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El Llamado del VOOG - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 Marduk y el Vacío Inverso
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22: Capítulo 22: Marduk y el Vacío Inverso 22: Capítulo 22: Marduk y el Vacío Inverso Frente a ellos se alzaba una puerta de metal negra, gruesa como una muralla y cubierta de marcas quemadas.

El aire a su alrededor vibraba con una energía antinatural, como si incluso el ambiente se negara a tocarla.

Jonny fue el primero en hablar.

—Detrás de eso… está él.

Lo siento en la lengua.

Como electricidad oxidada.

Henry, de pie junto a él, frunció el ceño.

Cerró los ojos un instante.

—Hay una energía colosal retenida ahí dentro.

Como si la realidad estuviera… contenida a la fuerza.

Mai, sin dejar de fumar, habló en tono seco.

—A partir de aquí, todos corren riesgo de muerte real.

No pelearemos con soldados.

Pelearemos con un dios torcido.

Un silencio tenso cayó sobre el grupo.

Entonces Daniel dio un paso al frente.

Su voz, templada como siempre, resonó entre los escombros.

—Nadie está obligado a seguir.

Si alguien decide retirarse… lo entenderé.

Hubo un breve segundo de duda.

Pero solo uno.

Deirdre dio un paso firme hacia la puerta.

Sus ojos reflejaban fuego.

—Ese monstruo mató a Albert.

Me quitó a alguien irremplazable.

Y no voy a permitir que siga tomando vidas.

Voy a sacarle a Trish… y voy a terminar con él.

Alex se posicionó junto a ella, con la sonrisa torcida.

—Entonces… la suerte está echada.

Cristina miró a su lado.

Natsu, vendado, con el rostro marcado, pero con la mirada encendida.

—¿Estás seguro de poder seguir?

—le preguntó—.

No tienes que demostrar nada.

Natsu soltó una risita.

—No se trata de demostrar.

Se trata de luchar con todo lo que tengo.

Mis ganas de pelear me van a llevar hasta el final.

Jessica, con una sonrisa leve, miró hacia Arthur.

—Bueno, caballero, haz lo tuyo.

Arthur levantó su pistola modificada, apuntó con precisión a la bisagra superior de la puerta… y disparó una sola vez.

¡CLANG!

La bala golpeó con fuerza sobrenatural.

La puerta vibró, gimió… y se partió en dos con un crujido seco, cayendo hacia dentro en medio de una nube de polvo negro.

El grupo avanzó al unísono, como una sola voluntad.

Lo que encontraron al otro lado era un vacío monumental: una bóveda subterránea de techos altísimos, columnas rotas, plataformas flotantes suspendidas en el aire, fragmentos de roca girando lentamente como si las leyes de la física se hubieran rendido.

En el centro, suspendidos en una plataforma circular, dos figuras inmóviles.

Una era claramente Trish: su cabello rosado estaba apagado, su cuerpo encadenado a una cápsula de energía cristalina, conectada a cables que palpitaban como venas negras.

Karla se adelantó, temblando.

—¡Esa es… Trish!

Deirdre no dudó.

—Alex.

Tráela.

Sin responder, Alex estalló en un impulso sónico, dejando una ráfaga de aire detrás.

En un instante estaba junto a Trish, y con un corte limpio de su brazo envuelto en fuego, rompió las conexiones, la sacó de la cápsula y volvió con ella en brazos.

Karla corrió a su encuentro.

—¡Trish!

¡Trish, soy yo!

¡Despierta!

Pero la VOOG no respondía.

Arthur se acercó, le revisó el pulso, los ojos, el flujo de energía.

—Está viva… apenas.

La drenaron más de lo que pensaba posible.

El flujo vital de su núcleo está colapsado.

Daniel, observando a su alrededor, frunció el ceño.

—La otra figura… desapareció.

Fue entonces que una voz astral, profunda, arrogante, rompió la calma.

—Vaya, vaya… no esperaba que destruyeran a toda la Cábala con tal facilidad.

Qué eficiencia.

Bueno… no importa.

Ya no los necesito.

Todos se tensaron.

—Quizá no se completó el drenado al cien por ciento… pero Trish me dio lo suficiente.

Lo suficiente para que mi VOOG… Marduk… los reduzca a polvo.

Instintivamente, todos rodearon a Karla y Trish, formándose en círculo, defensivos, listos para la emboscada.

—¡Puede estar en cualquier lugar!

—gritó Daniel.

Alex, molesto, se adelantó unos pasos y gritó con una sonrisa burlona: —¡¿Qué pasa, Ali?!

