El Llamado del VOOG - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 Historia de Fantasmas I
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12: Capítulo 12: Historia de Fantasmas I 12: Capítulo 12: Historia de Fantasmas I El día siguiente amaneció como cualquier otro.
O al menos, eso parecía.
A pesar de lo que había ocurrido la noche anterior, Deirdre intentaba seguir con su vida normal.
Trabajar, responder correos, hacer como si no estuviera envuelta en una guerra secreta contra una organización oscura y su equipo recién formado no existiera.
Pero la normalidad era solo una ilusión.
Especialmente cuando tenía que lidiar con ciertas personas.
—Entonces… ¿qué dices?
Deirdre levantó la mirada de su escritorio para encontrarse con Adrián, su compañero de trabajo, quien le sonreía con ese aire relajado y confiado de siempre.
—Podemos salir a tomar algo después del trabajo, solo para hablar y despejarnos un rato.
Nada raro.
— insistió con una media sonrisa.
Deirdre agradecía el gesto, realmente lo hacía.
Adrián siempre había sido agradable con ella, y si las cosas fueran normales, probablemente aceptaría.
Pero las cosas no eran normales.
—Te lo agradezco, Adrián.
— dijo con una sonrisa cansada.
—Pero quizá en otra ocasión.
Hoy tengo algo que hacer.
Adrián levantó las manos en señal de rendición.
—Está bien, está bien.
Entonces no fue un “no”, así que no pierdo la esperanza.
Se retiró, volviendo a su trabajo con la misma actitud relajada de siempre.
Y justo cuando Deirdre pensó que podría concentrarse en sus pendientes… —¡Es persistente!
La voz de Alex resonó en la oficina.
Deirdre cerró los ojos con resignación antes de girarse.
Y ahí estaba él.
Sentado en su silla rodando lentamente hacia ella como un depredador acechando a su presa.
—Doce veces, Deirdre.
Doce veces le has dicho que no.
Se detuvo justo a su lado, apoyando un codo en su escritorio como si estuvieran en una cafetería y no en un lugar de trabajo.
—Y el tipo sigue intentándolo.
Deirdre suspiró.
—Es persistente, sí.
Pero con todo lo que está pasando últimamente, no tengo tiempo para citas.
—O sea, que, si la ciudad no estuviera en peligro y no estuviéramos lidiando con una conspiración secreta, ¿saldrías con él?
—No sé.
Alex levantó una ceja.
—Eso suena más a un “sí”.
—Eso suena más a que deberías dejar de hablar.
Alex sonrió con picardía y comenzó a girar en su silla lentamente.
—¿Sabes qué más es persistente?
—Dios, ¿ahora qué?
—El fantasma de tu departamento.
Deirdre apoyó la frente en su mano.
—No otra vez con eso… —¡Es real!
Estoy seguro de que tiene algo que ver con lo que debemos buscar.
—Alex, los fantasmas no existen.
Alex se detuvo en seco y la miró con la mayor seriedad del mundo.
—Deirdre.
No fui yo quien destruyó la cocina.
Ni tapó el baño.
Eso fue culpa del fantasma.
Deirdre pestañeó lentamente antes de responder.
—Ah, claro.
Y las pinturas torcidas en la pared también fueron el fantasma.
Alex asintió firmemente.
—Exactamente.
—No seas tan tonto.
Eso claramente fuiste tú haciendo tus tonterías.
—¡Inocente hasta que se demuestre lo contrario!
Deirdre se masajeó las sienes.
Definitivamente, necesitaba otro café.
El resto del día transcurrió sin mayores incidentes.
Deirdre y Alex hicieron su trabajo (o al menos, ella lo hizo mientras Alex encontraba formas creativas de distraerla).
Pero finalmente, cuando la jornada terminó, salieron juntos del edificio y comenzaron su camino hacia el departamento de Deirdre.
—Los demás deberían llegar pronto para ayudarnos a buscar.
