El Llamado del VOOG - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 La amenaza morada
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18: Capítulo 18: La amenaza morada 18: Capítulo 18: La amenaza morada El aire pesaba como plomo oxidado.
Frente a ellos, Alyss se mantenía erguida, su cuerpo envuelto en un resplandor morado que crepitaba como electricidad estática.
No parecía preocupada.
No parecía ansiosa.
Parecía… entretenida.
Su VOOG estaba a su lado, una figura delgada y deforme, de largos brazos y garras filosas como cuchillas de vidrio.
Su rostro estaba cubierto por una máscara sin ojos, sin boca, sin expresión.
Pero el miedo que inspiraba no necesitaba rostro.
Deirdre dio un paso atrás de forma instintiva.
—Esto no va a ser fácil… —dijo en voz baja, su garganta seca.
Alex se colocó frente a ella, flexionando los brazos.
Sus puños comenzaron a arder, las llamas envolviéndolos con un resplandor cálido y agresivo.
—Entonces será dos contra uno.
—Una sonrisa ladeada se formó en su rostro—.
Suerte para nosotros, ¿no?
Alyss sonrió también, pero no con humor.
Era la sonrisa de quien ya había jugado este juego antes.
De quien sabía que no era suerte lo que necesitaban.
—Oh, Alex… Qué arrogante.
—Su voz sonaba como seda rasgada—.
¿De verdad crees que esto es un duelo común?
Antes de que él pudiera responder, su VOOG se lanzó como una sombra viva.
Las garras resplandecieron en el aire como cuchillas curvas y bajaron directo hacia el pecho de Alex.
Alex alzó los brazos y detuvo las garras con las llamas, el fuego chocando con la energía oscura del enemigo.
Pero no hubo pausa.
En ese mismo instante, Alyss desapareció de su sitio y apareció justo a su lado, girando sobre sí misma como una danzarina de la muerte, lanzando un golpe con su puño cubierto de una energía púrpura vibrante.
Alex recibió el impacto de lleno.
El golpe lo mandó contra una columna metálica, que crujió con el choque.
El fuego de sus puños parpadeó.
—¡Alex!
—gritó Deirdre, sorprendida—.
¡¿Qué fue eso?!
Alex se puso de pie, escupiendo sangre.
Apretó los dientes mientras se limpiaba la boca con el dorso de la mano.
Su mirada ardía.
—Eso… no fue solo ella.
—respiraba con dificultad—.
El VOOG le está compartiendo su poder.
No solo pelean juntos… pelean como uno solo.
Alyss dio un par de pasos hacia ellos, su aura morada iluminando el suelo bajo sus pies.
—No es una pelea de uno por uno, querida.
Es una fusión.
Él me presta su energía.
Yo canalizo su rabia.
Somos uno.
¿Tú puedes decir lo mismo de tu VOOG, Deirdre?
Deirdre apretó los puños.
No respondió.
El VOOG volvió a lanzarse contra Alex, moviéndose con una velocidad imposible para su tamaño.
Garras, rodillas, hombros, un aluvión de ataques que forzaban a Alex a retroceder mientras sus llamas paraban lo justo para evitar heridas letales.
Pero no todas.
Un corte cruzó su mejilla.
Otro en el costado.
Luego uno profundo en el hombro izquierdo.
Alex gruñó, el calor de su sangre mezclándose con el de sus llamas.
—¡¿Sigues de pie?!
—se burló Alyss, apareciendo a su lado nuevamente con una patada giratoria que lo lanzó contra el suelo—.
Pensé que eras más fuerte.
—Soy fuerte.
Solo… —Alex se levantó de nuevo, esta vez más lento— …me estoy conteniendo.
No quiero asar tu cara tan rápido.
Eso arruinaría la estética.
Deirdre dio un paso al frente, impotente.
Quería ayudar.
Gritarle algo útil.
Pero no sabía qué hacer.
No podía solo ver.
El fuego alrededor de Alex se expandió de golpe.
Como una explosión contenida.
El calor repentino obligó al VOOG a retroceder, y Alyss se cubrió el rostro con el antebrazo, retrocediendo dos pasos.
—Ya tuve suficiente —dijo Alex, su voz más grave que de costumbre.
Las llamas se envolvieron a su alrededor como una armadura de fuego.
El aire vibraba con su poder.
—¿Sabes cuál es la diferencia entre tu alianza con tu VOOG y la nuestra?
—preguntó, con la mirada fija en ella.
Alyss alzó una ceja, divertida.
—Ilumíname.
