Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Llamado del VOOG - Capítulo 13

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. El Llamado del VOOG
  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 13 Historia de Fantasmas II
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

13: Capítulo 13: Historia de Fantasmas II 13: Capítulo 13: Historia de Fantasmas II El bosque se extendía ante ellos en un tono cálido, bañado por los últimos destellos del sol poniente.

Altos árboles se mecían suavemente con la brisa, sus sombras alargadas danzaban en el suelo cubierto de hojas secas.

Pero, aunque el paisaje era hermoso, el ambiente estaba tenso.

Jessica se cruzó de brazos, caminando de un lado a otro con frustración evidente.

—¡¿Alguien puede decirme qué diablos acaba de pasar?!

Arthur, aún con los ojos brillando en un leve tono morado, frunció el ceño y ajustó sus gafas.

—Si tengo que adivinar… diría que estamos dentro de la pintura del bosque.

— respondió con su tono habitual de calma forzada, pero con una ligera irritación en el fondo.

Jessica se detuvo en seco y lo miró.

—¡Sí, gracias, Sherlock!

Eso ya lo sé.

Arthur suspiró.

—Solo intento dar claridad a la situación.

Jessica apretó los puños y respiró hondo para calmarse.

—Esto es una trampa.

Definitivamente lo es.

Daniel, quien había estado observando el entorno con los brazos cruzados, finalmente habló.

—Exacto.

Jessica y Arthur se giraron para verlo.

Daniel siguió hablando, su tono sereno pero firme.

—Esto fue causado por la habilidad del VOOG de Albert.

Una trampa bien elaborada.

Arthur frunció el ceño.

—¿Una trampa para qué exactamente?

Henry, se acercó con pasos tranquilos, sus ojos analizando cada rincón del lugar.

—Para separarnos.

Jessica se tensó.

—¿Nos separó… intencionalmente?

Henry asintió.

—Lo más probable es que todos hayan sido enviados a diferentes pinturas.

Arthur chascó la lengua con desagrado.

—Genial… eso significa que estamos atrapados hasta que alguien encuentre la salida.

El grupo se quedó en silencio, procesando la gravedad de la situación.

Jessica, que había estado conteniendo su molestia, se pasó una mano por el cabello, claramente irritada.

—Odio depender de la suerte.

—Esto no es suerte.

— respondió Daniel con calma.

Jessica lo miró con el ceño fruncido.

—¿Y entonces qué es?

Daniel cerró los ojos por un momento antes de responder.

—Si esto fue hecho por Albert… significa que solo una de las pinturas tiene lo que estamos buscando.

Arthur se cruzó de brazos, pensando en sus palabras.

—¿Y cómo se supone que lo sabemos?

Daniel abrió los ojos y los miró con seriedad.

—Porque si Albert planeó todo esto… entonces la persona que está en la pintura correcta es Deirdre.

Jessica sintió un escalofrío.

Su expresión se endureció.

—Si es así… eso significa que Alex es el único que está con ella.

Arthur puso los ojos en blanco.

—Bueno, estamos muertos.

Jessica giró la cabeza rápidamente para fulminarlo con la mirada.

—¡Arthur, no ayudes!

—Solo digo la verdad.

Jessica apretó los puños.

—Maldición… Deirdre es fuerte, pero con Alex al lado, la mitad de su energía la gastará en evitar que haga estupideces.

Henry observó a Jessica con calma.

—Alex no es tan tonto como parece.

Jessica se giró hacia él, arqueando una ceja.

—¿Ah, no?

Porque yo lo he visto hacer un montón de cosas cuestionables.

Henry sonrió levemente.

—Eso es porque no ves más allá de la máscara que usa.

Jessica parpadeó.

—¿Máscara?

Daniel intervino con un tono pensativo.

—Alex se presenta como un payaso, un tipo despreocupado que toma todo a broma.

Jessica se cruzó de brazos.

—Porque así es él.

Henry negó con la cabeza.

—No exactamente.

Jessica y Arthur se quedaron en silencio, esperando que continuara.

—Alex oculta muchas cosas.

Su actitud relajada y su humor son una forma de distraer a los demás y, posiblemente, de protegerse a sí mismo.

Jessica no dijo nada al principio, procesando la idea.

—Si fuera tan inteligente como dices, ¿por qué actuar así?

Henry la miró con serenidad.

—Esa es la pregunta correcta.

Jessica desvió la mirada.

A pesar de que Alex la volvía loca con su actitud despreocupada, había momentos en los que sus comentarios eran demasiado precisos, demasiado analíticos… Como si estuviera midiendo constantemente la situación, sin que los demás lo notaran.