— comentó ella mientras revisaba su celular.
—Genial.
Pero antes de ir, deberíamos pasar por snacks.
Deirdre lo miró fijamente.
—Alex.
Esto no es una tarde de convivencia.
—Deirdre.
Es exactamente una tarde de convivencia.
Ella suspiró y siguió caminando, ignorándolo.
Alex chasqueó la lengua.
—Bien, pero cuando lleguemos y todos tengan snacks menos nosotros, quiero que recuerdes este momento.
Cuando llegaron al departamento, Deirdre se detuvo en seco.
Frente a su puerta, todos ya estaban ahí.
Jessica.
Cristina.
Jonny.
Y Daniel.
Todos junto a sus VOOG’s Cada uno con una bolsa de snacks en la mano.
Jessica sostenía una caja de galletas.
Cristina una bolsa de papas fritas.
Jonny un paquete de gomitas.
Daniel una botella de refresco —¡Ah, finalmente llegaron!
— dijo Cristina con entusiasmo.
—Ya estamos listos para el convivio.
Silencio absoluto.
Deirdre cerró los ojos lentamente.
Alex la miró con una sonrisa victoriosa.
—Te lo dije.
Ella respiró hondo antes de empujar la puerta y entrar.
—Solo… entremos y terminemos con esto.
El grupo entró al departamento, y por primera vez en mucho tiempo, se sentía lleno de vida.
La sala estaba iluminada con la luz cálida de la tarde, pero, aun así, había un aire extraño en el ambiente.
No era exactamente inquietante, pero tampoco reconfortante.
Quizás era porque todos sabían que algo importante estaba escondido en ese lugar.
—Solo he estado aquí una vez.
— comentó Jonny, cruzando los brazos mientras observaba la habitación con atención.
—Lo mismo digo.
— añadió Daniel, con su mirada analítica recorriendo cada rincón.
—Pero conocíamos bien a Albert.
Sabemos cómo operaba, así que si dejó algo… sabremos cómo buscarlo.
Cristina se dejó caer en el sofá con un suspiro.
—Genial, pero eso suena a que tomará tiempo.
—Todo lo bueno toma tiempo.
— respondió Daniel sin titubear.
Mientras tanto, en un rincón del departamento, Alex y Natsu estaban sumidos en una conversación completamente absurda.
—Digo, si el fantasma tiene la capacidad de mover cosas… ¿puede preparar café?
— preguntó Alex con tono filosófico.
—Si es un fantasma barista, tal vez.
— asintió Natsu con seriedad.
—¿Y si puede escribir mensajes?
Tipo… “váyanse de aquí” en la pared con sangre falsa.
—Eso ya es demasiado cliché.
Si yo fuera un fantasma, escribiría algo más original.
Como… “paguen su renta a tiempo”.
—¡Exacto!
Eso sería aterrador.
Arthur, que estaba a su lado, exhaló con frustración y se frotó el puente de la nariz.
—Todo esto no tiene lógica ni sentido.
—Pero es divertido.
— dijo Alex con una sonrisa.
—No lo es.
— respondió Arthur de inmediato.
A unos metros, Henry y Mai observaban todo el espectáculo en silencio.
Henry suspiró.
—No puedo creer que trabajemos con estos tipos.
Mai asintió lentamente.
—Estoy empezando a acostumbrarme.
Henry la miró con curiosidad.
—Por cierto, ¿ya lograste despertar tu habilidad?
Mai negó con la cabeza.
—No aún… pero siento que pronto lo haré.
—Bien.
— Henry hizo una pausa y luego miró hacia un lado.
Mai levantó una ceja.
—¿Y tú?
¿Dominas la tuya?
Henry se quedó en silencio por unos segundos antes de responder.
—Sí… pero es demasiado peligrosa.
Mai ladeó la cabeza con interés.
—¿Por qué?
—Porque es una habilidad de área.
Ella lo miró con atención, pero no insistió más.