¿No vas a dar la cara?

¿O necesitas un discurso motivacional para aparecer?

Y entonces… Una onda negra se expandió desde el centro de la bóveda, como una explosión de tinta en el agua.

Frente a ellos, dos siluetas aparecieron caminando desde la sombra, emergiendo con pasos firmes.

Uno era Ali, alto, con un abrigo largo, el rostro afilado, sonrisa de acero y ojos completamente negros.

A su lado, un ser de forma humanoide y armadura líquida negra, con ojos carmesíes y una sonrisa que no parecía humana.

Ali alzó la voz.

—Entonces… serán ustedes los primeros en contemplar el poder real que he alcanzado.

Y también serán los primeros en caer ante él.

Giró hacia su compañero.

—Marduk… prepárate para pelear.

El VOOG sonrió.

Su voz era grave, como un eco múltiple.

—He estado esperando esto… esperando probar el poder del Reino Inverso.

El aire se volvió denso.

El suelo comenzó a cambiar de color.

Y la batalla por la realidad… acababa de comenzar.

El mundo no era el mismo desde que Marduk pisó el campo.

El aire se volvió espeso, como si se hubiera mezclado con alquitrán.

Las paredes de la bóveda empezaron a curvarse lentamente hacia adentro, como si la realidad misma se replegara ante la presencia de un titán.

Fragmentos de roca flotaban sin gravedad, y el suelo comenzaba a cubrirse de fisuras negras, como raíces que se extendían desde los pies del VOOG enemigo.

Ali alzó una mano, como si diera una bendición blasfema.

—El Reino Inverso se abre…

que comience el juicio.

—¡¡TODOS, ATAQUEN!!

—gritó Daniel, dando la orden sin vacilar.

—¡Entendido!

—exclamó Mai, su voz tan afilada como una navaja.

Con un solo gesto de sus dedos, el suelo se tiñó de negro absoluto.

Desde las grietas emergieron sombras con forma de lanzas, cuchillas, serpientes, murallas, columnas giratorias, formando un mar viviente de oscuridad que convergió sobre Marduk como una prisión en movimiento.

Todo el espacio se llenó de su dominio: el Reino de las Sombras.

—¡No necesitas ver la luz para caer!

—declaró Mai—.

Las sombras devoran todo.

Las lanzas impactaron.

Las serpientes se enroscaron.

Las cuchillas descendieron.

Y por un instante…

parecía que lo habían contenido.

Pero entonces, un sonido vibrante llenó el aire.

CLANG.

Una explosión silenciosa de fuerza pura empujó todas las sombras hacia atrás como hojas en un vendaval.

Marduk, en medio del ataque, ni siquiera se había movido.

Solo había extendido un brazo.

Las sombras colapsaron contra una cúpula invisible, que las deshizo en ondas distorsionadas.

El suelo debajo de Mai se volvió líquido, la atrapó por los pies y en un parpadeo, una lanza de energía oscura la atravesó desde una grieta invertida del suelo, lanzándola hacia atrás.

—¡Ghhk…!

—Mai cayó con fuerza, jadeando por el golpe.

Una línea de sangre resbaló por su costado.

—¡¿Mai?!

—gritó Henry, comenzando a correr hacia ella.

—¡No!

—gritó Cristina—.

¡Natsu, ahora!

—¡Entendido!

—rugió Natsu, sus tonfas encendidas como dos estrellas rojas.

Se lanzó hacia Marduk como un rayo envuelto en fuego.

Cada paso suyo dejaba una explosión en el aire.

En un instante ya estaba sobre él.

La danza de los golpes comenzó.

Tonfas en vertical, giro con patada explosiva, embestida a la altura del estómago, salto con explosión aérea.

¡BOOM!

¡BOOM!

¡BOOM!

Natsu atacaba como si el tiempo no existiera.

Las explosiones se sucedían con rabia incandescente, envolviendo a Marduk en una lluvia de impacto ardiente.

Pero… El enemigo no se movía.

Una mano, levantada.

Dos dedos extendidos.

Cada explosión era absorbida, deformada, y deshecha como humo atrapado en un remolino.

Y entonces… Marduk se giró.

En un solo movimiento, giró el cuerpo y golpeó el pecho de Natsu con un puño abierto, envuelto en energía distorsionada.

El impacto fue brutal.

Natsu salió disparado, atravesando una columna flotante y rebotando contra el suelo con una serie de explosiones amortiguadas.

—¡NATSU!