—Si Albert dejó esta trampa para nosotros… — continuó Henry —significa que Alex y Deirdre tendrán que resolverlo antes que nosotros.

Jessica suspiró y miró hacia el cielo.

—Dios… espero que al menos él se tome esto en serio.

Arthur soltó una risa seca.

—Dudo mucho que lo haga.

Jessica lo miró de reojo.

—¿Por qué?

Arthur ajustó sus gafas y miró el bosque a su alrededor.

—Porque para él, esto probablemente es solo otro juego.

El grupo se quedó en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos.

La brisa en el bosque siguió soplando suavemente, pero la incertidumbre en el aire era innegable.

Ahora solo quedaba esperar… Y confiar en que Deirdre y Alex encontrarían la salida antes que ellos.

En otro lugar el mundo alrededor era caótico, distorsionado como una pesadilla pintada por un artista sin control.

El suelo parecía líquido y sólido al mismo tiempo, ondulando bajo sus pies como si pudiera tragarlos en cualquier momento.

Las paredes se alargaban y encogían, como si el espacio mismo estuviera vivo.

El cielo… Si es que aquello podía llamarse cielo, era un torbellino de colores oscuros, un lienzo cubierto de pinceladas erráticas que no dejaban de moverse, cambiando de forma como si fueran figuras tratando de escapar.

Era la pintura abstracta del departamento de Deirdre… Y estaban atrapados en ella.

—¡ESTAMOS MUERTOS!

— gritó Cristina con pánico absoluto mientras corría en círculos.

—¡ESTO ES EL PURGATORIO!

— chilló Natsu, moviendo los brazos como loco.

—¡HERMANO, PERDÓNAME!

¡NUNCA MÁS ME PORTARÉ MAL!

— Cristina juntó las manos y miró al cielo, rogando como si estuviera en una iglesia.

—¡NUNCA SABRÉ CÓMO TERMINA MI NOVELA FAVORITA!

— exclamó Natsu con lágrimas en los ojos.

—¡MORIRÉ CON LA DUDA!

—¿En serio?

¿Eso es lo que más te preocupa?

— preguntó Mai con una ceja arqueada.

Jonny, por otro lado, se estaba riendo.

—¡Dios, tranquilícense!

No están muertos.

Cristina y Natsu se giraron al mismo tiempo y lo señalaron con furia.

—¡¿CÓMO PUEDES ESTAR TAN CALMADO?!

— gritaron los dos al unísono.

Jonny se encogió de hombros con una sonrisa tranquila.

—Porque estoy 99% seguro de que esto es obra del VOOG de Albert.

—¿Y el otro 1%?

— preguntó Mai con una expresión neutral.

Jonny se rascó la cabeza.

—El otro 1% dice que sí, probablemente murimos y ahora vivimos en la pintura de un maníaco psicodélico.

Cristina puso las manos en su cara.

—¡No ayuda, Jonny!

Natsu respiró hondo y trató de calmarse.

—Ok, ok, pensemos… Si estamos en la pintura… ¿cómo salimos?

Mai se cruzó de brazos, observando el paisaje con seriedad.

—No hay manera de salir por ahora.

Tenemos que esperar a que alguien lo logre primero.

Cristina se dejó caer al suelo de rodillas.

—¡¿Y si NADIE lo logra?!

—Entonces sí morimos aquí.

— dijo Mai con total calma.

Cristina la miró con horror.

—¡¿POR QUÉ ERES TAN FRÍA, MAI?!

—Porque estoy diciendo la verdad.

— respondió Mai sin inmutarse.

Jonny suspiró con una sonrisa.

—Miren el lado positivo.

Esto es una experiencia única.

—¡¿EN QUÉ MUNDO ESTAR ATRAPADOS EN UNA DIMENSIÓN DE PESADILLA ES ALGO POSITIVO?!

— gritó Cristina.

—No todos los días puedes decir que estuviste dentro de un arte abstracto.

— respondió Jonny con diversión.

—¡Yo prefiero ver el arte desde afuera!

— exclamó Cristina, abrazándose a sí misma.

La conversación se calmó un poco después de unos minutos.

Cristina y Natsu ya no gritaban (tanto) y, aunque aún estaban inquietos, al menos ya no parecían a punto de hiperventilar.

Mai miró a su alrededor y exhaló lentamente.

—Este cuarto… Todos la miraron.

—¿Qué pasa?

— preguntó Natsu.

Mai bajó la mirada un poco antes de hablar.

—Este cuarto fue un regalo.

Cristina y Natsu parpadearon al mismo tiempo.

—¿Un regalo?

Mai asintió.