—Tú peleas para demostrar tu fuerza —dijo Alex, avanzando lentamente hacia ellos, dejando huellas ardientes en el suelo—.
Yo peleo para protegerla a ella.
Eso me hace mucho más peligroso.
Y sin otra advertencia, se lanzó hacia adelante.
Alyss intentó reaccionar, pero Alex no le dio tiempo.
Golpeó al VOOG primero, con una llamarada directa al pecho que lo arrojó contra una pared.
Luego giró sobre su eje y lanzó una serie de puñetazos envueltos en fuego hacia Alyss, que apenas pudo cubrirse.
Cada impacto era una explosión pequeña.
Cada movimiento, calculado, letal.
Finalmente, en un rugido, Alex golpeó el suelo con ambos puños encendidos.
Una ola de fuego se expandió en línea recta, dividiendo a Alyss y su VOOG.
Por primera vez en toda la pelea, la sincronía entre ambos se rompió.
Alyss retrocedió con la respiración agitada, su aura morada parpadeando.
—Interesante —murmuró, frotándose el hombro izquierdo, donde la piel estaba ligeramente chamuscada—.
Tal vez vales la pena, después de todo.
—Te lo dije —replicó Alex, con una sonrisa temblorosa, sus heridas abiertas pero su fuego aún ardiendo—.
No subestimes a alguien que pelea por otra persona.
Deirdre dio un paso más cerca de él, aún sin intervenir, pero con la mirada firme.
—¿Estás bien?
—No estoy frito todavía, si eso preguntas —respondió Alex sin perder la sonrisa—.
Pero esto va para largo.
Alyss levantó la mano, y su VOOG se colocó nuevamente a su lado.
—Ya que calentamos motores, supongo que es hora de ponerlo serio.
¿O prefieres rendirte ahora que aún tienes rostro?
Alex miró a Deirdre.
—¿Qué dices, jefa?
¿Nos rendimos?
Ella negó, respirando hondo.
—Ni de broma.
—Eso quería oír.
Y así, mientras las llamas de Alex volvían a crecer, y la energía morada de Alyss se arremolinaba a su alrededor, la verdadera batalla comenzaba.
El aire se rompió como cristal.
Alex se lanzó hacia adelante con una velocidad que desafiaba la lógica.
El fuego envolvía su cuerpo, brillando con una intensidad tan salvaje que proyectaba sombras danzantes en las paredes del almacén.
Parecía menos un humano y más una estrella fugaz lanzada a quemar todo a su paso.
Alyss no retrocedió.
Su VOOG, ágil y despiadado, se movía con ella en sincronía.
Juntos se desplazaban como si compartieran un solo cuerpo, como una coreografía macabra ensayada a la perfección.
Las garras cortaban el aire, los golpes morados de Alyss salían disparados en ráfagas rápidas, y Alex respondía con puñetazos envueltos en fuego y patadas que hacían temblar el suelo.
La pelea se volvió una danza de muerte.
Los ataques iban y venían desde todas direcciones, y ninguno de los combatientes parecía dispuesto a dar un solo paso atrás.
El fuego de Alex chocaba contra la energía púrpura como si el mismo caos se hubiera materializado.
—¡Así me gusta!
—gritó Alex entre risas, esquivando un tajo por milímetros y respondiendo con una llamarada que obligó al VOOG a cubrirse con los brazos—.
¡Finalmente alguien que me da pelea en serio!
La temperatura en la sala subió violentamente.
El metal de los estantes comenzaba a doblarse.
Un panel del techo cayó al suelo con un estruendo humeante.
Unas cajas cercanas se derretían lentamente, el plástico goteando como cera.
Alyss sonreía con los dientes apretados mientras esquivaba un puñetazo abrasador.
—¿Qué eres, un maldito reactor nuclear?
—escupió, lanzando una onda púrpura que Alex desvió con el antebrazo envuelto en fuego.
—¡Te dije que no era buena idea provocarme!
—gritó él, girando sobre sí mismo para lanzar una doble patada que hizo retroceder al VOOG varios metros.
Mientras tanto, Deirdre había buscado cobertura tras una columna rota.
Observaba la pelea con los ojos muy abiertos, su respiración agitada.
El suelo vibraba.
El aire olía a humo, a electricidad, a locura.
Se agachó, y entre los restos esparcidos encontró un trozo de madera quemada —no era más que una viga rota, astillada en un extremo.
Lo recogió y lo giró en sus manos, probando su peso.
—Lo voy a necesitar más tarde… seguro —murmuró.
No era sarcasmo.