Henry no era el tipo de persona que revelaba mucho sobre sí mismo, pero eso solo la hacía sentir más curiosidad.
En la sala, Deirdre, Jessica, Cristina, Jonny y Daniel estaban pasando el rato mientras los demás hablaban entre sí.
Deirdre se estiró en el sofá y los miró.
—Entonces… ¿por dónde planean empezar a buscar?
Jonny sonrió con confianza.
—Relájate.
—¿Qué?
—Las cosas que buscamos siempre se esconden.
Deirdre lo miró con el ceño fruncido.
—…¿Y eso qué significa?
Jonny apoyó la cabeza en su mano con aire pensativo.
—Significa que cuando buscas algo, no lo encuentras… pero cuando dejas de buscar, aparece solo.
Cristina chasqueó los dedos.
—¡Eso me recuerda a mi serie favorita!
El Detective Anónimo.
Daniel, que usualmente tenía una expresión seria y calculadora, se iluminó de inmediato.
—¡¿Te gusta El Detective Anónimo?!
Cristina sonrió ampliamente.
—¡Por supuesto!
Es una obra maestra.
Deirdre miró la escena con sorpresa.
—Espera, espera… ¿Tú ves series animadas?
Jessica se rio con diversión.
—Honestamente, no esperaba que alguien tan serio como Daniel viera series animadas.
Jonny se encogió de hombros con una sonrisa.
—Nos vemos rudos, pero en realidad somos unos frikis.
Cristina asintió con orgullo.
—¡Exactamente!
Deirdre negó con la cabeza y se rio levemente.
—Dios… ¿qué clase de equipo he formado?
Jessica cambió la conversación de repente.
—Oye, Deirdre, ahora que lo pienso… tú solías ser una amante de las historias de fantasía, ¿cierto?
Deirdre se congeló un poco.
—¿Ehh?
—Sí.
Antes vivías leyendo.
Cristina se giró con interés.
—¿En serio?
¿Te gustaban las novelas de fantasía?
—Bueno… antes sí, pero ya no tanto.
— murmuró Deirdre, rascándose la nuca con nerviosismo.
Jessica entrecerró los ojos con sospecha.
—¿”Ya no tanto”?
—Sí, ya sabes.
Cosas de la vida.
Jessica sonrió con picardía y sacó su teléfono.
—Entonces no te interesará saber que… salió un nuevo libro de tu saga favorita.
—… El silencio que siguió fue incómodo y revelador.
—”El Herrero de las Mil Espadas”.
— continuó Jessica, disfrutando de la tortura.
El rostro de Deirdre se contrajo.
—… Jessica dio el golpe final.
—Edición especial.
Ilustraciones a color.
Capítulos extra.
Deirdre apretó los dientes.
—No… —¿No qué?
—No… espera.
Jessica sonrió victoriosa.
Y entonces, todos se rieron.
Deirdre se cubrió la cara con ambas manos.
—Dios, los odio.
Alex, que estaba observando la escena con diversión, dio una palmada en la espalda de Deirdre.
—¡Bienvenida al lado friki, Deirdre!
Nunca escapaste del todo.
La risa llenó el departamento.
A pesar de todo lo que estaban enfrentando, por un momento, se sintió como una tarde entre amigos.
Las risas fluían entre el grupo, la conversación era natural y por un momento parecía que no estaban envueltos en una misión peligrosa.
Cristina estaba en medio de contar una anécdota sobre cómo casi había ganado un concurso de arcade cuando su momento de gloria fue abruptamente interrumpido.
—Por cierto, Cristina… — dijo Daniel de repente, con un tono serio que contrastaba fuertemente con la atmósfera festiva.
Cristina dejó de hablar, parpadeando.
—¿Sí?
Jonny cruzó los brazos y se inclinó hacia adelante.
—Deberíamos hablar de lo que has estado haciendo últimamente.
Cristina se puso tensa al instante.