—Fue un regalo de nosotros para Albert cuando se comprometió con Deirdre.

Jonny sonrió con nostalgia.

—Es verdad.

Cristina frunció el ceño.

—¿Por qué le darían algo tan aterrador?

—No era aterrador en ese entonces.

— explicó Mai.

—Albert quería algo único, algo que reflejara su mundo interior.

Cristina cruzó los brazos y murmuró.

—Bueno, su mundo interior es perturbador.

—No lo niego.

— admitió Mai.

Jonny miró a Mai con curiosidad.

—Siempre me dio curiosidad saber cómo veías este lugar.

Mai volteó a verlo, sus ojos brillando ligeramente.

—Es… similar a mi mundo.

Natsu levantó la mano.

—¿Tu mundo?

Mai asintió.

—Mi habilidad está conectada al Mundo de las Sombras.

Es un lugar extraño… sin tiempo, sin límites.

Es más, un concepto que un espacio.

Cristina se estremeció.

—Eso suena peor que esto.

—Lo es.

— dijo Mai con total naturalidad.

—¡Entonces no quiero saber más!

— Cristina se tapó los oídos.

Jonny sonrió y miró el cielo caótico sobre ellos.

—Bueno… por ahora esperemos a que alguien encuentre la salida.

Cristina suspiró dramáticamente.

—Solo espero que no sea Alex el primero en hacerlo.

Mai levantó una ceja.

—¿Por qué?

Cristina hizo una mueca.

—Porque jamás nos dejaría olvidar que nos salvó.

Natsu asintió.

—Sí, lo mencionaría en cada conversación posible.

Jonny rió suavemente.

—Tal vez… pero quién sabe.

Quizás Deirdre lo controle.

Cristina bufó.

—Si alguien puede controlarlo, es ella.

Natsu miró el suelo ondulante bajo sus pies y suspiró.

—Solo espero que lo hagan rápido.

El grupo se quedó en silencio, esperando que la respuesta a su escape llegara antes de que su cordura se agotara completamente.

Mientras tanto, el mundo a su alrededor seguía cambiando, deformándose, susurrando… En la otra pintura el aire de la montaña era fresco y limpio, mucho más puro de lo que Deirdre recordaba haber respirado en años.

El sonido del viento soplando entre los árboles resonaba en el entorno, acompañado por el suave crujido de sus botas contra la roca mientras escalaban.

El sol ya estaba bajo, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados, creando un paisaje casi surrealista.

Si no estuvieran atrapados en una maldita pintura, podría haber sido una experiencia bastante relajante.

Pero Alex, como siempre, se encargaba de arruinar la serenidad con sus comentarios.

—Esto se siente como una de esas expediciones donde terminas descubriendo un templo maldito o un dragón dormido.

Deirdre rodó los ojos mientras aseguraba su agarre en una roca antes de subir otro nivel.

—Sí, claro.

Y después vendrá un sabio a darnos una misión épica, ¿no?

Alex sonrió con entusiasmo.

—¡Exacto!

Y yo seré el protagonista de la historia, obviamente.

Deirdre se apoyó contra una piedra y lo miró con incredulidad.

—Tú serías el personaje que muere en el primer acto por tocar algo que no debía.

Alex puso una mano en su pecho, fingiendo ofensa.

—¡¿Cómo te atreves?!

Yo soy el personaje caótico pero encantador que todo el mundo ama.

Deirdre suspiró.

—Sí… hasta que se electrocuta con una trampa antigua.

—¡Tsk!

Siempre tan cruel, ama.

Deirdre siguió escalando sin prestarle más atención.

Después de unos minutos de subida, Alex se detuvo repentinamente, mirando un grupo de hongos que crecían en la grieta de una roca.

—Oye, ¿tú crees que estos hongos sean comestibles?

Deirdre se giró tan rápido que casi resbaló.

—¡Ni lo intentes!

Alex levantó las manos en señal de rendición.

—Solo preguntaba.

—No lo preguntes siquiera.

— dijo Deirdre, bajando la mirada para seguir subiendo.

—Lo único que tenemos que hacer aquí es buscar la salida.

Alex se cruzó de brazos, fingiendo molestia.

—Sí, sí… pero relájate un poco.

No siempre tenemos la oportunidad de una escapada a la montaña gratis.

Deirdre hizo una pausa, su expresión cambiando por un breve instante.

—Lo sé.

Su tono se suavizó ligeramente.

Alex levantó una ceja, notando su cambio de actitud.

—¿Lo dices como… literalmente o metafóricamente?

Deirdre suspiró, mirando hacia la cima de la montaña que tenían que alcanzar.