Era intuición.
Volvió a mirar hacia el centro del caos.
Alex se encontraba intercambiando golpes con ambos al mismo tiempo, sin perder el ritmo.
Cada vez que el VOOG intentaba atraparlo, Alex respondía con una llamarada en la cara.
Cada vez que Alyss atacaba con su aura, Alex contrarrestaba con una explosión de calor que la obligaba a retroceder.
—¡Vamos, fuego lindo!
¿Eso es todo lo que tienes?
—provocó Alyss, lanzándose con una andanada de golpes veloces que Alex apenas logró esquivar.
—¿Eso crees?
—replicó él, girando por debajo de su brazo y dándole un rodillazo al estómago—.
Apenas estoy entrando en calor.
El VOOG apareció por detrás intentando clavarle las garras en la espalda, pero Alex giró sobre sí mismo y, con una palmada incandescente, le estampó una bola de fuego en el pecho.
El impacto lo lanzó hacia un muro de concreto que se agrietó con el golpe.
Alex jadeaba, con sangre en el labio, los brazos llenos de cortes y quemaduras… pero sonreía.
—¿Sabes cuál es tu problema?
—le dijo a Alyss, limpiándose la boca—.
Crees que tu unión con tu VOOG te hace especial.
Pero no hay verdadera unión cuando todo se basa en poder.
Ustedes se alimentan de violencia.
Nosotros… nos complementamos.
Alyss dio un paso atrás.
Respiraba con fuerza, su aura temblando ligeramente.
—Tú hablas demasiado —dijo.
Alex miró de reojo a Deirdre, que seguía atenta, con el palo de madera entre las manos y una mirada seria, enfocada.
—Y ella escucha más de lo que parece.
Alyss levantó ambas manos y su VOOG volvió a su lado, agazapado como una bestia lista para saltar.
—Muy bien.
Vamos a cerrar esto como se debe.
Alex frunció el ceño.
—Con gusto.
Pero te advierto algo… si vienes por ella, tendrás que matarme primero.
—Ese es el plan.
La tensión creció, densa como alquitrán.
Y entonces, como un resorte, ambos bandos se lanzaron de nuevo al combate.
El almacén volvió a temblar.
El calor era insoportable.
Cada rincón del almacén brillaba con restos de fuego y humo.
El combate había alcanzado un punto en que las estructuras crujían, los restos metálicos se derretían y las paredes se teñían del rojo incandescente que emanaba de los puños de Alex.
Sus heridas sangraban, pero él no parecía detenerse.
Su respiración era agitada, pero sus movimientos eran más veloces y certeros que nunca.
Alyss y su VOOG aún se mantenían de pie, pero ya no como al principio.
Su sincronía se había desajustado.
El aura morada de Alyss parpadeaba como una llama a punto de extinguirse.
—¿Eso es todo?
—se burló Alex, girando los hombros con tranquilidad, como si no estuviera al borde del colapso—.
¿Dónde quedó la amenaza morada?
¿Se tiñó de violeta pálido?
El VOOG rugió con rabia y saltó hacia él en un último intento desesperado.
Levantó sus garras, acumulando toda la energía que le quedaba en una embestida final.
El aura púrpura se volvió una esfera pulsante a su alrededor.
Pero Alex ya lo había leído.
No solo por instinto: lo había visto venir desde el primer movimiento.
En el último segundo, se deslizó hacia un costado, giró sobre su pie derecho y, con un rugido feroz, lanzó un puñetazo directo al pecho de la criatura.
El impacto fue brutal.
El fuego explotó en espiral desde su puño, y el cuerpo del VOOG se curvó hacia atrás con un crujido que resonó como un trueno.
El golpe lo atravesó por completo, desintegrando su núcleo de energía en una explosión de luz violeta y ceniza.
La criatura cayó al suelo sin sonido, su forma comenzando a deshacerse en fragmentos que flotaban hacia el techo como polvo brillante.
Alyss quedó inmóvil.
Su expresión era una mezcla de incredulidad y rabia.
—¡No… no puede ser…!
¡Lo mataste!
—gritó, temblando, su energía desbordándose de manera inestable—.
¡Te juro que lo pagarás!
¡YO TE— El golpe fue seco y repentino.
Deirdre, que hasta entonces había permanecido alerta pero al margen, se había movido sin hacer ruido, bordeando el combate.
Con el mismo palo de madera que había recogido momentos antes, lo blandió con fuerza y le asestó un golpe directo en la parte posterior de la cabeza.
El sonido del impacto resonó como una campana hueca.