—gritó Cristina, corriendo hacia él.

El joven se levantó a medias, escupiendo sangre, con una risa temblorosa.

—Me… me pegó como si fuera una hoja seca… —¡Está anulando nuestras habilidades!

—exclamó Arthur, con el ceño fruncido—.

Analizo fluctuaciones… su campo altera la frecuencia energética de los ataques.

Absorbe, redirige o retuerce la lógica de impacto.

Es como si estuviera…

reescribiendo las leyes físicas a su favor.

—Traducción: no podemos atacarlo como a un enemigo normal —añadió Daniel.

—¡Genial!

¡Me encantan los desafíos imposibles!

—gritó Alex, cargando hacia adelante sin esperar la orden.

—¡¿Alex, espera?!

—gritó Deirdre, pero era inútil.

Alex ya estaba encima de Marduk.

Y a diferencia de los anteriores…

su golpe sí conectó.

¡CRACK!

Un puñetazo directo al rostro.

El impacto hizo que la cabeza de Marduk girara con fuerza.

Una onda de choque se expandió a partir del golpe, y por primera vez desde que apareció… el titán retrocedió un paso.

Ali frunció el ceño.

—¿Él puede…?

Alex no esperó confirmación.

Golpe tras golpe, puños en llamas, pies que detonaban el suelo al impulsarse, un aluvión de golpes que no cesaban, cada uno más fuerte que el anterior.

Marduk respondió por fin.

Su brazo se volvió una lanza líquida, luego un mazo de energía.

Atacó con una ferocidad que doblaba el espacio, pero Alex bloqueó con su antebrazo, giró sobre sí mismo y golpeó de nuevo al torso del VOOG, generando una explosión secundaria.

Los dos se movían a una velocidad sobrehumana, dejando estelas en el aire como si rompieran la realidad con cada choque.

¡CLANG!

¡BOOM!

¡ZRRK!

Fuego contra distorsión.

Impacto contra manipulación.

Un enfrentamiento equilibrado… por ahora.

—¡Lo está igualando!

—exclamó Henry con incredulidad.

—Alex… —murmuró Deirdre—.

No te mueras ahora, idiota.

El choque de titanes seguía en el centro de la sala, mientras el resto observaba… y se preparaba para el siguiente movimiento.

El sonido de los golpes era ensordecedor.

Alex y Marduk se movían a una velocidad tan violenta que el aire se rasgaba con cada choque.

Cada vez que sus puños colisionaban, la bóveda vibraba, las columnas flotantes estallaban en fragmentos, y las ondas de energía desfiguraban el entorno como si el espacio se estuviera deshilando.

—¡IMPACTO DE VACÍO!

—rugió Marduk, lanzando un golpe cubierto de energía negra que dejó una estela de distorsión a su paso.

—¡PUÑO DE FUEGO!

—respondió Alex, su brazo envuelto en llamas vivas, lanzando un directo al rostro del VOOG.

Los poderes chocaron.

El suelo debajo de ellos se desintegró.

En las líneas de retaguardia, Henry se giró hacia Arthur, la tensión en su rostro se notaba hasta bajo su aura habitual de calma.

—¿Terminaste de analizarlo?

Arthur no apartó la vista, donde los diagramas del campo de batalla parpadeaban y fluctuaban.

—Sí.

Lo tengo.

Marduk… está usando su habilidad despertada.

Todos se giraron hacia él.

—¿Y?

—preguntó Daniel, tenso.

Arthur alzó la voz para que todos lo escucharan, mientras el caos rugía frente a ellos.

—La habilidad se llama Molde del Reino Inverso.

Ha creado un campo sellado, una esfera invisible que abarca toda esta bóveda.

Dentro de ese espacio, las leyes de la realidad están bajo su control.

—¿Qué significa eso exactamente?

—preguntó Jessica, nerviosa.

—Que puede reescribir cualquier principio físico, lógico o energético a su favor.

El suelo puede volverse aire.

Los ataques pueden invertirse, detenerse en el tiempo o deformarse.

Los movimientos pueden distorsionarse.

Incluso los efectos emocionales pueden reflejarse.

—¿Como si fuera un dios dentro de este espacio?

—murmuró Cristina.

—Exactamente.

—Arthur bajó la tableta—.

Y todo eso mientras mantiene un cuerpo de combate cuerpo a cuerpo adaptativo que se moldea a cada impacto.

El grupo quedó en silencio.

—…es un maldito monstruo —dijo Jonny.

Daniel miró hacia Henry con gravedad.