—Espera… ¿qué?
Daniel la miró con expresión neutral, pero su tono no dejaba lugar a dudas.
—Tus enfrentamientos forzados.
—¿Q-qué enfrentamientos?
¡No sé de qué hablas!
— Cristina miró a su alrededor en busca de apoyo, pero nadie la ayudó.
—Los que has estado provocando a propósito.
— Jonny no se veía molesto, pero sí firmemente decepcionado.
Cristina comenzó a sudar frío.
—¡Espera, espera, espera!
Puedo explicarlo.
Daniel apoyó los codos sobre la mesa.
—Adelante.
Explícalo.
Cristina tragó saliva.
—Eh… pues… Buscó desesperadamente con la mirada a alguien que la defendiera.
Y entonces, vio a Deirdre.
Su oportunidad de escape.
—¡Deirdre, diles algo!
¡Diles que no es para tanto!
Deirdre se cruzó de brazos y la miró con expresión severa.
—Cristina.
—¿Sí?
—Eres una idiota imprudente.
Cristina abrió la boca, pero ninguna palabra salió.
El silencio fue inmediato.
Y entonces, la habitación explotó en carcajadas.
—¡D-Deirdre, no!
— Cristina puso una mano en su pecho, fingiendo traición absoluta.
—¡Yo confié en ti!
—¡No puedes pedirle ayuda a alguien que piensa lo mismo que nosotros!
— exclamó Jonny entre risas.
Cristina infló las mejillas.
—¡Pensé que al menos ella me defendería!
Deirdre se encogió de hombros.
—Cristina, te metiste tú sola en este problema.
—¡Pero fue en nombre de la ciencia!
—¿Qué ciencia?
Te metiste en peleas porque querías ver qué pasaba.
— Daniel la miró con desaprobación.
—¡Exactamente!
Ciencia experimental.
—Eso no es ciencia.
— interrumpió Arthur con un tono exasperado.
Cristina se hundió en el sofá, cruzando los brazos con el ceño fruncido.
—Bueno, bueno… lo siento, ¿está bien?
—Que no vuelva a pasar.
— sentenció Daniel.
Cristina resopló.
—Sí, sí… qué intensa es la policía de la moral.
Jonny sonrió.
—Nos preocupamos por ti, Cristina.
Ella lo miró de reojo, antes de suspirar resignada.
—Sí, sí… La conversación se disipó entre nuevas risas.
Y entonces, Alex decidió que era el momento perfecto para tocar un tema serio.
El fantasma.
—A ver, ya que estamos todos aquí voy a contarles la verdad sobre el caso paranormal de este departamento.
Deirdre cerró los ojos con frustración.
—No otra vez.
Alex se acomodó en su silla como un detective de película noir.
—Hace varias semanas, ocurrió un fenómeno inexplicable.
—Por favor, no.
— murmuró Deirdre.
—La cocina explotó.
—¡No explotó!
—Fue completamente destruida.
— continuó Alex, ignorando por completo a Deirdre.
—Los estantes se cayeron, platos destrozados, el refrigerador se tambaleó… —Porque tú tropezaste con el cable del microondas y lo jalaste con todo lo demás.
Alex levantó un dedo.
—Esa es una teoría.
—Es lo que pasó.
—Pero… ¿y si no?
Deirdre suspiró con cansancio.
—Dios, ¿cuál es tu otra “teoría”?
Alex se inclinó hacia adelante dramáticamente.
—El fantasma lo hizo.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
Jessica se rió y se apoyó en la mesa con una sonrisa divertida.
—A ver, Alex, ¿cómo explicas lo del baño?
Alex se iluminó de emoción.
—¡Exacto!
El baño se tapó misteriosamente.
—Porque alguien arrojó un papel con salsa de pizza.
— dijo Deirdre, mirándolo con el ceño fruncido.
Alex puso una mano en su pecho, ofendido.