Alyss soltó un suspiro entrecortado, sus rodillas cedieron, y cayó al suelo, inconsciente.
El aura morada colapsó a su alrededor como un velo de humo, y luego simplemente… desapareció.
Su cuerpo se desvaneció, disolviéndose en una nube oscura que se esfumó en el aire, como si nunca hubiera estado allí.
—…Bien.
Eso fue dramático —murmuró Alex.
Deirdre respiraba agitada, todavía con el palo en las manos.
Se lo quedó mirando un segundo, y luego soltó una risa nerviosa.
—No creí que funcionaría tan bien.
Alex se rió fuerte, tambaleándose hacia ella.
—¿Tú viste esa escena?
Parecías salida de una peli de espías.
¡Crack!
¡Fuera de combate!
—rió más—.
Me alegra tenerte de mi lado.
—Bueno, tenía que hacer algo.
No te iba a dejar toda la gloria.
Ambos se rieron, no solo por el momento, sino también por el alivio que traía el saber que habían sobrevivido… al menos por ahora.
Los restos del VOOG se evaporaron lentamente en el aire, y el calor en la sala comenzó a disiparse.
Alex apagó sus llamas.
Su cuerpo temblaba por el esfuerzo, pero aún se mantenía firme.
Se giró para seguir caminando hacia la salida, pero se detuvo en seco.
—…Espera.
Deirdre lo miró.
—¿Qué pasa?
Alex entrecerró los ojos, como si intentara escuchar algo lejano, algo enterrado detrás del ruido del domo, del metal que goteaba, del aire que aún olía a muerte.
—Siento algo.
Una presencia.
—¿Qué tipo de presencia?
—Una que ya habíamos sentido antes —dijo, con la mandíbula apretada—.
Es ella.
La chica.
—¿La chica…?
—Deirdre lo miró, captando de inmediato a quién se refería—.
¿La que tenían secuestrada?
Él asintió con un solo movimiento, su mirada clavada en la oscuridad más allá de la salida.
—Sí.
Es ella.
Está cerca.
Deirdre miró hacia donde él apuntaba, su expresión endureciéndose.
—Entonces tenemos que ir por ella.
No importa qué esté detrás de eso.
Alex encendió lentamente sus puños otra vez.
Esta vez con más control, pero la llama no era menos feroz.
Era fuego con intención.
Fuego con rabia.
—Vamos a sacarla de ahí.
Y si alguien se interpone… —Su voz bajó a un tono grave— …lo voy a quemar hasta que no quede ni sombra.
En otra parte del complejo, el eco de pasos resonaba en un pasillo angosto y largo como un túnel de mina.
Las luces parpadeaban, y el concreto estaba manchado con algo que no parecía agua.
Jessica y Arthur caminaban en silencio, con la cautela de quienes sabían que el silencio a veces es la mejor forma de sobrevivir.
Arthur rompió la tensión con una sonrisa ladeada.
—Bonito lugar para una cita romántica, ¿no crees?
Jessica ni se giró.
Solo murmuró: —Guarda los chistes para cuando no podamos morir en cualquier esquina.
Arthur se encogió de hombros.
—Si no me burlo de esto, me muero de aburrimiento antes que por una bala.
En ese instante, una bala silbó entre ambos, tan cerca que el viento del proyectil les despeinó el cabello.
Se agacharon al instante, espalda con espalda, armas listas.
—¿Ves?
—murmuró Jessica con los dientes apretados—.
Esto es lo que te decía.
Al fondo del pasillo, entre las sombras, dos siluetas se recortaban.
Una mujer sostenía un rifle de precisión, todavía con el humo saliendo del cañón.
A su lado, un hombre de porte despreocupado y sonrisa arrogante la miraba con aprobación.
—Buen tiro —dijo él, cruzado de brazos.
—Gracias —respondió ella con calma, recargando sin prisa—.
Ese fue solo de advertencia.
El siguiente le va a dar a la chica… justo entre los ojos.
Jessica entrecerró la mirada, su cuerpo tenso como una cuerda de violín.
Arthur, al oír eso, dejó escapar un suspiro como si le hubieran interrumpido una conversación casual.
—Perfecto —dijo mientras sacaba su revólver y giraba el tambor con un clic metálico—.
Es momento de actuar.
Jessica, con una ceja alzada, lo miró de reojo.
—¿Cuántas balas necesitas para ganarle?
Arthur sonrió sin apartar la vista del blanco.
—No muchas.
Y entonces, con un solo paso hacia el frente, apuntó con el revólver y disparó.
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