—A este ritmo…

tendrás que usar tu despertar.

—¿Qué?

—exclamó Jessica—.

¿Qué quiere decir con eso?

Jonny, con los brazos cruzados, habló sin rodeos.

—Henry puede usar su habilidad despertada.

Puede distorsionar la realidad también.

Pero su poder afecta a todos por igual.

No distingue aliados de enemigos.

Usarlo con nosotros cerca es una sentencia.

Jessica lo miró con horror.

—¿Entonces no podríamos movernos, lanzar habilidades o…?

—Ni siquiera respirar con normalidad si Henry lo decide —añadió Daniel.

—Solo debería usarse como último recurso —dijo Henry, con voz baja—.

Solo cuando no queda otra opción.

Una nueva explosión sacudió el campo.

—¡CÁLLENSE TODOS!

—gritó Alex desde el cráter en que ahora se encontraba, con el rostro cubierto de polvo, pero una sonrisa de determinación en los labios—.

¡Yo no sé nada de campos distorsionados, ni de habilidades despertadas, ni de ecuaciones cuánticas!

Se levantó, con las llamas reavivándose en sus puños.

—¡Yo solo sé que ese idiota mató a Albert, que está usando a Trish como una batería y que Deirdre me ordenó partirle la cara!

—gritó—.

¡¡Y eso voy a hacer!!

Saltó, cargando con todo su peso emocional y físico, el brazo envuelto en llamas carmesí, rugiendo desde el fondo de su pecho.

—¡¡PUÑO DE FUEGOOOOOOOOOOOO!!

El impacto fue directo en la mandíbula de Marduk, haciendo que su cuerpo se tambaleara.

La explosión generó una onda expansiva que empujó incluso al propio Ali hacia atrás.

Todos se quedaron sin aliento.

—¿Cómo… cómo es posible?

—dijo Cristina—.

Ese ataque funcionó.

¡No fue absorbido!

¡Ni desviado!

—De alguna forma…

Alex no está siendo afectado por la distorsión del Reino Inverso —añadió Arthur, boquiabierto—.

Ni sus movimientos, ni su energía, ni su cuerpo… —Siempre supimos que Alex era especial —dijo Henry, frunciendo el ceño—.

Pero evadir el efecto de un VOOG que manipula la realidad completa… es casi imposible.

—¿Será porque es idiota?

—murmuró Mai, herida, con una mueca de fastidio.

—No es idiotez —dijo Deirdre, seria—.

Es convicción.

Y algo más que aún no entendemos.

Desde el otro lado, Ali observaba en silencio, los ojos entornados.

Y luego, habló con voz cargada de interés.

—Debo decirlo… estoy sorprendido.

No pensé que ninguno de ustedes sería capaz de igualar siquiera una fracción del poder de Marduk.

Pero… —miró a Alex—, te estás quedando sin energía, ¿no es así?

Alex jadeaba, de rodillas, con el cuerpo cubierto de quemaduras.

Pero aún reía.

—No… hasta que te derrote… no voy a caer.

El siguiente rugido de Marduk estremeció la bóveda.

La energía seguía temblando en el aire cuando Ali bajó lentamente la mano y sonrió con sadismo.

Su voz retumbó en la bóveda, tan tranquila como una confesión, tan afilada como una hoja.

—Ahora que lo pienso… hay algo que olvidé mencionar —dijo, con fingida nostalgia—.

Hace tiempo, uno de sus queridos compañeros se cruzó en mi camino.

Un tal Albert, creo que se llamaba.

Deirdre giró la cabeza al instante.

Sus pupilas se contrajeron.

—No…

Ali continuó, disfrutando cada sílaba.

—Un tipo valiente.

Tenía un VOOG nato, fuerte… aunque algo limitado.

No paraba de insultarme, de gritarme como si su furia pudiera cambiar algo.

Hasta en sus últimos segundos llamaba a su “amada”.

Qué patético.

—¡Cállate…!

—susurró Deirdre, la voz quebrada.

—Lo maté riendo, ¿sabes?

Estaba de rodillas.

Le escupí en la cara mientras lo atravesaba.

Ni siquiera me costó.

Fue divertido.

—Cállate… —repitió Deirdre, su respiración acelerándose.

Jessica, más atrás, miró con horror cómo Deirdre comenzaba a temblar, sus puños apretados, lágrimas cayendo sin control por su rostro.

—Deirdre… —murmuró Jessica, queriendo acercarse.

Pero Deirdre gritó, con una furia que desgarró el silencio.

