Era la misma sonrisa que había visto en sus sueños.

Y entonces, en un parpadeo… desapareció.

Deirdre sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Deirdre… — llamó Daniel, mirándola con preocupación.

Ella tragó saliva y cerró los ojos por un momento.

Lo que sea que estuviera pasando… iba más allá de lo que imaginaban.

El reflejo que había visto en la ventana todavía la inquietaba, pero sabía que no podía dejar que la duda la detuviera ahora.

—No ha habido nada concreto en mis sueños.

— murmuró, apoyando los codos en la mesa.

—Es como si… como si no pudiera comunicarse del todo.

Daniel asintió lentamente.

—Tiene sentido.

Albert o su VOOG dejaron algo que está causando esos sueños.

Algo que se activó en el momento en que invocaste a Alex.

Los ojos de Deirdre se entrecerraron.

—¿Estás diciendo que hay algo en mi departamento que está haciendo esto?

—Eso creo.

— confirmó Daniel.

—Si queremos respuestas, tenemos que investigar en tu departamento.

Deirdre suspiró, pasando una mano por su cabello.

—Mira… no me opongo, pero ya hicimos una limpieza en el departamento.

No encontramos nada raro.

Jonny, quien había estado escuchando en silencio, intervino por primera vez en la conversación.

—Albert sabía esconder cosas.

Si dejó algo atrás, no será fácil de encontrar.

Jessica se cruzó de brazos, observando al grupo con una media sonrisa.

—Entonces… esto ya no es solo un grupo de personas metidas en un problema.

Todos la miraron con curiosidad.

—Es una asociación.

—¿Asociación?

— repitió Cristina.

Jessica señaló con un gesto al grupo.

—Cinco personas.

Cinco VOOGs.

Y todos con un mismo objetivo.

Daniel asintió.

—Sí.

Quiero unirme.

Deirdre lo miró fijamente.

—¿Por qué?

Daniel no titubeó.

—Porque juntos podremos lograr esto.

Cristina golpeó la mesa con una sonrisa.

—¡Eso es lo que quiero escuchar!

Pero no solo por el maldito juego… esto es más que eso.

Sus ojos ardían con determinación.

—Esto es para acabar con una organización que está haciendo el mal.

Uno a uno, todos asintieron.

Menos Deirdre.

Ella mantuvo la cabeza baja, sus manos estaban cerradas en puños.

Su corazón latía con fuerza.

Y entonces, levantó la mirada.

—Lo haré.

Su voz era firme, pero no solo eso.

Tenía un peso, una intensidad que no había tenido antes.

—Quiero salvar a esa chica.

Quiero acabar con la Cábala.

Todos la escuchaban en silencio.

—Y sobre todo… —Quiero darle su merecido al idiota que mató a Albert.

El aire en el restaurante pareció temblar.

De repente, los ojos de Deirdre brillaron con un tono amarillo intenso.

Su cabello empezó a irradiar un leve resplandor dorado.

El grupo entero dio un paso atrás instintivamente.

—¿Deirdre…?

— murmuró Jessica.

—¿Qué está…?

— comenzó Cristina, pero se detuvo.

El poder que emanaba de ella era extraño.

No era abrumador, pero se sentía viejo, como si algo estuviera despertando dentro de ella.

Pero igual de rápido que apareció… desapareció.

El brillo en su cabello se desvaneció y sus ojos volvieron a la normalidad.

El grupo se quedó en silencio por unos segundos.

Y entonces, Alex sonrió.

—Sabía que elegí correctamente a mi ama.

El grupo lo miró, todavía procesando lo que acababan de presenciar.

Jonny rompió el silencio con un pensamiento pragmático.

—Entonces, esto nos deja con una pregunta importante.

—¿Cuál?

— preguntó Jessica.

Jonny sonrió ligeramente.

—¿Quién es el líder?

El grupo se quedó pensativo.

Henry, el VOOG de Daniel, respondió con calma.

—El VOOG más fuerte debe liderar.

Todos se giraron hacia Alex.

—Siendo así… Alex y Deirdre serán nuestros líderes.

— continuó Henry.

—Ellos tienen el mayor potencial de crecimiento… y ese crecimiento nos llevará a la victoria.

Deirdre parpadeó varias veces.

—¿Eh?

¿Yo?

No sabía qué decir.

—Espera, espera… — levantó las manos con nerviosismo.

—Yo no… no sé si sea capaz de hacer esto.

Cristina se apoyó en la mesa y le dio una mirada confiada.

—Deirdre, todos confiamos en ti.

Sabemos que harás un gran trabajo.

Deirdre abrió la boca para replicar… pero no encontró ninguna palabra.

Todos la miraban con una confianza genuina.

Por primera vez, sintió el peso real de lo que estaba pasando.

Ya no era solo ella y Alex.

Ahora eran un equipo.

Alex, sin perder su toque, levantó la mano como si estuviera anunciando una gran campaña.

—¡Entonces, así es!

La operación “Eliminar a la Cábala” ha comenzado oficialmente.

—¡Debemos buscar lo que dejó Albert!

Su sonrisa se ensanchó.

—Y juntos, destruiremos a este enemigo.

El grupo entero se miró entre sí.

Cristina.

Jessica.

Jonny.

Daniel.

Mai Natsu.

Arthur Y, por supuesto… Deirdre y Alex.

El equipo estaba completo.

Y ahora, no había marcha atrás.

En otro lugar, lejos de la calidez del restaurante y del grupo que acababa de formar su alianza, el ambiente era completamente diferente.

Era oscuro.

Frío.

Las paredes estaban hechas de concreto desnudo, agrietadas y llenas de humedad.

La única luz en la habitación provenía de una bombilla titilante, que proyectaba sombras distorsionadas en el suelo.

En el centro de ese lugar, una chica cayó al suelo, su cuerpo tembloroso y cubierto de moretones.

Su labio estaba partido.

Sangraba.

Sus respiraciones eran jadeos entrecortados.

Sus brazos débiles intentaban arrastrarse hacia atrás, como si pudiera escapar de la sombra que se cernía sobre ella.

—Karla… La voz masculina resonó en la habitación.

El sonido de pasos lentos y calculados se acercó a ella.

Karla sollozó, sus ojos llenos de miedo, su cuerpo encogido como el de un animal acorralado.

—P-por favor… no lo hice para escapar… — susurró entre lágrimas, su voz entrecortada por el dolor.

—S-solo quería que esas personas se fueran… El hombre no detuvo su avance.

Y entonces, la tomó del cabello.

Karla gritó cuando sintió el tirón, su cuello torciéndose bruscamente al ser levantada a la fuerza.

—Te dije que no puedes salir de aquí.

— dijo el hombre, con voz fría y sin emoción.

Y luego, la arrojó al suelo con fuerza.

El impacto hizo que el aire se escapara de sus pulmones.

Un sonido ahogado se escuchó en la habitación.

No venía de Karla.

Venía de otra chica.

Encadenada a la pared.

Obligada a ver.

Sus muñecas estaban sujetas con grilletes de metal, su cabello desordenado caía sobre su rostro.

Pero sus ojos estaban llenos de rabia.

Su pecho subía y bajaba rápidamente, conteniendo la ira, la impotencia de no poder hacer nada mientras veía a Karla ser golpeada.

El hombre miró de reojo a la chica encadenada y sonrió con desdén.

—No te preocupes… no la mataré.

Sus palabras fueron suaves, pero crueles.

—Me sirve más viva.

Y entonces, su sonrisa se ensanchó.

—Pero si debo darle una lección… lo haré.

La bombilla parpadeó una vez más.

Y la oscuridad devoró la habitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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