—Esta pintura… yo la compré.

Alex parpadeó sorprendido.

—¿En serio?

Deirdre asintió, acomodándose el cabello antes de seguir avanzando.

—La compré después de que me comprometiera con Albert.

Alex se quedó en silencio por un momento, siguiéndola con la mirada.

—¿Por qué esta pintura en particular?

Deirdre esbozó una pequeña sonrisa melancólica.

—Porque… Albert me pidió matrimonio en un viaje de senderismo.

Alex no dijo nada al principio, dejando que las palabras resonaran.

—¿En serio?

Deirdre asintió.

—Fuimos a una montaña como esta… y cuando llegamos a la cima, tuvimos una cena romántica bajo las estrellas.

Alex silbó, impresionado.

—Wow… eso suena realmente bonito.

Deirdre sonrió levemente, recordando el momento.

—Lo fue.

El cielo estaba despejado, y las estrellas parecían más brillantes que nunca.

Alex se detuvo un momento, mirándola con curiosidad.

—¿Cómo era?

—¿Cómo era qué?

—El cielo.

Deirdre miró hacia arriba, como si pudiera recrear la imagen en su mente.

—Recuerdo que las estrellas se veían como pequeñas luces suspendidas en un mar infinito.

Había una en particular… muy brillante, que parecía moverse más que las otras.

Alex sonrió ligeramente.

—Esa seguramente era Júpiter.

Deirdre se giró para mirarlo con sorpresa.

—¿Cómo lo sabes?

Alex se encogió de hombros, con una expresión más seria de lo normal.

—El cielo cambia según la estación y la ubicación, pero si estabas en una montaña alta, sin contaminación lumínica, probablemente viste a Júpiter en su punto más brillante.

Si la luz no parpadeaba y se veía más estable que las demás estrellas, definitivamente era un planeta.

Deirdre pestañeó varias veces, sorprendida por el conocimiento de Alex.

—¿Tú sabes de astronomía?

Alex miró hacia el cielo con una pequeña sonrisa nostálgica.

—Cuando era joven, pasaba mucho tiempo mirando las estrellas.

Deirdre frunció el ceño ligeramente.

—No pareces el tipo que se sienta a ver el cielo en silencio.

Alex rió suavemente.

—Bueno… no todo el tiempo fui así.

Deirdre notó algo en su voz, algo que no estaba ahí normalmente.

¿Melancolía?

No insistió.

Pero tampoco olvidó esa pequeña revelación.

—En fin.

— dijo Alex, estirándose.

—Si alguna vez volvemos a ver ese cielo, puedo enseñarte más sobre las constelaciones.

Deirdre sonrió de lado.

—Me sorprendería que pudieras enseñarme algo que no sé.

Alex puso una mano en su pecho, fingiendo estar herido.

—¡Oh, qué falta de fe en mí!

Tengo conocimiento oculto.

—Lo único oculto en ti es tu madurez.

—¡Eso es un golpe bajo, ama!

A pesar de la situación en la que estaban atrapados, Deirdre se encontró sonriendo sin darse cuenta.

El sol ya se había ocultado tras las montañas lejanas, dejando el cielo teñido de tonos púrpura y azul oscuro.

Pronto, las primeras estrellas comenzaron a aparecer, como pequeños destellos en un lienzo infinito.

Pero en medio de aquel momento de calma, Deirdre frunció el ceño, su mente todavía dándole vueltas a algo que Alex había dicho.

—Oye, dijiste algo raro antes… — comenzó sin mirarlo.

Alex, que estaba pateando pequeñas piedras mientras subía, levantó una ceja.

—¿Raro?

Yo digo muchas cosas raras.

Vas a tener que ser más específica.

—Dijiste algo sobre “cuando eras joven”.

Alex parpadeó.

—¿Y?

—¿A qué te referías exactamente?

Alex se quedó en silencio por un momento, luego soltó una risa sarcástica.

—Dios, Deirdre, es una forma de decir.

—No lo creo.

—Bueno, lo es.

Deirdre se cruzó de brazos y lo miró de reojo.

—Tú mismo dijiste que los VOOGs no son de esta dimensión, que son seres espirituales.

Así que explícame cómo es que tienes un concepto de “juventud”.

Alex sonrió de lado, pero su tono era ligeramente burlón.

—Oh, lo siento, ¿querías una explicación lógica sobre cómo un ser extra dimensional percibe el paso del tiempo?

—Sí.

Alex se rió.

—Pues, mala suerte, porque ni yo lo entiendo.

—Conveniente.

—Bastante.

Deirdre suspiró, sin estar completamente convencida con su respuesta.