—¡¡¡NO!!!

¡¡¡NO TE BURLES DE ÉL!!!

¡¡¡NO TE ATREVAS!!!

Todos se giraron hacia ella.

Su voz era fuego, era llanto, era la memoria de algo que no se había curado.

—¡Albert era una persona maravillosa!

¡¡Él creía en nosotros!!

¡¡En la gente!!

Siempre ayudaba, incluso cuando no tenía fuerza.

¡Se arriesgaba por salvar a los demás!

¡¡Era bueno!!

¡¡Era generoso!!

¡¡Era el mejor!!

¡¡Y tú lo mataste como si fuera un juguete… como si no valiera nada…!

Ali sonrió con satisfacción.

—Así que todavía te duele.

—¡¡Maldito seas!!

—gritó Deirdre, cayendo de rodillas, sosteniéndose el pecho—.

¡¡Maldito seas…!!

Y en ese momento, Marduk se movió.

Fue tan rápido que incluso Alex no lo vio venir.

—¡ALEX, CUIDADO!

—gritó Natsu, pero fue tarde.

Marduk apareció justo frente a Alex, que ya jadeaba por el esfuerzo y la pérdida de energía.

El puño del VOOG enemigo brillaba con una energía espiralada, distorsionada, como un agujero en la realidad.

—Ya me cansé de este estorbo —gruñó Marduk—.

Desaparece.

Y golpeó en el brazo.

Alex jadeaba, su pecho subía y bajaba con esfuerzo, cubierto de polvo, con cortes por todo el cuerpo.

Su brazo derecho colgaba inerte.

Aún así, seguía de pie, tambaleante, con la mirada fija en Marduk.

Sus ojos, aunque cansados, todavía ardían.

—Vamos… vamos, pedazo de chatarra… —espetó, escupiendo sangre—.

Todavía me queda suficiente para volarte el rostro…

Desde el otro lado, Ali observaba con una sonrisa torcida, los brazos cruzados.

Su sombra parecía alargarse como si se alimentara del sufrimiento frente a él.

—¿Aún tienes fuerzas para bromas?

—murmuró—.

Eso es lo que me encantaba de Albert también… esa necesidad estúpida de resistirse.

Alex entrecerró los ojos.

—No…

te atrevas a hablar de él… Ali lo ignoró.

—Ese idiota también se creía invencible.

El héroe silencioso.

El mártir del mañana.

—Se rió—.

Hasta en sus últimos momentos gritaba el nombre de su amada.

“¡Deirdre!” —exclamó en un tono burlón, imitando un grito desesperado—.

Como si el amor fuera a salvarlo de mi cuchilla.

Deirdre sintió un impacto en el pecho.

Su respiración se volvió errática.

Dio un paso atrás.

Jessica volteó de inmediato al verla.

—¿Deirdre…?

—susurró, pero lo que vio la dejó helada.

Deirdre temblaba.

Las lágrimas bajaban por sus mejillas sin permiso, sin orgullo.

Su voz apenas era un susurro: —No… no… no… Ali prosiguió, con crueldad calculada.

—Cállate… —susurró Deirdre, pero nadie pudo fingir que no escucharon cómo se quebró su voz.

Ali sonrió aún más.

—¿Te duele, Deirdre?

¿Duele saber que tus convicciones no valieron nada en sus últimos segundos?

¿Duele saber que te llamaba como una oración… inútil?

—…CÁLLATE.

—La palabra se escapó de sus labios como un rugido contenido.

—¿Y sabes lo mejor?

—continuó Ali, con tono casi encantado—.

No me arrepiento.

Ni un poco.

Si pudiera matarlo otra vez, lo haría… igual de lento.

Fue entonces que Deirdre explotó.

—¡¡¡NOOOO!!!

—gritó, desgarrando el aire—.

¡¡¡NO TE BURLES DE ÉL!!!

¡¡¡ERA UNA PERSONA MARAVILLOSA!!!

Todos se giraron hacia ella.

—¡Albert era luz!

¡Era esperanza!

¡Él era el único que se detenía por alguien que lloraba!

¡El único que te compartía su comida si no comías en días!

¡El que se quedaba contigo toda la noche cuando perdías el control de tu VOOG!

Su voz era dolor, era fuego, era amor.

—¡Era el mejor de todos nosotros!

¡Y tú… lo mataste como si fuera nada!

¡¡Como si no importara!!

Jessica retrocedió un paso, con lágrimas en los ojos.

Cristina apretó los labios, su cuerpo tenso.

Natsu, incluso herido, cerró los puños con fuerza.

Entonces…

Marduk se movió.

Como una sombra viva.

Como un monstruo con la realidad de su lado.

—Ya me cansé de este estorbo… —dijo Marduk con su voz resonante—.

Desaparece.

Nadie pudo reaccionar.

Ni Henry.

Ni Daniel.

Ni siquiera Alex.

En un abrir y cerrar de ojos, Marduk apareció frente a él.

La energía de su puño distorsionaba el aire, como si el mundo mismo se rehusara a tocarlo.

Y entonces…

¡CRACK!

El puño atravesó el pecho de Alex.

El mundo se congeló.

—Ngh… —Alex jadeó, su cuerpo arqueándose por el impacto.

Su boca se abrió, y una bocanada de sangre cayó por su mentón.

Cristales de energía estallaron desde su núcleo.

Sus piernas dejaron de sostenerlo.

El fuego en sus puños… se apagó.

Marduk lo sostuvo un segundo, y luego lo arrojó con violencia, como si se deshiciera de un objeto inservible.

—¡¡¡ALEX!!!

—gritaron varias voces a la vez.

El cuerpo voló.

Rodó.

Y cayó justo frente a Deirdre, entre polvo, sangre y escombros.

—No… —susurró ella, arrodillándose junto a él—.

No.

No, no, no… Cristina cayó a su lado, tocando su rostro.

—Alex…

—su voz se quebró por completo.

Jessica apretó los dientes.

Arthur bajó la cabeza.

Jonny cerró los ojos.

Mai apretó el mango de su daga, sangrando de la palma.

Deirdre tomó su rostro con ambas manos, temblando.

—Alex… por favor… Él abrió lentamente los ojos.

—Lo pateé… duro, ¿eh?

Una sonrisa débil.

Una chispa que aún se resistía a apagarse.

Y entonces… Cerró los ojos.

La sangre seguía saliendo.

Ali habló con voz grave.

—Cuántos más tienen que caer… antes de aceptar que esto no es su historia.

Que el héroe no siempre gana.

Que en el Reino Inverso… solo uno decide lo que es real.

Silencio.

Pero en ese silencio… El campo de batalla estaba en silencio.

Solo se escuchaba el leve zumbido distorsionado del Reino Inverso, esa vibración anormal que hacía que el mundo pareciera estar al borde de romperse.

Pero para Deirdre, nada sonaba.

Nada se movía.

Solo sentía las gotas calientes que resbalaban por su rostro… cayendo una a una sobre el pecho ensangrentado de Alex.

Sus manos lo sostenían con fuerza, como si al apretar lo suficiente, pudiera mantenerlo ahí.

—No… no… —murmuraba, una y otra vez.

La sangre se mezclaba con sus lágrimas.

Sus dedos se enredaban en el cabello de Alex mientras lo acercaba a su pecho.

Su voz se volvió un susurro desgarrado.

—Tú no has terminado… no puedes haber terminado… No después de todo lo que has dado.

No después de todo lo que eres.

Deirdre bajó la mirada.

Su frente tocó la de él.

—Te lo prometo… —Te lo juro por Albert… por todos los que hemos perdido… Voy a eliminarlo.

Con estas manos.

Y entonces, una chispa se encendió.

Primero fue apenas un destello, un parpadeo de calor sobre el suelo.

Luego, una llama.

No roja.

No naranja.

Sino amarilla.

Pura.

Radiante.

Incontenible.

El fuego creció alrededor de ambos, cubriéndolos en un torbellino de energía intensa que no ardía… sino que iluminaba.

Un fuego distinto al de antes, como si no naciera del odio, sino de la convicción.

Los cabellos de Deirdre flotaron como si una fuerza invisible los levantara.

Sus ojos brillaron como soles de mediodía.

Y el cuerpo de Alex… comenzó a brillar también.

Un murmullo recorrió a los presentes.

—¿Eso es…?

—susurró Cristina, sin poder creer lo que veía.

—El fuego de los puros —dijo Henry, boquiabierto.

—El despertar compartido… —añadió Arthur, sin despegar los ojos.

Ali frunció el ceño.

Marduk retrocedió un paso.

Y Deirdre alzó el rostro, envuelta en esa llama dorada, aún con Alex en brazos.

Y sus palabras, ahora firmes, retumbaron en toda la bóveda como una sentencia: —No caeremos.

El fuego crepitó.

El destino tembló.

Algo comenzaba a nacer.

Una llama.

Una rabia.

Una revolución.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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