—¡¿Cómo te atreves a insinuar que fui yo?!
—Porque fue tu pizza.
—¿O fue el fantasma culpándome a propósito?
—¡No existe un fantasma, Alex!
—¡¿Y si sí?!
Cristina levantó la mano.
—Ok, pregunta: ¿qué si Alex tiene razón?
Jessica rió.
—¡No lo alientes!
Pero Cristina se encogió de hombros.
—Solo digo… si hay alguien más en este departamento, deberíamos haber notado algo raro, ¿no?
—¡Exactamente!
— exclamó Alex.
—Eso no es prueba de nada.
— murmuró Arthur.
—Oh, ¿y cómo explicas esto?
— Alex miró a todos con expectación.
—¿Alguno de ustedes ha sentido algo extraño en este lugar?
El grupo se quedó en silencio por un momento.
Y entonces, uno a uno, comenzaron a recordar cosas… —Ahora que lo pienso… una vez escuché un golpe en la pared cuando no había nadie.
— dijo Jonny.
—Yo vi una sombra moverse en el pasillo.
— murmuró Daniel.
—Hubo una vez que dejé la luz apagada y cuando regresé, estaba encendida.
— comentó Jessica.
Cristina se estremeció.
—Ok, ahora sí me dio miedo.
Arthur bufó.
—Todo eso tiene explicaciones racionales.
—Ajá.
Pero no tan divertidas.
— respondió Alex con una sonrisa.
El ambiente se volvió extraño.
La idea de que algo más estuviera con ellos en ese departamento ya no parecía tan ridícula.
Deirdre se cruzó de brazos, pero su mirada se desvió hacia un rincón de la habitación.
Por alguna razón… Se sintió observada.
Pero cuando parpadeó, no había nada.
—Sea lo que sea… — murmuró Deirdre.
—Si hay algo aquí, pronto lo averiguaremos.
Todos se miraron entre sí.
El ambiente en la sala se había vuelto más serio.
Jonny, quien hasta ahora había estado más observador que participativo, levantó la voz con una pregunta repentina.
—Deirdre… ¿alguna vez viste a Albert mirando lugares como si solo él pudiera ver algo?
Deirdre parpadeó, tomando unos segundos para procesar la pregunta.
—¿A qué te refieres?
Jonny cruzó los brazos, su tono tranquilo pero serio.
—A veces, cuando una persona sabe que hay algo oculto, lo observa de manera distinta.
No como si lo estuviera analizando, sino como si estuviera esperando que algo se manifestara.
El grupo guardó silencio, dejando que la pregunta se asentara en sus mentes.
Deirdre frunció el ceño.
—Pensándolo bien… sí.
—¿Dónde?
— preguntó Daniel de inmediato.
Deirdre miró a su alrededor y luego señaló el sillón donde Albert solía sentarse.
—Él pasaba mucho tiempo ahí… mirando los cuadros de la pared.
El grupo giró la cabeza al mismo tiempo.
Ahí estaban, colgados como simples decoraciones, tres cuadros enmarcados.
Eran imágenes tranquilas: un paisaje de montaña, un bosque al atardecer y una pintura abstracta con tonos oscuros.
Daniel se frotó el mentón con interés.
—Albert era un amante del arte… pero incluso para alguien como él, mirar unos cuadros decorativos por tanto tiempo es raro.
Natsu se levantó de inmediato y arrancó uno de la pared.
Todos lo miraron.
—¿Qué?
— dijo con naturalidad.
—No íbamos a quedarnos mirándolos para siempre, ¿no?
Observó la parte trasera con detenimiento.
—Nada.
Solo la parte trasera del marco.
Alex chasqueó la lengua.
—Mmm… ¿y si los rompemos?
Mai lo miró con desaprobación inmediata.
—Eso no serviría de nada.
Alex se encogió de hombros.
—Nunca se sabe.
Quizá hay un código oculto dentro.
—¿Tienes idea de lo absurdo que suena eso?
— dijo Mai con incredulidad.
—Hey, los misterios requieren soluciones poco convencionales.
— respondió Alex con una sonrisa.
Henry, quien había estado en silencio, intervino con tono firme.
—No hay ninguna esencia en los cuadros.
Si un VOOG los hubiera manipulado, yo lo sentiría.
Arthur, quien hasta ahora solo había estado escuchando, se aclaró la garganta.
—No necesariamente.
El grupo se giró hacia él al mismo tiempo.
—¿A qué te refieres?
— preguntó Daniel.
Arthur ajustó sus gafas y apoyó los codos en la mesa.
—Hace poco… desperté mi habilidad.
Silencio.
—¿Tu qué?
— preguntó Cristina, frunciendo el ceño.
—Mi habilidad especial.
— explicó Arthur.
Natsu chasqueó los dedos y sonrió.
—Básicamente, desbloqueaste el modo detective de Batman.
Arthur lo miró fijamente.
—Por favor no compares mi habilidad con algo tan… Se quedó callado por un momento.
—…Sí, básicamente es eso.
Cristina y Deirdre se miraron confundidas.
—Espera, ¿qué es eso de “despertar una habilidad”?
— preguntó Deirdre.
Mai tomó la palabra esta vez.
—Todos los VOOG, cuando alcanzan una cantidad suficiente de poder, fortalecen su relación con su amo y ganan experiencia en combate, desbloquean una habilidad única.
El grupo se inclinó ligeramente hacia adelante, interesados en lo que estaba explicando.
—¿Qué tipo de habilidad?
— preguntó Jessica.
Mai se cruzó de brazos.
—Es la técnica más potente que un VOOG puede usar.
Nuestra arma más fuerte.
Cristina alzó una ceja.
—¿Y por qué no lo usan todo el tiempo?
—Porque dominarla es difícil.
— respondió Mai.
—Incluso después de despertarla, no significa que puedas usarla a la perfección.
Daniel asintió.
—Lo comentas porque… quieres usar tu habilidad aquí y ver si descubres algo, ¿cierto?
Arthur sonrió ligeramente.
—Precisamente.
Jessica lo miró con curiosidad.
—¿Y cuál es el problema?
Arthur se encogió de hombros.
—Solo puedo activarla con tu autorización.
Jessica frunció el ceño.
—¿Cómo que “con mi autorización”?
Arthur se acomodó las gafas con calma.
—Mi habilidad es de tipo sensorial, no ofensiva.
Pero como funciona en un área y puede afectar más que solo mi percepción, requiere que tú, mi ama, des la orden para activarla.
Jessica cruzó los brazos, pensativa.
—Y si lo usas, ¿qué verás?
Arthur la miró con determinación.
—Lo que nadie más puede ver.
El silencio se extendió por la habitación.
Jessica miró a los demás.
—Dado que no es ofensiva… no debería haber problema en que la use.
Arthur sonrió levemente y se levantó de su asiento.
—Entonces… es momento de ver qué estaba observando Albert.
Todos sintieron un escalofrío recorrerles la espalda.
Y en lo más profundo de sus mentes, una sensación inquietante se instaló.
Como si estuvieran a punto de descubrir algo que quizá no querían saber.
Arthur se paró en el centro de la sala, cerró los ojos por un momento y respiró hondo.
—Revela lo que nadie más puede.
Sus ojos se abrieron nuevamente, pero esta vez eran de un tono morado intenso, brillando en la penumbra del departamento.
A su alrededor, un aura como niebla azul comenzó a expandirse, flotando como un vapor denso que cambiaba lentamente de forma.
El aire en la habitación se volvió más pesado, como si el tiempo mismo se hubiera ralentizado.
—¿Eso es… su habilidad?
— murmuró Cristina, con los ojos abiertos de par en par.
—Increíble… — susurró Jessica, observando la escena con fascinación.
Arthur miró en dirección a los cuadros y frunció el ceño.
—Hay algo aquí.
El grupo se tensó.
—¿En los cuadros?
— preguntó Jonny.
Arthur asintió lentamente.
—Apenas puedo verlo, pero en efecto, hay algo oculto en ellos.
Se acercó, extendió la mano y tocó uno de los marcos.
Y entonces… Todo el departamento tembló.
Un estruendo resonó por todo el lugar, como si algo gigantesco se hubiera despertado de golpe.
Desde la cocina, los platos salieron volando por el aire, estrellándose contra las paredes sin explicación.
Alex gritó con emoción y miedo al mismo tiempo.
—¡Esto es lo mismo que hizo el fantasma!
Pero no era solo la cocina.
Las sillas cayeron al suelo.
Las luces parpadearon incontrolablemente.
Los muebles se sacudieron como si una fuerza invisible los estuviera moviendo.
El departamento entero se transformó en un campo de actividad paranormal extrema.
—¡¿Qué demonios está pasando?!
— gritó Cristina, cubriéndose la cabeza cuando un cuadro cayó cerca de ella.
Y entonces, todo cambió.
Tinta negra comenzó a salir de las paredes, del suelo, del techo.
Un líquido espeso que goteaba lentamente al principio, pero en cuestión de segundos se expandió como si fuera una inundación.
Las puertas desaparecieron.
Las ventanas se sellaron con una capa oscura.
Era como si el departamento hubiera sido tragado por algo completamente diferente.
—¡Mierda!
— exclamó Jonny, girando sobre sí mismo, tratando de encontrar una salida.
Henry se tensó y miró a su alrededor con desconfianza.
—Esto… El silencio cayó sobre todos.
Henry cerró los ojos y habló con gravedad.
—Estas son las habilidades del VOOG de Albert.
El grupo se paralizó.
—Esto es una trampa.
Estén preparados.
El suelo se inclinó de repente, como si estuvieran cayendo en un abismo invisible.
La tinta negra los cubrió por completo.
Todo se oscureció.
Era como si hubieran sido tragados por el vacío.
Deirdre despertó de golpe, su respiración agitada y su corazón latiendo con fuerza.
El suelo bajo ella no era el del departamento.
Era… hierba.
¿Hierba?
Se sentó rápidamente y miró a su alrededor.
El viento soplaba suavemente, el aire era fresco y puro.
Y entonces, lo vio.
Frente a ella se extendía una vasta montaña, nevada en la cima, con un paisaje exactamente igual al del cuadro que estaba en su departamento.
Y a su lado… Alex estaba sentado, rascándose la cabeza con confusión.
—Ugh… eso fue un viaje inesperado.
Deirdre se levantó rápidamente y lo miró.
—Alex, ¿dónde estamos?
Él miró a su alrededor y chasqueó la lengua.
—Notando las características del lugar… creo que estamos dentro de la pintura de la montaña.
Deirdre sintió un escalofrío.
—Eso significa que lo que Albert protegió… está aquí.
Alex sonrió de lado.
—Exacto.
Tenemos que encontrarlo.
Pero entonces, Deirdre se dio cuenta de algo.
—¡Espera, los demás!
Miró a su alrededor, pero no había rastro de Jessica, Cristina, Jonny, Daniel o de sus VOOGs.
Solo ellos dos estaban ahí.
—No te preocupes.
— dijo Alex, estirándose tranquilamente.
—Si seguimos la lógica de esto, los demás deben estar en las otras pinturas.
Deirdre apretó los puños.
—Entonces tenemos que encontrar una manera de salir… y de reunirnos con los demás.
Alex sonrió ampliamente y se puso de pie.
—Vamos a explorar, jefa.
Deirdre suspiró y le dio una leve sonrisa de lado.
—Dios… ¿qué clase de lío es este?
Y así, con el viento soplando a su alrededor, ambos comenzaron su viaje a través de la pintura.
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