—Entonces, ¿qué significa eso de que “cuando eras joven”?

Alex se encogió de hombros.

—Solo me refería a que, en el mundo de los VOOGs, no hay mucho que hacer.

Pasamos el tiempo observando el cielo, las estrellas… —¿El cielo de tu mundo se parece al de la Tierra?

Alex asintió, con una expresión más seria de lo normal.

—Sí.

Tiene los mismos cambios, las mismas constelaciones.

No sé por qué.

Deirdre lo miró fijamente, pero decidió dejar el tema por ahora.

Había algo en la forma en que Alex esquivaba el tema, en cómo sus respuestas eran lo suficientemente vagas como para no profundizar demasiado.

Pero no lo iba a presionar.

Aún no.

Tras varios minutos de caminata silenciosa, Alex cambió de tema abruptamente.

—Entonces, ama, dime… ¿qué crees que encontremos en la cima?

Deirdre chascó la lengua, pensativa.

—No tengo la menor idea.

—Pero si Albert dejó algo ahí, debe ser importante.

— continuó Alex.

—Tal vez un arma.

—¿Un arma?

—Sí, ya sabes, algo épico.

Como… una espada sagrada, o un pergamino con una técnica secreta, o una piedra mágica que nos dé superpoderes.

Deirdre le lanzó una mirada incrédula.

—¿Tienes idea de lo ridículo que suena eso?

—Si estamos atrapados dentro de una pintura, nada es ridículo.

Deirdre no pudo discutir eso.

—Lo que sea que haya ahí, espero que valga la pena.

— murmuró.

Alex se estiró perezosamente mientras caminaba.

—Si no lo es, al menos podemos disfrutar del paisaje.

—Alex.

—¿Sí?

—Cierra la boca y sigue caminando.

Alex hizo un gesto dramático de ofensa, pero obedeció.

El ascenso continuó durante lo que parecieron horas.

Pero entonces, Deirdre se dio cuenta de algo extraño.

—Espera.

Alex se detuvo a su lado.

—¿Qué pasa?

Deirdre miró a su alrededor, con el ceño fruncido.

—Hemos estado subiendo por… demasiado tiempo.

—Sí… ahora que lo dices… Alex miró hacia atrás.

El sendero se extendía detrás de ellos en la distancia, pero algo no cuadraba.

—No hemos avanzado nada, ¿cierto?

Deirdre se tensó.

—Es como si… estuviéramos en el mismo lugar todo el tiempo.

Alex chascó la lengua.

—Mmm… Pensé que solo era culpa de los hongos que comí.

—¡¿QUÉ?!

— Deirdre giró rápidamente hacia él, con furia en los ojos.

Alex sonrió como un niño que acaba de confesar una travesura.

—Bueno… sí.

Los hongos de antes.

—¡Te dije que NO LOS COMIERAS!

—¿Y qué esperabas?

Tenían buena pinta.

—¡¿Y si eran venenosos?!

—Entonces estaré alucinando en unos minutos.

—¡¿QUÉ TE PASA?!

—Relájate, todavía no veo dragones, así que creo que estoy bien.

—¡Voy a matarte antes de que te mate la naturaleza!

Ambos comenzaron a discutir ferozmente, con Deirdre claramente lista para estrangularlo mientras Alex simplemente se reía de la situación.

Pero entonces… Una voz femenina interrumpió la pelea.

—Antes de seguir avanzando… deben enfrentarse a una prueba.

Deirdre y Alex se congelaron en el acto.

Se giraron lentamente.

Y ahí estaba.

A unos metros de distancia, una figura encapuchada los observaba con firmeza.

Su silueta era delgada y elegante, su capa ondeaba levemente con la brisa de la montaña.

Su rostro no era completamente visible bajo la capucha, pero sus ojos brillaban con una intensidad inquietante.

—¿Quién demonios eres?

— preguntó Alex, inclinando la cabeza con interés.

La figura no respondió inmediatamente.

Y cuando lo hizo, su voz resonó con una calma absoluta.

—Soy la guardiana de este sendero.

Deirdre frunció el ceño.

—¿Guardiana?

—Nadie puede alcanzar la cima sin antes superar la prueba.

Alex sonrió, divertido.

—¿Qué tipo de prueba?

¿Una carrera?

¿Un acertijo?

¿Un torneo de piedra, papel o tijeras?

La encapuchada no respondió de inmediato, pero su expresión se tornó más seria.

—Una prueba de voluntad.

El viento se intensificó alrededor de ellos.

Deirdre sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Sabía que no iba a ser fácil… Y se preguntó si estaban realmente listos para lo que vendría.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo